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Vanguardias. O aproximaciones a la relación entre el proletariado y su conciencia de clase

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Vanguardias. O aproximaciones a la relación entre el proletariado y su conciencia de clase

Por Níkolas Arnaiz Fredes
Para J. D. Galaz.

“¿Sabe usted algo de Marxismo?”
Roberto Bolaño[1]

“Un partido es la vanguardia de una clase y su deber es guiar a las
masas, no reflejar el estado mental promedio de las masas.”
Lenin.[2]

Resumen:

El extenso debate entre “vanguardia” o “no-vanguardia” ha constituido gran parte de las discusiones en el seno de la izquierda clasista (sea revolucionaria o no). Muchos han escrito sobre esto, pero pocos son los que lo hacen desde la filosofía de la praxis, desde la nueva identidad del marxismo; es por ello que se hace pertinente desenmascarar a aquellos que dicen saber, pero que en realidad encubren sus argumentos con mentiras y falsedades para darse razón a sí mismos. A ellos les decimos ¡Filisteos! ¡Oportunistas! La revolución y la vanguardia de los trabajadores son necesarios y urgentes.

Palabras clave: vanguardia, marxismo, masas, proletariado, clase trabajadora.

Abstract:

The extensive debate between “avant-garde” or “non-avant-garde” has constituted a large part of the discussions within the left-wing class (whether revolutionary or not). Many have written about this, but few are doing so from the philosophy of praxis, from the new identity of Marxism; That is why it is pertinent to unmask those who claim to know, but who actually cover their arguments with lies and falsehoods to give reason to themselves. We call them the Philistines! Opportunists! The revolution and the vanguard of the workers are necessary and urgent.

Keywords: Vanguard, Marxism, mass, proletariat, working class.

Probablemente uno de los debates más extensos y con menos síntesis en la historia del marxismo, e incluso, en la historia de la izquierda, es sobre la vanguardia. Qué significa, qué implica, qué es, cuándo es, cómo es, entre otros tópicos de discusión son centrales en este debate que parece obsoleto para los sectores reformistas de la izquierda, pero para nosotros, marxistas, guevaristas, no deja de ser relevante.

Autores como Carlos Pérez Soto, con su Violencia del derecho y derecho a la violencia (2012), no han hecho más que envilecer la categoría de vanguardia por su nulo conocimiento sobre, primero, la doctrina marxista, y segundo, acerca del problema de la vanguardia. Ejemplo claro de lo señalado es que Pérez asume que: “… su análisis (de Marx) es económico[3], aseverar eso demuestra que el marxismo vulgar cala profundo en el sentido común de incluso individuos que se plantean intelectuales; no por nada el “marxismo” soviético hegemonizó los debates y las políticas del polo mundial socialista.

Pero retomemos a Pérez, no contentos con el falso entendimiento de los análisis de Marx, pues como bien dice Lukács “El conocimiento de los hechos no es posible como conocimiento de la realidad más que en ese contexto que articula los hechos individuales de la vida social en una totalidad como momentos del desarrollo social.”[4], es decir, que el marxismo no despreocupa los diversos niveles del desarrollo de las relaciones sociales, ni tampoco da imperio a los análisis económicos por sobre los otros, pues todo se enmarca dentro de la totalidad. Así, Pérez –como muchos otros autores- cree que el marxismo, por el hecho de fijar centralidad en el fenómeno de la explotación del trabajo, se convierte en una ciencia económica, ¡pero no es así!, pues la explotación del trabajo es transversal a la sociedad de clases. Si vamos más allá, y a lo que nos atinge este texto, Pérez comprende a la violencia de una forma particular, pues la divide en dos: en la violencia revolucionaria y en la violencia vanguardista, y lo hace de una forma particular, pues a lo largo del documento mencionado del autor, versa su análisis de la violencia, partiendo con una comparación de los niveles de violencia y las diferencias de estos en los postulados del maestro Hegel y de Marx, en relación al Estado de Derecho y cómo ha monopolizado la violencia. Entonces, tenemos que a partir de lo que plantea Pérez Soto, la violencia se utiliza para derrotar/destruir al Estado (de Derecho), y que la forma de la violencia revolucionaria es política y masiva[5], lo cual expresa la máxima diferencia con la “violencia vanguardista”, que vendría a siendo un agente externo a las masas enardecidas y repletas de ánimos revolucionarios por buscar su emancipación de la explotación de la burguesía y del imperialismo (¡!).

Para los efectos del análisis de Pérez, se debe desechar de lleno: i) el vanguardismo o la violencia de vanguardias y ii) los modelos de revoluciones como el bolchevique; pues i) la impaciencia vanguardista es solo uno de los delirios ilustrados de la propia modernidad[6], y ii) el modelo de revolución comunista debe parecerse más a los cuatrocientos años que tardó la revolución burguesa en Inglaterra[7]. Como pregunta retórica mínima que generan estas afirmaciones, es que ¿de dónde ha sacado toda esa información como para emitir tales fraudes? Aquellas concepciones de “violencia revolucionaria” y de “violencia vanguardista” no son más que concepciones propias de Pérez para darle legitimidad a su concepción inacabada y dogmática del marxismo, ¿acaso ha habido en la historia de la lucha de clases alguna revolución hecha por las masas? La respuesta es negativa, pues en Rusia la revolución la hizo un partido de vanguardia, como el Bolchevique; o Cuba, donde la revolución la hizo el Ejército Rebelde, con columnas de militantes revolucionarios que iban a la vanguardia de las masas.

Ya lo señaló Lenin:

“Sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede
cumplir la misión de combatiente de vanguardia.”[8]

Ya lo señaló el Che:

“Quien abre el camino es el grupo de vanguardia.
Los mejores entre los buenos, el Partido.”[9]

¿Es admisible la negación de la vanguardia? ¿Qué es la vanguardia entonces? Pérez Soto se equivoca al señalar que la violencia revolucionaria –de masas- es la que hará la revolución o, al menos según expresa en su documento, derrocará al Estado de Derecho, ¡y es la historia la que nos lo señala! No ha habido fenómenos históricos donde el pueblo se desarrolle a sí mismo y a partir de su visualización propia sienta que deba liberarse de sus cadenas; sino que son sectores más avanzados de la clase, los estudiosos, los que por sus propias condiciones personales de desarrollo avanzaron de manera desigual con respecto a la masa, y generaron esbozos, gérmenes de conciencia de clase. Esto no lo ve Pérez, ¡y no lo ve porque su análisis del marxismo es sesgado y oxidado! Ya con su primera premisa sobre el marxismo demuestra que, por consecuencia, lo que nacerá de ello será una quimera de su sentido común y de parafraseos históricos vulgares.

Acá nos detenemos, pues para llegar a la vanguardia se hace menester explicar qué otras categorías y fenómenos desembocan en ella.

Miguel Enríquez en La revolución universitaria (1966) trata de forma primigenia estas categorías, la primera de ellas es la Clase:

“”Sin duda el régimen de producción es la condición necesaria para que la clase exista, la evolución histórica entera, el proceso del capital y el papel del obrero en la sociedad burguesa son los que impedirán que el proletariado sea un grupo arbitrario de individuos, pero esa condición no es suficiente, se necesita la “praxis”.”[10]

A partir de lo señalado, es que se identifica a la clase con el sector de la producción donde se ocupa un puesto, es decir, por un lado a quienes ostentan los medios de producción (y tienen poder para defender su dominio por sobre ellos) o simplemente  burguesía, y por otro lado, a los desposeídos de aquellos medios y que deben vender su fuerza de trabajo para sobrevivir, o clase obrera. Pero esto no queda acá, pues hay diferencias sustanciales entre la clase obrera y la masa, y de ellas con el proletariado. Acá se logran vislumbrar algunas diferencias:

“el juego dialéctico entre “masa” y “clase”, entre “masa” inerte y viva y palpitante “clase social” explota en el triunfo o fracaso de la lucha. […] la “clase” se constituye desde “masas”, frente a otras clases. “[11]

Lo que expresa Miguel Enríquez, es una relación de género a especie entre masa y clase; pues la clase está compuesta por individuos de la masa, y la masa es policlasista, no hay diferencias en relación a su posición en el modo de producción o a la acumulación de trabajo robado; cualquier individuo, a priori, pertenece a la masa. Este cálculo también se transmite a lo “popular”, pues tampoco esta supuesta categoría (que a opinión propia no es más que un eufemismo) tiene directrices claras con lo que abarca en su interior: cualquiera puede ser popular, equipos de fútbol, radios, programas de televisión, incluso partidos políticos de la burguesía han llegado a usar la categoría de “popular”. Queda claro entonces, que la masa ni lo popular son necesariamente clase, pero sí la clase pertenece a la masa.

La categorización no acaba aquí, pues si bien puede parecer incluso etapista en su forma de expresarse, la realidad, dialéctica, nos enseña todo lo contrario; la clase está viva, se mueve, fluye, se generan y “aparecen intereses políticos comunes. La lucha de clase contra clase es una lucha política. Mientras no hay organización como clase, la lucha del proletariado con la burguesía no toma carácter político.”[12] Esto es una centralidad, la clase lucha, se mueve y desarrolla por sus intereses, por los intereses de los oprimidos y explotados; y como la clase lucha, toma conciencia de sí, se transforma en el proletariado, que es el cuerpo, la forma de los gérmenes de conciencia de clase que adquieren los explotados. Esto se consolida con la organización de la clase en Partido[13], pues las condiciones de explotación, y el desarrollo de la conciencia de la clase históricamente oprimida, exigen que el proletariado (la clase trabajadora consciente de sí) avance hacia su emancipación, con una organicidad que solo un partido de vanguardia puede entregar.

A pesar que el documento de Miguel Enríquez no es del todo acabado, pero sí completo, le faltó colocar la última categoría para analizar toda la problemática de Partido-Masa-Clase; que es, como han de suponer, la vanguardia. Es curioso que no lo desarrolle en su texto, pero sí está presente en la Declaración de Principios del Movimiento de Izquierda Revolucionaria: “I. El MIR se organiza para ser la vanguardia marxista-leninista de la clase obrera y capas oprimidas de Chile…[14].

El fenómeno de la vanguardia no tiene por qué ser visto de forma negativa, como varios sectores reformistas hacen, pues es producto nato de la sociedad de clases y de las formas de explotación capitalista; la vanguardia se produce por el desarrollo personal, pues la vanguardia, si bien es parte de la clase, y es parte de la masa en consecuencia, a su vez genera un juego dialéctico, pues desarrolla su conciencia de clase antes que la masa y antes que la clase (por sus propias condiciones personales, acceso a material de estudio, experiencias familiares, filantropía desarrollada en el seno de una familia burguesa, etc), y está exenta de la clase y de la masa, es el motor de desarrollo de conciencia, y por ende de transformación material de la realidad en la clase, los “iluminados” son aquellos que deben realizar los cambios a como dé lugar, pues su conciencia no les permite otro camino: es la revolución o la barbarie. Pero la vanguardia no termina allí, sino que con la aparición del Partido (producto de la vanguardia y su inyección en los sectores más avanzados del movimiento de masas), se genera otro fenómeno, que es el de la vanguardia dentro de sí misma. Y acá volvemos al Che, cuando dice “los mejores entre los buenos” es la vanguardia, y los “buenos” son el Partido, vale decir, hay una cualidad bifásica del Partido, donde están los mejores de la Clase (proletariado), y están los mejores de los mejores, el motor de desarrollo ideológico, aquellos que han avanzado más por sus propias circunstancias.

Por eso he hablado de vanguardia.

Bibliografía

Guevara, E. (2006). Che Guevara presente, una antología mínima. Australia: Ocean Sur.

Lenin, V. I. U. (1972). ¿Qué hacer? Buenos Aires: Editorial Anteo.

Enríquez, M. (2014). La Revolución Universitaria. Santiago: Editorial Contraofensiva.

Lukács, G. (1985). Historia y Conciencia de Clase. Madrid: Editorial Sarpe.

Pérez Soto, C. (2012). Violencia del derecho y derecho a la violencia, Revista Derecho y Humanidades N°20, 73-91.

[1] Bolaño, R. (2000) Nocturno de Chile. Barcelona: Anagrama, página 103.

[2] LENIN. (1970). Concepción: Federación de Estudiantes de Concepción. Página 47.

[3] Pérez Soto, C. (2012). Violencia del derecho y derecho a la violencia, Revista Derecho y Humanidades N°20, 73-91, Pág. 77.

[4] Lukács, G. (1985). Historia y consciencia de clase. Madrid: Editorial Sarpe. Pág. 82.

[5] Pérez Soto, C. (2012), op.cit., P. 87.

[6] Ibídem. P. 88.

[7] Ibídem.

[8] Lenin, V. I. (1972). ¿Qué hacer? Buenos Aires: Editorial Anteo. Página 61.

[9] Guevara, E. (2006) El socialismo y el hombre en Cuba. En: Guevara, E.,  Che Guevara presente, una antología mínima, (págs. 224 – 239) Australia: Editorial Ocean Sur. P. 239.

[10] Enríquez, M. (2014). La revolución universitaria. Santiago: Editorial Contraofensiva. Pág. 41.

[11] Ibíd. P. 41.

[12] Ibíd. P. 42.

[13] Ibíd. P. 42.

[14] Miguel Enríquez y el proyecto revolucionario en Chile (2004). Santiago: LOM ediciones. P. 99.

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