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El temor y la naturaleza del hombre en el desarrollo del Estado moderno. Una lectura del libro I del Leviatán de Thomas Hobbes

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El temor y la naturaleza del hombre en el desarrollo del Estado moderno

Una lectura del libro I del Leviatán de Thomas Hobbes

Por Carlos F. Lincopi Bruch

Licenciatura en Filosofía, Universidad de Chile

 “…y lo que es peor de todo, existe continuo temor y peligro de muerte violenta; y la vida del hombre es solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve.”

“El reino de Dios puede ganarse por la violencia”

Thomas Hobbes, Leviatán.

Resumen:

            En el presente trabajo se realiza una lectura contemporánea del Leviatán (1651) de Thomas Hobbes (1588-1679), con el objeto de trazar la sensación de ‘miedo’ como un elemento indispensable para la comprensión de la política contemporánea y las diversas formas que adquiere en ‘lo político’, con especial énfasis en la figura mitológica del Estado moderno. El trabajo pretende otorgar una clave para comprender el escenario político del mundo actual, caracterizado por las formas de la ‘desesperación y la ‘catástrofe’.

Palabras clave: estado, miedo, política, catástrofe, desesperación.

Abstract: 

In this work a contemporary reading of Leviathan (1651) by Thomas Hobbes (1588-1679) is carried out, in order to trace the sensation of ‘fear’ as an indispensable element for the understanding of contemporary politics and the various forms that Acquires in ‘the political’, with special emphasis on the mythological figure of the modern state. The paper aims to provide a key to understanding the political landscape of today’s world, characterized by the forms of ‘despair’ and ‘catastrophe’.

Keywords: State, fear, politics, catastrophe, despair.

Apuntes preliminares

            Es prácticamente imposible pensar el mundo moderno sin aquella entidad que hemos llamado ‘Estado’. Por otra parte, el Estado adquiere en la modernidad capitalista un estatuto de orden mitológico, tiene el carácter de un mito, de hecho, es uno de los tres mitos de la modernidad: Estado-nación, democracia y progreso. Tres mitos, tres cavernas, que ocultan el mundo al hombre. ¿Qué hay detrás del mito moderno del ‘Estado’? ¿Cuál es su premisa? En el presente documento ensayaremos sobre la base de estas preguntas.

Habitualmente, se estudia la ‘teoría del Estado’ del Leviatán (1651) de Thomas Hobbes (1588-1679), mientras que se repara muy poco en lo que podríamos llamar la premisa del mito moderno del ‘Estado’, el cual es, precisamente, el hombre. En el Leviatán, de forma majestuosa, Hobbes describe la condición humana a partir del temor. El temor en relación a diferentes cosas, como a los otros hombres, a Dios, a la guerra, a perder la vida, entre otros. Este elemento es el que alimentará toda nuestra argumentación, pues, en efecto, sostenemos que el mito moderno del Estado se constituye sobre la base del temor. El Estado es, por así decirlo, la condensación institucional-jurídica de los temores del ser humano, no es difícil darse cuenta que, también, sobre la base del miedo, operan las más diversas técnicas de gobierno.

Por otra parte, como es sabido, el Estado y su objetivación concreta en el mundo, parecen representar un cierto límite, una distancia, una separación, con respecto a la ‘naturaleza’ o con respecto a cierto ‘orden natural’. Existiría algo así como el ‘estado de naturaleza’ que sería diferente y antagónico al orden jurídico del Estado, de hecho, temer a esta naturaleza, es condición para hacer valer el poder del Estado. Sin embargo, puesto que no pretendemos embriagarnos en un mar de ambigüedades, vale la pena dejar por sentado una cosa. De una parte tenemos el ‘estado de naturaleza’, y por otro, el ‘Estado’, sin embargo, ¿cuál es la naturaleza del Estado? Pues bien, la naturaleza del Estado es el ‘estado de naturaleza’. Este punto es sumamente conflictivo, dado que aquí simplemente nos interesa destacar que el límite trazado entre ‘naturaleza’ y ‘Estado’ no es más que una ficción. Sin embargo, una ficción necesaria para hacer ‘vivible’ o ‘soportable’ la vida del hombre. La ficción, es decir, la separación naturaleza/estado, es una estrategia para volver ‘soportable’ la condición de ser humano, es decir, la de ser entidad finita y sumergida en el temor a la otredad, al mundo y a los hombres. Incluso, como diría Erich Fromm (1900-1980), una forma de sobreponerse a la condición biológicamente débil del individuo humano.[1]

Sensibilidad, fantasía y mundo.

El hombre es una criatura sensible, este es el punto de partida. La relación del hombre con su mundo o con los objetos y cosas del mundo es una relación, en primer término, sensible. Para Hobbes, los objetos del mundo causan la sensación actuando sobre los órganos sensibles provocando una ‘fantasía’, una ‘imagen’ o ‘representación’ del mundo que constituye una ‘apariencia’ en relación al objeto mismo que provoca la sensación.[2] El mundo para el hombre es, entonces, una apariencia, una fantasía. Al parecer la sensibilidad humana impide al hombre conocer el mundo tal cual es. Y, por esta razón, la relación del hombre con respecto al mundo es de orden misterioso y ajeno, la naturaleza (el mundo) se presenta en una forma extraña al hombre y éste se aliena de aquélla como un mecanismo de defensa. La fantasía sensible o apariencia es una forma de defenderse frente al mundo, es una representación que permite ordenar o crear cosmos (formas apolíneas) en un mundo que es básicamente caótico (dionisíaco).

En la medida en que la ‘representación’ o ‘imagen’ se forma con el objeto, pero como algo distinto de aquél, tiene cierta independencia con respecto al objeto. Por esta razón, Thomas Hobbes señala lo siguiente:

“…aún después que el objeto ha sido apartado de nosotros, si cerramos los ojos seguiremos reteniendo una imagen de la cosa vista, aunque menos precisa que cuando la veíamos.”[3]

El carácter sensible del hombre, lo cual al mismo tiempo lo configura como entidad dotada de fantasía, parece ser el primer elemento que configuraría al ser humano como un criatura sumergida en el pavor más radical. La ‘imagen’ permite las ambigüedades de la ‘vigilia’ y del ‘sueño’, ambigüedades que provocan terror al hombre, tanto en su vida cotidiana como en sus sueños.[4] Por otra parte, junto a las ‘imágenes del mundo’ el hombre ha logrado crear el lenguaje y las palabras (como formas de un orden lingüístico) y no es difícil darse cuenta que en la palabra humana hay otra razón más para temer, el lenguaje es un campo abierto de posibilidades y como tal nos permite, entre otras cosas, mentir, declarar la guerra, injuriar o agraviar a otro. El lenguaje abre la posibilidad del mal moral y, así, también, la posibilidad de temer.

Pasión, desesperación y desconfianza

            En el capítulo VI del Leviatán, Hobbes realiza una descripción detallada de las diferentes pasiones del hombre, nos interesan particularmente: esperanza, desesperación y desconfianza. Nuestro autor nos indica que esperanza es apetencia unida a la idea de su satisfacción, mientras que apetencia sin tal idea es, desesperación, así mismo, ésta cuando es continua se traduce en desconfianza.[5] El hombre transita en la complejidad o dialéctica esperanza/desesperanza. La razón de ello deriva en que toda ‘esperanza’ es también una espera, la idea de que el deseo será finalmente satisfecho, sin embargo, la espera puede prolongarse, transformándose rápidamente en desesperanza, en desesperación. A riesgo de ‘salirnos del tema’ nos parece interesante destacar una cuestión, la desesperación o desesperanza es el devenir de la esperanza no realizada. Tras la muerte de Cristo en la cruz, el hombre ha comenzado una larga espera, esto es, la segunda venida del Mesías que traería de forma definitiva el Reino de Dios al hombre, esta espera mesiánica es la forma de la esperanza y las categorías y representaciones del pensamiento se han pensado sobre la base de este principio esperanza. Sin embargo, esa espera está llegando a un límite. Heidegger (1889-1976) invita al existente a prepararse para la ausencia de Dios y esa ausencia es la desesperanza. El mundo se ha pensado, hasta ahora, en las categorías de la esperanza (humanismo) y ahora esa esperanza comienza a agotarse (crisis del humanismo) y, en consecuencia, el conjunto de categorías y representaciones con las cuales hemos pensado el mundo comienzan a tocar sus propios límites. Las nuevas categorías se articularán y crearán a partir de la ‘desesperanza’, surgirán de la catástrofe. En este mundo aún hay espacio para la ternura, pero pronto no habrá ni un solo rincón para pensar siquiera algo semejante. El pensador que ha llegado más lejos en este punto es Walter Benjamin (1892-1940), quien ha pensado la categoría de ‘catástrofe’ o ‘desesperanza’ a partir de una espera mesiánica, se trata de una violenta y constante acumulación de frustraciones, la así llamada ‘débil fuerza mesiánica’.[6] ¿Qué relación guarda esto con Hobbes? Al parecer el Estado sería, de alguna manera, la articulación de estos miedos y frustraciones, el Estado, como veremos más adelante, se sostiene sobre la base de la desesperanza y la desconfianza, pues si entre individuos humanos prevalecería la confianza y la esperanza, decimos que el ‘poder del Estado’ no sería necesario. El Estado se presenta bajo la forma política por excelencia porque el ser humano teme a la catástrofe que encerraría su disolución, esto es, a la guerra de todos contra todos. Por ello, el Estado es un mito, una ficción, pero necesaria como mecanismo de autodefensa humana, es un punto de ‘seguridad’ para sus temores. En este mundo contemporáneo, en el cual la catástrofe se hace cada vez más presente, los mitos tenderán a fortalecerse, el Estado-nación se presentará cada vez más como indispensable y necesario. Mientras mayor sea el temor de la ‘humanidad’ mejores condiciones existirán para la primacía del mito del ‘Estado moderno’.

            Retomemos a Hobbes, pues en el mismo capítulo, nuestro autor destaca, justamente, el temor. Y nos dice que el temor al poder invisible se llama ‘religión’, sobre este punto volveremos más adelante. Por ahora nos interesa señalar que Hobbes va a destacar el sentimiento de pánico, entendido como aquel temor que es provocado sin la observación del porqué o el cómo[7], es decir, un temor aparentemente sin causas. Lo sorprendente es que Hobbes agrega que “esta pasión ocurre sólo a un grupo numeroso o multitud de gentes”. Es decir, el pánico se provoca ahí donde existen concentraciones numerosas de personas, ese es el terreno propio del pánico. Resulta muy curioso que, la modernidad, al mismo tiempo, es incomprensible sin la figura de la ‘ciudad’, la cual es precisamente ‘concentración de multitudes’, es decir, terreno propicio para el pánico. La ciudad contemporánea es el lugar de la ‘puesta en escena’ del pánico humano.

            Desesperanza, pánico y desconfianza, tres pasiones que van articulando los temores de la modernidad.  En la famosa dialéctica de ‘amo y esclavo’ de la Fenomenología del espíritu (1807), Georg Hegel (1770-1831) destaca que la conciencia esclava es una modalidad de la angustia, la cual es forjada, en primer término, por el temor a perder la vida.[8] Así, parece ser que, el temor – a lo que sea – es la sensación o la pasión propiamente moderna, sobre esta base se articulan las ficciones o mitos de la modernidad.

Poder,  apetencia y religión

            En el capítulo X, Hobbes va a relatar latamente el problema del ‘poder’ y, nos indica que el poder consiste en la utilización de medios actuales o presentes para la consecución de un bien futuro. Además, señala que el “mayor de los poderes humanos” es representado por el Estado, el cual es, la asociación o integración del poder de varios individuos o personas humanas.[9] Según nuestro autor, el ser humano tiene un incesante afán de poder que solo cesa con la muerte[10], la razón de ello estriba en que el ‘poder’ sería el conjunto de medios que le permitirían al ser humano una satisfacción prolongada de sus deseos (la felicidad).[11] El afán de poder ilimitado, a nuestro juicio, es expresión directa del afán de satisfacer el deseo siempre ilimitado, el ser humano, entonces, es una criatura esencialmente apetente.

            El problema de tal apetencia radica en que todo ser humano tiene este afán, se trata de una condición natural. En este punto, apetencia y poder, sumado a la desconfianza y desesperación, son temor que se expresa en pugnas por riqueza u otros placeres que impulsan a los hombres a la guerra.[12] El temor a estas condiciones, según Hobbes, impulsa a los hombres a obedecer a un ‘poder común’, con el cual la vida, al menos, esté a salvo. Por esto dice Hobbes: “El temor a la opresión dispone a prevenirla o a buscar ayuda en la sociedad”.[13]

            Otra fuente de temores se concentra en la ‘religión’, en el así llamado ‘poder invisible’. La ‘semilla natural de la religión’ tiene una cuádruple explicación según Hobbes: 1) idea de los espíritus; 2) ignorancia de las causas segundas; 3) devoción hacia lo que los hombres temen, y; 4) admisión de cosas casuales como pronóstico.[14] Para efectos de este trabajo, nos interesa el tercer punto, es decir, la devoción sobre aquello que los hombres temen, la pregunta es: ¿A qué temen los hombres? La respuesta es: a los otros hombres, y luego, a Dios. La religión sería así la forma política por excelencia, la forma de agrupar a los hombres en torno a sus propios miedos que surgen de sí mismos, esto es, de la sensibilidad, fantasías y deseos. La religión entendida de esta manera permitiría a los hombres ‘ordenar’ sus ‘miedos’. Pues si el Estado es la concentración jurídica de los temores del hombre, la religión permitiría su canalización adecuada mediante ritos, ceremonias, cultos, sacramentos, sacrificios, entre otras actividades de orden religioso.

La naturaleza del hombre, la guerra y la paz

            El temor que, por diversas razones, es la pasión protagónica del ser humano, al mismo tiempo va a definir un cierto ‘estado de naturaleza’, esto es, la guerra, “una guerra tal que es la de todos contra todos”.[15] Existen según Hobbes tres deseos que impulsan a los hombres a atacarse mutuamente: 1) el beneficio; 2) la seguridad, y; 3) la reputación. En esta situación de guerra (natural), el individuo habita el “continuo temor y peligro de muerte violenta”[16], cualquier hombre puede ser un peligro para sus deseos. ¿Y qué acontece con el deseo de paz? Bueno, Hobbes señala que lo que inclina a los hombres a la paz es el temor a la muerte.[17] Entonces, es impensable la ‘paz’ sin la inminencia de la ‘guerra’. Lo que conduce a los hombres a la paz, es su propia condición natural de seres temerosos. Podríamos decir, siguiendo esta línea, que la ‘paz moderna’ no logra ser realmente ‘auténtica’, pues no se sostiene por sí misma, sino de forma heterónoma, a partir del miedo humano, miedo que no se acaba en la ‘situación de paz’.

            Entonces, tenemos que ‘guerra’ y ‘miedo’ son dos caras de una misma moneda que es el hombre. Destacamos que es sobre esta base – de temor y guerra – que será factible articular el poder de un Estado. El pacto común que asocia a los hombres en torno a un poder superior ‘soberano’ es un pacto estipulado por temor. Al respecto Hobbes señala que: “Los pactos estipulados por temor, en la condición de mera naturaleza, son obligatorios”.[18] La obligatoriedad, en definitiva, la ley, sobre la cual se sostiene el poder del Estado, es la ‘ley natural’, que es el miedo. Luego, el temor obliga.

            En definitiva, el poder del Estado expresa una cierta situación de ‘paz’ que se ha vuelto obligatoria y que tiene por objeto mantener a los hombres a raya[19], es decir, contener sus deseos y temores. Sin embargo, la esencia del Estado sigue siendo el ‘estado de naturaleza’, no puede pensarse el Estado sin la idea de ese ‘orden natural’, en realidad, el Estado se monta sobre esa condición de guerra natural, creando la ficción de la paz, en realidad la guerra sigue siempre ahí, en potencia, en el límite y, operando por ‘otros medios’. Con Hobbes podríamos decir que la paz es la continuación de la guerra por otros medios que, sin embargo, se hayan dispuestos siempre en potencia.

Reflexiones finales

            Lo que nos interesa, en realidad, es desmontar el discurso filosófico político contemporáneo. El primer elemento del desmontaje supone pensar las categorías políticas como ‘ficciones’. De hecho, con la argumentación precedente, se devela que no existe un punto de partida ‘natural’, que sería abandonado luego, con la ‘historia’ y la constitución de repúblicas o estados, en realidad, no hay punto de partida que no sea el temor humano, siempre actual y presente. La ficción ‘estado de naturaleza’ y ‘estado político’ es una ficción o un mito forjado sobre la base de la naturaleza del hombre, de su carácter sensible y, con ello, de criatura dotada de miedo. El Estado se ha forjado sobre la base del ‘estado de naturaleza’, por tanto, la separación que opera en el discurso filosófico, es falsa.

            Sin embargo, como hemos señalado, parece tratarse de una ‘ficción necesaria’. La razón de ello estriba en que el mito del Estado permite al individuo humano un estadio de tranquilidad que mantendría sus miedos en un límite soportable. El Estado es un ethos, una morada de seres temerosos, un mecanismo de defensa que permitiría al hombre ‘vivir’ en un mundo ‘hostil’, ‘inhabitable’ e ‘insoportable’.

            Ahora bien, el desmontaje del Estado moderno ha develado su premisa: el hombre. Así mismo, el individuo humano es ‘naturalmente’, según Hobbes, temeroso. La tarea del pensamiento filosófico contemporáneo sería, en realidad, comprender este temor. Aquí hay una clave política. En los tiempos actuales predomina una sensación de ‘catástrofe’ y ‘terror’, en este sentido, no es coincidencia que en el discurso político contemporáneo – de ‘izquierdas’ y ‘derechas’ –  se procure reafirmar la figura o forma política del Estado, es la respuesta más fácil a los diversos temores humanos, tales como, la guerra, el hambre, la migración, el narcotráfico, la delincuencia o el terrorismo, podríamos agregar también, de forma provocativa, a pensar.

Finalmente, estos no serían problemas filosóficos si no fuera porque estos temores humanos están a muy pocos pasos de destruirlo todo, incluso a sus propios mitos.

Bibliografía

Benjamin, W. (2014). La dialéctica en suspenso. Fragmentos sobre la historia. Santiago de Chile: LOM.

Fromm, E. (2012). Ética y psicoanálisis. México: Fondo de Cultura Económica.

Hegel, G. (2015). Fenomenología del espíritu . México: Fondo de Cultura Económica .

Hobbes, T. (2013). Leviatán. O la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil. México: Fondo de Cultura Económica.

[1] Fromm, E. (2012). Ética y psicoanálisis. México: Fondo de Cultura Económica, pp.51-52

[2] Hobbes, T. (2013). Leviatán. O la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil. México: Fondo de Cultura Económica, pp.6-7

[3] Ibíd., p.9

[4] Ibíd., p.13

[5] P.44

[6] Benjamin, W. (2014). La dialéctica en suspenso. Fragmentos sobre la historia. Santiago de Chile: LOM, p.40

[7] Hobbes., op.cit., p.45

[8] Hegel, G. (2015). Fenomenología del espíritu. México: Fondo de Cultura Económica, p.119

[9] Hobbes., op.cit., p.69

[10] Ibíd., p.79

[11] Ibíd., p.79

[12] Ibíd., p.80

[13] Ibíd., p.81

[14] Ibíd., p. 90

[15] Ibíd., p.102

[16] Ibíd., p.103

[17] Ibíd., p.105

[18] Ibíd., p.114

[19] Ibíd., p.120

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