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Tesis sobre Feuerbach  

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Karl Marx

Introducción

Por Comité Editorial de Marxismo & Revolución

            Las Tesis sobre Feuerbach, escritas por Karl Marx en la primavera de 1845, constituyen un rico y contundente material teórico, que da origen a una peculiar concepción de mundo y a una velada – inclusive criminalizada – forma de comprender el marxismo como filosofía de la praxis.

La importancia de comprender el marxismo como filosofía de la praxis reside en el hecho de que no ha sido una corriente hegemónica al interior del movimiento comunista internacional, es más, inclusive es una concepción opuesta, es decir, antagónica, a las clásicas y tradicionales interpretaciones – fundamentalmente metafísicas – que dirigieron intelectualmente al movimiento comunista durante todo el siglo XX. En efecto, la filosofía de la praxis, aunque ha estado presente subterráneamente en las revoluciones, no ha sido la corriente dominante. Por las razones que explicaremos brevemente en esta introducción, sostenemos que el marxismo del siglo XXI si quiere ser realmente revolucionario, no puede ser sino a partir de las bases teóricas legadas del marxismo como filosofía de la praxis.

El marxismo, entendido a partir de las Tesis sobre Feuerbach, es decir, como filosofía de la praxis, es una concepción de mundo auténticamente revolucionaria, a nuestro juicio, en los siguientes sentidos:

En primer término, la filosofía de la praxis, comprende el mundo no como mero objeto de contemplación, sino que el mundo se presenta – en esta concepción – como el espacio en el cual se despliega la actividad subjetiva, es decir, la actividad práctica del ser humano. En este sentido, el mundo, no es mero objeto sino que es movimiento que se desarrolla a partir de la intervención práctica del hombre/mujer, es el lugar en el cual el ser humano objetiva su subjetividad, unificando el momento “objetivo” y el “subjetivo” por medio de la acción. Es precisamente, la actividad práctica, en tanto cualidad del hombre/mujer, el elemento que configura la unidad del momento objetivo con el subjetivo, pues ella, es en sí, objetiva, pero al tiempo, desenvolvimiento del sujeto.

En segundo lugar, en la medida en que la “actividad práctica” se aprehende teóricamente y se entiende, en consecuencia, el mundo, como objeto que se ha concretado por medio de tal acción del ser humano, se aprehende que, las circunstancias históricas condicionan al hombre/mujer, lo configuran, pero al tiempo, esas circunstancias han sido creadas por otros hombres/mujeres anteriormente, en consecuencia, la realidad histórica concrece por medio de la actividad práctica y es susceptible de ser modificada por la acción del hombre, en este momento, en que las múltiples determinaciones de la realidad son asimilados conscientemente por el sujeto, la actividad práctica permite, por decirlo de alguna forma, una apertura histórica, aparece la práctica revolucionaria, esto es, la crítica de la actividad práctica y la actividad práctica crítica (negativa) que permite la transformación revolucionaria del mundo.

En tercer lugar, y al tiempo que aparece la categoría praxis (como unidad teorético-práctica del mundo), la filosofía es ampliada, supera su límite meramente interpretativo y dispone una nueva tarea, transformar el mundo. A diferencia de algunas interpretaciones, no creemos que Marx señale que no es preciso interpretar el mundo (contemplar), lo cual transformaría el marxismo en una filosofía pragmática, más cercana al utilitarismo que a una concepción filosófica de carácter revolucionario. El propio Marx, en las Tesis sobre Feuerbach, así como en otros escritos, realiza una interpretación crítica del mundo. Mas bien, Marx propone: 1) interpretar críticamente el mundo y; 2) transformarlo por medio de la “práctica-crítica”, es decir, por la práctica revolucionaria (la praxis).

Por otra parte, la centralidad que adquiere la práctica revolucionaria  en esta concepción es incompatible con toda pretensión dogmática, con todo burocratismo y con toda petrificación de la realidad histórica. La praxis, como concepto, es en sí la crítica radical, en el plano teórico, discursivo y, por supuesto, práctico. Es la forma crítica en que puede desarrollarse el ser humano en el mundo, es la justificación teórica de las revoluciones, de su necesidad, actualidad, y fundamentalmente, de su posibilidad.

Son estos algunos de los elementos que podemos considerar en una lectura introductoria de las Tesis, nos parece un documento fundamental, que revoluciona la historia de la filosofía, pero principalmente, es una poderosa herramienta intelectual que favorece la lucha de los oprimidos. El marxismo entendido como filosofía de la praxis, como decíamos más arriba, se ha desarrollado de forma subterránea en el movimiento revolucionario, a partir de los aportes de Labriola, Lukács, Korsch, Gramsci, Fromm, Kosík, la escuela yugoslava de la praxis, Adolfo Sánchez Vázquez (quien escribió su monumental Filosofía de la Praxis), pero adquiere un lugar protagónico en la revolución cubana bajo el alero de Ernesto Che Guevara, quien se caracterizó por su aguda crítica a la escolástica soviética, a la burocracia y a todas las pretensiones dogmáticas que deformaban intelectualmente a la sociedades de los mal llamados “socialismo reales”. En el pensamiento del Che Guevara, el concepto de praxis resulta particularmente interesante pues, toda su propuesta para el proceso de transición – que revisaremos en otro momento – está atravesada por esta concepción del marxismo como filosofía de la praxis.

Tesis sobre Feuerbach

[I] El defecto fundamental de todo el materialismo anterior -incluido el de Feuerbach- es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo. De aquí que el lado activo fuese desarrollado por el idealismo, por oposición al materialismo, pero sólo de un modo abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial, como tal. Feuerbach quiere objetos sensoriales, realmente distintos de los objetos conceptuales; pero tampoco él concibe la propia actividad humana como una actividad objetiva. Por eso, en La esencia del cristianismo sólo considera la actitud teórica como la auténticamente humana, mientras que concibe y fija la práctica sólo en su forma suciamente judaica de manifestarse. Por tanto, no comprende la importancia de la actuación “revolucionaria”, “práctico-crítica”.

[II] El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico.

[III] La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado. Conduce, pues, forzosamente, a la sociedad en dos partes, una de las cuales está por encima de la sociedad (así, por ej., en Robert Owen).

La coincidencia de la modificación de las circunstancias y de la actividad humana sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria.

[IV] Feuerbach arranca de la auto-enajenación religiosa, del desdoblamiento del mundo en un mundo religioso, imaginario, y otro real. Su cometido consiste en disolver el mundo religioso, reduciéndolo a su base terrenal. No advierte que, después de realizada esta labor, queda por hacer lo principal. En efecto, el que la base terrenal se separe de sí misma y se plasme en las nubes como reino independiente, sólo puede explicarse por el propio desgarramiento y la contradicción de esta base terrenal consigo misma. Por tanto, lo primero que hay que hacer es comprender ésta en su contradicción y luego revolucionarla prácticamente eliminando la contradicción. Por consiguiente, después de descubrir, v. gr., en la familia terrenal el secreto de la sagrada familia, hay que criticar teóricamente y revolucionar prácticamente aquélla.

[V] Feuerbach, no contento con el pensamiento abstracto, apela a la contemplación sensorial; pero no concibe la sensoriedad como una actividad sensorial humana práctica.

[VI] Feuerbach diluye la esencia religiosa en la esencia humana. Pero la esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales. Feuerbach, que no se ocupa de la crítica de esta esencia real, se ve, por tanto, obligado:

A hacer abstracción de la trayectoria histórica, enfocando para sí el sentimiento religioso (Gemüt) y presuponiendo un individuo humano abstracto, aislado.

En él, la esencia humana sólo puede concebirse como “género”, como una generalidad interna, muda, que se limita a unir naturalmente los muchos individuos.

[VII] Feuerbach no ve, por tanto, que el “sentimiento religioso” es también un producto social y que el individuo abstracto que él analiza pertenece, en realidad, a una determinada forma de sociedad.

[VIII] La vida social es, en esencia, práctica. Todos los misterios que descarrían la teoría hacia el misticismo, encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esa práctica.

[IX] A lo que más llega el materialismo contemplativo, es decir, el materialismo que no concibe la sensoriedad como actividad práctica, es a contemplar a los distintos individuos dentro de la “sociedad civil”.

[X] El punto de vista del antiguo materialismo es la sociedad “civil; el del nuevo materialismo, la sociedad humana o la humanidad socializada.

[XI] Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.

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