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El materialismo dialéctico de Alfred Schmidt

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El materialismo dialéctico de Alfred Schmidt[1]

Por Karla Sánchez Felix

“La verdadera dialéctica no es un monólogo del pensador solitario consigo mismo, es un diálogo entre tú y yo.”

 Marx

Introducción

En los años sesenta del siglo XX muchos de los pensadores regresaron a los textos marxianos con la finalidad de encontrar una solución a su presente. Pero en esta búsqueda se involucraron diversos intereses para refutarlos, dogmatizarlos o leerlos críticamente. En esta última veta cabe mencionar a los herederos de la tradición de la Teoría Crítica, entre ellos, Alfred Schmidt, quien se encargó de rechazar el marxismo ortodoxo y reivindicar el método dialéctico, orientado hacia una dirección materialista, pues, siguiendo de cerca a Marx, la dialéctica representaba el único método revolucionario que los hegelianos de derecha habían dejado de lado y reducido a clave idealista.

La explicación de la dialéctica como método está presente en la mayor parte de sus obras. Entre las principales destaca su disertación con la que obtuvo el doctorado en filosofía bajo la supervisión de Horkheimer y Adorno: El concepto de naturaleza de Marx (1960). En dicho texto sobresale la crítica a los naturalistas, quienes identificaron el proceso de naturaleza con el de la historia humana y, a los filósofos que hicieron de la materia una sustancia. En oposición a ello, Schmidt enfatizó el papel de la dialéctica, la cual, involucra un proceso dinámico de interacción entre teoría y praxis e historia y naturaleza. En su siguiente obra: Historia y Estructura. Crítica del estructuralismo marxista (1973), sobresale su lectura crítica al estructuralismo francés, el cual sólo ha fragmentado el pensamiento de Marx. Se problematiza así la herencia hegeliana del método dialéctico. En un texto posterior: Feuerbach o la sensualidad emancipada (1975), Schmidt establece que sólo a partir de Feuerbach puede entenderse la praxis social en su vertiente epistemológica y política.

Los textos de Schmidt no se reducen a una nueva lectura de interpretación a Marx, antes bien, representan un intento de atender a la realidad formando parte de ella, con el único fin de transformarla, oponiéndose a fijar en un primer momento la teoría para después llevarla a la práctica. De modo que a partir de estos tres textos pueda entenderse la concepción de su materialismo, el cual se distingue por ser: no dogmático, crítico y dialéctico.

En el siguiente ensayo me interesa aclarar cada una de estas tres características, pues la primera refiere a la peculiaridad de lo “concreto”, en oposición a la interpretación de los naturalistas. La segunda, se descubre a partir de la praxis social, entendida desde una vertiente epistemológica y política. La tercera, que refiere al materialismo dialéctico, debe seguirse de una lectura crítica a Marx y de una distancia a la vertiente idealista o de carácter ontológico. Con esto, se evidenciará que, a pesar de que Schmidt no pretenda disolver las contradicciones sociales, se alejará de un materialismo mecanicista, de una dialéctica ontológica y del marxismo soviético.

El materialismo no dogmático

El principal problema al que se enfrenta el marxismo ortodoxo o dogmático está en su intención, la cual consiste en tener una mejor comprensión del pensamiento de Marx “para llevarlo a la práctica”. Sin embargo, al realizar tal objetivo: 1) despoja de contenido a la filosofía de Marx, 2) tergiversa la relación entre teoría y praxis, en tanto antepone la primera y, 3) aceptándolo así, eleva el pensamiento de Marx a una doctrina de validez absoluta. Schmidt deja ver que la ortodoxia está ligada a lo vulgarmente naturalista, a lo socialdemócrata y a la tendencia ruso-soviética porque tienen una lectura más ontológica de Marx[2]. Lo curioso es que el marxista ortodoxo inicia sus reflexiones sobre la materia, y sin embargo, termina sustancializándola. Por ejemplo, la historia es explicada como una sucesión de acontecimientos que van desplegándose en una serie de contradicciones hasta alcanzar un estadio mejor. La dialéctica es interpretada como un método propio de la lógica formal que ayuda a dar cuenta de la lucha de los hechos opuestos. En este punto, Lukács criticó también la aceptación del método dialéctico sin someterlo anteriormente a una crítica[3].

La tendencia ontológica del marxismo ortodoxo tiene su fundamento en el término de “lo concreto”, se explica cómo aquello que está frente al sujeto y llega a ser percibido por los sentidos, sean objetos, instituciones, fenómenos sociales o históricos. Así, este punto de partida “material” siempre es estático y queda en la base de todos los demás acontecimientos. Para Schmidt no es suficiente partir de lo “concreto”, hace falta tomar en cuenta la mediación, la cual implica la intervención del sujeto en el mundo. Lo “material” concentra entonces diversas determinaciones. Se trata de un conocimiento sintético: “la comprendida unidad de lo múltiple”[4]. En El concepto de naturaleza de Marx, Schmidt expone la diferencia entre su materialismo dialéctico y el de los naturalistas del siglo XIX. Cierto es que estos últimos inician una crítica al pensamiento ilustrado, en tanto conciben una naturaleza autónoma, no mecánica que va creando sus propias leyes. Sin embargo, la naturaleza sigue teniendo una finalidad contemplativa: es para ser percibida por el hombre. Incluso para un pensador serio como Schelling, uno de los primeros filósofos que intenta criticar el idealismo dentro de éste, no logra salir de la homogeneización entre hombre y naturaleza por más que explique paralelamente el proceso de transformación natural y el despliegue de la historia. A la naturaleza de Schelling se le escapa el factor social, es decir, la manera en que el hombre ha mediado la naturaleza con su fuerza de trabajo. Sigue pensando la naturaleza en su forma original, con una finalidad intrínseca, que responde al desarrollo del hombre. El filósofo idealista al establecer una analogía entre el despliegue de la historia y de la naturaleza, las identifica. En esta estructura unitaria, historia y naturaleza son teleológicas y tienen un sentido universal, del cual se deduciría cierto determinismo y la existencia de leyes necesarias[5].

Para Schmidt, el materialismo naturalista del S. XVIII, deja de lado las relaciones existentes entre la formación natural y el proceso histórico porque supone una inmediatez ante ellas, de ahí que caiga en abstracciones científico-naturalistas y pueda alojar con facilidad cualquier tipo de ideología con fines meramente particulares, como en su momento lo llevó a cabo la sociedad burguesa del siglo XIX, que en su intento de emanciparse socialmente como grupo, supuso una identificación entre el despliegue de la naturaleza con la historia: la forma evolutiva de los organismos vivos servía de modelo para la configuración social y el desarrollo del Estado, mismo que debía ser fortalecido. La burguesía aceptaba la sociedad capitalista como la única sociedad posible, y correspondiente a la naturaleza del hombre y de la razón. Las contradicciones de la producción aparecían: inevitables y necesarias, y aquí quizá el materialismo soviético estaba más cerca de una lectura ortodoxa, pues “interpretó” el materialismo como una cosmovisión o modo de ser ante la vida, supuso una sociedad estática que debía ajustarse a una doctrina. En este sentido, se tendió a la más peligrosa tergiversación del marxismo, convirtiéndolo en una teoría que debía seguirse sin cuestionar y sin ver las relaciones entre sociedad, historia, economía e ideología.

El materialismo de Schmidt reconoce la independencia de las leyes de la naturaleza con respecto a la conciencia y la voluntad de los hombres, sin por ello caer en un determinismo[6] y, a la par, toma en cuenta la posibilidad de que el hombre transforme las estructuras sociales, una vez que haga consciente el proceso de la historia.[7] Se trata de un materialismo no dogmático en tanto quiere, como Marx, “ayudar a los hombres a liberarse de la jaula del impenetrable determinismo económico, forjada por ellos mismos”[8]. En este intento se presupone que la relación del hombre con la naturaleza, de carácter socio-histórico, no puede reducirse a un ciego mecanismo ni a una relación de dominio. La historia no es teleológica, no hay un propósito final en el mundo, éste “no puede contener ya más sentido que el que los hombres hayan logrado realizar mediante la organización de sus relaciones vitales”[9]. Es así que la postura crítica de Schmidt aparece en la esfera de la filosofía de la historia y en la teoría del conocimiento.

El materialismo crítico

La peculiaridad del idealismo alemán consistió en modificar el sentido epistemológico: el sujeto dejó de ser un ente receptor para convertirse en mediador de objetos, rechazó que el proceso de conocimiento se explicara a partir de una intuición sensible hasta formar una representación mental. Sin embargo, con la pretensión científica del idealismo, el mundo era fragmentado en dos: por un lado la actividad de la conciencia, por el otro, la pasividad de las cosas. Aún más, se dio prioridad al aspecto teórico frente a lo práctico, lo cual en mucho se redujo a lo moral. Anuló así el carácter social, cultural y político, aun si el conocimiento es un proceso que interpreta, traduce la naturaleza y la humaniza en consonancia. La crítica de Feuerbach al idealismo es planteada y resuelta en su concepción sobre la materialización de la subjetividad, la cual no es fija ni explicada en términos de autoconciencia, sino como aquella que está mediada por la historia natural y cultural. Schmidt retoma la crítica feuerbachiana al idealismo y añade que los momentos del conocimiento cambian “en la medida en que los hombres entran en una nueva relación productiva entre sí y con la naturaleza física […] La conciencia cognoscente es una forma de conciencia social, y no algo que se pueda determinar independientemente de la psicología y de la historia humana”[10]. Lo “concreto” va pasando por diversos procesos: 1) la intervención del hombre en la naturaleza mediante su trabajo a través de los modos y medios de producción, 2) la nueva contribución del valor, 3) la intervención de las instituciones. De igual manera, Marx tenía en cuenta la transformación de la naturaleza por el hombre, y no la transformación de la naturaleza por sí sola, pues la inteligencia del hombre se desarrolla una vez que aprende a transformar la naturaleza y su relación con ella. De modo que toda esta dimensión social impida fijar lo natural en una veta abstracta. La relación del hombre con la naturaleza no es abstracta ni teórico-contemplativa entre un sujeto y un objeto, sino práctico-transformadora. Para el materialismo crítico, la esfera del conocimiento está relacionada con la filosofía de la historia, en tanto toma en cuenta la manera en que el hombre forma parte de una sociedad, se relaciona con la naturaleza e interviene en ella con su fuerza de trabajo.

Pero, ¿cómo se han ido dando las diversas formas históricas y qué papel ha tenido el hombre en cada una de ellas? Schmidt reacciona a la actitud positivista del marxismo ortodoxo que explica los acontecimientos históricos como una sucesión mecánica, sin tomar en cuenta la repercusión que la tradición pueda tener en ellos. El proceso de la historia es cosificada, quedando meros hechos aislados que ocupan un lugar en el recuerdo para ser repetidos. La lectura crítica de Schmidt a las Tesis sobre Feuerbach, le permite señalar que en ellas se encuentra ya la clave de la praxis social, la cual entiende como: “«actividad objetiva» en un doble sentido: epistemológicamente, como constitución de un mundo de experiencia cotidiana intersubjetivamente dado, políticamente como actuar «revolucionario», transformador. Ambos momentos no pueden separarse conceptual ni históricamente”[11]. Esta importancia de pensar lo concreto como punto de partida no sólo trastoca la tradición occidental sino que muestra el interés de Schmidt por reivindicar el pensamiento de Feuerbach, quien partió de aquello que llamó: la no filosofía, el principio del sensualismo, entendido no como mera facultad subjetiva sino punto de crítica, de un intento por comenzar con el hombre individual. Se perfila así el sentido crítico de Schmidt, pues rompe el esquema gnoseológico tradicional que da por sentado el carácter activo del entendimiento frente al carácter pasivo de la sensibilidad, generando la falsa idea de que la razón debe asentar los principios para después ver el modo en que la sociedad, las instituciones, la economía deberán asumirlos y reproducirlos. La aceptación de esta tradición a lo largo de la historia ha puesto en evidencia que al acoplarnos a ella de forma inmediata, corremos el riesgo de continuar una ideología que favorezca los intereses individuales, dejando de lado el desarrollo de las sociedades. Este darle más importancia a la teoría que a la praxis, dio pauta a la teoría stalinista de justificar el “socialismo en un sólo país” y el “cerco capitalista”. Stalin sostuvo la tesis de derrocar las clases dentro del país socialista, protegerlo contra los ataques extranjeros, mantener y fortalecer al Estado socialista hasta que desapareciera el cerco capitalista. Pero con ello, el individuo no logró desarrollar sus capacidades humanas, sino reprimirlas. En este punto podemos notar ya cómo en Schmidt vuelve a estar presente la inquietud de explicar la relación entre teoría y praxis. Para el autor, ambas sólo pueden concebirse dialécticamente. Sin embargo, ¿desde dónde debe entenderse esta dialéctica, siendo que se trata de un método desarrollado con diversos matices por el idealismo alemán por un lado, y por el marxismo soviético por otro lado?, ¿acaso no el recurrir a este método obliga necesariamente a sospechar del materialismo de Schmidt y a interpretarlo, como algunos lectores lo han hecho, de marxismo occidental o burgués, argumentando que si el método es una herramienta que reproduce el curso del pensamiento, estaría reflejando indirectamente el modelo del capital?, ¿en qué medida el método dialéctico tendría a reelaborar conceptualmente el proceso capitalista global, de tal manera que salga a la luz su lógica objetiva, libre de todo accesorio casual o ideológico? ¿En qué términos –pregunto entonces– debe entenderse la compatibilidad entre materialismo y dialéctica?[12]

El materialismo dialéctico

El hecho de que Schmidt retome la dialéctica desde su vertiente revolucionaria, tal cual lo había realizado Lukács y, rechace el marxismo soviético, mismo que fracasó y encubrió los intereses del capitalismo, lo llevó a marcar una distancia con el marxismo ortodoxo. El riesgo era, y sigue siendo, que el marxismo se vuelva un arma contraria a sus deseos y sirva a los intereses de colonización. Por ello, Schmidt rescató la herencia hegeliana en Marx[13], específicamente el método dialéctico, el cual reconoce “no sólo los argumentos contra, sino también los argumentos a favor del espiritualismo o idealismo, y no los pensados y hechos que el espiritualismo manifiesta, sino los motivos psicológicos internos; es decir, mostrar su necesidad subjetiva”[14]. Esta primera lectura podría hacernos pensar en un juego de contrarios en donde los conceptos se oponen constantemente a modo de un dualismo necesario, concluir como los idealistas, específicamente Fichte, que la correspondencia entre teoría y praxis se alcanza en la autoconciencia, asentando con ello el principio activo en el entendimiento, hasta deducir la importancia del acto de reflexionar del sujeto. Pero aquí es importante señalar que Schmidt no llega a la dialéctica por vía idealista, es decir, no es que su pensamiento se siga cronológicamente del idealismo, que tome el movimiento lógico para después darle una carga materialista. Aceptar esto nos llevaría a darle al método una interpretación realista-ontológica.

Lukács es quizá uno de los pensadores que mejor aclara el uso del método dialéctico en el materialismo, el cual: “al mismo tiempo que desgarra el velo de eternidad de las categorías tiene que disolver también su solidez cósica, con objeto de despejar el camino al conocimiento de la realidad […] la consideración de totalidad propia del método dialéctico es el conocimiento de la realidad del acaecer social”[15]. Si el lenguaje, la lógica argumentativa no son suficientes en la constitución del pensamiento porque en éste intervienen el tiempo histórico, los presupuestos, presuntamente deudores de una ideología, una economía, una política, una tradición cultural. Entonces debe recurrirse a un método que funcione para hablar sobre la realidad en sus diversas perspectivas, en su complejidad de procesos. En este sentido, los objetos son evaluados no solamente como objetos fijos para el conocimiento, sino también como objetos en su historia, en su función real. El pensar dialécticamente los procesos no constituye ninguna alternativa abstracta de la conciencia cosificada ni tampoco se relaciona con lo confuso ni lo homogéneo, sino con un conjunto de sectores articulados que engloba el debate ideológico.

La dialéctica en su uso idealista da por supuesto una identidad entre la historia humana y la historia natural, esta última sigue un sentido teleológico. Sin embargo, como el materialismo supone una naturaleza sociohistórica, la dialéctica en una veta materialista, da cuenta de un carácter más revolucionario[16]. Para Lukács, sólo en el marxismo, la dialéctica ha podido devenir método de la historia porque ha pasado al proletariado, una clase que es capaz de descubrir el sujeto de la acción productiva. Schmidt no piensa en el proletariado, pero sí comparte con Lukács el aspecto crítico y revolucionario de la dialéctica. Incluso, ve que si Marx no hubiera sido un crítico dialéctico, se habría limitado a celebrar la función emancipatoria del capital. Schmidt, como Marx, consideran que la única manera de superar la forma hegeliana de la dialéctica consiste en dirigir el concepto de mediación[17], no de forma idealista sino materialista, al campo gnoseológico: la naturaleza es mediada por el hombre socio-históricamente en la industria.

Sin embargo ¿cómo explicar que Schmidt, haciendo uso del materialismo dialéctico como el idealismo, y coincidiendo en la aceptación de las contradicciones sociales con él, sean enfoques distintos? Schmidt explica que al leer la dialéctica desde el materialismo se puede entender cómo ésta pudo ser interpretada abstractamente por los pensadores del siglo XIX. Se trataba de la fragmentación de las fuerzas productivas frente a las relaciones de producción, los filósofos sólo podían concebir el mundo de forma aislada, y en su intento de asirlo, lo expusieron a partir de una lucha antagónica de fuerzas o intentaban conciliarlo en una unidad homogénea mediante una dialéctica abstracta. Mientras que un siglo después, en tanto las contradicciones del capital se evidencian sin pudor, el hombre busca explicarlas desde dentro de ellas, la dialéctica materialista funciona entonces como un intento de hablar, tomando en cuenta los diversos momentos del proceso real de las contradicciones de producción. Por ello, Schmidt, considera que la lucha política alemana de 1848 dio pauta al surgimiento del materialismo dialéctico. En ninguno de los dos casos anteriores puede hablarse del mismo método dialéctico.

Es importante señalar que Schmidt, a diferencia de Korsch, distingue la dialéctica de Engels frente a la de Marx[18], pues pensar en la igualdad de método de estos dos pensadores, equivaldría a confundir la dialéctica marxista con la ontológica, porque Engels al ampliar el método dialéctico al conocimiento de la naturaleza, lo concibe como un despliegue de momentos naturales en evolución[19]. Engels pasa del método dialéctico al conocimiento de la naturaleza. La dialéctica de la naturaleza sigue siendo una forma de tratamiento exterior al objeto. Mientras que Marx no separa la dialéctica materialista de los contenidos de la economía política. Ante esto, Schmidt señala que cuando Engels “sale de la concepción marxista de la relación entre naturaleza e historia social, recae en una metafí- sica dogmática”[20]. Schmidt critica la dialéctica de la naturaleza de Engels,[21] pues hace de ésta una estructura, siendo que los dominios de la naturaleza son distintos a los de la historia. La dialéctica de Engels incita a separar el materialismo dialéctico del materialismo histórico, el primero dirigido a la naturaleza, el segundo a la sociedad.

Al igual que Engels, el marxismo soviético canceló el carácter crítico y revolucionario de la dialéctica. El marxismo soviético la entendió como: 1) una ley de la historia, y ésta 2) debía deducirse de la naturaleza; orientándose así a una concepción del mundo cerrada en sí. Con ello, el socialismo soviético justificó las contradicciones internas de la sociedad, tanto la diferencia entre trabajo manual y trabajo intelectual o la coexistencia de los medios de producción dentro de la propiedad estatal, colectiva y privada, justificó también la ideología del Estado, el cual tenía el derecho de asumir las funciones políticas y gubernamentales, siguiendo la frase dialéctica de que: “El mayor desarrollo posible del poder del Estado con el objeto de preparar las condiciones para la extinción del Estado”[22]. Esta dialéctica, concebida como una lógica de pensar, un método universal ontológico que va de la afirmación, negación a superación, sólo alcanza a explicar la existencia humana en su parte abstracta. El problema de partir de la teoría es que sólo se piensa en una transformación social desde “arriba”, que en muchos casos no encuentra relación con los hombres concretos.

Lo interesante del materialismo dialéctico de Schmidt es que no tiene la pretensión de diluir las contradicciones existentes, como en su momento lo planteó Karl Korsch, quien señalaba que la economía y la filosofía del pensamiento burgués podían reconocer las contradicciones y las antinomias, pero al final la nueva ciencia de la clase proletaria, que no es ciencia teórica sino praxis revolucionaria, puede romper esas limitaciones. Korsch ve la posibilidad de disolver las contradicciones por el proletariado[23]. Sin embargo, una vez llevado el marxismo ortodoxo a la práctica en el socialismo soviético, se debe replantear el problema de la posibilidad o no de disolverlas, pues el hacerlo ¿no significaría finalmente la vuelta a una búsqueda de la unidad, una vuelta a la metafísica?

Schmidt se distancia de una dialéctica ontológica porque no ve las contradicciones capitalistas como pertenecientes a la esencia de la realidad, sino como contradicciones mediadas y reproducidas hasta cierto punto por los individuos. Pensar en lo primero, obtendríamos sólo una visión parcial de las cosas. Pensar lo segundo nos llevará a buscar herramientas que logren darnos cuenta de la alienación que esconde la forma de las mercancías, y aquí Schmidt vuelve a ser crítico, retomando a Marx comenta que: “la forma dialéctica de exposición sólo es correcta si conoce sus propios límites, es decir, los puntos de irrupción de la historia viva en un sistema petrificado como propio de la naturaleza”[24]. Con ello, Schmidt no tiene la pretensión de asir una verdad absoluta sino de liberar a los hombres del determinismo económico.

Consideraciones finales

El materialismo de Alfred Schmidt se caracteriza por negar las tesis principales del materialismo dogmático, pues este último: 1) parte de lo material, lo cual es leído dentro de la esfera empírica, 2) separa la razón del cuerpo. 3) Al tratar de explicar la historia humana, recurre al desarrollo biológico de los seres naturales, 4) deja de lado la mediación entre hombre y naturaleza, 5) parte de la teoría para ir a la práctica, es más, 6) realiza un estudio analítico del pensamiento de Marx para valorar la posible existencia de una ontología, 7) reduce así el materialismo en doctrina.

Schmidt critica cada una de estas tesis porque aceptar alguna traería como consecuencia: 1) la reducción del hombre y de la sociedad a meros fenómenos aislados, evaluados de acuerdo a su apariencia; 2) el interés por el individuo sólo en su parte racional, poniendo entre paréntesis lo emocional, político, social y cultural; 3) la aceptación mecanicista del desarrollo de las sociedades, explicadas de acuerdo al proceso natural. Se darían así por necesarias las contradicciones sociales del capitalismo, la diferencia de clases, el poder del Estado frente a los ciudadanos. En este modo, el individuo sólo puede adquirir su rol de víctima, tras negar la responsabilidad de haber aceptado tal discurso y la posibilidad de modificar la dirección de las cosas.

Ante estas consecuencias, la crítica de Schmidt pretende mostrar otra dirección del materialismo, una que ayude a comprender cómo el hombre ha intervenido en la historia del mundo en tanto ha modificado la naturaleza con su fuerza de trabajo y, a la vez, pueda reconocer cierta independencia de las leyes naturales con respecto a la conciencia del hombre. Para ello, es importante considerar el carácter no dogmático, crítico y dialéctico de su materialismo. Sólo después de pensar en un materialismo dialéctico es posible una crítica a la alienación y a la ideología, porque sólo a partir de considerar los diversos matices en la esfera social, política, económica puede evaluarse la historia del hombre sin limitar el discurso. Por ello, como lo comenta el autor: “se necesita tacto dialéctico para no identificar ni desligar el pensamiento de su sustrato material; ahí reside la dificultad originaria de toda filosofía materialista”[25].

El materialismo dialéctico rechaza la idea de una esencia última e inmutable de las cosas, a cuyas propiedades definitivas y manifestaciones se pueda remontar todo existente. En esta dirección, la dialéctica como método alude al modo de hablar sobre lo real, al intento de captar el devenir de las cosas sin limitarlas a un solo sentido, pues ella, disuelve la rigidez de los conceptos, permite pensar los sucesos no causalmente sino ver las interacciones entre ellos y criticar los aspectos sociales en sus diferentes contextos, formando parte de ellos. La finalidad no es encontrar una verdad, ya que no existe la pretensión científica de ir reduciendo las características de algo a un solo punto, sino la de exponer los diferentes momentos de la realidad. Se trata de desmontar las estructuras impuestas, como el código del lenguaje, con el propósito de confrontar e incidir en el discurso ideológico. En esto consiste el carácter revolucionario y transformador de la dialéctica, en ser una herramienta contra el determinismo histórico.

[1] El presente material ha sido extraído de la Red de Revistas Científicas de América Latina y El Caribe, España y Portugal, cuyo sitio web es: http://www.redalyc.org/

[2] Schmidt comenta algunas características del marxismo soviético: “El punto de vista de que para el materialismo dialéctico no puede haber ningún principio último del ser, al cual se reduzca todo lo demás, sólo se ha impuesto en Rusia en época muy reciente […] cuán profundamente influida por el concepto espinoziano de sustancia estaba la concepción de la materia de la filosofía soviética a comienzos de la década de 1920, durante la fase de predominio de Deborin y sus alumnos. La fase inmediatamente posestalinista de la filosofía rusa se puede caracterizar como de interpretación realista-ontológica de la dialéctica materialista […] Se utilizaba incluso en Rusia una expresión que es contradictoria para Marx y en sí misma, “ontología materialista” […]” Cfr. SCHMIDT, A (1976). El concepto de naturaleza en Marx. Trad. Cast., de Julia M. T. Ferrari y Eduardo Prieto, Madrid, Siglo XXI, pp. 62-63.

[3] Sobre ello, Lukács señala: “Esa ortodoxia es la convicción científica de que en el marxismo dialéctico se ha descubierto el método de investigación correcto, que ese método no puede continuarse, ampliarse ni profundizarse más que en el sentido de sus fundadores. Y que, en cambio, todos los intentos de “superarlo” o “corregirlo” han conducido y conducen necesariamente a su deformación superficial, a la trivialidad, al eclecticismo.” Cfr. LUKÁCS, G (2009). Historia y conciencia de clase: estudio de dialéctica marxista Introducción, edición y notas de Eduardo Sartelli, Buenos Aires, CEICS-Ediciones RyR, pp. 89-90.

[4] 3 SCHMIDT, A (1973). Historia y estructura. Crítica del estructuralismo marxista, Trad. Cast., de Gustavo Muñoz, Madrid, Alberto Corazón Editorial, p. 59.

[5] Si bien, la postura de Schelling es ambigua, pues por un lado se puede resaltar su carácter reaccionario, pero por el otro, rescatar su lectura crítica. Siguiendo esta última interpretación, Schelling intenta naturalizar la historia, en el sentido de que la historia y la naturaleza coinciden, en tanto inician su actividad sin consciencia y terminan con consciencia. Los acontecimientos históricos no obedecen a un plan hecho por el hombre sino a una serie de determinaciones necesarias, y sin embargo, una vez que el hombre mira hacia atrás puede intervenir en su presente conscientemente para crear nuevas condiciones de existencia. Cfr. SCHELLING, F (2005).Sistema del idealismo trascendental, Trad. Cast., prólogo y notas de Jacinto Rivera de Rosales y Virginia López, 2ª Ed, Barcelona, Anthropos Editorial.

[6] Para Schmidt, el hombre asegura la legalidad de la naturaleza a través del trabajo: “El materialismo dialéctico significa: los hombres sólo pueden asegurarse de estas legalidades a través de las formas de su proceso laboral. Marx piensa en una vinculación que se debe comprender de esta manera entre independencia y condicionamiento social de las leyes naturales.” Cfr. SCHMIDT, A (1976). Op. cit., p. 112.

[7] Schmidt recordaba de Marx que el sentido de la vida del hombre no puede ser simplemente el trabajo. Existe aún la posibilidad de transformar la estructura social aunque se cuente con toda una tradición: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su voluntad, bajo condiciones elegidas por ellos mismos, sino bajo condiciones directamente existentes, dadas y heredadas. La tradición de todas las generaciones muertas gravita como una pesadilla sobre el cerebro de los vivos.” Cfr. Karl MARX, K (2003). El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Trad. Cast., Introducción y notas de Elisa Chuliá, Madrid, Alianza Editorial, p. 33.

[8] SCHMIDT, A (1976). Op. cit., p. 37.

[9] Ibíd., p. 32.

[10] Ibíd., p. 123

[11] Cfr. SCHMIDT, A (1975). Feuerbach o la sensualidad emancipada, Trad. Cast., de Julio Carabaña, Madrid, Taurus, p. 23.

[12] La dialéctica subraya la unidad del todo, descubre que la apariencia producida por el capitalismo parece una mera construcción. Lukács comentaba al respecto que: “Lo que a primera vista más atrae de un método así estriba en que el mismo desarrollo del capitalismo tiende a producir una estructura social muy afín a esos modos de consideración. Pero aquí y precisamente por eso necesitamos el método dialéctico para no sucumbir a la apariencia social así producida, y para conseguir ver la esencia detrás de esa apariencia”. Cfr. LUKÁCS, G (1923). Op. cit., p. 95.

[13] Schmidt atiende al método dialéctico aplicado por Marx en el Capital y al que Hegel se vale en Ciencia de la lógica. Cfr. SCHMIDT, A (1973). Op. cit., p. 21.

[14] SCHMIDT, A (1975). Op. cit., p. 107.

[15] LUKÁCS, G (1923). Op. cit., p. 107.

[16] Lukács también ve con exactitud que Hegel extirpó lo revolucionario del método dialéctico y armonizó los conceptos de pensamiento y ser. Cfr. LUKÁCS, G (1923). “¿Qué es el marxismo ortodoxo?”, in: Op. cit., pp. 89-119.

[17] Ante ello, Schmidt señala que: “sólo si se reconoce con Marx la realidad material socialmente mediada, se puede evitar la ontología […]” Cfr. SCHMIDT, A (1976). Op. cit., p. 31.

[18] Schmidt establece que hasta las Tesis sobre Feuerbach casi no se puede hablar de una diferencia entre los enfoques teóricos de Marx y Engels: “Hacia fines de la década de 1850 se separan sin embargo, en parte, los caminos de ambos autores. Los dos se vuelven, aunque de manera muy diversa, hacia la ciencia positiva. […] [Marx] no separa en ningún punto la dialéctica materialista de los contenidos de la economía política, [en cambio] la dialéctica de la naturaleza de Engels sigue siendo una forma de tratamiento exterior al objeto.” Cfr. Ibíd., p. 48. Más adelante en ese mismo libro establece otra diferencia entre ellos: “Cuando Marx y Engels, a fines de la década de 1850, se vuelven de nuevo hacia la filosofía hegeliana, el interés que Marx muestra por Hegel se desarrolla en una dirección muy diversa de la que sigue Engels. Tema de la indagación de Marx es la economía política, que él trata mediante la crítica de llevar finalmente al punto en que sea posible exponerla en forma dialéctica […] Engels, en cambio, interpreta resultados ya obtenidos por las ciencias modernas de la naturaleza a la luz de las categorías dialécticas, sin entrar en la problemática interna de las ciencias mismas.” Ibíd., p. 212.

[19] Schmidt aclara que pueden distinguirse dos modos de entender la naturaleza por parte de Engels: “uno mediado en sentido social concreto y otro que tiene un carácter materialista-metafísico” Cfr. Ibíd., p. 211.

[20] Ibíd., p. 47.

[21] Para Schmidt, la teoría de la naturaleza de Engels intenta proseguir la elaboración dialéctica de la configuración esquemática del materialismo iluminista francés. Incluso, en 1848 Engels definía al materialismo como: “la cumbre de la ciencia del siglo XVIII, el primer sistema de la filosofía natural y el resultado de un completamiento de las ciencias naturales.” Cfr. Ibíd., p. 67.

[22] MARCUSE, H (1958). El marxismo soviético. Traducción de Juan M. de la Vega. Madrid, Alianza Editorial, 1975, p. 107.

[23] Karl Korsch comenta: “Sólo a la clase proletaria le será posible, por medio de la formación de una conciencia de clase que es tendencialmente práctica, superar la limitación de esa última “inmediatez” o “abstracción” de que se mantiene en última instancia para todo comportamiento puramente cognoscitivo, consecuentemente también para la dialéctica idealista de Hegel, y que se muestra claramente en sus “contradicciones” insuperables.” Cfr. KORSCH, K (1980). La concepción materialista de la historia, Trad. Cast., de Juan Luis Vermal, Barcelona, Ariel, p. 157.

[24] SCHMIDT, A (1973). Op. cit., p. 79.

[25] SCHMIDT, A (1975). Op. cit., p. 218.

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