Antonio Gramsci por Carlo Vetter

Antonio Gramsci: ¿Hegemonía sin coerción?

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Antonio Gramsci: ¿Hegemonía sin coerción?

Por Carlos F. Lincopi Bruch[1]

“Lo principal en el oportunismo es la idea de la colaboración entre las clases”

Vladimir Ilich Ulianov

 

Resumen:

            En el presente trabajo se aborda el problema de la relación entre dirección intelectual y moral con las determinaciones coercitivas o el uso de la violencia en el pensamiento de Antonio Gramsci, con el objeto de refutar ciertas posiciones existentes al interior del movimiento comunista internacional. Se trata de una aproximación a los planteamos teóricos, estratégicos y tácticos en el pensamiento marxista sobre el problema de ‘lo político’.

Palabras clave: hegemonía, coerción, lucha de clases, política, revolución.

Abstract:

            This paper deals with the problem of the relationship between intellectual and moral direction with coercive determinations or the use of violence in the thought of Antonio Gramsci, in order to refute certain existing positions within the international communist movement. It is an approximation to the theoretical, strategic and tactical in Marxist thought about the problem of ‘the political’.

Keywords: hegemony, coercion, class struggle, politics, revolution.

Nota introductoria

Este artículo fue escrito en junio de 2014, se trata de nuestro primer artículo, escrito al calor de la lucha revolucionaria. Hoy, 27 de abril del 2017, se cumplen ochenta años desde la partida de Antonio Gramsci, quien fuera uno de los principales exponentes críticos de la teoría marxista, al tiempo que uno de los principales dirigentes comunistas revolucionarios a nivel internacional. Vale la pena re-publicar el presente documento en la perspectiva de reivindicar el legado revolucionario de Antonio Gramsci en un contexto en el cual su obra, acción y pensamiento, se ha intentado ‘endulzar’ o ‘suavizar’  en sus posiciones radicales. En esta versión hemos realizado modificaciones importantes a la primera edición.

Introducción

Para nosotros, el marxismo es la conciencia crítica de las y los explotados y oprimidos. Conciencia que obliga – como un imperativo moral – a los grupos subalternos a desarrollar una transformación revolucionaria de la modernidad capitalista, en miras a otra modernidad posible de características socialistas. Es un pensar orientado a dirigir la actividad revolucionaria, al mismo tiempo que es una crítica de la modernidad capitalista. Es una concepción de mundo que reclama el protagonismo de las y los olvidados, de las y los derrotados, de aquellos y aquellas que quedaron en los lugares sombríos de la historiografía tradicional. El marxismo, es una teoría crítica radical, pues apunta a la raíz de la modernidad capitalista, al problema de la explotación y opresión de los seres humanos, al tiempo que se propone una transformación radical del propio ser humano.

Uno de los puntos más discutidos al interior de la izquierda, de orientación marxista, dice relación con el problema del poder, y más específico aún, con el problema de la violencia en el contexto de la confrontación entre clases. En términos schmittianos, decimos que el debate más acalorado gira en torno a ‘lo político’, es decir, la declaración de ‘amigos’ y ‘enemigos’, al mismo tiempo que se disputa la capacidad de declarar el ‘estado de excepción’ o un estado de violencia mesiánica, siguiendo a Walter Benjamin. En ese sentido, es interesante destacar que ya en el Manifiesto Comunista (1848), Karl Marx sostiene que los comunistas se proponen derrocar por medio de la violencia el régimen de explotación de clase y, siendo más enfático aún, considera indigno a quienes pretenden desconocer este principio.[2] La revolución socialista, sobre la base de la caracterización realizada por Marx, es un acontecimiento violento. En el propio Manifiesto Comunista Marx indica que al interior de la sociedad capitalista (divida en clases), se desarrolla una suerte de guerra civil (stasis), la cual se desarrolla en las sombras (oculta), en el ámbito invisible de lo real, mientras que en algunas ocasiones se vuelve visible, sale a la luz, y presenta al mundo una guerra civil franca y abierta.[3] Esto, solo por mencionar un texto intermedio en la producción teórica de Marx, pues también antes, en la Introducción para la crítica a la Filosofía del Derecho de Hegel (1843), Marx planteaba que las armas de la crítica requerían de la crítica de las armas, mientras que en La guerra civil en Francia (1871), Marx insiste una y otra vez sobre la necesidad del pueblo en armas y la abolición/destrucción del ejército permanente y de la burocracia estatal.

En el presente documento, nos proponemos refutar una visión bastante generalizada al interior de la ‘izquierda’ sobre la idea de una lucha de clases que olvida precisamente un elemento: la lucha, la confrontación, la guerra. Es así que se ha intentado por diversos medios, la mayoría de las veces deshonestos, plantear una liberación de las y los explotados y oprimidos con el consentimiento de las clases dominantes, es decir, a través de vías completamente ‘pacíficas’ (¡Qué orgulloso estaría Ghandi de estos revolucionarios!). El intento de adornar con tonalidades pacifistas a pensadores revolucionarios es ya una práctica común en el terreno de las organizaciones oportunistas.

Antonio Gramsci no se ha salvado de este verdadero aniquilamiento al pensamiento revolucionario. De hecho, Gramsci es una brutal víctima de la mentira, la tergiversación y la fragmentación de su teoría. El rumor divulgado por las aulas de la socialdemocracia y el reformismo pretende presentar un Gramsci que ha generado un planteamiento programático tal, que la expropiación de la burguesía se realice de forma pacífica. Un ejemplo de este tipo de afirmaciones las encontramos en el actual secretario ideológico del FSLN[4], Carlos Fonseca (no el viejo líder revolucionario del FSLN muerto en combate en 1976), quien ha afirmado que es necesario:

“…construir lo que en términos gramscianos es la hegemonía cultural, que viabilice el cambio de sistema por la vía pacífica y democrática, considerada como única posible en las actuales condiciones de la democracia representativa…”.[5]

            El Frente Sandinista de Liberación Nacional, otrora una organización revolucionaria, hoy un cúmulo de oportunistas liberales, comete un grave error. Para llegar a tales planteamientos ‘teóricos’ no se realiza un análisis concreto de la realidad concreta y del conjunto de determinaciones sobre las cuales se desarrolla la lucha de clases, es decir, no se aprehende la totalidad de lo real, sino la superficie aparente del mero momento. En efecto, la realidad sólo puede ser comprendida como totalidad histórica, como un proceso y síntesis de múltiples determinaciones. De manera más concreta, la hegemonía no existe al margen o fuera de la lucha de clases, sino inserta de forma activa y dinámica en el corazón de la misma. Decimos, es un aspecto de la estrategia revolucionaria y no la estrategia en sí.

El problema de la dirección intelectual y moral o el problema de la hegemonía en relación al problema de la violencia revolucionaria

El término ‘hegemonía’ es utilizado en el pensamiento de Antonio Gramsci como la capacidad  de “dirección intelectual y moral” (cultura) que desarrolla una clase o grupo sobre el resto de la sociedad, sin embargo, es enfático en señalar que esa hegemonía está siempre “acorazada de coerción” (violencia). Esto quiere decir, que la explotación de clase se sostiene sobre dos relaciones fundamentales que se desarrollan de forma articulada con las relaciones de producción (el problema económico-político):

  • Relaciones de hegemonía (dirección ideológica, intelectual y moral)
  • Relaciones de fuerza (violencia y coerción)

Este tipo de relaciones existen en todo momento, sin embargo, el protagonismo de una o de otra, depende fundamentalmente de la fase, o el momento concreto, en el cual se desarrolla la lucha de clases, ya sean contextos de confrontación abierta o de confrontación solapada. En todo caso, siempre es una confrontación, una guerra. Maquiavelo señalaba en El príncipe (1532) lo siguiente:

“Un príncipe, pues, no debe tener otro objetivo, ni otra preocupación, ni considerar cosa alguna como su arte, excepto la guerra y su orden y disciplina, porque éste es un arte que compete exclusivamente a quien manda.”[6]

            Es decir, gobernar significa prepararse para la guerra. Ergo, si el proletariado aspira a convertirse en clase gobernante, debe prepararse para la guerra. Este es un elemento básico de cualquier teoría política seria. No existe ‘Estado de derecho’ sin el derecho del Estado al monopolio de la violencia.

Luego, volviendo a Gramsci, podemos decir que cuando los medios de dirección ideológica – como la radio o la televisión – desarrollan  hegemonía, los medios de coerción y violencia – como las Fuerzas Armadas o la Policía – no dejan de existir, no se diluyen por obra de magia sino que se encuentran en permanente construcción y reforzamiento técnico e ideológico. Esto, que en una perspectiva de carácter inmediato o coyuntural pareciera un problema abstracto, se vuelve concreto al ponerlo en contacto con la historia. En este sentido, Gramsci era enfático en la necesidad de teorizar sobre la historia[7], de comprender el flujo de su movimiento, y a partir de esto, desprender las tendencias generales del desarrollo histórico.[8]

El análisis concreto de la realidad concreta es lo que permite un buen despliegue táctico y estratégico de la lucha de las y los explotados y oprimidos que, como decíamos más arriba, deben aspirar a su independencia de clase, a su libertad, a transformarse en clase dirigente y gobernante. No podemos dejar de llamar la atención en los planteamientos de Antonio Gramsci, quien sostenía con aguda mirada estratégica:

 “…cuando la acción del proletariado amenaza con su desarrollo las bases del privilegio de la clase dominante, esa clase emprende sin vacilaciones y a todo costo la defensa de su propia existencia, de su propio dominio. Así se inicia un período de inevitable guerra civil, en la que tiene supremacía la clase que mejor y más rápidamente logra advertir la real situación y, que entonces, apresta los medios adecuados para superarla.”[9]

Entonces, Antonio Gramsci, se aleja bastante de las concepciones de carácter pacifista que pretenden subsanar el conflicto de clases con la anuencia y consentimiento de las clases explotadoras. De ello, desprendía a su vez algunos problemas generales de la lucha de clases, la necesidad de una estrategia de poder (de gobierno) y una organización apta y capacitada para desarrollar diferentes tácticas con el objeto de consolidar una revolución socialista.

En escenarios de guerra desatada o abierta entre las clases, la burguesía cuenta con una herramienta de carácter político-militar que le permite una superioridad cuantitativa y cualitativa para subsanar y vencer las adversidades de la situación política, esa herramienta es la máquina estatal, el poder del Estado. En este sentido, Gramsci sostiene:

“La burguesía no tenía necesidad de aprestar medios enteramente nuevos ante la lucha violenta y sin cuartel, y tampoco necesitaba crear de la nada un aparato de defensa: la burguesía tenía a su disposición el poder del estado, con su fuerza armada, con todas las formas del poder ejecutivo (ejército, policía, magistratura).”[10]

El uso de la violencia es, en definitiva, un elemento o una disposición táctica que tiende a definir la victoria o derrota de las clases en pugna, es un componente de la correlación de fuerzas. Por esta razón, nuestro autor, sugería tener en consideración los siguientes elementos para llevar a cabo el análisis de una situación concreta: 1) las condiciones objetivas: que dicen relación con la estructura, con elementos que existen independientes de la voluntad de los hombres y que pueden medirse por las ciencias exactas; 2) las condiciones subjetivas: los niveles de organización, de homogenización y conciencia de las clases, y; 3) Las condiciones militares que vendrían a ser las “inmediatamente decisivas” en cada caso.[11]

Antonio Gramsci, por otra parte, fue Secretario General del Partido Comunista Italiano durante 1924 y 1927 y murió en 1937. En 1919, había sido creada la Internacional Comunista –por iniciativa de Lenin– para dirigir y conducir la revolución comunista internacional. En ese sentido, la revolución bolchevique ejerce una influencia importante sobre el movimiento comunista a nivel mundial, lo cual entre otras cosas se traducirá en la adopción de una estrategia de poder de carácter insurreccional, esto significa –en esencia–, una pretensión política con intenciones de adquirir para las filas revolucionarias una fracción importante del ejercito burgués, en la perspectiva de transformarlo en un ejército rojo de carácter revolucionario.

Es en ese marco, de estrategia insurreccional, que Antonio Gramsci desarrolla el concepto de ‘coyuntura estratégica’, para referirse a los “grados de preparación estratégica de las condiciones en un escenario de lucha”, determinados fundamentalmente por el grado de preparación del personal dirigente y las fuerzas que pueden ser movilizadas a la primera línea de combate.[12] Para nuestro autor, la importancia de la preparación estratégica sería: 1) ésta abre la posibilidad de triunfo a fuerzas cuantitativamente inferiores, y; 2) tiende a reducir a cero los “factores imponderables”, es decir, permite determinar la conducta y reacción de las fuerzas antagónicas.[13]

En ese sentido y en coherencia con su perspectiva insurreccional, Gramsci agregaba que era conveniente construir una organización militar en el seno del ejército nacional.[14] Es necesario señalar que intentos insurreccionales se desarrollaron durante todo ese periodo, en Reval (1924), en Hamburgo (1923), en Cantón (1927), en Shangai (1926 y dos intentos en 1927), entre otros, todos ellos fallidos. Las revoluciones triunfantes que se desarrollarán más tarde durante el siglo XX se sustentarán en la construcción de fuerzas militares propias o independientes del Estado burgués, son los casos de Vietnam, China, Argelia, Cuba, Nicaragua, Granada, entre otras.

Estimamos que si bien Antonio Gramsci no alcanzó a vivir y teorizar sobres los procesos posteriores, sí fue capaz de adelantar herramientas teóricas que nos permitieran actualizar y reactualizar la estrategia de poder, es por ello que señala que:

“las victorias políticas y militares, dentro de ciertos límites, tienen un valor permanente y universal, y el fin estratégico puede ser alcanzado de modo decisivo con efectos generales para todos.” [15]

Palabras finales

El movimiento revolucionario comunista debe aprender de su historia, de sus aciertos y errores, debe procurar comprender a su enemigo de clase, pues esos serán elementos indispensables en los momentos decisivos. El golpe de Estado liderado por Augusto Pinochet en 1973, no era un elemento que la teoría revolucionaria no hubiese previsto, el propio Gramsci señalaba que los gobiernos militares eran un paréntesis entre dos gobiernos constitucionales, una reserva del orden y una fuerza política que opera de forma abierta y pública cuando la “legalidad” está en peligro.[16]

Entonces, podemos señalar: 1) constituye una mentira absoluta el plantear que Gramsci hubiese desarrollado una teoría que nos permitiera desarrollar una revolución socialista por medios absolutamente pacíficos; 2) en la perspectiva estratégica de Gramsci, la acumulación de fuerzas tiene un doble carácter: político-cultural y estratégico-militar.

Esperamos que el presente documento permitir replantear la recepción de Antonio Gramsci en América Latina en la perspectiva de la revolución socialista. Además, esperamos que este artículo sea lo suficientemente adecuado para barrer con las mistificaciones socialdemócratas y reformistas que han pretendido y pretenden encontrar en Gramsci un teórico adecuado a sus posiciones de conciliación de clases. Liberación, significa luchar, no hay mucho que discutir al respecto.

Bibliografía

Fonseca, C. (2009). El socialismo del siglo XXI como desafío histórico. En R. Regalado, América Latina hoy: ¿Reforma o revolución? (págs. 103-132). Mexico: Ocean Sur.

Gramsci, A. (1992). Antología. México: Siglo XXI editores.

Gramsci, A. (27 de Abril de 2017). El Partido Comunista y los sindicatos. Recuperado el 27 de Abril de 2017, de http://www.gramsci.org.ar/: http://www.gramsci.org.ar/

Gramsci, A. (2012). La política y el Estado moderno. Buenos Aires: Arte Gráfico Editorial.

Gramsci, A. (1970). Notas críticas sobre una tentativa de “Ensayo popular de sociología”. En Gramsci y las ciencias sociales (págs. 65-120). Buenos Aires: Pasado y Presente.

Maquiavelo, N. (2015). El príncipe. Madrid: Tecnos.

Marx, K., & Engels, F. (2008). El manifiesto comunista. La Plata: Terramar Ediciones.

[1] Licenciatura en Filosofía, Universidad de Chile.

[2] Marx, K., Engels, F., (2008). El Manifiesto Comunista, La Plata: Terramar Ediciones, p. 56

[3] Ibíd., p. 19

[4] Frente Sandinista de Liberación Nacional

[5] Fonseca, C. (2009). El socialismo del siglo XXI como desafío histórico. En R. Regalado, América Latina hoy: ¿Reforma o revolución? (págs. 103-132). Mexico: Ocean Sur. p.106

[6] Maquiavelo, N. (2015). El Príncipe, Madrid: Tecnos, p.137

[7] Gramsci, A. (1970). Notas críticas sobre una tentativa de “Ensayo popular de sociología”. En Gramsci y las ciencias sociales (págs. 65-120). Buenos Aires: Pasado y Presente, p.73

[8] Ibíd.

[9] Gramsci, A. (27 de Abril de 2017). El Partido Comunista y los sindicatos. Recuperado el 27 de Abril de 2017, de http://www.gramsci.org.ar/: http://www.gramsci.org.ar/

[10] Ibíd.

[11] Gramsci, A. (1992). Antología. México: Siglo XXI editores, pp.414-417

[12] Gramsci, A. (2012). La política y el Estado moderno. Buenos Aires: Arte Gráfico Editorial, pp.140-154

[13] Ibíd.

[14] Ibíd.

[15] Gramsci, A. (1970). Notas críticas sobre una tentativa de “Ensayo popular de sociología”. En Gramsci y las ciencias sociales (págs. 65-120). Buenos Aires: Pasado y Presente, pp.78-79

[16] Gramsci, A. (2012). La política y el Estado moderno. Buenos Aires: Arte Gráfico Editorial, pp.140-154

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