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En torno a la praxis: Marx y las tesis sobre Feuerbach

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Por Carlos F. Lincopi Bruch

Apuntes preliminares

            Leer, releer y repasar la Tesis sobre Feuerbach es cada vez más importante. En este breve documento de Karl Marx se encuentra el germen que permite la reconstrucción y renovación del marxismo en miras al siglo XXI. Lo curioso es que la renovación teórica del marxismo surja del propio Marx, en realidad, no es tan extraño si consideramos que el marxismo del siglo XX fue, en esencia, un marxismo con ausencia de Marx o, en el mejor de los casos, un marxismo con un Marx cercenado y leído fragmentariamente. Lo hemos dicho en otros documentos, junto con la construcción de un “marxismo” vulgar, dogmático, sin Marx, en el corazón de la Segunda Internacional y, luego con la Tercera Internacional en el puño de la Unión Soviética, subterráneamente se irá desarrollando otro marxismo posible, un marxismo entendido como filosofía de la praxis. La distancia es enorme e inclusive antagónica, para el materialismo vulgar –de tipo soviético– la revolución se encuentra determinada por las fatales “leyes de la historia”, para la filosofía de la praxis, la revolución es fundamentalmente el resultado de la actividad revolucionaria del ser humano y, en realidad, siguiendo a Walter Benjamin, lo que hace la praxis es destruir esas fatales leyes de la historia, esa tormenta que arrastra al ángel hacia ese futuro vacío que llamamos “progreso”.

            Al momento de escribir las Tesis sobre Feuerbach, Marx se encontraba en Bruselas, había migrado con su compañera Jenny von Westphalen desde París, no sin problemas. La policía belga temía que Marx publicara documentos revolucionarios, la policía prusiana ejercía presión para su extradición, tenía problemas económicos, en fin, elementos que si bien dificultaron su llegada, no impidieron que Marx pudiera establecerse finalmente en Bélgica[1] y escribir sus Tesis en la primavera de 1845. Sin embargo, ¿cuándo vieron luz estas tesis?, recién en 1891 y como apéndice a una obra de Friedrich Engels, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. La publicación es, por tanto, tardía en relación al desarrollo del movimiento obrero europeo y los primeros partidos “socialdemócratas”, se desarrolla cuando ya existe una visión economicista y evolucionista del marxismo, fuertemente influenciado por obras de Friedrich Engels (el verdadero padre de la socialdemocracia europea), como el Anti-Dühring (1878) o Del socialismo utópico al socialismo científico (1880). Existe ya, en ese momento, una versión más o menos oficial de lo que se entendía por marxismo del cual se alimentarán Karl Kautsky y Georg Plejanov, inspiradores intelectuales de la futura generación que liderará la revolución bolchevique. Es por esta razón, que hacia finales del siglo XIX el concepto praxis no figurará extensivamente en las discusiones marxianas (menos aún, alienación, enajenación, cosificación, humanismo, entre otros términos).

            Lo que sí sabemos, es que estas tesis influenciaron a toda una generación de marxistas, entre ellos a Antonio Labriola que, en su Discorrendo di socialismo e di filosofia decía a Sorel: “la evolución histórica del hombre, se encuentra en el proceso de la praxis, y al decir praxis, desde este punto de vista de la totalidad, se pretende eliminar la oposición vulgar entre práctica y teoría”.[2] En otra de las cartas a Sorel, se inscribiría en la historia del marxismo crítico dándole un nombre a nuestra concepción de mundo: “…con esto volvemos a la filosofía de la praxis que es la médula del materialismo histórico…”.[3] El marxismo comenzaba lenta y subterráneamente a ser entendido como filosofía de la praxis.

Más adelante, György Lukács comenzaba su ensayo titulado ¿Qué es el marxismo ortodoxo? con la célebre tesis XI sobre Feuerbach: “Los filósofos se han limitado a interpretar variamente el mundo; pero lo que importa es transformarlo.” En los años 30’, en Italia, Antonio Gramsci se referirá al marxismo como filosofía de la praxis. En los años 60’ una nueva serie de publicaciones tendrán como fuente inspiradora las Tesis sobre Feuerbach, es así que obras como Dialéctica de lo concreto de Karel Kosík o Filosofía de la praxis de Adolfo Sánchez Vázquez, entre otras que, forman parte de esta historia del marxismo a contrapelo, como filosofía de la praxis. En el presente documento realizaremos una interpretación posible de las Tesis sobre Feuerbach.

El momento interpretativo de la realidad o concepto de lo real

             En nuestra lectura de las Tesis sobre Feuerbach existe un momento propiamente interpretativo de la realidad, un concepto de lo real. Marx plantea en la tesis I que “…la falla fundamental de todo el materialismo precedente (incluyendo el de Feuerbach) reside en que solo capta la cosa (Gegenstand), la realidad, lo sensible, bajo la forma del objeto (Objekt) o de la contemplación (Anschauung), no como actividad humana sensorial, como práctica; no de un modo subjetivo. De ahí que el lado activo fuese desarrollado de un modo abstracto, en contraposición al materialismo, por el idealismo, el cual, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial, en cuento tal…”.[4]

            ¿Qué es auténticamente lo real? Para cierta forma de conciencia, que Hegel llama certeza sensible lo único verdadero es lo que se capta a través de los sentidos, es la realidad simple como objeto, aparentemente sin mediaciones, es el objeto ahí en el mundo, es una forma de conciencia desarrollada en el ámbito de lo singular o de la singularidad, en contraposición a la totalidad (como el proceso todo de las mediaciones). La realidad entendida de esa forma, desde el punto de vista del viejo materialismo o del materialismo vulgar, escinde el objeto de conocimiento – lo real – con respecto al sujeto que conoce. Para otros, la realidad auténtica se encuentra velada por el mundo de la apariencia sensible y lo real será la idea, la realidad en sí, aprehendida como concepto. Es decir, lo real para el sujeto. En algunos casos es inaccesible, para el sujeto que conoce, algo así como un concepto de lo real. Para Marx, no es posible partiendo de la unilateralidad que tiene el materialismo contemplativo aprehender un concepto de lo real, precisamente porque la realidad histórica, en su dimensión objetual, tiene un contenido propiamente subjetivo. Lo real es porque hay desenvolvimiento del sujeto en el mundo, a través de su actividad. Por esto, el idealismo ha llegado más lejos en la comprensión de lo real o, al menos, ha considerado el aspecto propiamente subjetivo como un aspecto importante de lo real.

En la Fenomenología del espíritu, Hegel señalaba: “La razón es la certeza de la conciencia de ser toda realidad; de este modo expresa el idealismo el concepto de la razón.”[5] Mientras que en el prólogo al mismo texto sostenía que: “…solo lo espiritual es lo real…”[6] Por otra parte, en su Enzyclopäediae der philosophischen  Wissenschaften im Grundrisse, o también conocida en su nombre en español como Enciclopedia de las ciencias filosóficas, Hegel planteaba que: “…La verdad que está siendo en y para sí, verdad que es la razón, es la simple identidad de la subjetividad del concepto y de su objetividad…”. [7] Para el idealismo alemán, o en particular, para Hegel, el materialismo contemplativo es el estadio más primitivo de la conciencia, es el primer estadio de la conciencia, es la pura certeza sensible. La contemplación sensible, en este sentido, en el proyecto hegeliano es comprendida plenamente, como un mero momento, de la Fenomenología del espíritu. La autoconciencia, la conciencia de sí en el mundo y no la pura conciencia de lo otro –el mundo – es un concepto del idealismo alemán y como tal, será aprehendida por Marx, en el sentido de que el mundo también ha sido objetivación de la actividad humana, lo objetivo, encierra en sí, un contenido subjetivo. En vez de autoconciencia, Marx dirá el hombre[8] y lo real como la unidad entre el hombre y su actividad en el mundo, éste último, como resultado de la actividad humana aprehendida históricamente. El materialismo contemplativo es la mera conciencia-de-lo otro (el mundo objetual), el idealismo alemán ha comprendido este elemento y lo ha superado (conciencia del mundo objetual y conciencia de sí en el mundo objetual) aprehendiendo al sujeto – la autoconciencia – como una entidad constitutiva de lo real, Marx, simplemente, ha humanizado el idealismo alemán y en lugar de la autoconciencia ha puesto al hombre como entidad constitutiva de la unidad entre el pensamiento y el ser, unidad que se desarrolla en el mundo a través de su propia actividad.

            El concepto de lo real para Marx, no será la repetición del viejo materialismo o del viejo idealismo. Marx, al menos, pretende una superación de ambas posiciones. Marx reprocha a Feuerbach el comprender la práctica solo en su “sucia forma judaica”, pero no como actividad revolucionaria, como actividad crítico-práctica[9], esto es, el desenvolvimiento negativo del sujeto en el mundo. En la tesis III sobre Feuerbach, por su parte, Marx sostiene que las circunstancias, es decir, lo real es creado y modificado por la actividad revolucionaria del ser humano.[10]

            Para Adolfo Sánchez Vázquez, el núcleo medular de la crítica de Marx a Feuerbach reside en que: “…Feuerbach…ve en lo real, en el objeto, el “otro” del sujeto, algo opuesto a él, en vez de considerarlo subjetivamente, como el producto de su actividad humana.”[11] En este sentido, Feuerbach entiende el objeto en su dimensión puramente negativa en relación al sujeto, a diferencia del idealismo alemán que considera  la razón como conciencia de ser toda realidad (en este sentido, mucho más avanzado que Feuerbach), lo que no había logrado determinar el idealismo es el motivo por el cual la razón, efectivamente, pueda ser conciencia de toda realidad. Para Marx, la posibilidad de aprehender la unidad del concepto y objeto reside en el hecho de que el objeto es una determinación de la actividad práctica del hombre/mujer,  la razón, desde un punto de vista marxista, es la conciencia de que el hombre/mujer desarrolla las determinaciones de lo real por medio de su actividad en el mundo, de una parte piensa su actividad, de otra, la objetiva, creando objetos en el mundo. Ahora bien, esa es la determinación de Marx, desde el punto de vista de la conciencia común, no-crítica, su existencia sigue desarrollándose en el ámbito de la certeza sensible, no aprehende el concepto de lo real, como actividad humana. Por esta razón, Marx hablará en otros escritos del “fetichismo” de la mercancía, de la cosificación o del trabajo enajenado, como un estadio en el cual la conciencia se desarrolla en un ámbito puramente contemplativo, en el cual, el objeto creado a partir del trabajo, se le presenta al sujeto como un producto extraño, ajeno. La reconciliación de los productos del trabajo humano con sus creadores, los trabajadores, en el ámbito de su conciencia, es el advenimiento de la razón, cuya objetivación en el mundo no es otra cosa que la revolución. La razón, en la época de la modernidad capitalista, se encuentra en el pensamiento crítico-revolucionario y en la actividad revolucionaria.

            Finalmente, tenemos que el concepto de lo real, para Marx, solo puede ser comprendido desde el punto de vista de la indisociable unidad entre el sujeto y el objeto, cuya mediación se desarrolla a través de la praxis que permite la concreción del movimiento de lo real. La realidad histórica, en su determinación última, es movimiento que concrece a través de la actividad humana en el mundo.

La duplicación de lo real en la conciencia y su unificación a través de la praxis

            En la tesis I, Marx al menos destaca dos formas “prácticas” de relacionarse el hombre/mujer con el mundo: 1) desde un punto de vista “suciamente judaico”, o bien; 2) desde un punto de vista crítico-práctico, como práctica revolucionaria. La primera forma construye un mundo de representaciones que, siguiendo a Karel Kosík, configuran el mundo de la pseudoconcreción, cuya destrucción, por medio de la segunda forma, permite un concepto de mundo concreto.

            Para nosotros, lo real, en la medida en que se desarrolla desde el punto de vista de la primera forma práctica, que llamaremos fetichizada, enajenada o cosificada, tiende a lo duplicación de lo real ante la conciencia. La duplicación opera como separación del fenómeno con la esencia, es decir, las representaciones de lo real se escinden de la realidad misma. Para el sujeto que aprehende lo real, sea un obrero o un filósofo, en este sentido, escindiendo el mundo en su aspecto fenoménico de su esencia, el mundo se duplica, de una parte el aquí y ahora contingentes, de otra, el mundo del más allá, la esencia, la realidad misma, el “otro mundo” (platonismo, cristianismo, entre otras vertientes del pensamiento).[12] El otro mundo, como realidad misma, esencial, no es accesible el ser humano contingente y, por tanto, la posibilidad del conocimiento queda clausurada a los simples mortales que deben resignarse a su vida tal y cual ha sido planteada en lo terrenal. Esto, por supuesto, es obra de la vieja división del trabajo, una de nuestras grandes desgracias como humanidad, de una parte el pensamiento o actividad intelectual que tiende a lo divino, de otra, la actividad material o trabajo que tiende la mirada a lo contingente. El mundo, se encuentra, frente a estas determinaciones, duplicado.

            En la tesis IV, Marx advierte esta duplicación del mundo en uno terrenal y otro supraterrenal (religioso), el cual, según Marx encuentra su solución en la comprensión de las contradicciones del mundo terrenal y en su transformación a través de la práctica revolucionaria.[13] Aquí hay un punto clave, una de las cuestiones que ha permitido la duplicación de lo real o la construcción de los dos mundos ha sido precisamente la división social del trabajo, la unificación de los dos mundos, lo cual equivale a destruir el mundo de la pseudoconcreción, se desarrolla, según Marx, a través de la praxis (entendida como unidad de la dimensión teorética y práctica del ser humano). En la tesis VIII Marx vuelve a sostener la centralidad de la praxis en la superación del misticismo: “…todos los misterios que inducen a la teoría al misticismo encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esta práctica…”.[14]

            Karel Kosík, en su Dialéctica de lo concreto es uno de los que ha llegado más lejos en este punto. Para él, la dialéctica distingue dos momentos de la conciencia, el de la representación y el del concepto. Esta distinción es posible, según Kosík, porque el ser humano tiene dos formas de relacionarse con la realidad y diversos grados de conocimiento, esas formas diversas de relacionarse con lo real son diversas formas de  praxis humana.[15] Para Kosík, la realidad no se le presenta inmediatamente al ser humano como objeto de conocimiento, más bien, el sujeto común y corriente tiende a desarrollar su vida de forma práctica orientándose hacia ciertos fines. La realidad, para el hombre/mujer así entendidos, es el campo en el cual se ejerce la actividad práctico-sensible.[16] La representaciones del sujeto no-crítico se realizan sobre la base de la captación y fijación del aspecto fenoménico de lo real, por ejemplo, todo hombre/mujer puede utilizar el dinero en su vida cotidiana, sin por ello estar obligado a saber qué es el dinero. El ser humano, sometido al sentido común, es capaz de vivir en el mundo, realizar transacciones, comprar, vender, enamorarse, jugar, moverse en el ámbito de lo real, sin embargo, no comprende lo real. Es el mundo de la práctica unilateral, fragmentada, de la división social del trabajo, fetichizada, ideológica y meramente representacional del mundo.[17]

Para el marxismo, el fenómeno es un aspecto de lo real, pero solo un aspecto. El fenómeno es la mediación respecto del sujeto con la esencia, es un “claroscuro de muestra y engaño” – como sostiene Kosík –, de lo que se trata es de encontrar la esencia (que si estuvieran separadas nos llevarían necesariamente a otro mundo, inaccesible, para los mortales). La realidad es la unidad del fenómeno y la esencia[18], lo cual quiere decir, para nosotros, la unidad del mundo físico y del metafísico, la unidad del mundo sensible con el mundo suprasensible, la unidad del mundo terrenal con el mundo religioso. El “materialismo”, al menos el nuestro, no descarta a priori el mundo metafísico, eludiéndolo con maniobras y ardides, se acerca a él, para unificarlo con el mundo terrenal, la aspiración, es un mundo unificado.

            El primer mundo, el de la pseudoconcreción o terrenal-sensible, se “revela al hombre en la práctica fetichizada, en el traficar y el manipular, no es el mundo real, aunque tenga la consistencia y la validez de este mundo, sino que es “el mundo de las apariencias” (Marx). La representación de la cosa, que se hace pasar por la cosa misma y crea la apariencia ideológica, no constituye un atributo natural de la cosa y de la realidad, sino la proyección de determinadas condiciones históricas petrificadas, en la conciencia del sujeto.”[19]

La dialéctica, se enfrentará precisamente a este modo inmediato de entender la cosas, y somete estos objetos petrificados a un examen en el cual, con la fuerza de la negatividad, se diluye en el movimiento aquello que parecía fijo y eterno, la dialéctica destruye todas las estructuras cosificadas de la conciencia y revela el mundo real como producto de la praxis de la humanidad.[20] Es la praxis, la actividad revolucionaria, la crítica revolucionaria, lo que permite el acceso a la esencia, a lo real en cuanto tal. Y lo permite, pues, revela a la conciencia del sujeto que la realidad ha sido un producto de su propia actividad histórica. Por eso dice Marx, en la tesis III sobre Feuerbach que: “…la coincidencia del cambio de las circunstancias con el de la actividad humana o cambio de los hombres mismos, solo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria.” Es la praxis, entendida como práctica revolucionaria, lo que permite entender el mundo racionalmente, pues revela al hombre el ser creador de la realidad histórica, es la conciencia de ser toda realidad. La praxis ha unificado el momento objetivo y el subjetivo, ha unificado el mundo duplicado y creado un solo mundo, el de la humanidad social como sostiene Marx en la tesis X.[21]

En pocas palabras, el conocimiento de la realidad es posible solo en tanto que el hombre ha configurado esa realidad de un modo práctico-crítico, el conocimiento de una realidad con la cual el hombre no ha tomado relación aún, no es posible. Muchísimo más claro en Adolfo Sánchez Vázquez, quien sostiene que: “…conocer es conocer objetos en cuanto se integran en la relación entre el hombre y el mundo, o entre el hombre y la naturaleza, que se establece gracias a la actividad práctica humana…la práctica es fundamento y límite del conocer y del objeto humanizado que, como producto de la acción, es objeto de conocimiento. Fuera de ese fundamento o más de ese límite está la naturaleza exterior que aún no es objeto de la actividad práctica y que mientras permanezca en su existencia inmediata, viene a ser una cosa en sí, exterior al hombre…el conocimiento solo existe en la práctica, y lo es de objetos integrados en ella, de una realidad que ha perdido ya, o está en vías de perder, su existencia inmediata, para ser una realidad mediata por el hombre.”[22] El objeto, solo existe, desde el punto de vista del conocimiento, como mediación realizada por la conciencia humana. Es objeto de conocimiento, en tanto exista una entidad tal que pretenda conocer. Con mucha razón Walter Benjamin señalaba: “”El sujeto del conocimiento histórico es la clase
oprimida misma, cuando combate.”

El carácter histórico de la verdad o la praxis como criterio de verdad

            En la tesis II Marx señala que: “El problema de si puede atribuirse al pensamiento humano una verdad objetiva no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre debe demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poder, la terrenalidad de su pensamiento. La disputa en torno a la realidad o irrealidad del pensamiento –aislado de la práctica– es un problema puramente escolástico.”[23] Esta tesis es muy interesante, va en la misma línea que algunas afirmaciones realizadas por Marx en su Introducción para la crítica de la filosofía del derecho de Hegel cuando sostenía que: “…la crítica a la filosofía del derecho especulativo no va a terminar en sí misma, sino en un problema para cuya solución sólo hay un medio: la praxis.”[24] También, cuando recién había llegado a Francia, envió una carta a su amigo Arnold Ruge en la cual declaraba que: “….incluso nuestra filosofía, campo en el que vamos por delante de nuestro tiempo, sólo podrá triunfar cuando se proclame en París y se impregne de espíritu francés.”[25] Era una clara alusión a la diferencia entre Alemania y Francia, el primero, desarrollando la crítica desde el punto de vista del pensamiento, el segundo, llevando la crítica al terreno de la práctica, de la lucha revolucionaria.

            Ahora bien, no es que Marx esté rechazando la actividad teórica, sino que más bien, Marx nos interpela a comprender que un pensamiento que no se objetive en el mundo a través de la praxis, no es ni verdadero ni falso, es un mero pensamiento. El pensamiento debe pujar a lo real a través de la praxis, remeciendo la realidad, llevando la crítica al terreno de la actividad crítico-práctica. La tesis II es el paso del momento teórico al momento práctico, es el momento en el cual se configura la praxis como tal. Por eso Marx sostiene que la discusión en torno a la “realidad” o “irrealidad” de un pensamiento, aislado de la práctica, es un “problema puramente escolástico”, es el punto de vista del marxismo respecto a la verdad, el puro pensamiento no agrega ni quita nada a lo real sino en tanto es a través de la praxis, ella es la verdadera esfera constitutiva de lo real. La actividad teórica aislada de la práctica tiende al otro “mundo”, al misticismo, en cambio, la praxis, vuelve aquello que parece lejano, de otro mundo, esto es, la revolución, a su actualidad, en tanto deviene a través de la praxis. Ahora bien, no cualquier pensamiento requiere de la actividad práctica, un pensamiento puramente positivo, sensible, no requiere para reafirmase de la mediación de la práctica, lo que requiere objetivación práctica es un tipo determinado de pensamiento, el pensamiento crítico. La razón de ello estriba en que el pensamiento crítico observa el lado crítico de la cosa o la realidad, su aspecto negativo, sus puntos de quiebre, y para que la cosa en cuestión sea transformada no basta con pensar su aspecto crítico, sino de remecerla críticamente a través de la actividad revolucionaria. La praxis, es por definición, la forma de develar el aspecto crítico de la realidad. No basta con observar la diferencia de clases en el mundo, es preciso, junto a ello, desarrollar la lucha de clases.

            La verdad, para el marxismo, es en tanto praxis. Y como tal, no es fija e inmutable, sino fluctuante, variable, en movimiento. La verdad tiene un carácter histórico en el sentido de que se modifica constantemente a través de la praxis de la humanidad. Por ejemplo, la realidad del feudalismo fue suplantada por la realidad del capitalismo, ambas han sido momentos constitutivos de lo real, una verdad da su lugar a otra, perdiendo su actualidad, pero al tiempo, es contenida en el nuevo contenido de lo real, vigente y actual, el capitalismo. Tal es la pretensión del socialismo, objetivarse en el mundo como superación del capitalismo a través de la praxis, sin ello, el socialismo se mueve en el ámbito del no-ser o de la no-existencia, con la praxis, al menos, el socialismo deviene posibilidad (nunca necesidad o fatalidad).  La naturaleza de la verdad marxista se haya condicionada, en este sentido, por la praxis, pues ésta, hemos visto, es precisamente el elemento constitutivo de lo real o de la realidad.

El hombre/mujer como ser de la praxis

            En la tesis III Marx señala: “…La coincidencia del cambio de la circunstancias con el de la actividad humana o cambio de los hombres mismos, solo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria…”[26] Ya hemos hablado de la praxis como constitutiva de lo real, nos interesa abordar sus consecuencias en el ser humano, pues él mismo, es el ser de la praxis.

            En este ámbito nos interesa destacar fundamentalmente que, para Marx, la práctica revolucionaria, coincide con la modificación del hombre/mujer mismo. En otros textos Marx habla del hombre total – apoderado y consciente de toda su existencia en el mundo como ser social –. La importancia de aprehender este elemento radica en que en el mundo de la practica fetichizada el hombre se encuentra incompleto, fragmentado, no se encuentra en el mundo, su práctica no le pertenece, es ajena, extraña y, por tanto, no puede comprenderse a sí mismo, sus cualidades esenciales se hayan anquilosadas, enfermas por la producción fragmentaria de la vida. No tiene conciencia de ser toda realidad, pues los objetos de su praxis, se le presentan desde la perspectiva de la oposición. Es un hombre enajenado, cuya conciencia no se corresponde con su ser, esto es, con su praxis.

            La actividad revolucionaria, como decíamos más arriba, unifica el mundo fragmentado de la pseudoconcreción, con ello, aprehende el concepto de lo real. La realidad histórica concrece –se concreta –, precisamente porque hay actividad humana en el mundo, la praxis se vuelve consciente y el hombre se aprehende a sí mismo como ser de la praxis, con ello, se realiza ante su conciencia la certeza de ser toda realidad. La inmediatez de la conciencia fragmentada, singular, en su negatividad, tiende a la conciencia revolucionaria – cuya objetivación no es otra cosa que la actividad revolucionaria –, con ello, no solo se transforma el mundo revolucionariamente, sino también, al sujeto mismo, activo, de esa transformación. Esto es evidente, si la razón es la identidad del sujeto y de su objetividad, como certeza de ser toda realidad, todo cambio en el ámbito de la objetividad, es también, un cambio en el ámbito de la subjetividad. Aprehender el mundo de una forma revolucionaria, crítico-práctica, es también una forma diferente de ser o existir en el mundo. La filosofía encuentra su realización, pues, en la revolución.

            El proyecto de Marx, hasta aquí, es una transformación total del hombre y de sus relaciones sociales. Es la transformación, también, de la forma práctica en la cual el hombre/mujer se desarrolla en el mundo.

Palabras finales, interpretación crítica y transformación revolucionaria de la realidad

            Finalmente, en la Tesis XI – la más famosa de todas – Marx sostiene: “los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de diversos modos; de lo que se trata es de transformarlo.”[27] Nos interesa destacar una cuestión, hasta aquí ya existe una interpretación crítica de la realidad. Es crítica precisamente porque la interpretación destaca los aspectos críticos, negativos, de lo real (por ejemplo, la explotación). Es decir, el mundo es transformado en pensamiento crítico, hay de un lado, una constatación positiva, lo que es, y otra negativa, lo puntos críticos de aquello que es. Pero el proceso no acaba ahí, el pensamiento crítico debe objetivarse en el mundo por medio de la actividad crítico-práctica, de la actividad revolucionaria. El mundo es transformado en pensamiento, para luego objetivarse por medio de una praxis que  transforma el mundo. No se trata de la pura práctica, sin pensamiento, sin teoría. Hay dos momentos, uno interpretativo y otro de transformación, la praxis es la unidad del pensamiento y de la actividad práctica. A nuestro juicio, aquí radica la médula del marxismo entendido como filosofía de la praxis.

            Esperamos que el presente documento sea un aliciente para el debate marxista y el pensamiento crítico. La crítica revolucionaria siempre será bienvenida para perfeccionar y elevar nuestros análisis. Aquí, hemos realizado simplemente, un humilde análisis, una lectura posible de las Tesis sobre Feuerbach. Nos interesa seguir profundizado y sofisticando nuestra lectura de Marx. Por ahora, hemos comprendido al menos algo, la realidad histórica es producto de la praxis histórica de la humanidad, como tal, puede ser modificada, revolucionada, por esa misma humanidad. El marxismo devuelve al hombre/mujer aquello que había perdido, su praxis en el mundo y con ello, su ser, su esencia humana.

Bibliografía

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Sánchez Vázquez, A. (2013). Filosofía de la praxis. México: Siglo XXI.

[1] McLellan, D. (1977). Karl Marx: su vida y sus ideas. Barcelona: Editorial Crítica, P.162

[2] Labriola, A. (1969). Socialismo y filosofía. Madrid: Alianza, p.68

[3] Ibíd., p.86

[4] Marx, K. (2014). Tesis sobre Feuerbach. En K. Marx, La ideología alemana (págs. 499-502). Madrid: Akal, p.499

[5] Hegel, G. (2015). Fenomenología del espíritu. México: Fondo de Cultura Económica, p.144

[6] Ibíd., p.19

[7] Hegel, G. (2010). Enciclopedia de las ciencias filosóficas. Madrid: Alianza, p.482

[8] Marx, K. (2014). La construcción hegeliana de la fenomenología. En K. Marx, & F. Engels, La ideología Alemana (pág. 495). Madrid: Akal, p.495

[9] Marx, K. (2014). Tesis sobre Feuerbach. En K. Marx, La ideología alemana (págs. 499-502). Madrid: Akal, p.499

[10] Ibíd., p.500

[11] Sánchez Vázquez, A. (2013). Filosofía de la praxis. México: Siglo XXI, p.170

[12] Kosík, K. (1967). Dialéctica de lo concreto. México: Grijalbo, p.28

[13] Marx, K. (2014). Tesis sobre Feuerbach. En K. Marx, La ideología alemana (págs. 499-502). Madrid: Akal, p.500

[14] Ibíd.,p.501

[15] Kosík, K. (1967). Dialéctica de lo concreto. México: Grijalbo, p.25

[16] Ibíd., p.25

[17] Ibíd., pp.26-27

[18] Ibíd., p.28

[19] Ibíd., p.32

[20] Ibíd., p.33

[21] Marx, K. (2014). Tesis sobre Feuerbach. En K. Marx, La ideología alemana (págs. 499-502). Madrid: Akal, p.501

[22] Sánchez Vázquez, A. (2013). Filosofía de la praxis. México: Siglo XXI, pp.171-172

[23] Marx, K. (2014). Tesis sobre Feuerbach. En K. Marx, La ideología alemana (págs. 499-502). Madrid: Akal, p.500

[24] Marx, C. (2009). Introducción para la crítica de la filosofía del derecho de Hegel. En G. Hegel, Filosofía del derecho (págs. 9-22). Buenos Aires: Claridad, p.16

[25] McLellan, D. (1977). Karl Marx: su vida y sus ideas. Barcelona: Editorial Crítica, P.76

[26] Marx, K. (2014). Tesis sobre Feuerbach. En K. Marx, La ideología alemana (págs. 499-502). Madrid: Akal, p.500

[27] Marx, K. (2014). Tesis sobre Feuerbach. En K. Marx, La ideología alemana (págs. 499-502). Madrid: Akal, p.502

 

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