Kosik3-672x372

Karel Kosík: “La pseudoconcreción y la práctica revolucionaria”

Leer documento en PDF

Por Carlos F.  Lincopi Bruch

 

“El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico.”

Karl Marx

“La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado. Conduce, pues, forzosamente, a la sociedad en dos partes, una de las cuales está por encima de la sociedad (así, por ej., en Robert Owen).

La coincidencia de la modificación de las circunstancias y de la actividad humana sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria.”

Karl Marx

 

Introducción

            En el presente artículo, abordaremos el pensamiento de un filósofo marxista muy poco estudiado por estas tierras, nacido en Praga (1926), militante del Partido Comunista de Checoslovaquia, partícipe activo en la lucha clandestina contra el nazismo, prisionero en los campos de concentración nazi, liberado en 1945, conocedor exhaustivo de la dialéctica y el pensamiento de Marx, nos referimos a Karel Kosík.

            Karel Kosík, desarrolla una intensa producción filosófica durante los años 50’ y 60’ participando en diversos coloquios y conferencias internacionales de filosofía, en el año 1968 participa activamente de la democratización revolucionaria de Checoslovaquia (Primavera de Praga), la historia es sabida, en agosto de 1968 los tanques soviéticos invaden Praga y el proceso es clausurado violentamente, luego de ello, Karel es relegado de la producción intelectual y política del movimiento comunista.

            Lamentablemente para la burocracia soviética, la violencia, los cañones, las balas, son incapaces de callar la razón histórica y hoy, mediante el presente ensayo, estudiaremos algunas de las ideas centrales del pensamiento de Karel Kosík desarrolladas en su obra máxima: “Dialéctica de lo Concreto”. Particularmente, abordaremos dos temas: 1) el mundo de la pseudoconcreción y; 2) la concreción y la práctica revolucionaria.

El mundo de la pseudoconcreción

            ¿Cuál es la actitud y relación del hombre con la realidad? Probablemente, esta pregunta filosófica, sea una de las cuestiones elementales del pensar dialéctico. Karel Kosík, sostiene que la dialéctica, precisamente, distingue entre “representación” y “concepto de la cosa”, que a su vez, no sólo representan diferentes niveles o grados de conocimiento de la realidad, sino que fundamentalmente se trata de dos cualidades de la praxis humana.[1]

            Estos dos niveles del conocimiento, tienen su explicación en el hecho, de que para el hombre, la realidad no se le manifiesta inmediatamente como objeto de compresión teórica y análisis, sino como el campo en que ejerce su actividad práctico-sensible (comer, jugar, trabajar, comprar, etc.). El desarrollo de tal actividad inmediata le permite al individuo la construcción de sus propias representaciones, sobre la cual fija el aspecto fenoménico de la realidad.[2]  Para que sea comprensible, todo hombre común es capaz de reconocer el dinero y utilizar tal dinero para comprar (aspecto fenoménico), sin embargo, tal disposición no le obliga a comprender qué es el dinero, cuál es su núcleo esencial y la relaciones sociales que le subyacen (concepto real).[3]

            La división social del trabajo, la sociedad de clases, la fragmentación del conocimiento, arrojan al individuo a la construcción de representaciones parceladas de la realidad, esto quiere decir, que la conciencia del hombre – que no ha comprendido la realidad como objeto de análisis, y como veremos luego, de transformación – se desarrolla sobre la base de la apariencia superficial de la realidad y en la cual reproduce su vida (explotación asalariada, violencia patriarcal, etc.), dichas representaciones se presentan en la conciencia como una condición natural de su propia existencia.

            En efecto, sostiene Karel Kosík, el mundo de la pseudoconcreción contiene: 1) el mundo de los fenómenos externos, que se desarrollan en la superficie de los procesos realmente esenciales; 2) el mundo del traficar y el manipular, es decir, de la praxis fetichizada de los hombres; 3) el mundo de las representaciones comunes, que son una proyección de los fenómenos externos en la conciencia de los hombres, producto de la práctica fetichizada e ideológica de su movimiento; 4) el mundo de los objetos fijados, que dan la impresión de ser condiciones naturales, y no son inmediatamente reconocibles como resultado de la actividad social de los hombres.[4]

            ¿La pseudoconcreción, será, en efecto, irreal? Pues no, la apariencia superficial de la realidad es precisamente una manifestación de la realidad misma en la conciencia y práctica del sujeto, de manera tal, que el camino hacia la verdad, hacia ese algo oculto tras el velo de la apariencia, se desarrolla precisamente a través del mundo fenoménico que expresa, de forma desfigurada y fragmentaria, la esencia. El ejercicio de develar la esencia de la cosa misma, la realidad del ser existente, es la razón de ser de la filosofía y la ciencia.

            La realidad se le presenta al hombre en una forma cosificada, no da cuenta de sus relaciones ni de su movimiento real, menos aún expresa en la conciencia inmediata el carácter histórico de tales relaciones. La realidad del hombre común, expresada en el hacer inmediato, en la manipulación de los objetos y el traficar de las cosas, expresa una práctica fetichizada que permite la constitución de las representaciones e ideologías (falso conocimiento), que no son sino la proyección de determinadas condiciones históricas petrificadas en la conciencia del sujeto.[5]  

            Es posible señalar que el mundo de la pseudoconcreción es la realidad muerta, cosificada, fija y rutinaria. La tarea de la filosofía y de la dialéctica es precisamente destruir esta pseudoconcreción para alcanzar lo concreto.

La concreción y la práctica revolucionaria

            La destrucción de la pseudoconcreción, pasa a ser, pues, una de las tareas fundamentales de la filosofía. Nos preguntamos: ¿Qué es este mundo cosificado? ¿Qué subyace al dinero y a las mercancías? ¿Cómo han nacido las circunstancias?

            La dialéctica (filosofía) comienza a ejercer su rol, otorgando movimiento a la realidad fragmentaria y cosificada, descubriendo que aquello cosificado es un producto histórico de la praxis social de la humanidad. Devela que el dinero es un producto histórico de la praxis social y que sólo existe en esas circunstancias históricas creadas por el hombre.

            Precisamente, en ese ejercicio filosófico, la dialéctica se presenta como un método revolucionario de transformación de la realidad, pues en la medida en que esa realidad es presentada como un producto histórico del hombre se comprende la posibilidad de que esa realidad pueda ser transformada (revolucionada) por la práctica revolucionaria del hombre. La transformación revolucionaria de la sociedad, es posible porque ella misma es un producto del hombre. [6]

            En ese intertanto, descubrimos que aquellas cosificaciones (petrificaciones), no eran sino la objetivación de la práctica del sujeto social en la historia. Se aprehende, pues, la unidad entre el objeto y el sujeto, entre el productor y el producto.[7]

            El mundo de la pseudoconcreción es el mundo en que la producción y la práctica del hombre son separadas del hombre mismo, es el mundo de la vida autónoma de los productos del sujeto social. En este sentido, la pseudoconcreción se destruye en la medida en que el sujeto histórico crea la realidad histórico-concreta consciente de su carácter onto-creador.[8]

            El hombre consciente de su carácter onto-creador de historia, de relaciones sociales y productos humanos, aprehende también, que el devenir de la humanidad depende de su práctica, de su acción concreta en el escenario histórico.  Por esta razón, el conocimiento de la realidad sólo se puede desarrollar por medio de la práctica revolucionaria y viceversa.

            ¿Qué sería entonces la realidad concreta? Pues, el resultado constante de la práctica histórico-social del hombre. En este sentido, la realidad se encuentra en constante movimiento. El conocimiento de la realidad, no puede tener sino el mismo carácter: la verdad se desarrolla, es movimiento, es creación de la actividad del hombre.

            En síntesis, la praxis es una determinación existencial del ser humano que lo constituye como ser creador de la realidad humano-social, y que por eso mismo, es capaz de explicar teoréticamente la realidad en su totalidad (humana y no humana). Esto quiere decir, que la praxis no es una oposición a la teoría, sino la fundición en una forma superior de la teoría en la práctica del hombre.

            El mundo de la pseudoconcreción, en efecto, se destruye a través de la práctica revolucionaria que a su vez coincide con el desarrollo de la conciencia del devenir humano.

Palabras finales

            En modo alguno, quisiéramos sostener que hemos desarrollado una visión exhaustiva del pensamiento de Karel Kosík, sin embargo, nos parece cumplir con las ideas originales del ensayo, explicar el mundo de la pseudoconcreción y su destrucción a través de la práctica revolucionaria.

Finalmente, esperamos que este material sea un incentivo para ingresar a las organizaciones revolucionarias, este texto no trata de “filosofía en general”, sino de filosofía de la praxis y por tanto, es un llamado al ejercicio de la acción revolucionaria, es un llamado a transformar la realidad.

[1] Kosík, Karel. “Dialéctica de lo Concreto”, México, 1967, Grijalbo, p.25.

[2] Ibíd., p.25-26

[3] Ibíd., p.26

[4] Ibíd., p27

[5] Ibíd., p.32

[6] Ibíd., p.35

[7] Ibíd., p.35

[8] Ibíd., p.37

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *