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El marxismo como antropología

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El Marxismo como antropología

Por Níkolas Arnaiz Fredes

Mucho se puede decir del marxismo, y muchos también pueden hablar sobre lo que es el marxismo, o lo que algunos entienden. Lo cierto es que en la historia del marxismo, poco se ha tomado en cuenta, y el chisme de boca en boca ha tomado más fuerza de lo que debería. Pero a pesar de las malversaciones que tiene esta ‘guía para la acción’[1], ha habido autores que notablemente han dado un salto a la expresión objetiva del marxismo, con esto la referencia es clara a György Lukács, Erich Fromm, Antonio Labriola, Karel Kosík, y tantos otros filósofos además de aquellos que participaron de la escuela de Frankfurt.

El problema que surge con la teoría marxista (porque en este ensayo no nos referiremos a la práctica marxista como concreción material de la teoría, es decir, la praxis la dejaremos de lado por un momento, para poder explicar teoréticamente lo que significa el marxismo y los análisis que desembocan de Marx en adelante para construir el campo de la revolución) es la ideología-dogma[2] que se creó a partir de desviaciones de la teoría ‘pura’ del marxismo, producto de análisis erróneos (por acción positiva o error propiamente tal) y de hegemonías dentro de la cultura socialista. Stalin, Mao, y otros autores del marxismo han contribuido más a destruir la teoría inmaculada de la lucha de clases y de lo que ello significa, que a engrosar los renglones de la filosofía de la praxis; lo mismo ocurre con Kautsky, Pléjanov, Bujarin, y la mayoría de aquellos que participaron de las filas del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), o que entienden al marxismo como un mero método de análisis económico de la sociedad, o peor aún, como un sociólogo y nada más. En este trabajo planteamos que Marx y su visión acerca del hombre es superior a las categorizaciones burguesas que entregan las academias burguesas, es decir, señalamos sin tapujos que el marxismo es también antropología.

El afirmar que el marxismo puede entenderse como una expresión antropológica sin duda no está exenta de polémica, pues para la antropología clásica el fenómeno de estudio es la manifestación cultural del ser humano, así como de la sociología son las relaciones de la sociedad, y para la economía son las relaciones económicas, o para el derecho son los fenómenos jurídicos relevantes, ergo, relaciones jurídicas. El común denominador aquí son las relaciones. Marx tiene una respuesta sobre el fenómeno de la división de formas de análisis de las relaciones: “… la acumulación del capital aumenta la división del trabajo, y la división del trabajo el número de obreros; y viceversa, el número de obreros aumenta la división del trabajo, así como la división del trabajo aumenta la acumulación de capitales”.[3] Esto quiere decir, que para el análisis marxista, la división del trabajo aumenta la acumulación del capital y viceversa. Cabe destacar que para el marxismo el trabajo no es únicamente material, sino que también puede ser trabajo intelectual, y es en este campo, el del trabajo intelectual, donde cabe el análisis de las distintas esferas de las relaciones humanas.

Pero claramente, y como ha sucedido a lo largo de la historia del marxismo, la afirmación del mismo Marx se puede tergiversar (y así fue), asimismo como gran parte del análisis que desarrolla en los Manuscritos de París, la cual desembocó en una tendencia que preponderó en los “marxista-leninistas”, que es el economicismo: una vertiente que cree que las relaciones económicas priman por sobre las otras relaciones que produce el hombre, y que al cambiar las relaciones y formas de producción entorno a la economía, como señaló –y se malversó- Marx en el Prólogo a la Contribución de la Crítica a la Economía Política, se cambia rápidamente la conciencia, aquí el texto original: “Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella.”[4]. Probablemente esta ha de ser una de las citas más tergiversadas de todas las que pudo haber dicho Marx, pero esa no es la centralidad, el punto aquí, es que Marx jamás buscó preponderar el análisis económico por sobre cualquier otro, sino que las relaciones económicas de explotación de un burgués poseedor de los medios de producción del capital, a un proletario desposeído de estos mismos y obligado a vender su fuerza física y psicológica, son transversales a la sociedad de clases.

La transversalidad de la explotación, que no se da como un fenómeno meramente económico, sino que la explotación del burgués al proletario debe dejar de ser entendida como una simple y llana relación laboral común y normal, sino como un producto histórico de la acumulación de capital y de la división de las tierras y riquezas, entonces, con esto decimos, que la explotación del hombre por el hombre es un fenómeno humano. Que Marx haya partido el análisis de premisas económicas no lo hacen un economicista, ni tampoco que se fije en las relaciones sociales lo hacen un sociólogo, la capacidad del análisis marxista en estos casos es supra social, no abarca una esfera de las relaciones sociales, como podrían ser la cultura, o la economía, sino que el marxismo y el análisis que este nos provee está por sobre la sociedad, pues llega a todos los rincones y tiene una explicación y transformación a cada fenómeno que se nos pueda presentar en la sociedad actual, ¡o incluso ciento cincuenta años atrás! Allí es donde se encuentra la tesis del marxismo, pues como método de análisis y de transformación de la realidad, sobrevive a cualquier cambio histórico, social, político, desde las independencias de América hasta las actuales elecciones de Estados Unidos pueden ser fenómeno de análisis del marxismo.

La tesis XI sobre Feuerbach, dice que de lo que se trata es de transformar el mundo[5], y aquí está lo que Platón llamaría la ousía, que luego sería traducido como esencia[6], del pensamiento marxista, y por ende de su práctica. La actividad transformadora, revolucionaria propia del hombre, es muy probablemente parte de la esencia intrínseca, inherente al ser humano. Esto es porque decimos que Marx era un antropólogo, no porque dedicara su vida al estudio de la cultura humana, sino porque dedicaba su vida al estudio del humano en sí, y no sólo al ser humano, sino al hombre total como lo describe en los Manuscritos de París[7], al hombre libre de enajenación, al hombre en cuanto hombre es. “El hombre es un ‘ser genérico’ –dice Marx- no sólo en el sentido de que constituye la comunidad (la suya propia y la de otras cosas) su objeto práctica y teóricamente, sino también (y esto es otra expresión de la misma cosa) en el sentido de que se considera como la especie actual, viva, como un ser universal y en consecuencia libre.”[8]

Por todo lo anteriormente señalado, es que Marx además de ver al hombre como sujeto que produce, y que genera relaciones, lo entiende como un ser con una naturaleza propia, la cual necesita para subsistir y realizarse como tal, pero que le es arrebatada producto de la explotación capitalista, y por ende se enajena de sí mismo, con la sociedad, y con la mercancía[9]; aquí estamos frente a un problema multidimensional, la enajenación como fenómeno psicológico es transversal a su vez a las relaciones económicas o a la economía como abstracto, y como es un producto de la explotación capitalista, (y como ya dijimos, la explotación capitalista no es sólo explotación unidimensional) el producto también adquiere diversas manifestaciones –o formas, si se quiere-.

La centralidad de Marx, entonces, está en la re-naturalización del hombre, salir del estado de alienación constante que produce la explotación humana y avanzar hacia la plena libertad. Hasta en sus textos tempranos ya hacía esbozos sobre la humanización: “La crítica de la religión desengaña al hombre, para que piense, actúe, dé forma a su realidad como hombre desengañado, que entra en razón; para que gire en torno a sí mismo y, por tanto, en torno a su sol real”[10], “Ser radical es tomar la cosa de raíz. Y para el hombre, la raíz es el mismo hombre.”[11]. Lenin incluso sin conocer de los Manuscritos de París (pues se publicaron recién en 1932 -¡¡casi un siglo después de ser escritos!!- y Vladimir Ilich murió en 1924) se acercó bastante a esta idea de la ‘re-humanización’, a través de los textos de Marx sobre la Comuna de París[12], pero más en relación con la dominación que ejercía el Estado por sobre el proletariado, que como la explotación y alienación: “La Comuna es la forma ‘descubierta, al fin’ por la revolución proletaria, bajo la cual puede lograrse la emancipación económica del trabajo.”[13], si bien, Lenin se refiere únicamente a la emancipación económica del trabajo, no podemos reducir la expresión a una arista del problema, pues la historia misma demuestra que en la mente del líder bolchevique no había sólo economicismo vulgar (un punto a favor para Lenin por desconocer todos los postulados de Marx), y el período histórico que atravesaba era mucho más radical que lo que pudo haber vivido el mismo Marx.

Así como el fin de Marx es la emancipación del hombre, no podía ser alcanzada por arte de magia –y así lo explica con la Comuna de París-, debía ser de forma violenta –Lenin también lo explicó en el texto ya citado- Erich Fromm explica: “Para Marx, el fin del socialismo era la emancipación del hombre y la emancipación del hombre era lo mismo que su autorrealización en el proceso de la relación y la unidad productiva con el hombre y la naturaleza.”[14].

Allí están las pruebas fehacientes de Marx como antropólogo, del marxismo como teoría (y práctica, también) que abarca todas las aristas de las relaciones humanas y de las posibilidades que tiene el hombre de relacionarse de forma humana, es decir, natural. De volver a ser lo que se nos arrebató mediante la explotación y acumulación, de volver a nacer.

Bibliografía

-Marx, Karl & Engels, Friedrich: La ideología alemana, Bruselas 1845-1846. Editorial Akal, 2014, Madrid.

-Marx, Karl: Manuscritos económicos-filosóficos, París 1844. Editorial Centro Gráfico, 2005, Santiago.

-Marx, Karl: Manifiesto del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores sobre la Guerra Civil en Francia en 1871. En: La Comuna de París. Editorial Akal, 2013, Madrid.

-Lenin, Vladimir Ilich Ulianov: El Estado y la Revolución, Rusia 1917. Editorial Anteo, 1972, Buenos Aires.

-Marx, Karl: Introducción a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, Paris 1843. Editorial Pre-textos, 2014, Valencia.

-Giannini, Humberto: Breve historia de la filosofía, Santiago 1977. Editorial Catalonia, 2010, Providencia.

-Fromm, Erich: Marx y su concepto del hombre, Nueva York 1961. Editorial Fondo de Cultura Económica, 2014, México.

-Marx, Karl: Tesis sobre Feuerbach, Bruselas 1845. En: Engels, F.: Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, 1888. Editorial La rosa blindada, 1975, Buenos Aires.

-Marx, Karl: Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política, 1859. En: Trabajo asalariado y capital, Editorial Anteo, 1958, Buenos Aires.

[1] Engels, F. Carta a F. Sorge, 29 de noviembre de 1886.

[2] Marx & Engels, La ideología alemana, 1845-1846.

[3] Marx, Karl, Manuscritos económicos – filosóficos, 1844.

[4] Marx, K., Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política, 1859.

[5] Marx, Karl, Tesis sobre Feuerbach, primavera de 1845, publicado en 1888 en Engels, F. Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana.

[6] Giannini, Humberto, Breve historia de la filosofía, 1977.

[7] Marx, Karl, Manuscritos económicos – filosóficos, 1844.

[8] Marx, Karl, Manuscritos económicos – filosóficos, 1844.

[9] Marx, Karl, Manuscritos económicos – filosóficos, 1844.

[10] Marx, Karl, Introducción a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, 1843.

[11] Marx, Karl, Introducción a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, 1843.

[12] Marx, Karl, Manifiesto del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores sobre la Guerra Civil en Francia en 1871. 1871.

[13] Lenin, Vladimir Ilich Ulianov, El Estado y la Revolución, 1917.

[14] Fromm, Erich, Marx y su concepto del hombre, 1961.

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