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Estado y violencia en Chile

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Estado y violencia en Chile

Por Enrique Cortés

Es menester para el desarrollo de este artículo entender en primer término, cómo surge y se relaciona a lo largo de toda la historia nacional, la violencia y el Estado,   que como una relación dialéctica es inherente a la constitución misma de su construcción burocrática, implementado diversos instrumentos combinados y estructuras de dominación desde la misma llegada del imperio español. Para este cometido se realizara un análisis de los mecanismos a través de los cuales se instalan las raíces de las estructuras de poder en Latinoamérica y por supuesto en nuestro país, contextualizando históricamente sus principales elementos y su relación  epistemológica expresada fenomenológicamente en los graves conflictos que se expresan en nuestra sociedad.

Es imprescindible conocer la forma en cómo se fue construyendo el Estado Chileno hasta nuestros días, al nivel del pensamiento, del imaginario social, la manera de percibir la realidad y como se estructuraron  nuestras relaciones sociales. “Durante el mismo período en que se consolidaba la dominación colonial europea se fue constituyendo el complejo cultural conocido como la racionalidad-modernidad europea, el cual fue establecido como un paradigma universal de conocimiento y de relación entre la humanidad y el resto del mundo. Tal coeternidad entre la colonialidad y la elaboración de la racionalidad-modernidad no fue de ningún modo accidental, como lo revela el modo mismo en que se elaboró el paradigma europeo del conocimiento racional” (A.Quijano, p.441).

 Así se observa que las construcciones intersubjetivas se codificaron en diferenciaciones de carácter “antropológico”, “étnico”, “nacional” y “racial” adquiriendo un estatus de saber científico y objetivo. “Dichas estructuras de poder fue y todavía es el marco dentro del cual operan las otras relaciones sociales, de tipo clasista o estamental. En efecto, si se observan las líneas principales de la explotación y de la dominación social a escala global, las líneas matrices del poder mundial actual, su distribución de recursos y de trabajo entre la población del mundo, es imposible no ver que la vasta mayoría de los explotados, de los dominados, de los discriminados, son exactamente los miembros de las “razas”, de las “etnias” o de las “naciones” en que fueron categorizadas las poblaciones colonizadas, en el proceso de formación de ese poder mundial , desde la conquista de América en adelante” (A. Quijano , p.438).

De esta manera el poder se establece como un –absoluto- que determina. Si es cierto que desde un principio, desde que existen hombres, han existido asimismo rebaños humanos (hermandades sexuales, comunidades, tribus, naciones, Iglesias, Estados) y siempre la mayoría de los hombres ha obedecido a un pequeño número de jefes; si, por consiguiente, la obediencia ha sido durante mucho tiempo ejercida y cultivada entre los hombres, puede presumirse como regla que cada uno de nosotros posee en sí mismo la necesidad innata de obedecer; como una especie de conciencia formal que ordena: ‘Tú harás esto sin discutir’; en resumen, es un ‘tú harás’“(P. Clastres , p.5). Esta es una concepción del poder , desde la cual se fue estructurando el pensamiento moderno-racional , generalizado ahistoricamente, como una verdad abstracta, escolástica, germen de relaciones e instituciones naturales:  incuestionables.

Es interesante destacar como funcionaba el poder en las llamadas “sociedades arcaicas”  para desnaturalizar la versión convencional del poder. En el denominado periodo precolombino desde la ciencia occidental, predomino entre los indígenas y en la mayoría de esas estructuras de organización, el poder  como una  forma  bastante homogénea e indiferenciada, desarrollando sus labores en un comunismo primitivo bastante regulado. Estas, niegan las estructuras de relaciones coercitivas y asimilan el poder político sin jerarquías, a excepción de situaciones de enfrentamientos bélicos, donde el jefe asume la autoridad del mando guerrero sin contrapesos sociales.   La sociedad se mantiene bajo márgenes estrictos, sin sobrepasar los valores de uso, en sus relaciones y la población en comunidades reducidas; grafico es que el dirigente político en cuanto a  “el prestigio del jefe, como hemos visto, se debe en gran parte a su generosidad. Pero por otro lado las exigencias de los indígenas sobrepasan a menudo las posibilidades inmediatas del jefe. Este es obligado pues, so pena de verse abandonado rápidamente por la mayoría de su gente, a intentar satisfacer los pedidos”(P. Clastres, p. 20).

Es finalmente la acumulación, el excedente, el crecimiento de la población, su diferenciación y especialización, la  paulatina autonomización de la economía que pasa a ser un factor muy relevante en el origen de un poder distinto,  coercitivo, que va en línea directa al desarrollo de los Estados y las clases dominantes con capacidad de extracción de la plusvalía. La violencia y la estructuración jerárquica, se vuelven inalienables, al discurso fundante del origen del relato mitológico-ideológico que las funcionaliza.” La relación política del poder precede y funda la relación económica de explotación. Antes de ser económica la alienación es política, el poder está antes del trabajo, lo económico es un derivado de lo político, la emergencia del Estado determina la aparición de las clases” (P .Clastres , p 90-91).

Y no es solo una característica más del Estado, la violencia y la represión son más bien su carácter ontológico, su rasgo esencial y permanente, estableciendo un orden social en constante desarrollo, es lo que se denomina desde el prisma moderno el poder político, “existe por lo tanto implícito en toda violencia un carácter de creación jurídica”  (Benjamín, 1921; p.3). Y se entiende que en la medida que se va estableciendo el Estado en un territorio determinado, guiado y orientado por los principios e intereses de su clase dirigente, también hay una construcción y “un producto de la sociedad al llegar a una determinada fase de desarrollo; es la confesión de que esta sociedad se ha enredado con sigo misma en una contradicción insoluble, se ha dividido en antagonismos irreconciliables, que ella es impotente para conjurar. Y para que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna, no se devoren a sí mismas y no devoren a la sociedad en una lucha estéril, para eso se hizo necesario un poder situado, aparentemente, por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el conflicto, a mantenerlo dentro de los límites del ‘orden’. Y este poder, que brota de la sociedad, pero que se coloca por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella, es el Estado”  (Engels, 1891, p.177, 178).

Es en Europa, donde el Estado moderno, va asumiendo sus características más importantes, a lo largo de la baja edad media, entre el siglo XII y el XVI en un largo proceso de “acumulación originaria  en la que la violencia por parte de las elites y la burguesía comercial entro en pugna, con los productores y el bajo pueblo, por despojarlos de sus medios de producción. Es la economía en función de la sociedad, con un fuerte carácter local y comunal, donde el trabajo y la tierra estaban asociados a la vida social comunitaria, al valor de uso que regulan esos equilibrios internos, entran a ser radicalmente transformados por la economía de mercado. “En los siglos XV y XVI la acción deliberada del Estado impuso el sistema mercantil al proteccionismo más encarnizado de ciudades y principados. El mercantilismo destruyó el particularismo superado del comercio local e intermunicipal haciendo saltar las barreras que separaban estos dos tipos de comercio no concurrencial, dejando así el campo libre a un mercado nacional que ignoraba cada vez más la distinción entre la ciudad y el campo, así como la distinción entre las diversas ciudades y provincia” (k. Polanyi , p.118).

Desde el punto de vista político y económico, el descubrimiento de América, fue para Europa y el mercantilismo, la apertura para el mercado internacional, en la que se configuro el llamado “triangulo de Ébano”. Estas eran fundamentalmente incursiones navieras inglesas muy riesgosas , que captaban esclavos negros en África , intercambiados por manufacturas y mercancías europeas, para ser trasladado e intercambiados en puertos americanos por materias primas del nuevo continente , para volver a los puertos Europeos a comercializarlas , esto estimulo la banca y las aseguradoras , poniendo las raíces del capital financiero internacional. “En política interior, la unificación de los países, troceados por el particularismo feudal y municipal, constituía el subproducto necesario de una empresa semejante. Desde el punto de vista económico, el instrumento de unificación fue el capital, es decir, los recursos privados disponibles bajo la forma de dinero atesorado y, por tanto, recursos particularmente apropiados para el desarrollo del comercio. En fin, el paso del sistema municipal tradicional al territorio más vasto del Estado proporcionó las técnicas administrativas sobre las que reposaba la política económica del gobierno central “(K. Polanyi , p.119).

Progresivamente se va transitando al Capitalismo moderno, que va convirtiendo a occidente, después de un largo proceso de conflictos y revoluciones, y enormes resistencias  en una sociedad de mercado que  “es un sistema económico regido, regulado y orientado únicamente por los mercados. La tarea de asegurar el orden en la producción y la distribución de bienes es confiada a ese mecanismo autorregulador. Lo que se espera es que los seres humanos se comporten de modo que pretendan ganar el máximo dinero posible: tal es el origen de una economía de este tipo “(K. Polanyi, p.124). Existen, en consecuencia, mercados para todos los elementos de la industria, no sólo para los bienes (entre los que figuran siempre los servicios), sino también para el trabajo, la tierra y el dinero cuyos precios son denominados respectivamente precios de mercancías, salario, renta territorial o «renta», e interés. Estos mismos términos indican que los precios forman los ingresos.

Este proceso es solo factible “a horcajadas de la persuasión plebeya como pudieron formarse en la baja edad media, las oligarquías mercantiles, militares y eclesiásticas que, no bien se construyeron con identidad propia, mercantil y el poder político. Oligarquías que al descargar esa pleyeberia , precisamente para acumular y centralizar dinero y poder , tributos y glabelas insoportables , asignación monopolista de ferias libres , abusiva imposición de precios y militarizados de vasallajes , no consiguieron otra cosa , en el corto plazo , que provocar la terrible revolución comunera del s. XIV y , con ella el virtual desplome del precario sistema feudal “ ( G. Salazar, p.3). En lo que en resumidas cuentas , consagra la burguesía comercial su derecho de dominación en la constitución de los Estados modernos.

Enfocándonos “en nuestra historia el Estado ha sido el formador y el constructor de la sociedad. No es la Sociedad quien habría constituido al Estado a su imagen y semejanza, sino que al revés. Como que el estado es la matriz de las identidades nacionales o de las características de nuestro sistema”.  (Salazar, p.19).   El estado chileno va configurando su fundación y forma de dominación, se  moldea una historia que va íntimamente ligada a la represión violenta y a los conflictos bélicos, como parte de una identidad institucional.

Como se puede advertir, esta violencia fundante de derecho, como nos señala Franklin en su crítica de la violencia, es la posición hegemónica del poder político que siempre ha de estar respaldado por una fuerza material, en el caso chileno este  resultado se puede registrar en sus variadas constituciones políticas Iuspositivistas. En cuanto a estos procesos “lo que han habido han sido remedos, y no se han llamado Asambleas, se ha llamado Comités Constituyentes, designados a dedo por Diego Portales el año 33, Arturo Alessandri el año 25 y por un señor que prefiero no acordarme, el año 80. Entonces han sido unos pocos, 32 personas, en el caso de la Constitución del 33 del siglo pasado, trece personas en el caso de la Constitución del 25, y no sé muy bien el número, pero no son muchos más en el caso de la Constitución de 1980. Nunca hemos ejercido nuestra soberanía ciudadana en este país para construir el Estado Chileno. Este ha sido un subproducto de una decisión amparada bajo la espada militar o la bota militar, como prefieran, y un grupito de políticos y jurisconsultos que son obsecuentes a ese Estado. Ellos han dictado la ley, y como la policía obedece a esa ley, como los jueces obedecen a esa ley, como la burocracia obedece esa ley, eso funciona después como una maquinaria” (Salazar,  p.22).

Y ya a principios del siglo XIX “los movimientos independentistas heredaron parte de ese aparato administrativo. Estas instituciones surgieron directamente de la conquista, como una prolongación del Estado monárquico absolutista. El papel de ese Estado –no nacional sino colonial- era garantizar el funcionamiento de la economía de exportación, imponer la ideología colonizante y el sistema de dominación imperial “. (Vitale, p.1).

Y esa economía de exportación, siempre ha correspondido a un comercio libre-cambista donde se ha apostado al ingreso masivo  de la inversión extranjera, después de la colonia, al del imperialismo británico y luego del norteamericano a uno multipolar y muy cambiante en la actualidad. Esto en el siglo XIX implicó la destrucción del mercado interno tanto de la oligarquía criolla, pero fundamentalmente de la popular, que fue obligada a proletarizarse .“Disciplinar al mundo popular pasaba por legitimar al interior del «bajo pueblo» la modalidad capitalista de relaciones laborales -imponer el salariado-, lo cual comenzó a operar con particular dinamismo en las faenas salitreras del Norte Grande, a las que se sumó posteriormente la moderna actividad industrial. Se trataba, además, de reglamentar y limitar todas aquellas actividades económicas y sociales que pusieran en riesgo la estabilidad del sistema capitalista o que facilitaran el desarrollo de la autonomía empresarial popular” (Goicovic, 2000).

El único  periodo donde Chile no se ha visto expuesto a una economía de libre-mercado radicalizada, ha sido entre 1938 y 1973, periodo  donde se aplicó el modelo de industrialización por sustitución de importaciones y la implementación de una “economía hacia adentro” con un gran proteccionismo por parte del estado hacia los productores nacionales, incluido la aplicación de un nuevo pacto social que brindó un tipo de desarrollo que genero amplios progresos de un buen sector proletarizado , pero claramente este periodo fue una excepción . No es menor los efectos que produce hoy en día este modelo económico ya que  “la supremacía tecnológica del mercado internacional, significó la destrucción progresiva de los empresarios productores locales. Y lo que es más importante, muchísimo más importante, es que la tecnología extranjera y la innovación tecnológica extranjera llegó al país rauda, vía puertos, vendiéndose, importándola barata. Y eso mató, literalmente, la capacidad nacional de producir tecnología propia, la capacidad nacional de controlar este factor que es fundamental, que es la innovación tecnológica, hasta el mismo día de hoy” (Salazar, p.23).

Bajo esta naturaleza excluyente, la memoria y la cultura son mutiladas, las capas subalternas han sido omitidas en conjunto con la cultura indígena, la violencia simbólica asoma en cada plaza y calle de nuestras urbes, bautizadas con los nombres de los colonizadores y líderes de la clase dirigente, a diferencia de otros pueblos como mexicano o el Ecuatoriano, en Chile se ha tratado de eliminar cualquier vestigio que este por fuera del paradigma dominante.

En 1848 el gobierno chileno dejó de reconocer los títulos de dominio que los gobernadores españoles y la propia República habían entregado o los huilliches. Se inició entonces, un proceso de usurpación de tierras indígenas para los colonos chilenos y luego alemanes, que fueron instalados en esos territorios al sur de Chile. Los indígenas trataron de resistir y el último gran levantamiento, en 1881, fue sofocado por el ejército. A consecuencia del mismo, su territorio se redujo al 5 por ciento. Otros pueblos indígenas, como los Onas y los Alacalufes, fueron exterminados por los estancieros chilenos, el alcohol y las enfermedades” (Vergara, p.53).  Hasta el día de hoy se desconocen los alcances de la masacre, de la campaña de la “Pacificación de la Araucanía”, la más grande de toda la historia en contra del pueblo mapuche.

“De igual manera, la juventud popular ha sido objeto permanente de discriminación y omisión histórica  .Su transitar por la escena nacional ha discurrido entre su integración forzada a las relaciones laborales impuestas por las élites dominantes y el acoso permanente que sobre ellos ha ejercido el Estado. Hace cien, cincuenta o treinta años atrás, ser joven en Chile tenía una connotación absolutamente diferente a la que conocemos hoy día. Así, durante el siglo XIX los jóvenes constituyeron mayoritariamente esa amplía masa laboral de peones-gañanes que deambulaban de un lugar a otro en busca de un empleo precario. Mientras que a mediados de la presente centuria los jóvenes populares difícilmente concluían su enseñanza básica y con los primeros rudimentos de la lecto-escritura y la aritmética, debían salir al mercado laboral a ofertar su fuerza de trabajo” (Goicovic, 2000).

Es interesante observar que el Estado Chileno, como cualquier otro estado, se apropia del uso legítimo de la violencia fundado en el derecho positivo y que se caracterice como un país legalista a ultranza, que  resguarda su prestigio en su histórica y ficticia estabilidad institucional para generar la coerción más brutal. Esta situación se da frente a cualquier disputa de poder político o poder fundante, o sea el ejercicio de la violencia o la pérdida de su respaldo material, tanto a nivel individual que la ejerza por su propia mano o con colectividades que puedan  poner en juego sus fundamentos estratégicos.

“Uno puede revisar toda la historia desde los pipiolos y pasando por los liberales rojos, siguiendo por los radicales en su etapa inicial, por las mutuales, mancomunales, los comunistas al principio, los socialistas después, los miristas,… hasta el día de hoy y en todos los casos la respuesta para acabar con eso ha sido militar, sin excepción. Por eso al lado de la cultura de la rebelión, está la cultura mortuoria. Vis a Vis con la cultura de la rebelión que trasunta toda la historia de Chile, está la cultura mortuoria. ¿Cómo celebramos un 11 de Septiembre? Bueno, vamos al Cementerio” (Salazar, p.24)

Es imprescindible observar que todas las conquistas y avances de las clases subalternas a partir del siglo xx se han dado fundamentalmente gracias a la disputa directa del poder en Chile, mediante la organización obrera estando fundado esta, en último término, en el poder material o sea la violencia popular que se expresa en la huelga general y la huelga general revolucionaria versus el poder y la violencia estatal. Es a partir de las mutuales y sindicales de carácter socialista y anarquista , que la clase obrera chilena con Recabaren como su educador por excelencia, surgen como una verdadera amenaza al poder dominante y comienzan el siglo con una de las mayores masacres perpetradas en contra del pueblo , en la escuela Santa María de Iquique, asesinando a más de 2500 trabajadores del salitre con sus familias, pero obligando al Estado a desarrollar por primera vez en la historia, políticas sociales que inhiban al fantasma revolucionario, alternado y sofisticando los mecanismos de dominación.

“Los hitos más importantes en esta primera fase del proceso fueron la Ley sobre Enseñanza Primaria Obligatoria (1920), el Código del Trabajo (1931), la creación de la Caja de Habitación Popular (1936), el Servicio Nacional de Salud (1952) y la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (1953). Ellos ponen de manifiesto que las principales disposiciones tomadas por las autoridades se centraron en la regulación de las relaciones laborales, las condiciones de trabajo y las remuneraciones de los trabajadores y en la satisfacción de las necesidades de educación, salud, nutrición, vivienda y seguridad social” (Goicovic, 2000).

En la primera mitad del siglo xx, el estado y su clase dirigente, logran resolver sus contradicciones intra-burguesas y consolidar sus espacios de coordinación económica y políticas, y el empleo de la violencia y del derecho positivo se aplicaran fundamentalmente, a los movimientos con contenido subversivo, que interfieran  con el ritmo esperado en la tasa de acumulación de la burguesía monopólico- financiera.  Esta homogeneización de la clase dominante es el reflejo de un proceso violento, con su cenit en la guerra civil de 1891,  de reacción hacia la conformación de una izquierda organizada, en un contexto mundial de revoluciones  e imperialismos durante el siglo XX.

El Estado-nación ya tiene una configuración clara y definida, un control mucho más férreo y centralizado del territorio, una identidad en base a la guerra y las glorias del ejército, que son en última instancia, con el poder de las armas  los que definen la correlación de fuerzas de los distintos periodos políticos y de las cartas fundamentales del país, con una doctrina keynesiana en lo económico, hasta principios de los sesenta.

La intervención militar en la política interna en esta época, es ambivalente, perpetrando múltiples masacres, en combinación con las fuerzas policiales, en casi todos los gobiernos de la época e interviniendo en la Constitución del 25, garantizando derechos sociales mínimos y provocando un golpe de Estado, en el año 32 de carácter progresista, la república socialista de los 12 días con Marmaduke Grove a la cabeza, coronel de la fuerza aérea. A si como la dictadura de corte populista de Carlos Ibáñez del Campo, coronel de ejército, que saldría al exilio para regresar a la presidencia de la república en 1952. En el año 48, en plena, guerra fría, es ilegalizado el partido comunista, con la estipulación de la “ley de defensa de la democracia” partido de gobierno de Gabriel González Videla, deportando a sus militantes a campos de concentración, custodiados por los militares.

Con respecto al estado chileno y su pugna histórica  con las fuerzas de izquierda, es en base a un temor profundo, que tiene su origen en la pérdida y la disputa del poder, o sea el control del monopolio de la violencia – que funda derecho y orden social-,  que Lenin  lucidamente  plantea develando el papel que juegan las fuerzas armadas  en una sociedad que: “se halla dividida en clases enemigas, y además irreconciliablemente enemigas, cuyo armamento “espontáneo” conduciría a la lucha armada entre ellas. Se forma el Estado, se crea una fuerza especial, destacamentos especiales de hombres armados, y cada revolución, al destruir el aparato del Estado, nos indica bien visiblemente cómo la clase dominante se esfuerza por restaurar los destacamentos especiales de hombres armados a su  servicio, cómo la clase oprimida se esfuerza en crear una nueva organización de este tipo, que sea capaz de servir no a los explotadores, sino a los explotados” ( Lenin,  p. 12).

Ya en la segunda mitad del siglo XX , se abre un nuevo ciclo internacional  , surgen en los años cincuenta después de la segunda guerra mundial y en el contexto de la guerra fría , las luchas de liberación nacional , en los países africanos y asiáticos , por descolonizarse la mayoría de ellos con una perspectiva socialista , como la guerra de Vietnam , que se prolonga hasta los años 70 después de haber luchado con tres potencias imperialistas distintas y derrotar a los norteamericanos. En América Latina, la revolución cubana en 1959, levanta una ola de movimientos guerrilleros  que se nutren del pensamiento y del ejemplo del Che Guevara, asesinado en Bolivia al frente del Ejército de Liberación Nacional en 1967, en un esfuerzo por desplegar la guerrilla por todo el continente.

En Chile los partidos de la izquierda tradicional, el socialista y el comunista ya tienen décadas de existencia, y han apostado por la vía electoral, ósea por una vía institucional y pacífica, dentro de los parámetros democrático-burgueses  respaldados con un potente movimiento de masas, con una central única de trabajadores muy poderosa, que trabajaron décadas en la formación y organización de la clase obrera chilena.

El año 57, se genera un hito de mucha relevancia,  las tomas de terreno de lo Herminda de la victoria, en el sector sur-poniente de Santiago, la más grande, conocida hasta la fecha, en ésta se expresa un movimiento inorgánico de pobladores sin casa, que combate cuerpo a cuerpo con los carabineros y que finalmente, visibiliza una expresión política mucho más radical, que emplea y legitima el uso de la violencia en contra del Estado. Esta corriente , que se muestra espontánea y desarticulada se mantiene firmemente al margen de los partidos tradicionales y se ira nutriendo de estos  para su conformación, abriendo un ciclo en el que se ira configurando, su estrategia política inspirada por la revolución cubana y el guevarismo, en la lucha armada y la construcción del poder popular,  con miras al socialismo y con una fuerte crítica a la unión soviética como modelo de transición al comunismo, es así que finalmente se funda en 1965 el movimiento de izquierda revolucionaria (MIR).

Es en las elecciones 1970, al frente de la Unidad Popular ,Salvador Allende resulta electo presidente de la república, iniciando un profundo programa de reformas, incluidas la nacionalización de los principales medios de producción en manos norteamericanas  y la estatización de la banca, para así ir generando una transición pacífica al socialismo, con el apoyo de todo el espectro de la izquierda y amplios sectores del pueblo. Es de esta manera que se genera un intenso debate mundial, en torno al proceso chileno, ya que renuncia a la violencia, como poder fundante, y como estrategia de poder  algo inédito , desarrollando el proceso   en base al control del Estado  de esencia burguesa y liberal ,  y un supuesto respeto “tradicional” de las fuerzas armadas chilenas a la constitucion ,altamente clasistas . Estas estaban hace media decada formando contingente en la Escuela de las Américas.

Después de mil días de gobierno de la unidad popular, en que las contradicciones dentro de la misma izquierda se estaban tratando urgentemente de definir en cuanto al papel de la violencia en el proceso y por enfrentar los conflictos de una lucha de clases que se estaba desatando , de manera revolucionaria y derechamente abordar la posibilidad de la lucha armada de la forma más eficientemente posible y la postura que imperaba en el presidente y el PC ,de llevar los cambios de manera pacífica y por los causes de la democracia liberal , es en este escenario que se sucede el golpe de Estado de 1973 inaugurando en Chile un período de extrema violencia. El bombardeo aéreo del Palacio de lo Moneda fue un signo inequívoco del nuevo poder autoritario. “Desde el comienzo ha carecido de límites políticos y éticos y se ha regido por el cálculo de la eficacia. Su proyecto era el de construir un nuevo orden social y político, fundado en el dominio de un bloque de poder conservador de carácter militar y civil, capaz de dirigir un proceso radical de modernización capitalista. Los sectores conservadores vivieron los conflictos sociales y políticos que se produjeron durante el gobierno del presidente Allende como una amenaza radical, no sólo a su estatus y poder social, sino, incluso, a su sobrevivencia personal”  (Vergara, p.54).

La violencia por parte del Estado se masifica  en todo el periodo de la dictadura que dura alrededor de 17 años, los mecanismos son diversos, siendo la represión una   “condición necesaria de la aplicación de su modelo económico, político, jurídico, ideológico y organizacional. Ella ha operado como un gigantesco dispositivo de disciplinamiento de la sociedad y adaptación al orden autoritario. Se ha ejercido sobre una población debilitada por el empobrecimiento, el deterioro e inestabilidad de su situación laboral. Su función sigue siendo preventiva. Se tortura a los militantes políticos que podrían convertirse en dirigentes importantes. El asesinato político fue usado para eliminar figuras políticas que pudieran haber llegado o unificar importantes sectores de la oposición. Se hizo desaparecer o se castigó duramente a miembros de base de organizaciones políticas y sociales, no por su –peligrosidad- individual, sino como un modo de agredir a las organizaciones sociales a las cuales pertenecen. Se trata de atemorizar, y aumentar el sentimiento de vulnerabilidad del grupo y de oposición en conjunto. A diferencia de la estrategia nazi, que buscaba disolver los grupos tradicionales para reconstruir la sociedad en base a nuevos grupos; el autoritarismo chileno consiguió durante una década, aproximadamente, fragmentar y atomizar la sociedad, destruyendo o debilitando los grupos y organizaciones tradicionales de los sectores subordinados”.( Vergara, 2008, p.56).

El Estado completo se especializa y legitima una política de represión y violencia permanente contra la disidencia política, aplicando el terrorismo contra todas las capas subalternas de la población, que ven arrebatadas, la mayoría de las victorias que la clase obrera conquisto durante casi un siglo. Se introduce junto con una nueva Constitución, una nueva doctrina económica, el Neoliberalismo, que instaura el mercado como nuevo regulador de la vida de los chilenos , privatizando el estado a precio de huevo, en manos de los florecientes grupos económicos , que controlan el 80% de la economía nacional, desindustrializando y convirtiéndola en una de carácter rentista extractivita, comercial y financiera, sustentada en la deuda permanente de los chilenos, dependiente del precio del cobre y la superexplotación de la mano de obra, con una flexibilización laboral única en el mundo, coartando inclusive el derecho a la huelga.

En términos políticos se nos legó una constitución  del ideólogo  ultra conservador en lo valórico y ultra liberal en lo económico, Jaime Guzmán que diseño una estructura jurídica altamente coercitiva, excluyente y defensora a ultranza del derecho a la propiedad, dispuesta a la obstaculización de la rearticulación por parte de la clase obrera y los sectores de izquierda, tendiente fundamentalmente hacia una política centrista.

Los efectos de la violencia y el terror de la dictadura en la sociedad actual, se define brutalmente en cuanto a que: “Una cantidad suficiente de bayonetazos en el momento preciso genera la cultura del temor, que dura más tiempo que el bayonetazo. Entonces las clases dirigentes pueden apostar a esa inversión sin necesidad de dar de nuevo un bayonetazo. El miedo dura bastante más tiempo y eso actúa por sí solo. La memoria social sigue actuando permanentemente, lo importante es modelarla entonces, porque eso nos asegura un autocontrol de la gente”. (Salazar, 1999, p.24).

Es de esta manera que la sociedad actual se ha ido modelando, con individuos altamente violentos en sus relaciones intersubjetivas, tanto con ellos mismo como con los demás, Chile tiene una altísima tasa de violencia intrafamiliar, una alta tasa de femicidios, es uno de los países con más presos per cápita, a nivel latinoamericano es líder mundial en el consumo de antidepresivos y consultas psiquiátricas. La pasta base se introdujo con éxito en las poblaciones más combativas durante la dictadura, y se extendió como una pandemia en la juventud popular, siendo una gravísimo factor de delincuencia y descomposición moral y humana en los sectores más pobres del país . El alcoholismo es un mal endémico que históricamente  ha compuesto nuestra cultura, pero ha ido aumentando su consumo y los accidentes automovilísticos y los problemas derivados de la violencia, que este genera  son correlativos con numerosos problemas sociales de gran magnitud.  En el Chile actual, uno de los países más desiguales del planeta, (cita)la violencia es un patrón social y cultural que nos acompaña diariamente, desde las relaciones laborales, altamente abusivas y flexibilizadas, hasta la revisión cotidiana de los medios de comunicación que bombardean con hechos de sangre y actos delictuales, dejando en estado alarma a la mayoría de la población.  Esta violencia simbólica y a veces material, genera una reacción de atomización y disgregación de los vínculos sociales, que solo permiten unap comunión en el consumo, una igualdad frente al mercado, la libertad de elección que mi ingreso me permita o la libertad para vivir en la miseria, pero totalmente desvinculados políticamente de la sociedad, con un altísimo grado de desafección y desinterés.

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