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Patricio Cid: sobre la revolución nicaragüense

 

Por Patricio Cid

Discurso pronunciado en el lanzamiento de la reedición del libro “La montaña es algo más que una inmensa estepa verde” de Omar Cabezas el día 26 de julio del 2016

 

Agradezco la invitación realizada por los compañeros organizadores de este acto. Siento una gran alegría  de presentar el libro de Omar Cabezas, a quien tuve el honor de conocer y compartir en muchas ocasiones después del triunfo de la revolución nicaragüense. El comandante Omar Cabezas siempre nos acompañó en los actos que celebramos como MIR en territorio nicaragüense, a su simpatía y sencillez se unían  valores revolucionarios profundos que lo identificaban con el pensamiento del Che y del MIR chileno, todo lo cual queda reflejado en su libro.

Resulta doblemente importante participar en el acto de hoy por cuanto recién en la semana pasada han llegado los restos de un joven combatiente, que cayó combatiendo en nicaragua y cuyos restos había sido imposible traer a Chile. Me refiero a Alexis Olivares joven de 18 años que se une a los batallones de defensa que luchan contra los contrarrevolucionarios  y que cae en combate justo cuando su padre Jorge Olivares, dirigía la insurrección de lo que se llamó el paro comunal  de Pudahuel, al interior de Chile en la lucha contra la dictadura de Pinochet. El mundo mirista le rendirá un homenaje posiblemente el día 15 de Agosto.

Julio se transforma en  una palabra  mágica que concentra el triunfo de  procesos revolucionarios de nuestro continente. El 19 de Julio se cumplieron 37 años de aquel día, donde gran parte de los combatientes intentaban llegar a Managua, estrecharse en abrazos,  recibir el  cariño de todo un pueblo, que salía a la plaza, a encontrarse con el triunfo, a saludar a los vencedores . Un día 26 de julio como hoy conmemoramos también, la heroica gesta de Fidel  y de todo el pueblo cubano, que nos ha señalado un camino y que nos señala todos los días lo que significa  la solidaridad, la valentía, el sacrificio y la dignidad.

Si hay algo que une a nuestros héroes, más allá de las fronteras geográficas, las fronteras de los tiempos, las fronteras de las edades, si hay algo que nos  une  a los jóvenes que murieron luchando por una causa justa en otros pueblos del mundo, ese algo es la capacidad infinita de amar. Es el amor en su más alta expresión como ya lo señalara el Che, es el amor al pueblo y la consecuencia  revolucionaria, lo que lleva a jóvenes chilenos  a Nicaragua, al Salvador, a Guatemala, para luchar junto con los campesinos, con los jóvenes, con los trabajadores que se alzaban en armas por la conquista  de un mundo mejor, de un mundo justo, de un mundo solidario, de un mundo sin explotación.

Han pasado casi 40 años, y mucha agua ha traído el río, desgraciadamente más de la que pasa por debajo de los puentes.

Allí están ellos, nuestros hermanos, nuestros hijos, nuestros compañeros  que siguen estando  con nosotros y su ejemplo llega principalmente a los jóvenes. Es un ejemplo tan grande que sube a la montaña y se baña en el mar. Se confunde con el sol que vuelve a nacer todos los días. Cada día multiplica y fortalece nuestra capacidad de luchar.

El enemigo es el mismo, quizás mas fuerte y con nuevos métodos de dominación, y el pueblo es el mismo, más explotado y sin duda mas enajenado, y por lo tanto, que importante es recoger las lecciones de la historia, que han escrito nuestros hermanos  y donde nos tocó el privilegio de ser testigos directos, que importante es entregar nuestras vivencias a las nuevas generaciones.

Un grupo de chilenos,  civiles, de las mas diversas profesiones, gasfiteros, carpinteros, médicos, dentistas, abogados, constructores,  arquitectos, ingenieros, agrónomos, asistentes sociales, periodistas, profesores,  trabajadores  de la cultura,  tuvimos la oportunidad de entregar nuestro aporte   en  las tareas de construcción de  una nueva sociedad, inmediatamente  después del triunfo revolucionario.

Que privilegio más grande participar en un naciente proceso revolucionario, participar en nuestras profesiones y además tener el privilegio de  de vestir el traje verde olivo  de las milicias populares, batallones de reserva  o ser parte del propio ejército sandinista, defendiendo a la revolución  de los continuos ataques perpetrados por la contra revolución y por el imperialismo norteamericano.

En las tareas de la defensa nos encontramos con un contingente de chilenos, la mayoría oficiales formados en Cuba, otros  militantes revolucionarios como Carlos Zarricueta que se integraron a la lucha revolucionaria, todos los cuales  constituyeron un aporte fundamental en el combate, principalmente en la ofensiva final, como en los primeros años después del triunfo en la construcción de las primeras fuerzas regulares del ejército y de la aviación sandinista.

Tuvimos la ocasión de participar, palpar y vivir intensamente un proceso histórico cuyas características se dan ocasionalmente y en muy determinadas circunstancias en la historia de los pueblos. Es aquel período de la historia  que Lenin definiera como situación revolucionaria, el momento histórico donde se agudizan al máximo las contradicciones entre los oprimidos y los poderosos, el momento en el cual los oprimidos alcanzan a igualar sus fuerzas con los poderosos, con la característica que son fuerzas diferentes; mientras  los explotadores  echan mano al crimen, al abuso despiadado, al uso indiscriminado de sus potentes armas, para resguardar sus riquezas y sus privilegios,  los oprimidos salen del anonimato, para transformarse en personas, en seres humanos en toda su grandeza, construyendo una unidad monolítica bajo el convencimiento y la decisión  de luchar, que desborda todas sus capacidades, donde desaparece el egoísmo, se multiplica la solidaridad, donde las cosas vuelven a ser cosas y los hombres y mujeres vuelven a ser  hombres y mujeres, en su máxima expresión como es la del militante revolucionario, combatiente. Desaparece el temor a la muerte  porque el amor a la vida alcanza  un nivel superior, al considerarse la vida como un todo, que va mas allá de la propia vida personal, individual, y se instala como el concepto de vida de un pueblo, vida de un territorio, vida de una nación , vida del otro, vida de un proyecto revolucionario.

Me atrevería a formular hoy día 3 preguntas  que intentaré desarrollar brevemente sus respuestas.

1.- ¿Por qué triunfa la revolución nicaragüense?

2.- ¿Por qué el proceso revolucionario llega a tener en todo el mundo tan alto nivel de simpatía y apoyo?

3.- ¿Por qué las revoluciones no logran superar el periodo de transición entre el capitalismo y el socialismo?

A la primera pregunta muchos oportunistas responden que la revolución triunfa debido a circunstancias excepcionales que se conjugaron  en ese preciso momento y donde el peso de la dictadura y las debilidades del enemigo la hicieron posible.

Por nuestra parte sostenemos que el triunfo de la revolución  se da por la capacidad  de las fuerzas populares de saber leer la realidad y encontrar la táctica y los instrumentos para potenciar la efectividad de su lucha  en un  contexto estratégico fundamentalmente antiimperialista que se construye desde los tiempos de Sandino.

Lo que diferencia a Nicaragua es la existencia de una organización revolucionaria, con un sector en su interior profundamente revolucionario, que se logra consolidar y sobre todo legitimar a través de 20 años de lucha contra la dictadura somocista, donde debió superar y combatir las desviaciones reformistas y legalistas  de una izquierda trasnochada, representada por los Partidos  Socialista y Comunista, que intentaban una y otra vez encausar su oposición antidictatorial por medio de la lucha institucional .

Un sector del frente sandinista, del cual formaba parte Omar Cabezas,  mantuvo en forma inclaudicable la necesidad de llevar adelante la lucha armada en el concepto de la guerra popular y prolongada, la cual se fortaleció con el apoyo de sectores ligados al movimiento campesino y de trabajadores como también por los sectores insurreccionales que impulsaron acciones audaces, las cuales en los últimos años  hicieron avanzar  notoriamente el proceso revolucionario. Durante todo este largo período de lucha que va desde los años 1959 a 1979, la juventud nicaragüense juega un rol fundamental, tanto a nivel secundario como universitario. Los jóvenes, los muchachos, cuyas edades fluctuaban entre los 14 y 21 años formaron siempre el núcleo vital  y neurálgico de la organización revolucionaria y no es casual que en los tramos finales de la lucha el 80% de los combatientes fluctuaran entre  los 16 y 21 años de edad.

La lucha inclaudicable, por 20 años, con la pérdida de sus mejores cuadros militantes y dirigentes, produjo un impacto en la conciencia de las masas, donde el heroísmo, el arrojo, el sacrifico de los revolucionarios sandinistas creó las condiciones  para la incorporación  de los más diversos sectores del pueblo, lento al principio, masivo al final.

Fue la  organización revolucionaria que sirvió de soporte y conducción cuando el pueblo se lanzó a las calles. La organización revolucionaria organizó, armó, le dio continuidad y elevó la organización de las masas a niveles políticos superiores.

El año 1977 se caracteriza por  masivas movilizaciones que terminan con el asesinato del periodista antisomocista Pedro Joaquín Chamorro.

A partir de ese momento el Frente Sandinista  profundiza su accionar militar con un carácter insurreccional que comienza el año 1978 en Monimbó, un barrio  de Masaya, continua con la insurrección de septiembre del mismo año, en importantes ciudades de Nicaragua. Ambas terminaron en  derrotas para el pueblo revolucionario, pero sirvieron para preparar la ofensiva final que comienza en el Jícaro y no se detiene hasta  julio de 1979.

En resumen podemos señalar como síntesis:

La organización revolucionaria, forjada en  2 décadas de lucha, receptó las demandas populares, impulsó la combatividad de las masas, articulando los combates presentes con la tradición antiimperialista del pueblo,  que se organiza y se proyecta hacia niveles superiores de conciencia y de eficacia, además de saber capitalizar en beneficio del proyecto popular las contradicciones internas de los grupos dominantes.

Todo lo cual se daba en un contexto internacional donde el elemento más importante estaba dado por la derrota yanqui en Vietnam y un proceso de fortalecimiento de la lucha guerrillera en Salvador y Guatemala. Además, se contaba con el apoyo de Cuba y aun existía  el campo socialista  que servía como freno a una intervención directa de mayor envergadura por parte del imperialismo.

Con respecto a la segunda pregunta podemos responder que la simpatía y solidaridad ganada por el proceso revolucionario nicaragüense se  debe a múltiples factores.

En primer lugar es un proceso que rompe los esquemas clásicos. La revolución se da en un país atrasado, pobre, con una clase obrera en formación, despolitizada, con una profunda participación de la juventud y de las mujeres y con una masiva y real participación del conjunto del pueblo, donde los humildes, los anónimos, se transforman  en héroes y en cuadros revolucionarios. Sin dudas, el libro de Omar, nos  enseña las características mas profundas del pueblo revolucionario nicaragüense donde se entremezcla un arrojo temerario, con la sabiduría campesina, el orgullo revolucionario con la humildad profunda y auténtica, el sacrificio y el heroísmo con la alegría permanente y el deseo de vivir y pasarlo bien, donde siempre existía una sensibilidad especial, todo lo cual te hacia comprometerte  por entero.

La respuesta a la tercera pregunta va más allá del proceso nicaragüense, en la medida que  ha sido una constante; los procesos de transición  han resultado un fracaso con un retroceso a formas capitalistas de dominación. No podemos solo culpar al estalinismo,  ni a la corrupción de algunos dirigentes o a errores personales.

La realidad es que la mitad de la humanidad estuvo en un momento en el proyecto de construcción de una nueva sociedad y hoy día vemos con dolor y espanto el fracaso no solo del socialismo real  de la órbita soviética sino también, la vuelta al capitalismo de China, del heroico Viet Nam, y con preocupación vemos lo que esta sucediendo en Cuba, además de  los retrocesos que se experimentan en Nicaragua, Venezuela y Ecuador

En la medida que existe una constante debemos profundizar el análisis, despejar el verdadero rol que cumple el estado de transición, las cúpulas partidistas y el proceso de mercantilización.

Lo cierto es que  observamos una debilidad  en el método  aplicado después del triunfo revolucionario.

Con el triunfo y la llegada al poder, nunca se alcanza el poder total, menos aun en este mundo globalizado, por lo tanto, se mantiene la lucha de clases en un plano que sobrepasa las fronteras, además de la lucha antiimperialista, se mantiene la naturaleza explotadora depredadora del capitalismo, y se mantiene un proceso de enajenación después del triunfo que si no se diagnostica  con el correr del tiempo, se hace parte del proceso. Se aumentan las contradicciones con los sectores dominantes a escala planetaria, especialmente con el imperialismo, el que recurre a sanciones económicas, invasiones, guerras contrarrevolucionarias de baja y alta intensidad, atentados, asesinatos, entre otros.

Después del triunfo, la lucha continúa en otras dimensiones, mas difíciles y más oscuras que las anteriores para lo cual debemos prepararnos desde el inicio.

Derrotado el enemigo interno afloran las debilidades al interior de los revolucionarios lo que hace necesario profundizar la revolución al interior de nosotros mismos, en el contexto del hombre y la mujer nueva propuesta por el Che o del hombre total como lo planteara tempranamente Carlos Marx.

Es imprescindible reforzar los conceptos de la praxis revolucionaria después de l triunfo revolucionario,  haciendo énfasis en que el triunfo es parcial, pero insistiendo que la historia la hacen los hombres y mujeres en concreto y los resultados dependerán de los niveles de análisis, de conciencia y de organización de la totalidad del pueblo trabajador en el contexto de construir una nueva sociedad  que requiere el derrumbe de lo viejo, tanto en lo ideológico como en lo concreto que se representa a partir del estado, como forma  de asegurar la construcción de la nueva sociedad, de la sociedad comunista, y no retroceder de nuevo a la barbarie.

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