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Sánchez Vázquez y su interpretación de las Tesis sobre Feuerbach

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Sánchez Vázquez y su interpretación de las Tesis sobre Feuerbach[1]

Por Stefan Gandler[2]

Adolfo Sánchez Vázquez, en su obra Filosofía de la praxis, nos presenta en un pasaje preliminar del capítulo sobre las Tesis sobre Feuerbach sus puntos decisivos: “Marx formula en sus Tesis sobre Feuerbach una concepción de la objetividad, fundada en la praxis, y define su filosofía como la filosofía de la transformación del mundo”.[3] Estos dos aspectos no pueden ser separados. El mundo material solamente puede ser concebido junto con el concepto de su transformación. Cuando Marx pone en el centro de todas las relaciones humanas a la actividad práctica, transformadora del mundo, no puede quedarse sin consecuencias graves el terreno del conocimiento.

La relación praxis-conocimiento se presenta de tres maneras en las Tesis:

— La praxis como fundamento del conocimiento (Tesis 1 sobre Feuerbach).

— La praxis como criterio del conocimiento (Tesis 2 sobre Feuerbach).

— La praxis como fin del conocimiento.

“La intervención de la praxis en el proceso de conocimiento lleva a superar la antítesis entre idealismo y materialismo”, es decir “entre la concepción del conocimiento como conocimiento de objetos producidos o creados por la conciencia y la concepción que ven en él una mera reproducción ideal de objetos en sí”.[4] Hay que ir más allá de las dos posiciones: ni se puede permanecer en una teoría idealista de conocimiento, ni en una “teoría realista como la del materialismo tradicional que no es sino un desenvolvimiento del punto de vista del realismo ingenuo”.[5]

Sánchez Vázquez señala en este lugar que distintos intérpretes de Marx sacan diferentes conclusiones de la introducción de la noción de praxis al problema del conocimiento; menciona al respecto tres posiciones:

“1a posición: […] el hecho de que la praxis sea un factor en nuestro conocimiento no significa que no  conozcamos cosas en sí.

2a. posición: […] la aceptación de este papel decisivo de la praxis entraña que no conocemos lo que las cosas son en sí mismas, al margen de su relación con el hombre, sino cosas humanizadas por la praxis e integradas, gracias a ella, en un mundo humano (punto de vista de Gramsci).

3a. posición: […] se sostiene acertadamente que sin la praxis como creación de la realidad humana-social no es posible el conocimiento de la realidad misma (posición de K. Kosik).”[6]

La diferencia entre las posiciones 2a. y 3a. aquí no es inmediatamente obvia. A partir del conjunto de la Filosofía de la praxis se puede esbozar a grandes rasgos la diferencia de las tres posiciones entre sí, así como respecto de la valoración de Sánchez Vázquez. Mientras la posición 1a. por cierto admite pero subestima la relevancia gnoseológica de la praxis humana, la posición 2a. va en contrasentido y da a la praxis humana una relevancia tal que fuera de ella ya no existe ninguna realidad. (Esta posición de Gramsci la llama Sánchez Vázquez, en otro lugar, con las palabras del propio Gramsci, “inmanentismo absoluto”, “historicismo absoluto” y “humanismo absoluto”.[7]) La tercera posición aprecia igualmente como la segunda, la relevancia gnoseológica de la praxis como insustituible; pero a diferencia de la 2a. no hace de esto una afirmación ontológica y tiene así una posición en común que reconoce la primacía del objeto.

En lo subsiguiente nuestro autor tendrá que explicar por qué es la tercera posición aquella que considera “acertada”. Regresa con este fin al texto original de Marx para tratar de averiguar su “verdadero sentido”. Un texto que se le presenta originalmente problemático por las distintas interpretaciones y hasta contradictorias a las cuales da lugar.[8]

Seguimos ahora a Sánchez Vázquez en el detalle de las Tesis sobre Feuerbach, en el que intenta sondear los tres aspectos mencionados: la praxis como fundamento, como criterio de verdad y como fin del conocimiento.

La Praxis como fundamento del conocimiento. Interpretación de la primera Tesis sobre Feuerbach

Nuestro autor nos da en este párrafo una interpretación de la primera Tesis sobre Feuerbach y nos remite al texto original en la traducción de Wenceslao Roces:

La falla fundamental de todo materialismo precedente (incluyendo el de Feuerbach) reside en que sólo capta el objeto [Gegenstand], la realidad, lo sensible, bajo la forma de objeto [Objekt] o de contemplación [Anschauung], no como actividad humana sensorial como práctica; no de un modo subjetivo. De ahí que el lado activo fuese desarrollado de un modo abstracto, en contraposición al materialismo, por el idealismo, el cual, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial, en cuanto tal. Feuerbach aspira a objetos sensibles, realmente distintos de los objetos conceptuales, pero no concibe la actividad humana misma como una actividad objetiva [gegenständliche]. Por eso, en La esencia del cristianismo sólo se considera como auténticamente humano el comportamiento teórico y en cambio la práctica sólo se capta y se plasma bajo su sucia forma judía de manifestarse. E ahí que Feuerbach no comprenda la importancia de la actividad “revolucionaria”, de la actividad “crítico-práctica”.[9]

Ya que las palabras alemanas “Gegenstand” y “Objekt” sólo se pueden traducir al español con la palabra “objeto”, ambas dos, pero a esta distinción otorga Marx una gran importancia, los traductores de Marx suelen colocar entre paréntesis después de “objeto” el res- pectivo termino alemán (“Gegenstand” y “Objekt”); lo mismo es válido para los adjetivos “gegenständlich” y “objektiv” (“objetivo”). El conocido traductor de Marx, Wenceslao Roces, cuya traducción de las “Tesis sobre Feuerbach” utiliza aquí Sánchez Vázquez, emplea también este útil recurso.

Nuestro autor subraya este problema de traducción en su reseña de la primera Tesis sobre Feuerbach y explica la diferencia de significación de los términos alemanes en cuestión a partir de la crítica marxiana al “materialismo precedente (incluyendo el de Feuerbach):[10] “Con esta diversa designación [Gegenstand/Objekt, S. G.], Marx quiere distinguir el objeto como objetivación no sólo teórica sino práctica, y el objeto en sí que es el que entra en relación cognoscitiva de acuerdo con el materialismo”.[11]

La palabra alemana “Objekt” denota, según eso, “el objeto en sí”, que es “exterior al hombre y su actividad”.[12] La palabra alemana “Gegenstand” se concibió ya en la cita anterior como “objetivación no sólo teórica, sino práctica”.[13]

Esta distinción es ya el primer paso para la comprensión de la crítica marxiana al materialismo tradicional, cuyo concepto de relación de conocimiento del sujeto con el mundo de los objetos (Gegenstände) Marx trata de “negar” lo mismo que la del idealismo.[14] En esta doble negación ya está trazado el terreno en el cual se puede llevar a cabo esta superación: “la concepción de la actividad humana como actividad sensorial, real, objetiva, es decir, como praxis”.[15]

Para aclarar la crítica de Marx al “materialismo anterior”, nuestro autor sigue con la interpretación del término alemán “Objekt”: “El objeto es aquí lo que se opone al sujeto; algo dado, existente en sí y por sí, no un producto humano. La relación que corresponde ante este objeto exterior y subsistente de por sí es una actitud pasiva por parte del sujeto, una visión o contemplación”.[16]

El interés de Sánchez Vázquez por las discusiones estéticas y sobre todo su disputa con el “realismo socialista” se insinúa, como tantas veces en este libro, cuando continúa en su interpretación de la crítica marxiana al materialismo tradicional: “El sujeto se limita [en el materialismo tradicional, S. G.] a recibir o reflejar una realidad; el conocimiento no es sino el resultado de la acción de los objetos del mundo exterior sobre los órganos de los sentidos “.[17]

Y regresa a la distinción de los términos “Gegenstand” y “Objekt”: “El objeto es captado objetivamente, es decir, no como producto de la actividad práctica, no de un modo subjetivo”.[18]

El conocimiento de los hombres no se dirige a cosas absolutamente ajenas a él. El mundo, como se nos presenta hoy en día, es producido por generaciones anteriores, es entonces producto de la praxis humana.[19] Cuando un hombre mira al mundo, no ve cualquier aglomeración de materia, que por su parte refleja cualesquiera ondas electromagnéticas, es decir, luz que por sus ojos abiertos llega a sus retinas, sino que confronta el producto de sus contemporáneos, contemporáneas y sus antepasados. Los rayos de luz que estimulan sus nervios ópticos —siguiendo esta idea— no son de ningún modo un mero fenómeno natural, sino que están ya condicionados social e históricamente. Aun la luz de las estrellas muy lejanas, que vemos hoy, aunque tal vez ya se apagaron antes que hubiera hombres en la Tierra, no llega a nuestros ojos de manera intocada (menos aún hablando del telescopio por el cual eventualmente se conduce): el aire sobre Fráncfort es cada vez más turbio, como se quejan los científicos del viejo observatorio del museo Senckenberg y esto por su parte es resultado de la imponente praxis humana.

Esto es lo que el materialismo tradicional no sabe u “olvida” cuando no reflexiona sobre la praxis como fundamento del conocimiento.

Marx no desarrolla más la problemática de la praxis humana como fundamento del conocimiento en este texto de “brevedad significativa” (Ernst Bloch), por eso nuestro autor se refiere a La ideología alemana, la cual “data del mismo tiempo”[20] y toma de ahí el siguiente pasaje:

No ve [Feuerbach, A. S. V.] que el mundo sensible que le rodea no es algo directamente dado desde toda una eternidad y constantemente igual a sí mismo, sino el producto de la industria y el estado social, en el sentido de que es un producto histórico, el resultado de la actividad de toda una serie de generaciones, cada una de las cuales se encarama sobre los hombros de la anterior, sigue desarrollando su industria y su intercambio y modifica su organización social con arreglo a las nuevas necesidades. Hasta los objetos de la “certeza sensorial” más simple le vienen dados solamente por el desarrollo social, la industria y el inter- cambio comercial.[21]

En contraposición al criticado materialismo tradicional, el idealismo ha tematizado la actividad subjetiva en el proceso del co- nocimiento. “El sujeto no capta [en el idealismo, S. G.] objetos dados, en sí, sino productos de su actividad”. [22] En eso es superior al “materialismo precedente”. Sánchez Vázquez menciona en este lugar que Marx tiene a la vista la concepción idealista de conocimiento de Kant y “reconoce el mérito del idealismo por haber señalado este papel activo del sujeto en la relación sujeto-objeto“.[23]

Pero la filosofía idealista tiene otra deficiencia en su concepción de conocimiento, conoce el mencionado sujeto actuante solamente como un ser consciente, pensante; su actividad práctica, sensorial, real, queda por tanto fuera. Así ve Marx la necesidad de una doble superación: la del materialismo tradicional y la del idealismo, la de la supresión de la praxis humana —con lo cual se eterniza la fuerza natural— y la otra, que ignora la fuerza material inherente a la praxis y la reduce al mero pensar.

La superación del idealismo y del materialismo tradicional había de consistir, pues, en la negación de la actitud contemplativa del segundo, así como en la negación de la actividad en sentido idealista, especulativo. La verdadera actividad es revolucionaria, critico-práctica; es decir, transformadora y, por tanto, revolucionaria, pero crítica y práctica a la vez, o sea, teórico-práctica: teoría, sin ser mera contemplación, ya que es teoría que guía la acción; y práctica, o acción guiada por la teoría. La crítica —la teoría o la verdad que entraña— no existe al margen de la praxis.[24]

Resumiendo: la praxis humana es fundamento, base del conocimiento, porque ella misma ha conformado los objetos por conocer (al contrario de la concepción del materialismo tradicional) pero no es una mera función del espíritu. Crea con intervenciones materiales una realidad objetiva, real, sensorial (al contrario del planteamiento idealista).

Al primer aspecto de la crítica de la concepción ingenua de la naturaleza como algo dado prehumanamente, Sánchez Vázquez añade que Marx no niega la existencia de una naturaleza al margen de la praxis humana, sólo que aquello que se nos confronta a nuestro conocimiento hoy en día ya no es naturaleza inmaculada.[25]

“De este modo, Marx acepta la prioridad ontológica de una naturaleza al margen de la praxis que reduce cada vez más su ámbito para transformarse en naturaleza humanizada“.[26]

También en este pasaje de su interpretación de la primera Tesis sobre Feuerbach, Sánchez Vázquez cita el texto de L a ideología alemana, en donde Marx expone explícitamente lo que aquí se ha dicho:

Es cierto que queda en pie, en ello, la prioridad de la naturaleza exterior […J Por lo demás, esta naturaleza anterior a la historia humana no es la naturaleza que vive Feuerbach, sino una naturaleza que, fuera tal vez de unas cuantas islas coralíferas australianas de reciente formación, no existe hoy en parte alguna, ni existe tampoco, por tanto, para Feuerbach.[27]

Sánchez Vázquez constata que Marx vuelve sobre la concepción de la relación hombre-naturaleza desarrollada en los “Manuscritos de París”.[28]

Al interpretar la primera Tesis sobre Feuerbach, Sánchez Vázquez se inclina por la última de las tres interpretaciones mencionadas de este corto texto y lo explica de tal manera: Marx no niega por sí la existencia de una realidad independiente de los hombres, pero lo que sí niega es que “el conocimiento sea mera contemplación, al margen de la práctica. El conocimiento sólo existe en la práctica, y lo es de objetos integrados en ella, de una realidad que ha perdido ya, o está en vías de perder, su existencia inmediata, para ser una realidad mediada por el hombre”.[29]

Praxis como criterio de verdad. Interpretación de la segunda Tesis sobre Feuerbach

Partiendo de la segunda Tesis sobre Feuerbach, Sánchez Vázquez explica hasta qué punto la praxis humana no es solamente, como se expuso, un fundamento del conocimiento (en tanto que crea su objeto) sino también el criterio de verdad del conocimiento. Recordemos sucintamente la tesis marxiana:

El problema de si puede atribuirse al pensamiento humano una verdad objetiva no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre debe demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poder, la terrenalidad de su pensamiento. La disputa en torno a la realidad o irrealidad del pensamiento —aislado de la práctica— es un problema puramente escolástico.[30]

Cuando la primera Tesis sobre Feuerbach todavía se podía considerar con cierta tranquilidad, vista como una relación intrafilosófica de tensión —idealismo versus materialismo tradicional—, la segunda sí es un golpe en la cara de cada filósofo de pura cepa: la cuestión sobre la realidad o irrealidad del pensamiento, ocupó, en verdad de manera vertiginosa, a la “madre de todas las ciencias” que por su- puesto trató de resolver dentro de sus santas aulas (ten dónde si no ahí?); ¿acaso había sido mera escolástica? Para la filosofía moderna, que se creía opositora de la escolástica supuestamente superada, este reproche es realmente una afrenta. Pero veamos cómo nuestro filósofo marxista soporta esta andanada.

Sánchez Vázquez constata que según esta Tesis “la verdad no existe en sí”.[31] Un pensamiento, una teoría no puede ser verdadero por sí mismo, pues su verdad no puede comprobarse dentro del terreno teórico. Aquí se concibe entonces la verdad de una teoría como su “terrenalidad”; ésta solo puede constatarse en su confrontación con el mundo material, es decir en la praxis material. Tan sólo cuando el pensamiento aplicado a la praxis culmine con éxito, hay un punto de referencia para la conformidad de este pensamiento con la realidad preexistente.

Sánchez Vázquez observa que la segunda Tesis sobre Feuerbach resulta de la anterior.[32]

Si la praxis es fundamento del conocimiento, es decir, si el hombre sólo conoce un mundo en tanto que es objeto o producto de su actividad, y si, además, sólo lo conoce porque actúa prácticamente, y gracias a su actividad real, transformadora, ello significa que el problema de la verdad objetiva, o sea, de si nuestro pensamiento concuerda con las cosas que preexisten a él, no es un problema que pueda resolverse teóricamente, en una mera confrontación teórica de nuestro concepto con el objeto o de mi pensamiento con otros pensamientos. Es decir, la verdad de un pensamiento no puede fundarse si no sale de la esfera misma del pensamiento.[33]

Podría añadirse que la concepción de verdad presentada recuerda a aquella propia de las ciencias naturales modernas (ciencias aplicadas): una ley científica se valida toda vez que madura en el experimento y en la aplicación de los resultados esperados.[34] Un concepto de verdad enfático, que reclama también Sánchez Vázquez, como concordancia del pensamiento con la realidad que preexiste a él este ramo de la ciencia (en general) no lo conoce. Con todo esto no perturba mucho que si —por lo menos en cierto momento del desarrollo científico— se reconocen simultáneamente dos teorías que se contradicen mutuamente. (Véase por ejemplo la teoría de ondas y de partículas de la luz.) Se aplica entonces, simple y respectivamente, la teoría que justamente promete el mejor camino al éxito.

En lo que concierne a la teoría social —de la cual se trata aquí en primer lugar—, se podría preguntar si Marx formula en la segunda Tesis sobre Feuerbach un concepto de conocimiento empirista o pragmatista. Por tanto, ¿es aquella teoría social o política la más correcta, la que implica el máximo éxito político? Entonces, ¿lo que se puede imponer con mayor facilidad es lo que es verdad? En última instancia se podría preguntar, en relación con la praxis humana: ¿es aquella praxis la correcta, la que se impone, lo que significaría que sistemas de poder estables fueran por el principio de su poder de imposición los verdaderos, y con eso habría que dejarlos afuera de crítica por principio?

El exiliado español Adolfo Sánchez Vázquez protesta contra tal concepción de las Tesis sobre Feuerbach: “Pero hay que cuidarse de interpretar esta relación entre verdad y aplicación venturosa, o entre falsedad y fracaso, en un sentido pragmatista, como si la verdad o falsedad fueran determinadas por el éxito o el fracaso “.[35]

En la praxis, el hombre debe demostrar la verdad de su pensamiento, como dice Marx en la Tesis en cuestión. Debe demostrarla, lo cual no significa que el éxito por sí mismo constituya la verdad o que la praxis confirme cuasi-automáticamente como verdadera a una teoría exitosamente aplicada. Nuestro autor formula esta relación de praxis y verdad de la siguiente manera: “Si una teoría ha podido ser aplicada con éxito es porque era verdadera, y no al revés (verdadera porque ha sido aplicada eficazmente)”.[36]

El éxito de una praxis, entonces, no puede equipararse con la ver- dad de las teorías que le sirven como fundamento. El poder o terrenalidad de un pensamiento no es la sustancia de su verdad sino un indicio de ella. Para expresar nuestra comprensión de la interpretación de Sánchez Vázquez en el lenguaje de la lógica formal: la terrenalidad es condición necesaria, pero no suficiente, para su verdad; donde condición debe entenderse no tanto como atributo sino más bien como indicador. Dice Sánchez Vázquez: “El éxito no constituye la verdad; simplemente la transparenta, o sea, hace visible que el pensamiento reproduce adecuadamente una realidad”.[37]

Este “transparentar” o “hacer visible” hay que entenderlo en el contexto de lo anteriormente dicho, de manera que el éxito hace visible la verdad de la teoría que le sirve de base, y que también es verdadera independientemente de él. El éxito es por consiguiente una referencia a la verdad pero por sí mismo no basta, es insuficiente; su ausencia anuncia que hay algo más que examinar en el pensamiento en cuestión.

Tras criticar esta posible interpretación errónea —que Sánchez Vázquez explícitamente llama “pragmatista”— del concepto de verdad en la segunda Tesis de Marx, Sánchez Vázquez señala otro problema de interpretación, el que se refiere implícitamente a una solución empirista. Este segundo aspecto es tanto un complemento del primero como una posibilidad de entender que es necesario, además del “éxito” de una praxis, para descubrir el secreto de la verdad de un cierto pensamiento.

El mencionado “transparentar” de la verdad de una teoría por la praxis no debe entenderse de manera simplista reduciéndola al acto de abrir los ojos y sencillamente leer en la praxis la verdad. El hecho de que la praxis es el criterio de verdad de una teoría no significa, para nuestro autor, que el encuentro de la verdad haya sido dispensado de cualquier requerimiento estrictamente teórico. “[…] la práctica no habla por sí misma, y los hechos prácticos —como todo hecho— tienen que ser analizados, interpretados, ya que no revelan su sentido a la observación directa e inmediata o a una aprehensión intuitiva”.[38]

Para hacer que la praxis llegue a ser eficaz como criterio de verdad se necesita, por tanto, nuevamente, una relación teórica con ella. La relación de dependencia entre conocimiento teórico y praxis es, como se muestra aquí, mutua, sumamente estrecha y entrelazada.[39]

Para justificar esta compresión del concepto de praxis como criterio de verdad, comprendida en la segunda Tesis sobre Feuerbach, nuestro autor busca ayuda en la octava de las once tesis. Cita de ahí la siguiente frase: “Todos los misterios que inducen a la teoría al misticismo encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esta práctica”.[40]

Para Sánchez Vázquez se hace constar en la segunda y en la octava Tesis sobre Feuerbach la unidad de teoría y praxis, a saber en un “doble movimiento: de la teoría a la práctica, en la `Tesis 2′, y de esta última a la teoría, en la `Tesis 8′”.[41]

Marx dirige sus baterías en el concepto de la unidad de teoría y praxis, contra dos concepciones del conocimiento, las cuales, ambas, no conciben este doble movimiento por su parcial forma de ver, por un lado, una concepción idealista de la verdad del conocimiento “de acuerdo con la cual la teoría tiene en sí misma el criterio de su verdad” y, por el otro lado, una concepción empirista “conforme a la cual la práctica proporcionaría en forma directa e inmediata el criterio de verdad de la teoría”.[42]

Sánchez Vázquez quiere que se entienda el papel de la praxis como criterio de verdad, dotado de generalidad, no sólo para la esfera de las ciencias de las cuales él se ocupa. No restringe ni limita las distintas formas que este criterio de verdad puede adoptar en las distintas ciencias, pero señala, al mismo tiempo, que hay límites en la aplicación de ese criterio de verdad “que impiden que hagamos de ella un criterio absoluto de verdad”.[43]

La praxis revolucionaria como unidad de la transformación del hombre y de las circunstancias. Interpretación de la tercera Tesis sobre Feuerbach

Aunque Sánchez Vázquez dice de esta Tesis que en ella la praxis no aparece como “categoría gnoseológica” como en el caso de la primera y la segunda, sino que “se convierte […] en una categoría sociológica”,[44] menciona en cambio varias veces en su interpretación la relación de teoría y praxis. El doble movimiento, antes mencionado, en la unidad de teoría y praxis, hasta ahora se tematizó más como movimiento de la teoría a la praxis (¿qué importancia tiene la praxis como fundamento y criterio de verdad para la teoría?); se expone aquí el otro movimiento, de la praxis a la teoría (¿qué significativa importancia tiene la teoría para la praxis?). La cuestión sobre la posición del proceso de conocimiento concerniente a la praxis humana transformadora del mundo se discute en esta tercera Tesis sobre Feuerbach a base del tematizar el poder y la limitación del conocimiento o entendimiento creados por la educación. Veamos lo que dice, textualmente, esta Tesis en la versión de Marx:

La teoría materialista del cambio de las circunstancias y de la educación olvida que las circunstancias las hacen cambiar los hombres y que el educador necesita, a su vez, ser educado. Tiene, pues, que distinguir en la sociedad dos partes, una de las cuales se halla colocada por encima de ella.

La coincidencia del cambio de las circunstancias con el de la actividad humana o cambio de los hombres mismos, sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria.”[45]

En esta formulación. Marx tiene presente a los ilustrados y los materialistas del siglo XVIII a quienes Feuerbach y los socialistas utópicos del siglo XIX “no hacen más que continuar”.[46] Según esta concepción, el hombre es formado sobre todo por dos influencias: las circunstancias y la educación. Voltaire subraya más el primer aspecto y los ilustrados alemanes subrayan sobre todo el segundo; conciben la transformación de la humanidad como una “vasta empresa de educación”.[47]

La base de esta concepción educativa es la idea del hombre como ser racional. Según esto se puede llevar adelante el progreso huma- no con la destrucción de los prejuicios y el dominio de la razón.

“Basta iluminar, esclarecer, la conciencia con la luz de la razón para que la humanidad progrese, entre en la edad de la razón y viva en un mundo construido conforme a principios racionales”.[48]

Esta ilustración se lleva a cabo por el trabajo del educador, el que libera a los hombres de las supersticiones y los lleva del reino de las tinieblas al reino de la razón y la luz. Pero, ¿quiénes son estos nobles educadores? Son los filósofos de la ilustración y los mismísimos “déspotas ilustrados”, que actúan según los consejos de estos filósofos.

Pero esta concepción implica exactamente la división del mundo en una parte activa y otra pasiva. Al resto de la sociedad no le queda otra que dejar labrarse desde afuera, su conciencia. Por consiguiente, el hombre es visto como “materia pasiva que se deja moldear por el medio o por otros hombres”.[49]

Sánchez Vázquez reconstruye la crítica marxiana a esta concepción del hombre y su posible transformación “por la vía meramente pedagógica y no por la vía práctica revolucionaria, en tres pasos:[50]

  1. A) Las condiciones, que sin duda influyen al hombre, se conciben como factores externos, fijos, se ignora que están hechos por el hombre. Desarrollando más este planteamiento de nuestro autor se podría decir que se trata aquí de una crítica de la conciencia enajenada, la cual no comprende hasta qué punto las mismas cosas, que tiene enfrente, son expresión y resultado de un determinado estado social histórico, de determinadas relaciones de producción, creados ellos mismos por la mano del hombre. Las circunstancias mencionadas obtienen así un carácter fijo, de objeto, de cosa, aparecen como “lo objetivo”, es decir lo inmutable, como cosa-en-sí, que está ahí intacta, intocable en la resaca de la historia. O bien, como dice Marx en El capital: en el mundo de las mercancías los productos de la mano humana aparecen —como en la “región nebulosa del mundo religioso” los productos de la cabeza humana— como “figuras autónomas, dotadas de vida propia, con relaciones entre ellas y con los hombres”.[51]
  2. B) “Los educadores también deben ser educados”. Aquí Marx critica una concepción típica de la burguesía revolucionaria del siglo XVIII, que se concibe a sí misma como la única fuerza propulsora del proceso histórico y, al mismo tiempo, considera como superflua y prescindible cualquier evaluación de sí misma. Al dualismo de educadores y educados Marx opone la “idea de una praxis incesante, continua, en la cual se transforman tanto el objeto como el sujeto”.[52]

Sánchez Vázquez comenta, en referencia a la tercera Tesis sobre Feuerbach, un pasaje de la obra cumbre de Marx, El capital, sobre las consecuencias del trabajo para el hombre: “Al transformar el hombre con este movimiento la naturaleza […] exterior, transforma al mismo tiempo su propio naturaleza”.[53]

El así mencionado “proceso de autotransformación que jamás puede tener fin” excluye que haya educadores que no deban ser ellos mismos educados.[54]

  1. C) Se pueden pensar en conjunto los aspectos antes mencionados (las circunstancia que transforman al hombre están al mismo tiempo transformadas por él y el educador, que educa a los otros hombres, debe ser, él mismo, educado) de tal manera que es solamente el hombre mismo que puede transformar las circunstancias y a sí mismo. Esta transformación no se puede concebir sino como una en acción común de los dos aspectos, como praxis revolucionaria.[55]

Esta unidad de la transformación del hombre y de las circunstancias, y el modo como nuestro autor la interpreta, se puede entender como una peculiar formulación con que se alude a la relevancia de la unidad de teoría y praxis.

Sánchez Vázquez interpreta esta unidad como un doble rechazo. Vuelve aquí al modelo de crítica, muchas veces empleado en su Filosofía de la praxis, que se opone a dos formas de parcialización de un proceso que no se puede concebir sino como unidad de dos momentos: por un lado se rechaza el “utopismo”, que considera suficiente la autotransformación del hombre por la educación “al margen o con anterioridad al cambio de las circunstancias de su vida” para llegar a un cambio radical del hombre. Al mismo tiempo se rechaza por otro lado un “determinismo riguroso”, el cual piensa que basta con cambiar las circunstancias de vida “al margen de los cambios de conciencia de una labor de educación” para cambiar al hombre.[56]

Lo que tienen en común estas dos concepciones parciales es que subestiman la relevancia de la unidad del cambio subjetivo de con- ciencia y cambio de las condiciones objetivas; en suma, subestiman la importancia de la praxis revolucionaria.

De la interpretación del mundo a su transformación. Anotaciones a la onceava Tesis sobre Feuerbach

Después de la interpretación de las primeras tres Tesis sobre Feuerbach, en la que se tematizó también la octava, Sánchez Vázquez pasa directamente a la discusión de la undécima Tesis, que, no sólo por ser la más breve, ha pasado a ser con mucho la más conocida. La Tesis once sobre Feuerbach, tal vez una de las frases más conocidas de toda la obra marxiana, se puede entender como un resumen muy expresivo de lo que conciben los marxistas del tipo de Sánchez Vázquez como la gran revolución teórica en el pensamiento de este famoso exiliado alemán: la entrada (introducción) de la praxis como categoría fundamental a la teoría, que la vio hasta entonces con más o menos escepticismo.

Veamos otra vez la mencionada sentencia que adorna hoy en grandes caracteres la losa sepulcral de su autor: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo”.[57]

Al oyente que hasta ahora fue privado de las citas textuales en su idioma original, esta le será presentada: “Die Philosophen haben die Welt nur verschieden interpretiert, es kömmt drauf an, sie zu verändern”.[58]

Si miramos rigurosamente esta traducción nos damos cuenta que su autor tiende a una interpretación complaciente con los filósofos de la Tesis once sobre Feuerbach. Mientras que en Marx dice sencillamente “[…] haben nur […] interpretiert […]”, dice en la versión de Wenceslao Roces: “[…] se han limitado a interpretar […]”. La palabra “nur”, que significa algo como “sólo” se convierte en “limitarse a”.

Con esta versión española de la undécima Tesis sobre Feuerbach ya se dictó la sentencia en la vieja disputa, cómo debe entenderse este “nur”, a saber: o como observación despectiva sobre la filosofía, de la cual habría que despedirse por completo, o más bien como referencia a una limitación, proporcionando entonces una relevancia a la filosofía, pero remitiéndola a su dependencia de la praxis. Decidiéndose contra una traducción sencilla del “nur” como “sólo” y en favor de la variante cargada de contenido, Roces quita de una vez al lector de lengua española, que tal vez hubiera entendido esta Tesis en otra traducción como crítica hacia los filósofos, sus argumentos.[59]

Sánchez Vázquez se fía aquí completamente de la traducción de su coexiliado que, de cualquier modo, complace bastante su entendimiento de la última Tesis sobre Feuerbach y también de la obra marxiana en su totalidad.

Entiende la Tesis en el contexto de las ya discutidas; que debe insertarse en la relación de tensión de los dos aspectos de la praxis revolucionaria: una “acción sobre las circunstancias que es inseparable de una acción sobre las conciencias”.[60]

Nuestro autor concibe la crítica que Marx formula aquí a “los filósofos” como crítica a la filosofía anterior (la que hubo hasta ahora), por consiguiente al idealismo y al materialismo tradicional, mencionados en la primera Tesis. Pero no la entiende como un rechazo de la filosofía en cuanto tal y, por tanto, tampoco de una por construir en el futuro.[61] “Se rechaza la teoría que, aislada de la praxis, como mera interpretación, está al servicio de la aceptación del mundo”.[62]

Sánchez Vázquez, por tanto, no sólo considera la filosofía que hubo hasta ahora como rechazable porque no aclaraba su relación con la praxis material humana, sino sobre todo porque apoyaba ideológicamente (en el sentido de “formas […] dentro de las cuales los hombres cobran conciencia de este conflicto y lo dirimen »[63]) el perdurar de las relaciones existentes, a saber, de la explotación del hombre por el hombre.

Califica como la “expresión más acabada” de tal filosofía apologética a la de Hegel, para quien no tiene ninguna buena palabra en este parágrafo.[64] Concibe aquí a Hegel como un pensador para el cual el “mundo es como debe ser”, posición que afirma la identidad del pensamiento con el ser. Por esta razón no hay lugar en su filosofía para la realidad como objeto del cambio, de la transformación humana.[65]

Acaso se refiere Sánchez Vázquez a formulaciones como la siguiente: “El Estado es la realidad [Wirklichkeit] de la idea moral “,[66] que ese filósofo redactó a propósito del Estado burgués.

Obviamente nuestro autor tiene una actitud muy divida para con Hegel: por un lado es evidente la influencia hegeliana, cuando en distintos lugares de la Filosofía de la praxis recurre a una visión teleológica de la historia, hablando del “sentido” de la historia[67] (o de “formas [filosóficas, S. G.] más desarrolladas “[68] ) aún cuando no se menciona ahí el nombre de Hegel. Por otro lado critica en un texto posterior a la hegeliana concepción teleológica[69] de la historia y en el parágrafo recién citado critica de manera más frontal al gran dialéctico que se usa por ejemplo entre marxistas hegelianos. Marcuse por ejemplo, subraya que hay que entender el concepto de realidad [Wirklichkeit] de Hegel de distinta manera de como hace nuestro autor aquí. En Razón y revolución[70] distingue rigurosamente el concepto hegeliano de realidad [Wirklichkeit] de la Filosofía del derecho del de realidad [Tatsächlichkeit]. (Este problema se complica aquí porque en español no se pueden distinguir estos dos términos alemanes y ambos se traducen como “realidad”. Por esta razón mencionamos entre paréntesis después del término “realidad” el respectivo termino alemán.) Cuando Hegel habla de la realidad [ Wirklichkeit] del Estado burgués no se refiere a su ser real (de hecho) sino a sus principios fundados en la idea, los cuales hay que desarrollar en la realidad [Tatsächlichkei] (en el sentido de apariencia momentánea) y los cuales principalmente pueden ser desarrollados.

Marcuse hubiera criticado a Sánchez Vázquez, pues en este parágrafo no hace esa distinción.[71] Sánchez Vázquez se pronuncia, en otro lugar de la Filosofía de la praxis, de manera más diferenciada sobre Hegel y tematiza detenidamente su aportación para el concepto de praxis que también emplea Marx.[72]

Por lo tanto, nuestro autor entiende la Tesis once sobre Feuerbach como crítica radical a la filosofía anterior, sobre todo al idealismo alemán, que “remata —como tal filosofía de la interpretación— no sólo en Hegel sino también en Feuerbach”.[73]

Se trata de una ruptura profunda con esta filosofía; ruptura que Sánchez Vázquez concibe de manera más radical que muchos filósofos marxistas, como por ejemplo los mencionados hegelmarxistas. Al mismo tiempo, pretende salvar con esta ruptura a la filosofía —en un sentido nuevo— como teoría altamente desarrollada de la transformación revolucionaria de las relaciones sociales existentes. Cuando Marx critica en la famosa Tesis sobre Feuerbach la limitación de los filósofos anteriores a la interpretación del mundo, esto “equivale a decir que se han limitado a aceptarlo, a justificarlo, a no transformarlo”.[74]

El paso de la interpretación a la transformación implica una “revolución teórica” que tiene que realizar el marxismo y que es inseparable de la “praxis revolucionaria del proletariado».[75]

Sánchez Vázquez apunta en su interpretación de la última Tesis sobre Feuerbach el sentido de un manifiesto para la unidad de la teoría y la praxis revolucionaria, a contracorriente de dos distintas actitudes parcialistas: el espontaneísmo no reflexionado y el marxismo de cátedra.

En torno a la primera de las dos consignas —que él ambos no utiliza— enfatiza que “se trata de transformar sobre la base de una interpretación”. En torno a la segunda, constata que reducir el marxismo a una mera interpretación no significa otra cosa que hacer exactamente lo que Marx denuncia en la Tesis once sobre Feuerbach: permanecer dentro de los límites de la teoría.[76]

Apéndice

Versiones originales de las citas traducidas

  1. 311-312: “Der Hauptmangel alles bisherigen Materialismus (den Feuerbachschen mit eingerechnet) ist dass der Gegenstand, die Wirklichkeit Sinnlichkeit nur unter der Form des Objekts oder der Anschauung gefasst wird; nicht aber als sinnlich menschliche Tätigkeit Praxis; nicht subjektiv. Daher die tätige Seite abstrakt im Gegensatz zu dem Materialismus von dem Idealismus —der natürlich die wirkliche, sinnliche Tätigkeit als solche nicht kennt— entwickelt.

Feuerbach will sinnliche —von den Gedankenobjekten wirklich unterschiedne Objekte: aber er fat die menschliche Tátigkeit selbst nicht als gegenstndliche Tátigkeit. Er betrachtet daher im “Wesen des Christentums” nur das theoretische Verhalten als das echt menschliche, während die Praxis nur in ihrer schmutzig jüdischen Erscheinungsform gefasst und fixiert wird. Er begreift daher nicht die Bedeutung der “revolutionren”, der “praktisch-kritischen” Tätigkeit”. (Karl Marx, “Thesen über Feuerbach”. Escrito en la primavera de 1845. Según la publicación del Instituto Marx-Engels, Moscú, 1932, en Karl Marx, Friedrich Engels, Werke. Berlín, Dietz, 1962, pp. 5-7, t. 3.)

  1. 314: “Er (Feuerbach, A. S. V.) sieht nicht wie die ihn umgebende sinnliche Welt nicht ein unmittelbar von Ewigkeit her gegebenes, sich stets gleiches Ding ist, sondern das Produkt der Industrie und des Gesellschaftszustandes, und zwar in dem Sinne, dass sie ein geschichtliches Produkt ist, das Resultat der Tätigkeit einer ganzen Reihe von Generationen, deren Jede auf den Schultern der vorhergehenden stand, ihre Industrie und ihren Verkehr weiter ausbildete, ihre soziale Ordnung nach den veränderten Bedürfnissen modifizierte. Selbst die Gegenstande der einfachsten ‘sinnlichen Gewissheit’ sind ihm nur durch die gesellschaftliche Entwicklung, die Industrie und den kommerziellen Verkehr gegeben”. (Karl Marx und Friedrich Engels, “Die deutsche Ideologie. Kritik der neuesten deutschen Philosophie in ihren Reprsentanten Feuerbach, B. Bauer und Stirner und des deutschen Sozialismus in semen verschiedenen Propheten”, en Karl Marx, Friedrich Engels, Werke. Berlín, Dietz, 1969, pp. 9-530, t. 3.)
  2. 316: “Allerdings bleibt dabei die Priorität der äusseren Natur bestehen […] Übrigens ist diese der menschlichen Geschichte vorhergehende Natur ja nicht die Natur, in der Feuerbach lebt, nicht die Natur, die heutzutage, ausgenommen etwa auf einzelnen australischen Koralleninseln neueren Ursprungs, nirgends mehr existiert, also auch für Feuerbach nicht existiert”. (Karl Marx und Friedrich Engels, “Die deutsche Ideologie”, en ibid., p. 44.)
  3. 317: “Die Frage, ob dem menschlichen Denken gegenständliche Wahrheit zukomme —ist keine Frage der Theorie, sondern ein praktische Frage. In de Praxis muss der Mensch die Wahrheit, i.e. Wirklichkeit und Macht, Diesseitigkeit seines Denkens beweisen. Der Streit über die Wirklichkeit oder Nichtwirklichkeit des Denkens —das von der Praxis isoliert ist— ist eine rein scholastische Frage”. (Karl Marx, “Thesen über Feuerbach”, en ibid., p. 5.)
  4. 321: “Alle Mysterien, welche die Theorie zum Mystizism[us] Veranlassen, finden ihre rationelle Lüsung in der menschlichen Praxis und in dem Begreifen dieser Praxis”. (Karl Marx, “Thesen über Feuerbach”, en ibid., p. 7.)
  5. 322: “Die materialistische Lehre von der Veränderung der Umstande und der Erziehung vergisst, dass die Umstände von den Menschen verndert und der Erzieher selbst erzogen werden muss. Sie murss daher die Gesellschaft in zwei Teile —von denen der eine über ihr erhaben ist— sondieren.

Das Zusammenfallen des Anderns der Umstände und der menschlichen Tätigkeit oder Selbstveränderung kann nur als revolutionäre Praxis gefasst und rationell verstanden werden”. (Karl Marx, “Thesen über Feuerbach”, en ibid., pp. 5-6.)

  1. 324: “Nebelregion der religiosen Welt” […] “mit eigenem Leben begabte, untereinander und mit den Menschen in Verhltnis stehende selbstst indige Gestaiten”. (Karl Marx,Das Kapital. Kritik der politischen Okonomie. Erster Bande. Buch I. Der Producf tionsprozel3 des Kapitals. Según la cuarta edición, editada y corregida de Friedrich Engels [Hamburgo, 1890]: Karl Marx, Friedrich Engels. Werke. Band 23. Berlín, 1975, Dietz, Erster Abschnitt: Ware und Geld. Erstes Kapitel: Die Ware. 4: Der Fetischcharakter der Ware und sein Geheimnis. S. 85-98.)
  2. 325: “In dem er durch diese Bewegung auf die Natur ausser ihm wirkt und sie verÄndert, verndert er zugleich seine eigene Natur”. ( Karl Marx, Das Kapital. Bd. I, a.a.O. DritterAbschnitt: Die Produktion des absoluten Mehrwerts, Fünftes Kapitel: Arbeitsprozess und Verwertungsprozess, 1. Abschnitt: Arbeitsprozess S. 192.)
  3. 327: “Die Philosophen haben die Welt nur verschieden interpretiert; es kommt aber darauf an, sie zu verändern”. (Karl Marx, “Thesen über Feuerbach”. Según el texto que publicó Engels, a.a.O. S. 535.)
  4. 328: “Formen, worin sich die Menschen dieses Konflikts bewusst werden und ihn ausfechten”. Karl Marx, “Zur Kritik der politischen Ökonomie, (Vorwort von, 1859)”, en Karl Marx, Friedrich Engels. Werke. Band 13. Berlín, Dietz, 1985, pp. 7-11.)
  5. 329: “Der Staat ist die Wirklichkeit der sittlichen Idee”. (Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Grundlinien der Philosophie des Rechts oder Naturrecht und Staatswissenschaft im Grundrisse. Mit Hegels eigenhndigen Notizen und mündlichen Zusätzen. Auf der Grundlage der Werke von 1832-1845 neu editierte Ausgabe. Redaktion: Eva Moldenhauer und Karl Markus Michel. Frankfurt/Main, 1970: Suhrkamp. Dritter Teil: Die Sittlichkeit. Dritter Abschnitt: Der Staat. 257.)
  6. 331: “Ihre geschichtlichen Bedingungen [die der proletarischen Revolution, A. S. V.], und damit ihre Natur selbst, zu ergründen und so der zur Aktion berufnen, heute unterdrückten Klasse die Bedingungen und die Natur ihrer eignen Aktion zum Bewu(3 tsein su bringen, ist die Aufgabe des theoretischen Ausdrucks der proletarischen Bewegung, des wissenschaftlichen Sozialismus”. (Friedrich Engels, “Die Entwicklung des Sozialismus von der Utopie zur Wissenschaft”, en Karl Marx, Friedrich Engels, Werke. Berlín, Dietz, 1969, t. 19, pp. 177-228.)

[1] Quiero agradecerle a mi amigo y colega Marco Aurelio García Barrios sus valiosísimas observaciones de redacción que hizo al presente texto.

[2] El presente documento ha sido extraído de la compilación realizada por el Dr. Gabriel Vargas Lozano titulada “En torno a la obra de Adolfo Sánchez Vázquez”. Disponible en el siguiente link: http://ru.ffyl.unam.mx/handle/10391/1846

[3] Cf. Adolfo Sánchez Vázquez, Filosofía de la praxis. 2a. ed., reelaborada y ampliada, t. 55 de la colección Teoría y praxis, México, 1980 (5a. ed., igual que la 2a. en texto y paginación, 1991, colección Tratados y manuales, México, Grijalbo, 464 pp. Mismo texto, con otra paginación: Barcelona, Crítica, 1980, 428 pp. Primera edición (versión de libro de la tesis doctoral Sobre la praxis, presentada en 1966 en la Universidad Nacional Autónoma de México), México, Grijalbo, 1967.

[4] Cf. A. Sánchez Vázquez, op. cit.

[5] Idem.

[6] Ibid., pp. 153-154.

[7] Ibid., p. 56.

[8] Ibid., p. 154.

[9] Karl Marx, “Tesis sobre Feuerbach”, en K. Marx y Friedrich Engels, La ideología alemana. Crítica de la filosofía alemana más reciente en sus representantes Feuerbach, B. Bauer y Stirner y del socialismo alemán en sus distintos profetas. Trad. de Wenceslao Roces. Montevideo, Pueblos Unidos, pp. 633-635, 1959, aquí: p. 633 (citado según A. Sánchez Vázquez, op. cit., p. 154.

[10] K. Marx, “Tesis sobre Feuerbach”, en op. cit., p. 633.

[11] A. Sánchez Vázquez, op. cit., p. 155.

[12] Idem.

[13] Idem.

[14] Ibid., p. 154.

[15] Ibid., pp. 154-155.

[16] Ibid., p. 155

[17] Idem.

[18] Idem.

[19] Ibid., p. 156

[20] Ibid., pp. 155-156, n. 68.

[21] K. Marx y F. Engels, op. cit., p. 45 (citado según A. Sánchez Vázquez, op. cit., pp.155-156, n. 68. Corregimos la palabra “hombros”, que aquí se cambió por “hombres”).

[22]A. Sánchez Vázquez, op. cit., p. 156.

[23] Idem.

[24] Ibid., pp. 156-157.

[25] “Marx no niega la existencia de una naturaleza al margen de la praxis o anterior a la historia, pero la naturaleza que existe efectivamente para él [el hombre, S. G.] se da sólo en y por la práctica”. (A. Sánchez Vázquez, op. cit., p. 157.)

[26] Idem.

[27] K. Marx y F. Engels, op. cit., pp. 46-47. Omisión de A. S. V. citado según A. Sánchez Vázquez, op. cit., pp. 157-158, n. 69).

[28] A. Sánchez Vázquez, op. cit., p. 158.

[29] Idem.

[30] K. Marx, “Tesis sobre Feuerbach”, en op. cit., p. 634 (citado según A. Sánchez Vázquez, op. cit., p. 158).

[31] A. Sánchez Vázquez, op. cit., p. 159.

[32] Ibid., p. 158.

[33] Ibid., pp. 158-159. (Subrayado de S. G.)

[34] Véase a eso p.e. la siguiente formulación de Sánchez Vázquez en su interpreta- ción de la segunda Tesis sobre Feuerbach: “Si al actuar se logran los fines que se perseguían, ello significa que el conocimiento de que se partió para trazar esos fines es verdadero. […] Si partiendo de determinados juicios sobre la realidad nos proponemos alcanzar cierto resultado y éste no se produce, ello significa que el juicio en cuestión era falso”. (Ibid., p. 159.)

[35] Idem.

[36] Idem.

[37] Ibid., pp. 159-160.

[38] Ibid., p. 160.

[39] “El criterio de verdad está en la práctica, pero sólo se descubre en una relación propiamente teórica con la práctica misma”. (Idem.)

[40] K. Marx, “Tesis sobre Feuerbach”, en op cit., p. 635, subrayado por A. S. V. (citado según A. Sánchez Vázquez, op. cit., p. 160).

[41] A. Sánchez Vázquez, op. cit., p. 160. Todavía una anotación pedante: citamos aquí en rigor no según la segunda edición, usada en los otros casos, sino según la

primera edición de Filosofía de la praxis. México, Grijalbo, 1967, p. 130. La razón para ello consiste en que se ha deslizado una errata en la segunda edición: en la frase arriba citada la “Tesis 2” llega a ser, por arte de magia, “Tesis 1”. Nos hemos permitido corregir esta errata, que es obvia en el conjunto del texto (concerniente á unidad de teoría y praxis Sánchez Vázquez habla siempre solamente de las Tesis 2 y8 y no de la Tesis 1).

[42] A. Sánchez Vázquez, Filosofía de la praxis. 2a. ed., p. 160.

[43] Idem. El lector que esperaba acariciando una respuesta clara, definitiva, sobre la comprobabilidad irrevocable de la verdad, va a mirar lleno de disgustó: ¿dónde está, al fin y al cabo, el adelanto frente al idealismo o empirismo? Aquí se puede ver otra vez lo que se tiene de una interpretación no-dogmatica de Marx: mucho disgusto, inseguridad y poco conocimiento directamente aplicable. ¿Cómo se podría hacer con eso un Estado?

[44] Ibid., pp. 163-164.

[45] K. Marx, “Tesis sobre Feuerbach”, en op. cit., p. 634 (citado según A. Sánchez

Vázquez, Filosofía de la praxis, p. 161). En la primera publicación de las Tesis en 1888 su editor, Engels, cambió los términos en parte considerablemente, lo que se nota sobre todo en esta tercera Tesis. Por ejemplo se cambió sencillamente “praxis revolucionaria [revolutionáre Praxis]” por “praxis transformadora [umwálzende Praxis]”. Véase: K. Marx, Thesen über Feuerbach. Nach dem von Engels 1888 veróffentlichten Text [según el texto publica- do de Engels en 1888], en K. Marx, F. Engels, W erke, t. 3, op. cit., pp. 533-535, aquí: p. 534. Véase también la anotación 1 de la redacción de las “Werke”, en ibid., p. 547.

La traducción al español de Wenceslao Roces que usa Sánchez Vázquez se basa en la versión original de Marx.

[46] A. Sánchez Vázquez, Filosofía de la praxis, p. 161.

[47] Idem.

[48] Idem.

[49] Ibid., p. 162

[50] Idem. (Subrayado de S. G.)

[51] K . Marx, El capital. Libro primero. El proceso de producción del capital. [Tomo 1.] Trad. de Manuel Sacristán. México, Grijalbo,1979. (Publicación de los primeros dos capítulos como El capital 2), 64 pp.; aquí 4o. parágrafo del capítulo primero, sobre “La mercancía”, titulado “El carácter de fetiche de la mercancía y su secreto”, pp. 41- 54, aquí: p. 43. (Col. Textos vivos. Coordinador de la colección: Adolfo Sánchez Vázquez.)

[52] A. Sánchez Vázquez, Filosofía de la praxis, pp. 162-163.

[53] K. Marx, El capital. Crítica de la economía política. 3a. ed. Trad. de Wenceslao Roces. México-Buenos Aires, FCE, 1964, t. 1, p. 130 (véase A. Sánchez Vázquez, Filosofía de la praxis , p. 163).

[54] A. Sánchez Vázquez, Filosofía de la praxis, p. 163.

[55] Idem. “[…] el cambio de las circunstancias no puede separarse del cambio del hombre, de la misma manera que los cambios que se operan en él —al elevar su conciencia— no pueden separarse del cambio de las circunstancias. Pero esta unidad entre circunstancias y actividad humana, o entre transformación de las primeras y autotransformación del hombre, sólo se opera en y por la práctica revolucionaria”. (Idem.)

[56] Idem.

[57] K. Marx, “Tesis sobre Feuerbach”, en op. cit, p. 635.

[58] K. Marx, “Thesen über Feuerbach”, en op. cit., p. 7

[59] Friedrich Engels hace en la anteriormente mencionada primera publicación de las Tesis sobre Feuerbach también una “intervención explicativa”, pero en dirección opuesta. Introduce la palabra, pequeña pero de graves consecuencias, “pero”. La Tesis dice entonces: “Los filósofos sólo han interpretado el mundo de distintos modos; pero de lo que se trata es transformarlo”. (Subrayado S. G.)

Engels se decide por la comprensión despectiva de la palabra “nur”, oponiendo claramente la primera y la segunda parte de la frase con la palabra introducida “pero”. Lo que en Marx todavía era suficientemente abierto para producir debates vehementes, lo decidió Engels de antemano para los lectores de su versión de las Tesis. El punto y coma introducido por Engels entre las dos partes de la frase no hace más que asegurar formalmente esta clara separación entre “interpretar” y “transformar”.

En su traducción de la onceava Tesis sobre Feuerbach, Bolívar Echeverría es más cuidadoso con las interpretaciones precipitadas. En su versión castellana de la Tesis 11 sólo introduce el mismo punto y coma que Engels. Tomando en cuenta que es- te signo de puntuación se usa de manera diferente en las dos lenguas en cuestión, esta intervención es menos grave que en el caso del antiguo amigo de Marx. Bolívar Echeverría traduce: “Los filósofos sólo han interpretado [interpretiert] el mundo de distintas maneras; de lo que se trata es transformarlo”. (Bolívar Echeverría, “El materialismo de Marx”, en B. Echeverría, El discurso crítico de Marx. México, Era, 1986, pp. 18-37, aquí: p. 35.)

[60] A. Sánchez Vázquez, Filosofía de la praxis, p. 164.

[61] La Tesis 11 no entraña ninguna disminución del papel de la teoría y menos aún su rechazo o exclusión”. (Ibid., p. 165.) Cuando Sánchez Vázquez dice aquí “teoría” y no “filosofía”, no alude a la distinción, propia de ciertas corrientes del marxismo, entre “teoría” y “filosofía”. Usa aquí, como en toda su Filosofía de la praxis —en cuanto habla de la teoría o filosofía de la praxis—, los dos conceptos como sinónimos. Véase por ejemplo la frase anterior a la arriba citada en la cual habla de la filosofía o teoría que no hay que rechazar: “La filosofía es filosofía de la transformación del mundo; es teoría de la praxis, en el sentido de teoría —y por tanto, comprensión, interpretación— que hace posible su transformación”. (Idem.)

[62] Ibid. p. 165.

[63] K. Marx, Contribución a la crítica de la economía política. Ed., adv. y notas de Jorge Tula. Trad. de Jorge Tula, León Mames, Pedro Scaron, Miguel Murmis y José Aricó. Introd. de Maurice Dobb. 3a. ed. Siglo xxi, 1987, 410+xv pp. Pról., p. 37. aquí: 5.

[64] A. Sánchez Vázquez,  Filosofía de la praxis, pp. 164-165.

[65] Ibid., p. 165.

[66] Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Filosofía del derecho, artículo 257.

[67] A. Sánchez Vázquez,  Filosofía de la praxis, p. 25.

[68] Ibid., p. 21.

[69] A. Sánchez Vázquez, “La razón amenazada…”, conferencia dictada en 1984 en la Universidad Autónoma de Puebla con motivo del otorgamiento del doctorado Honoris causa por esta institución, en A. Sánchez Vázquez, Escritos de política y filosofía. Madrid, Ayuso/Fundación de Investigaciones Marxistas, 1987, pp. 131-136, aquí: p. 134. (Publicado originalmente en Dialéctica, núm. 16, revista de la Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Puebla, Puebla, 1984, pp. 13-19; “Sábado”, núm. 361, supl. de Uno más uno. México, 29 de septiembre de 1984.)

[70] Herbert Marcuse, Razón y revolución. Hegel y el surgimiento de la teoría crítica social. Trad. de Juliete Formboria de Sucre, con la colaboración de Francisco Rubio Llorente. Madrid, Alianza, 1986, 446 pp. (El libro de bolsillo). Título de la edición original: Reason and Revolution. Hegel and the Rise of Social Theory. Nueva York, Humanities Press Inc., 1941. 2a. ed., 1954.

[71] Hegel no niega por antonomasia, como explica Marcuse, la posibilidad de irracionalidad en el Estado burgués realmente existente. Pero la irracionalidad no es, por principio, elemento de este Estado, pues está situada —por primera vez en la historia universal— nada más al nivel de la apariencia momentánea [Tatsáchlichkeit]. El Estado burgués está dispuesto de tal modo que, como concepto pleno de posibilidades de realización, su conformación es absoluta y plenamente razonable. Por consiguiente, cuando Hegel habla aquí de la realidad [Wirklichkeit] de este Estado, menciona la “realidad” [Wirklichkeit] ideal (según la idea). Esta realidad fundada conceptualmente tiende a realizarse a sí misma en todos los niveles y en todas las esferas del desarrollo histórico.

Marcuse al fin y al cabo también critica a Hegel, diciendo que este mismo se vuelve antidialéctico al declarar el Estado burgués como el fin de la historia. Pero hace esta crítica después de una larga exposición de las también existentes tendencias progresistas, revolucionarias (en el sentido de 1789) en la Filosoía del derecho.

[72] A. Sánchez Vázquez,  Filosofía de la praxis. Primera parte: “Fuentes filosóficas fundamentales para el estudio de la praxis”. Capítulo I: “La concepción de la praxis en Hegel”, pp. 61-90.

[73] . Sánchez Vázquez, Filosofía de la praxis, p. 165.

[74] Idem.

[75] Ibid., p.166. Sánchez Vázquez acude aquí, para la interpretación de la Tesis once sobre Feuerbach, a la última frase del escrito engelsiano “Del socialismo utópico al socialismo científico”: “El socialismo científico, expresión teórica del movimiento proletario, es el llamado a investigar las condiciones históricas y, con ello, la naturaleza misma de este acto [la revolución proletaria, A. S. V.], infundiendo de este modo a la clase llamada a hacer esta revolución, a la clase hoy oprimida, la conciencia de las condiciones y de la naturaleza de su propia acción”. (F. Engels, “Del socialismo utópico al socialismo científico”, en K. Marx y F. Engels, Obras escogidas en tres tomos. Moscú, Progreso, 1973, t. II, p. 144, citado según A. Sánchez Vázquez, Filosofía de la praxis, p. 166, n. 75.

[76] A. Sánchez Vázquez, Filosofía de la praxis, p. 166.

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