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A propósito de la Revolución Cubana

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A propósito de la Revolución Cubana[1]

Por Carlos F. Lincopi Bruch

“…hay que tener en cuenta que el imperialismo es un sistema mundial última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial. La finalidad estratégica de esa lucha debe ser la destrucción del imperialismo.”

Ernesto Guevara

El 26 de julio de 1953, Fidel Castro y un grupo de valientes hombres armados, realizaron un poderoso grito de liberación latinoamericana atacando los bastiones militares de la dictadura batistiana, nos referimos al ataque al Cuartel Moncada. Ciertamente, este hecho histórico marca un antes y un después en la historia revolucionaria de América Latina y, particularmente, en la historia de la nación cubana y de su heroica revolución. Hoy, cuando esa bestia imperialista se dispone a poner su hocico y sus garras sobre tierra liberada, es preciso realizar una reflexión que se oriente en la perspectiva de consolidar la revolución socialista en Cuba, bastión de la revolución latinoamericana.

            Luego del ataque al Cuartel Moncada, la reorganización en México del Movimiento 26 de Julio y la ofensiva victoriosa del Ejército Rebelde el 1 de enero de 1959, la historia universal, adquirió por primera vez, un color mestizo, un color criollo, un color auténticamente latinoamericano. En todo el mundo, se hablaba de la Revolución Cubana, ésta había provocado una revolución no sólo en el ámbito de la nación cubana, sino que sobretodo había sacudido la conciencia de millones en todo el mundo.

            Los primeros años de la Revolución Cubana fueron los mejores, la radicalidad del proceso, la ruptura con los dogmas, dirigentes coherentes en el plano discursivo y en el práctico, demostraban que en América Latina, la revolución no era ni copia ni calco de ningún otro proceso, pero sobretodo demostraban a ese añejo y anquilosado marxismo eurocéntrico y a ese estalinismo que nuestras tierras estaban aptas para la revolución socialista (no éramos “inmaduros” para hacer revoluciones). La publicación de revistas como Pensamiento Crítico, el debate franco y abierto sobre la transición socialista, la activa solidaridad internacionalista, las campañas del Che en Bolivia y el Congo, entre otros hechos relevantes, marcan el mejor momento de la Revolución Cubana. Sin embargo, no todo ha sido hermoso y pujante, la revolución no ha estado exenta de contradicciones, dificultades y errores. Entre los años 70’ y 80’, la revolución adhirió al modelo soviético de los llamados “socialismos reales”[2], provocando, un anquilosamiento de esa energía inicial que subvirtió todo el continente. Tras la caída, precisamente, de la URSS y de sus satélites (los llamados socialismos reales), la Revolución Cubana ingresa al llamado “periodo especial” que, no era otra cosa que recibir el coletazo económico y político de la pérdida de sus principales aliados geopolíticos y geoeconómicos. A pesar de todo, la Revolución Cubana se mantuvo en pie y no cayó.

            Es importante recordar esos antecedentes, pues como sostiene Martínez Heredia, el capitalismo quiere adentrarse y consolidarse en Cuba. Provocando una vez más, que las tendencias antagónicas del proceso, pugnen y abran procesos que pueden significar el avance o el retroceso de la revolución. Para ello es preciso tener claro algunas cuestiones, el socialismo es antagónico al capitalismo, la revolución latinoamericana es antagónica al imperialismo, la moral revolucionaria es antagónica a la moral capitalista, en consecuencia, el régimen político y económico yanqui es contrario al régimen político y social cubano, es necesario tener estos elementos en cuenta, pues, un auténtico líder revolucionario no puede sonreír y dar la mano al agresor yanqui, como si las contradicciones formaran parte de un pasado lejano, ¡nada de eso!, aquél imperialismo que ayer luchaba contra Cuba, es el mismo hoy, es aquel que lucha contra los pueblos trabajadores del mundo, es aquel, que legitima la barbarie de Israel sobre Palestina, es aquel que lleva la guerra a los pueblos de África y Oriente Medio, es el mismo imperialismo genocida, con el cual la revolución, si es auténtica, es incompatible. Ningún revolucionario en el mundo está autorizado para no clarificar el verdadero carácter del imperialismo yanqui, y menos aún, de disfrazarlo de amigo, con un abrazo o, con un apretón de manos. Fernando Martínez Heredia tiene razón al señalar que la guerra que libra el imperialismo contra Cuba, hoy por hoy, se juega en el terreno cultural, entre ellos, en el terreno de los símbolos de la revolución, símbolos que han servido de aliciente moral para luchadores y luchadoras en todo el mundo. La mercancía, puede disfrazarse o mimetizarse al interior de la producción socialista, pero mercancía queda, y como tal, cumple su tarea deformando la conciencia, creando su fetiche. El imperialismo, puede disfrazarse de oveja, pero imperialismo queda. El Che, aún nos tiene mucho que decir al respecto.

En nuestra opinión, los mejores momentos de la revolución, han sido aquellos dotados de su autenticidad latinoamericana, ese espíritu martiano que afloraba en los primeros años es, a nuestro juicio, la auténtica fuerza motriz del proceso. Tratar de parecerse a los soviéticos fue un grave error, tratar de parecerse a los chinos, puede ser letal. El capitalismo quiere hacerse de Cuba, para ello es preciso, por tanto, volver a los orígenes radicales, tomando la bandera e intransigencia del Che en la lucha contra el capitalismo, el imperialismo y todas sus taras,  es preciso, que la Revolución Cubana, adquiera un profundo carácter guevarista, en el cual, el horizonte de construcción de hombres y mujeres nuevas ocupe la centralidad de la agenda política y en que la consigna “o revolución socialista o caricatura de revolución” sea una realidad viva, y no una vieja consigna guardada en el baúl de los recuerdos.

Sabemos que en Cuba hay miles de hombres y mujeres forjados al calor de la lucha revolucionaria, que no aceptarán tan fácilmente los avances del capitalismo y que no claudicarán, pues son años de experiencias, de acumulación de conciencia revolucionaria. Pero al mismo tiempo, la caída de los “socialismo reales” demostró que no hay procesos irreversibles y que en una revolución o se llega hasta sus últimas consecuencias o  cava su propia tumba. En toda América Latina, los pueblos estarán expectantes para ver como el pueblo cubano es capaz de enfrentar este nuevo desafío.

[1] Este artículo fue publicado por primera vez en el periódico La Estaca n°5, año 2, 2016.

[2] http://www.cubadebate.cu/opinion/2016/04/30/problemas-del-socialismo-cubano/#.V4LqklThDIV

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