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El pensamiento revolucionario de Luis Emilio Recabarren

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El pensamiento revolucionario de Luis Emilio Recabarren

Por Sebastián Ramos

Resumen:

En esta reflexión, se pretende dar a conocer el desarrollo e innovación del pensamiento político del padre del movimiento obrero en Chile, Luis Emilio Recabarren, desde sus concepciones ingenuas iniciales hasta la madurez revolucionaria, la cual ha encontrado poca difusión dentro de los círculos militantes de la izquierda chilena, manteniendo un velo sobre las posiciones más radicales del autor en cuestión, promoviendo una visión sesgada de sus ideas.

Palabras clave: Recabarren, revolución, clase obrera, Chile, socialismo.

Abstract:

In this reflection, is intended to inform the development and innovation of political thought of the father of the labor movement in Chile, Luis Emilio Recabarren, from his initial naive conceptions to his revolutionary maturity, which has found little dissemination within the chilean leftist militant circles, keeping a veil on the most radical positions of the author in question, promoting a biased view of his ideas.

Keywords:  Recabarren, revolution, worker class, Chile, socialism.

 “En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para “consolar” y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola. En semejante “arreglo” […] se dan la mano actualmente la burguesía y los oportunistas dentro del movimiento obrero”. 

-Lenin. El Estado y la Revolución.

Luis Emilio Recabarren (Valparaíso, 6 de julio de 1876 – Santiago, 19 de diciembre de 1924).  Fue un obrero tipógrafo, líder de los trabajadores y organizador del Movimiento Obrero Chileno, además de ser electo diputado en dos periodos. Fundador del Partido Obrero Socialista de Chile (POS) en 1912, posteriormente Partido Comunista de Chile (PCCh) a partir del año 1922. Secretario General durante un año del Partido Comunista de Argentina (PCA). Fundador y director de los periódicos obreros El Despertar de los Trabajadores y El Justicialista.

Durante el año 1901, la primera Mancomunal fundada en Chile, es decir, la de Iquique, llevó a cabo una larga y resuelta huelga que resultó de gran interés para Luis Emilio Recabarren, por lo que se apresuró a solidarizar con ella en su calidad de secretario general del Partido Democrático (partido burgués de principios del Siglo XX.). Recabarren no era nuevo en política, y desde su posición de clase, tenía plena conciencia de su condición de explotado. Por eso decide escribir una carta de apoyo a uno de los dirigentes huelguistas, señalando:

“¿Por qué existe este anacronismo fenomenal…?: En mi concepto, el obrero que saca tales riquezas debiera poseerlas y no entregarlas a un igual que se hace llamar patrón. Así es, mi amigo, que cuando sé que los trabajadores se levantan, despiertan, abandonan su trabajo unidos, para pedirle al patrón más humanidad, porque es de justicia me siento doblemente entusiasmado y quisiera estar en medio de todos para alentarlos con mis palabras, para ayudarlos con mis esfuerzos. La huelga de Iquique, es para mí, el primer grito de rebelión que lanza el chileno, es el primer grito de protesta arrojado al rostro de los capitalistas, que amparados por el gobierno y sus ejércitos, nos explotan a su inhumano capricho, sin encontrar lícito el que nosotros protestemos de semejantes actos de salvajismo (…) El patrón es la hiena sedienta de sangre, que se lanza sobre nosotros para devorarnos; nuestro deber, si queremos conservar la vida, es defendernos y darle muerte a la hiena para evitar el peligro”.[1]

Las Mancomunales eran para Recabarren, a principios del siglo XX, ejemplos brillantes de organización obrera y de independencia de clase, por eso su ferviente apoyo a éstas. Claro que éste tipo de organización era más cercana a la tradición anarquista, la que aún era parte importante del movimiento obrero en Chile, así como en el resto del mundo. Las Mancomunales fueron relevantes en la construcción del ideario de Recabarren, toda vez que demostraron ser una organización de la clase y para la clase, ayudándole a desarrollar, de a poco, un concepto que acompañaría toda la vida y praxis del dirigente: la independencia de clase. Para él, la liberación de los trabajadores sólo sería fruto de los combates que libraran ellos mismos. Así pues, en su momento describió las Mancomunales de la siguiente forma:

“Cuándo un trabajador está enfermo, ¿quiénes están a su lado?, ¿Quiénes le llevan protección o algún alivio? Únicamente sus compañeros de trabajo, nunca el patrón. En cualquiera desgracia que le ocurra al trabajador ¿Quiénes están a su lado para ayudarle o consolarle? Siempre sus mismos compañeros de trabajo, nunca el patrón, nunca el gobierno. Entonces hay una razón fundada para que el trabajador esté siempre unido y compacto. Las sociedades de trabajadores, como la “Combinación Mancomunal de Obreros” han prometido proteger a los compañeros que se incorporen a ella en las diversas circunstancias de la vida y todas estas promesas se están cumpliendo al pie de la letra. Escoja entonces el trabajador, entre venirse de nuestro lado, a unirse como hermanos, como miembros de ésta gran familia; o quedarse aliado de los patrones que lo explotan, robándole su trabajo y lo insultan sospechando de él.”[2]

En ésta primera década del siglo XX, Recabarren –militante del Partido Demócrata- creía que era posible dictar buenas leyes que beneficiaran a los trabajadores y que transformaran gradualmente al capitalismo en una nueva sociedad que emancipara a la clase trabajadora. Por esto es que no creía aún en la necesidad de derribar el sistema y reemplazarlo. Es más, en estos primeros años le parecía posible construir una nueva vida dentro del sistema actual, por eso es que prefería el asistencialismo de la Mancomunal que las sociedades de resistencia.

En este sentido plantea que:

“Además, desde el Congreso, se puede obtener el mejoramiento económico por medio de disposiciones que destinen los dineros públicos a las habitaciones para obreros en condiciones de repartir el derecho sobre el suelo a todos por parejo; la reglamentación del salario mínimo sería otra de las medidas, etc. Pero lo principal es quitarle al capital las bayonetas de que hoy dispone para oprimir y obligar al trabajador a rendirse a sus caprichos”[3]

Y profundizando la idea:

“El Congreso de Senadores y Diputados forman las leyes, es decir crea deberes y derechos al pueblo, y si el Congreso de Senadores y Diputados fuese compuesto de gente seria y honrada, salida de las filas proletarias, de la gente de trabajo, haría leyes que fuesen una garantía para los pobres y mejoraría su triste situación de hoy. Si los diputados y senadores fueran trabajadores, salidos de las filas de la Democracia, mejoraría muy rápidamente la situación de los trabajadores, pero como hoy los congresales son de la clase rica y capitalista sólo trabajan en aumentar más sus fortunas colosales, con perjuicio de la mayoría que somos los pobres”[4].

Posteriormente, cuando en 1907 los trabajadores y sus familias en Iquique declararon la huelga, exigiendo el pago en monedas de valor más alto, libertad de comercio en las pulperías, el pago de indemnización por accidentes, aviso de despido y otras garantías laborales; el Estado capitalista no hizo más que responder con la violencia brutal y cobarde que siempre lo ha caracterizado. Este episodio es ampliamente conocido como la Masacre en la Santa María. Allí, en la Escuela de Santa María murieron más de dos mil hombres, mujeres y niños, todos obreros del Norte de Chile. La sangre obrera derramada no distinguió nacionalidades, y así, los capitalistas asesinaron familias enteras de trabajadores chilenos, peruanos, argentinos y bolivianos. Famosa se hizo la respuesta de los obreros bolivianos a su cónsul. Cuando éste les instó a retirarse de la Escuela, producto de la violencia que se avecinaba, los obreros extranjeros dijeron: “Con los chilenos vinimos, con los chilenos morimos”.

La masacre tuvo como resultado años de desorganización obrera y el declive de las mancomunales como método de organización de los trabajadores.

Ese mismo año, Recabarren es invitado a Argentina por el Partido Socialista local, desde donde escribe diversos artículos, entre ellos “Democracia-Socialismo” donde, producto de los últimos acontecimientos, reordena sus ideas señalando:

“Hasta hace poco tiempo he creído que la Democracia y el Socialismo eran más o menos una misma idea […] He estudiado de nuevo ambos programas: el demócrata y el socialista, ¡Y cuán enorme es la diferencia! El programa demócrata aparece pálido, insignificante, probando con sus expresiones la poca capacidad moral e intelectual de los obreros de Chile. Sólo contiene un programa de reformas por realizar sobre las instituciones existentes, ampliándolas, suavizándolas, democratizándolas, pero dejándolas siempre lo que son: instituciones coercitivas de la libertad dominadas por la burguesía. La democracia proclama reformar instituciones. El socialismo proclama la desaparición de las instituciones inútiles y el reemplazo de algunas por otras completamente distintas, socializándolas”.[5]

Hace años que Recabarren era un opositor a la línea oficial del Partido Demócrata (PD), al punto de haber creado su propia fracción interna conocida como el “Partido Demócrata Doctrinario”, pero no fue hasta 1912 que se genera el quiebre definitivo cuando el PD apoya desde el Congreso al gobierno conservador de la época, a cambio de algunos puestos (conocida maniobra de “real politik” que caracteriza el actuar de la política burguesa y el reformismo). Recabarren quiebra con el partido acusando a sus dirigentes de corruptos y vendidos, además de denunciar que no trabajaban por organizar a la clase obrera. Es entonces que traslada su imprenta y funda el periódico “El despertar de los trabajadores”, que sería el diario oficial del futuro Partido Obrero Socialista, primer partido de los trabajadores, fundado en Chile el año 1912 por Recabarren y sus compañeros obreros, generando un hito sin precedentes en la historia del mundo popular. Finalmente, la clase tenía una herramienta propia de lucha.

Recabarren jamás se caracterizó por ser un dogmático. Producto de su carácter autodidacta, su educación política y teórica se cimentó en un principio en base a la experiencia práctica y los libros que llegaban a sus manos. Su mente inquieta, y la voluntad de prepararse mejor para las necesidades de la lucha de clase, lo llevaba a volver una y otra vez sobre sus ideas, poniendo en duda algunas, desechando otras y avanzando en la construcción teórica de su pensamiento. En estos años, Recabarren, quien seguía cuestionándose constantemente sus propias posturas, todavía creía en la efectividad de la lucha parlamentaria como proceso gradual para progresar en leyes que beneficiaran al pueblo, pero ahora ponía su la mayor parte de su atención en el avance de las cooperativas, las que creía que al desarrollarse vencerían al sistema capitalista. Así entonces, pensaba:

“Cuando el progreso de las cooperativas llegue al mayor grado de riqueza y poder, irá motivando la clausura de las industrias y del comercio burgués por el régimen industrial socialista, el cual progresando también por grados, irá desapareciendo toda forma o vestigio de explotación hasta que llegue el momento en que cada trabajador reciba el fruto íntegro de su trabajo”[6]

Desde que en 1909 se fundara, la Gran Federación Obrera de Chile (GFOCH), ésta había estado bajo el control de una dirigencia conservadora que promovía el asistencialismo, buscando principalmente apoyar a los socios en la superación de sus vicios, y entregar espacios de educación a los trabajadores. Fueron las grandes huelgas de 1918 y 1919 las que permitieron que el Partido Obrero Socialista (POS) se hiciera con el control de la Federación, transformándola en una organización de lucha y agitación contra el sistema capitalista. De esta forma, Recabarren es elegido como su nuevo presidente en 1919. Una de las cosas que más destacan de ésta victoria es la nueva declaración de principios de la FOCH, la cual proclama:

“Abolido el sistema capitalista, será reemplazado por la Federación Obrera, que se haría cargo de la administración de la producción industrial y sus consecuencias. Estas aspiraciones serán sustentadas en la realidad cuando la Federación Obrera de Chile por medio de todas sus secciones tenga la potencia suficiente para realizarlas. […] Por lo tanto, la Federación Obrera de Chile, levanta su bandera, inspirada en estas dos profundas sanciones internacionales: “la unión hace la fuerza” y “la emancipación de la clase trabajadora debe ser la obra de los trabajadores mismos”

Mediante estos cambios internos, el carácter de la Federación cambió de ser una Sociedad Mutualista a una organización obrera de combate. Del todo interesante resulta comprobar que ahora Recabarren plantea que una vez abolido el sistema, serán los propios obreros, los que, organizados en la FOCH, se harán cargo de la producción. Esto último es uno de los puntos más originales en su pensamiento, proponiendo un método concreto para que justamente fuera la clase organizada quien se hiciera cargo de la economía tras la expropiación a los capitalistas, sin intermediarios, ni tomando en consideración al “Partido” para hacerse cargo del Estado. Esto no se explica porque poseyera una postura anti-partido, sino que la razón reside en la relevancia que le otorgaba al hecho de que fuera la clase trabajadora libremente organizada, quien efectivamente gobernara, administrara y desarrollara la construcción del socialismo.

Siguiendo la misma idea, el año 1921 señala: “El gremio tiene por misión, después de cumplir su programa de labor presente, preparar la capacidad de todos sus asociados para verificar la expropiación capitalista, reemplazándola en sus funciones directoras de reproducción y del consumo”[7]

Estas propuestas coincidían con los ideales de los primeros años de la Revolución Rusa, donde los Soviet (asamblea de obreros, campesinos y soldados) constituían los órganos centrales en los que se erigía el poder revolucionario. Claro que, tal como sabemos, eso duró poco en el caso ruso.

De todas formas, Recabarren tenía su vista puesta en el futuro, preocupado de pensar cada vez más profundamente la transición al socialismo, desarrollando nuevas formas de organizarse y generando propuestas, incluso administrativas, con las que educaba a la clase respecto a lo que debiese ser el futuro gobierno obrero en Chile. Es así que expresara:

“En cada industria, faena u ocupación donde haya más de diez personas mayores de 18 años ocupadas, estas mismas, reunidas en asamblea, elegirán a sus jefes administradores y encargados o capataces para la dirección y administración en cada sección de trabajo y de toda la industria. Los administradores o capataces estarán bajo el control de sus respectivas asambleas y le deben cuentas de sus actos. Las asambleas fijarán salarios, horarios, condiciones de trabajo, precios de venta de los productos y de todo lo que fuera necesario determinar”.[8]

Lejos queda el antiguo Recabarren que buscaba simplemente perfeccionar y democratizar las instituciones existentes, pero en sus escritos aún no hay mención sobre el papel de la revolución.

Consolidada la Revolución Rusa, Recabarren comienza a ser fuertemente influenciado por ésta experiencia. Así, en los años posteriores a este acontecimiento, escribió diferentes folletos defendiendo la revolución, y posteriormente formó parte de la afiliación de la FOCH a la Internacional Sindical Roja en Moscú. Ese año, en 1922, a raíz del Cuarto Congreso del POS, el Partido Obrero Socialista decide integrarse a la Tercera Internacional (conocida como la Internacional Comunista, levantada y dirigida por los revolucionarios rusos en el poder). De ésta forma el POS acepta todas las 21 condiciones que se les imponen y cambia su nombre al de Partido Comunista de Chile, siendo aceptado en la Internacional bajo el rango de “simpatizante”. Eso sí, sin realizar grandes cambios en su orgánica y lineamientos, al menos hasta ese momento.

Como ya señalamos, para Recabarren la revolución rusa se había transformado en un referente y, junto a su contacto con la Internacional Comunista, es que comienza a escribir textos más radicales, con un carácter acentuadamente revolucionario, con lo que se distancia de lo que había sido su tradición anterior, la que podríamos calificar como socialista-utópica. En esta nueva línea a la que adscribe podemos enmarcar sus palabras cuando señalara:

“¿Qué es el Partido Comunista?

En primer lugar no es ni será jamás un partido político, puesto que no admitirá nunca relaciones políticas con los partidos de la clase capitalista. La acción electoral sólo la admitimos como un instrumento de lucha y con carácter revolucionario, nunca con carácter político. El Partido Comunista tiene por objeto inmediato, capacitar, orientar y disciplinar científicamente a sus adherentes, para que constituyan la vanguardia revolucionaria del pueblo y desparramados sus miembros en todos los sindicatos, ayuden a dirigir la marcha del proletariado hacia el triunfo final de nuestras aspiraciones de abolir el sistema capitalista con todas sus injusticias y miserias”. [9]

Su visión se había radicalizado por la fuerza de la experiencia y el contexto internacional, dejando atrás sus ilusiones de avances progresivos dentro de la legalidad. Muy lejos de las posturas que caracterizan hoy en día a lo que ha devenido el Partido Comunista de Chile. Durante esta última época de su vida, Luis Emilio continúa postulando la necesidad de ejercer la lucha parlamentaria, pero es muy claro en señalar que ésta debe plantearse desde una nueva concepción antiparlamentarista.

“El objeto que nos lleva al Parlamento, a la Cámara de Diputados o al Senado, es única y exclusivamente conquistar una posición más para nuestra propaganda revolucionaria, antiparlamentaria, anticapitalista, y de ataque directo al estado burgués y a sus instituciones decrépitas. Un representante comunista no va al Congreso a hacer política, a cooperar con los burgueses, a pedir empleos, a mendigar sueldos, o a intrigas entre pasillos.

[…] El representante comunista en la Cámara, sigue siendo antiparlamentario, sigue combatiendo el parlamentarismo; y sus ideas en el Congreso, no difieren de las que expresara en vísperas de elecciones, y en su vida privada, ante sus electores. Los que confunden, al Diputado comunista con el Diputado burgués, no saben lo que dicen.”[10]

Podemos apreciar que en base al análisis político que había realizado tanto de la situación concreta del proletariado, como de su enemigo, Recabarren era cada vez más libre de las ilusiones que tuviera en otra época respecto al sistema burgués y la participación en éste. Para él, la acción parlamentaria adquiría un carácter meramente táctico, no estratégico. Lo que tendría sintonía con lo que plantearía 40 años después el comandante Che Guevara, cuando advirtiera:

“En las fuerzas progresistas de algunos países de América existe una confusión terrible entre objetivos tácticos y estratégicos; en pequeñas posiciones tácticas se ha querido ver grandes objetivos estratégicos. Hay que atribuir a la inteligencia de la reacción el que haya logrado hacer de estas mínimas posiciones defensivas el objetivo fundamental de su enemigo de clase”.[11]

En 1922, Recabarren viaja a Rusia para participar del Congreso de la Internacional Sindical Roja y del Cuarto Congreso de la Internacional Comunista. Lo que vio durante su viaje le impactó fuertemente como ejemplo o pronóstico de lo que podría ser el porvenir socialista de Chile. Es así que, a su regreso, da una serie de discursos y escribe alegremente folletos en los que da a conocer lo que pudo observar y aprender en su viaje, es decir, que los trabajadores de Rusia tenían en sus manos el poder, construyendo por primera vez el futuro: “Pude convencerme que no me habían engañado anteriormente cuando han predicado en este país que el proletariado de Rusia tiene en sus manos todo el poder para realizar su felicidad futura y va reuniendo los elementos para construir la sociedad comunista, como verdadero reinado de justicia social”[12]

Enmarcado en este esfuerzo por difundir el proceso revolucionario ruso, y sus lecciones, escribe en marzo de 1923 el folleto “Rusia Obrera y Campesina”, donde celebra a la revolución y plantea como balance:

“El Partido Comunista tomó el poder por medio de la violencia. No esperó el Partido Comunista, conquistar el poder por medio del voto electoral, por medio de la legalidad como nos aconsejan siempre los partidos demócratas, llamados partidos de orden, porque el Partido Comunista está convencido, por los hechos ya vividos, que por medio del ejercicio legal del voto, de la elección de parlamentarios, JAMAS conseguirá la clase trabajadora tener el poder para abolir el sistema de explotación y opresión capitalista, que le permita vivir en un estado de justicia y libertad.”[13]

Por primera vez Recabarren adopta explícitamente el elemento estratégico del que antes había carecido. La idea de la Revolución como presupuesto para llevar a cabo la emancipación de los trabajadores, la que no surgiría producto de una modificación gradual de las condiciones de vida, sino que a través de los saltos y rupturas necesarios e inevitables en la dinámica de la lucha de clases. El poder se ejerce, y en la lucha de clases, la clase obrera debe ejercer la violencia revolucionaria contra sus opresores si quiere conquistar el futuro.

Ya para el año 1924, el PC llamó a un nuevo Congreso que generó revuelo al interior de la organización, puesto que Recabarren quedó como minoría en el Comité Ejecutivo Nacional, consolidando la tendencia que se había instalado los últimos meses en el Partido por desplazar sus posturas, en desmedro de un nuevo grupo militante (“novicio”, como les llamara Recabarren) que comenzaba a predominar dentro de la dirección, y que provenía de las capas medias y no obreras del partido. Tras quedar en minoría, a pesar de sus esfuerzos y reclamos, se generó una aguda crisis interna, avivada por un fracaso electoral reciente y la inestable situación política del país.

Lamentablemente, a finales de ese año, la vida del dirigente Luis Emilio Recabarren llegó a su fin. Afectado por su quiebre amoroso con su compañera de años, y afligido por la mala salud que llevaba arrastrando el último tiempo, decidió quitarse la vida en diciembre del 24. Mismo año en que el líder ruso conocido como Lenin, también perdió la vida producto de una enfermedad.

Tras su muerte, la conducción de Recabarren fue duramente criticada por algunos de sus ex compañeros. Una vez que el PC se encontrara imbuido en la era Stalinista, con su dogmatismo y visión mecanicista vulgar del marxismo, un militante del partido que ejercía como delegado del Comité Ejecutivo de la FOCH en 1932 llegó tan lejos como para decirRecabarren sobreestimó al proletariado del carbón y del salitre, no dándole importancia a la organización del campo; no combatió el imperialismo, tuvo enormes ilusiones democrático-burguesas, no armó ideológicamente al proletariado. Nuestro compañero Recabarren no nos enseñó nada[14]

En su libro “Interpretación marxista de la Historia de Chile”, Luis Vitale expresa que a su parecer este tipo de ataque virulento en contra de Recabarren podrían tener que ver con la simpatía que éste habría expresado en vida con el dirigente ruso León Trotsky, enemigo político de Stalin y de la burocracia que operaba a su alrededor. Para ejemplificar ésta simpatía, Vitale menciona que en la obra titulada “La Rusia obrera y campesina”, Recabarren incluyó un informe escrito por Trotsky e incluso se refirió a él como “Generalísimo del Ejército Rojo de Rusia”.[15] Sin embargo, no nos convence dicha afirmación, más parecería que el desprecio posterior hacia Recabarren tendría que ver con las visiones estrechas y dogmáticas del Partido Comunista, leal capítulo local de la política stalinista-soviética, que decididamente debía alejarse de las posturas recabarrenistas, las que siempre se desarrollaron de manera creativa y libre, sin basarse en ladrillos ideológicos. Hoy su viejo partido le resalta como figura, como símbolo, como organizador de los trabajadores, pero no como pensador revolucionario, pues es justamente en ésta dimensión donde podrían desnudarse las contradicciones entre las posturas socialdemócratas de la dirigencia actual y los planteamientos socialistas con que se fundó el partido. El problema está en que cercenando el pensamiento de Recabarren no puede comprenderse su praxis, su acción transformadora, aquella que aglutinó a cientos de obreros dispuestos a luchar por un futuro socialista donde el hombre y la mujer pudieran finalmente ser libres de la opresión y poder vivir felizmente sus vidas. La preocupación humanista de Recabarren siempre fue el motor que impulsó toda su trayectoria política, el deseo de ver a su gente liberada fue lo que lo llevó al marxismo, y hoy, cerca de 90 años después de su muerte lo recordamos con orgullo y admiración. El padre del movimiento obrero no ha muerto para el pueblo y son diversas generaciones las que se identifican en su legado. Ya lo hiciera el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, en su fundación en 1965, cuando se proclamaran herederos del legado de Recabarren[16], y ya lo siguen y seguirán haciendo las masas de jóvenes, trabajadores, pobladores, entre otros, que se aprestan al combate, retomando la causa de la humanidad contra el capital y la enajenación.

Como sea que haya sido, Recabarren es un referente político, moral y revolucionario para todos aquellos que forman parte del mundo de los trabajadores y la izquierda que se plantea la creación de una sociedad nueva. Su aporte y legado no ha sido olvidado y no lo será tampoco por las grandes huellas que dejó en el movimiento popular.

Bibliografía.

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ORTIZ LETELIER, F. (1985). El movimiento Trabajador en Chile 1890-1919, Madrid: Michay.

RECABARREN, L. (1902). Carta a Abdón Díaz. El Trabajo. Iquique.

RECABARREN, L. (1904). El derecho popular XVIII. La Voz del Obrero. Taltal.

RECABARREN, L. (1904). El derecho popular II. La Voz del Obrero. Taltal.

RECABARREN, L. (1907) Democracia-Socialismo. La Reforma. Santiago de Chile.

RECABARREN, L. (1912).  El Socialismo ¿qué es y cómo se realizará? El despertar de los trabajadores. Iquique.

RECABARREN, L. (1921) Archivo Chile. Recuperado 19 de abril de 2017, de Archivo Chile: http://www.archivochile.com/Homenajes/Recabarren/MShomenajreca0012.pdf

RECABARREN, L. (1922) Los Representantes Comunistas en el Parlamento. La Federación Obrera. Santiago de Chile.

RECABARREN, L. (1922). Frutos de la gira de Recabarren, La Federación Obrera. Santiago de Chile.

RECABARREN, L. (1923). Memoria Chilena, Recuperado el 19 de abril de 2017, de Memoria Chilena: http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0000123.pdf

VITALE, L. (2011) Interpretación Marxista de la historia de Chile. Tomo V. Santiago de Chile: LOM.

[1] RECABARREN, L. (1902). Carta a Abdón Díaz. El Trabajo. Iquique.

[2] ORTIZ LETELIER, F. (1985). El movimiento Trabajador en Chile 1890-1919, Madrid: Michay, p. 191, 192.

[3] RECABARREN, L. (1904). El derecho popular XVIII. La Voz del Obrero. Taltal.

[4] RECABARREN, L. (1904). El derecho popular II. La Voz del Obrero. Taltal.

[5] RECABARREN, L. (1907) Democracia-Socialismo. La Reforma. Santiago.

[6] RECABARREN, L. (1912).  El Socialismo ¿qué es y cómo se realizará? El despertar de los trabajadores. Iquique.

[7] VITALE, L. (2011) Interpretación Marxista de la historia de Chile. Tomo V. Santiago: LOM. P. 233.

[8] RECABARREN, L. (1921) Archivo Chile. Recuperado 19 de abril de 2017, de Archivo Chile: http://www.archivochile.com/Homenajes/Recabarren/MShomenajreca0012.pdf

[9] RECABARREN, L. (1922) Los Representantes Comunistas en el Parlamento. La Federación Obrera. Santiago.

[10] Ibídem.

[11] GUEVARA, E. (1962). Táctica y Estrategia de la Revolución Latinoamericana. En Che Guevara presente. Una antología mínima. La Habana: Ocean Sur. P.317

[12] RECABARREN, L. (1922). Frutos de la gira de Recabarren, La Federación Obrera. Santiago.

[13] RECABARREN, L. (1923). Memoria Chilena, Recuperado el 19 de abril de 2017, de Memoria Chilena: http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0000123.pdf

[14] JOBET, J; VITALE, L. (1971) Obras Selectas de Recabarren. Santiago: Quimantú. P. 58

[15] VITALE, L. (2011), op.cit., p. 193.

[16] MIR (1965) Declaración de principios del M.I.R. Santiago.

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