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La vida, esa mercancía. O la significación del derecho del trabajo para la explotación laboral

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La vida, esa mercancía. O la significación del derecho del trabajo para la explotación laboral

Por Cristian Aguilar
& Níkolas Arnaiz Fredes

“La realización del trabajo se manifiesta hasta tal punto como invalidación que el trabajador es invalidado hasta morir de hambre.”[1]

Karl Marx

Resumen

La íntima relación que se genera a través del –aparentemente- simple acto de contratar a otro con fines laborales, y de lo que es realmente el trabajo como proceso, no es vista ni conocida –ni transformada- por todos, siquiera pocos. La explotación del ser humano hacia el ser humano genera una dualidad de la cual es imposible desprenderse, y a lo largo de la historia se han manifestado diferentes formas de subsanar aquellos efectos, ya sean radicales (Revolución), u otros menos destructivos (Ley). Aquí llega el derecho laboral, pero también en dualidad: O polarizar aquella dualidad; o apaciguar las divergencias.

Palabras clave: Derecho del trabajo, proletariado, trabajador, empleador, burgués.

Abstract

The intimate relationship made by the –apparently- simple act of hire another with labour reasons, and what really is the work as a process, it’s not seen or known –or transformed- by everyone, even for a few. The exploitation on the human being generates a duality who is impossible to detach, and throughout history have been manifested different ways of repair those effects, be as radicals (Revolution), or less destructive (Law). Here arrives the labor law, but also in duality: Or polarize that duality, or appease the differences.

Key words: Labor law, proletariat, worker, employer, bourgeois.

¿Qué es el trabajo?

La historia de todas las sociedades nos demuestra de forma fehaciente la significación del trabajo para los diversos sujetos históricos transformadores. La obtención de espacios físicos, terrenales, para poder ejercer una determinada actividad sobre ellos, ejemplifica las condiciones históricas en las cuales se ha ido desarrollando el capitalismo en los últimos dos siglos.

La propiedad es uno de los pilares fundamentales del modo capitalista de producción y acumulación, estando consagrado en el ordenamiento jurídico chileno en el artículo 582 del Código Civil, dando las más amplias facultades sobre el bien (mercancía) de uso, goce y destrucción; obviando la significación que tiene la cosa con su dueño y con la sociedad, es decir, que la mercancía se realiza en cuanto tal, única y exclusivamente cuando es en sociedad, con un bien –en sentido amplio- funcional para la comunidad[2]. No contento con la amplia legislación en el código encargado de regular las relaciones entre privados, la Carta Magna del Estado chileno, es decir, la Constitución Política de la República, manufacturada en plena dictadura, y entregada a la luz en 1980 (con reformas en 2005), se encarga de asegurar a todas las personas, en su artículo 19 n° 24, el derecho a la propiedad. Guiño de parte de Jaime Guzmán, arquitecto del más político de los documentos jurídicos nacionales, en contra de las posiciones ideológicas en el marco de la izquierda de corte marxista, esto en consideración con una de las más altas luchas de este sector, encargado de abolir la propiedad privada.

Pero qué relación existe entonces, entre trabajo y propiedad privada, ha de preguntarse el lector. La respuesta no es tan simple como parece, pero tampoco es alejada de la realidad, ni mucho menos antagónica. La propiedad privada que se pretende abolir por parte de los sectores de la izquierda marxista, es la propiedad por sobre los medios de producción, es decir, aquellos bienes que producen mercancías, que son propiedad de un sector de individuos, que al poseer estos bienes, proveen de una ‘oportunidad’ laboral a aquellos desposeídos. Aquí existe la primera divergencia entre personas: la de clases.

Se configuran así, dos sujetos históricos distintos: quienes poseen estos medios de producción, denominados históricamente burgueses; y aquellos que en consideración de su falta de dominio por sobre estos medios, se ven obligados a vender lo único que pueden vender con tal de no morir: su fuerza de trabajo, estos son los proletarios.

Estas categorías, excluyentes por lo demás, se presentan también como figuras jurídicas en la legislación laboral, aunque no por los nombres ya dichos, sino por otros menos ‘ideologizados’ y más neutrales.

“Artículo 1°. Las relaciones laborales entre los empleadores y los trabajadores se regularán por este Código y por sus leyes complementarias.”[3]

“Art. 3°. Para todos los efectos legales se entiende por:
a) empleador: la persona natural o jurídica que utiliza los servicios intelectuales o materiales de una o más personas en virtud de un contrato de trabajo,
b) trabajador: toda persona natural que preste servicios personales intelectuales o materiales, bajo dependencia o subordinación, y en virtud de un contrato de trabajo.”[4]

La figura jurídica de empleador y de trabajador en términos nominativos es menos fuerte que burgués y proletario, por, claramente, el uso histórico de estos dos últimos, aunque para efectos de un análisis crítico, son exactamente iguales, no difiere el empleador del burgués, ni el trabajador del proletario.

Aún queda la pregunta de qué es el trabajo. Marx aporta a una definición completa del significado histórico, económico y social del trabajo en uno de sus textos que no vio la luz sino hasta 1932, los Manuscritos de París.

“La economía política considera el trabajo abstractamente, como una cosa; el trabajo es una mercancía; si el precio es alto, es que la mercancía es muy demandada; si es bajo, es que es muy ofrecida; como mercancía, el trabajo debe bajar de precio cada vez más; en parte, la competencia entre capitalista y obrero; y en parte la competencia entre obreros, obligan a ello.”[5]

Es histórico, porque como relación entre clases, ha perdurado a lo largo del tiempo (la historia de todas las sociedades hasta hoy es la de la lucha de clases)[6]; es económica, porque se entiende el trabajo como mercancía, es decir, como un producto que dentro de sí tiene trabajo, y a la vez es valorable de forma pecuniaria, y curiosamente, es la misma definición de bien (ergo, trabajo es un bien, y bajo la misma lupa, un bien es una mercancía); y es social, porque es motivo y producto de una relación entre dos individuos que pueden ser abstractos (como la burguesía y el proletariado) o identificables (como un empleador y su trabajador).

Todo ello explica, que el trabajo como es una mercancía, es apropiable; he allí la relación entre trabajo y propiedad. Un sujeto, poseedor de lugares de trabajo, contrata a otro sujeto, que al no tener este espacio, se ve obligado a vender su fuerza de trabajo. Fenómenos como la enajenación y la acumulación de capital (trabajo) ocurren a partir de ‘simples’ actos como los de contratar a otro para que labure, pero para efectos de este trabajo los dejaremos de lado.

Relaciones sociales y laborales

Como el trabajo es una categoría totalizante, pues abarca las distintas esferas en las que puede desenvolverse un ser humano, se ha visto forzada en crear un estudio propio de las relaciones sociales laborales, o al menos de su modernización.

Al existir una dualidad en la relación laboral, entre empleador y empleado, la lógica burguesa de contratación surge con su máxima de la igualdad de contratación, es decir, que las personas son libres e iguales en su capacidad para contratar a otro, o de contratarse con otro. La lógica acá es heredada directamente del Derecho Civil burgués, con figuras como la capacidad absoluta y la igualdad de condiciones en los contratantes se ven reflejadas aunque no trasplantadas en el Derecho del Trabajo.

Karl Korsch trata esta materia como el “contrato libre de trabajo”, que es básicamente lo señalado arriba:

“…el “contrato libre de trabajo” constituye un progreso real no sólo desde la perspectiva de la clase burguesa sino también desde la de la clase trabajadora. Significa que actualmente ningún trabajador está en cuanto individuo bajo el vasallaje personal de un señor.”[7]

Parece un ejemplo del avance moderno, ¡cuán grandilocuente y racional puede parecer que dos personas sean iguales en dignidad y derechos!, pero el mito del progreso y de la racionalidad se agotan en la medida que la raíz del problema es descubierta, el mismo Korsch señala inmediatamente después de lo ya referido:

“A pesar de esto, en la sociedad burguesa la clase de los asalariados no es libre y no posee los mismos derechos que la clase capitalista, y por lo tanto, cada uno de los trabajadores pertenecientes a la clase asalariada no goza en la sociedad burguesa de verdadera libertad ni de una verdadera igualdad de derechos con los miembros de la clase capitalista dominadora.”[8]

El Código del Trabajo tampoco queda atrás con esta “libertad”, y en su artículo segundo se señala:

“Reconócese la función social que cumple el trabajo y la libertad de las personas para contratar y dedicar su esfuerzo a la labor lícita que elijan.”[9]

La “libertad” de los trabajadores de escoger un empleador no es libertad más que lo es la libertad de escoger al ladrón del producto propio del esfuerzo y tiempo invertido para obtener una remuneración de ello.

Con lo anterior se explica cabalmente que las relaciones laborales no escapan de las relaciones sociales, es decir, de clases. A partir de postulados solapados dentro de las normas y códigos, como concesiones cedidas por la burguesía, se explican las relaciones sociales de clase llevadas en los marcos de la institucionalidad laboral burguesa.

Ya tenemos que el capitalista o empleador, si se quiere asumir la figura jurídica, compra la fuerza de trabajo al proletario o trabajador/empleado; ello implica necesariamente la cuestión de la sustracción de trabajo y de acumulación de este, es decir, acumulación de capital. Pero no nos atengamos a la caricatura de sustracción de trabajo (explotación) comúnmente divulgada por aquellos poseedores del capital, quienes presentan formas hipotéticas de explotación como maquetas decimonónicas de relaciones laborales entre señores feudales y peones, o la típica figura del obrero asalariado con casco y picota; no, no únicamente esas construcciones que parecen tan lejanas en la modernidad capitalista (pero que no lo son) son explotación; el quid que se ha de entender es uno que también está presente en el Derecho del Trabajo, es el de la necesidad de trabajar y por ello ser distinto a otro en cuerpo y alma, y de subordinarse por ello. Entonces, toda relación laboral, es una relación de explotación.

Sindicalismo y explotación

El Derecho del Trabajo es probablemente el derecho más político de las diversas ramas que existen en las ciencias jurídicas, puesto que no solo tiene una función en particular cerrada, como podría ser una función meramente economicista, sino que además, y en consideración que el trabajo es transversal a la sociedad, el Derecho del Trabajo también deberá ser multidimensional.

“La transversalidad de la explotación, que no se da como un fenómeno meramente económico, sino que la explotación del burgués al proletario debe dejar de ser entendida como una simple y llana relación laboral común y normal, sino como un producto histórico de la acumulación de capital y de la división de las tierras y riquezas.”[10]

En virtud de lo ya señalado, una de las tesis que probablemente se acerca más a la idea de totalidad, es aquella que trata las diversas funciones del Derecho del Trabajo: la función ética, la función política, y la función económica.[11]

Explicado lo anterior, la lógica de acumulación y explotación por parte de la burguesía en gran parte de los siglos XIX y XX era la de explotación a destajo, despreocupándose por las vejaciones a la integridad de los obreros. Ya teniendo como antecedente los patrones barbáricos de explotación, el puesto que coparon en gran parte del siglo XX los sindicatos de trabajadores se transformó sin lugar a dudas una trinchera enorme de luchas y enriquecimiento en lo ideológico y cognoscitivo. La escuela del sindicalismo en Chile se vio fortalecida con los períodos más salvajes de la barbarie capitalista en la primera mitad del siglo pasado, llegando a tener un 34% de sindicalización en la población para 1973[12].

“Los sindicatos surgen como una consecuencia del advenimiento y desarrollo del sistema capitalista y como una necesidad de la clase trabajadora de tener un sistema de organización que le permita defenderse de la voracidad de los patrones y, a la vez, luchar por mejores condiciones económicas y de trabajo.” [13]

Tristemente los niveles de sindicalización bajaron considerablemente después de alcanzado ese 34%. La razón es clara: la dictadura y el intento de exterminio del pensamiento marxista. No sorprende que los poseedores del capital defiendan sus intereses de clase con todo lo que tienen, el temor del poderío del ‘yugo opresor y totalitario’ marxista, es superior a cualquier pago que debiesen saldar.

El porcentaje de sindicalización en Chile no es del todo alentador, pues el porcentaje hasta el año 2013 llegaba a un 14,2% según las cifras de la Fundación Sol[14].

Sanear Relaciones de Explotación

La explotación laboral en el siglo XIX, pleno auge de la revolución industrial, viene a marcar un antes y un después en cuanto a materia laboral. Probablemente nunca antes se había mencionado la dignidad y el bien estar físico y psicológico del trabajador frente a la explotación empresarial.

Como bien ya es de conocimiento anterior, en el derecho laboral se distinguen una variedad de funciones, las cuales son materia de discusión y debate. Las que destacan por su relevancia a la hora de influir en la relación laboral, son la función política y económica. Más allá de “influir” se han hecho necesarias a la hora de negociar las concesiones que ha dado la clase burguesa.

Una función económica debido a que mantiene una aparente distribución de las riquezas de los sujetos involucrados en su producción, destacando que lo anterior solo es posible dentro de los límites de una economía capitalista que mantenga una estructura determinada no viéndose amenazada por las tensiones producidas por la constante lucha de clases. Es en este último punto donde se ejerce la función política del derecho laboral

Ahora la pregunta a plantear es ¿Cuál es el objetivo perseguido por el Derecho Laboral y de qué manera ayuda como un “bálsamo” en las tensiones sociales, consecuencia de la explotación laboral?

Según la doctrina comparada sitúa

“…el fundamento del Derecho del Trabajo en el interés del Estado por evitar los problemas o tensiones que pusieran en cuestión el orden constituido, de modo que, a través de la imposición de ciertas limitaciones a los empleadores, coextensas con ciertos derechos a los trabajadores, se pudiera mantener el sistema de producción capitalista.” [15]

De manera que este sería el fin principal del Derecho del Trabajo y no la idea romántica de proteger al trabajador en su posición de parte más débil, sino que esta idea mitificada solo es una parte de asegurar la defensa de un régimen social y económico establecido, posibilitando su evolución de manera pacífica[16].

Teniendo una claridad sobre cuál es la finalidad del Derecho del Trabajo, viene la legítima instancia de cuestionarse, como a través del Derecho del Trabajo se ha “saneando” la explotación laboral, un factor clave en su origen.

Para fines de este trabajo de investigación, no se ha llevado a cabo una línea cronológica en detalle, ni tampoco un extenso trabajo retorico acerca del Derecho del Trabajo y la evolución de su papel en la relación laboral a partir del Siglo XIX hasta el día de hoy.

Una idea fundamental radica en el hecho de que el Derecho del Trabajo ha logrado a través de una “legislación propia” concesiones de parte de la clase burguesa. Concesiones que significan una conquista de derechos laborales, que en el caso chileno se ven respaldados por principios y derechos plasmados en la Constitución, como por ejemplo el derecho a huelga o la elección de sindicalizarse. Si bien parecen ser “conquistas” relevantes estas no terminan de ser parte de lo ya anteriormente nombrado

“La razón historia fundamental del porqué en los albores del capitalismo se comienzan a dictar normas legales que protegen a la parte débil de la relación laboral, no es en modo alguno una suerte concesión humanitaria del poder político de la burguesía liberal a la clase proletaria excluida de la riqueza de los excedentes y sumida en condiciones de miseria , sino el temor de que, precisamente, esa postergación, produzca acción políticas radicales que intenten una sustitución total del sistema.”[17]

Pero el Derecho del Trabajo ha sabido evolucionar en ese sentido, valiéndose de derechos fundamentales para desarrollar herramientas que le dan al trabajador, cierto poder y autonomía sobre su propio trabajo, su integridad psicológica, que antes no tenía.

“El trabajo se manifiesta como un producto ajeno al trabajador.”[18]

“Más pobre se vuelve en su vida interior y menos se pertenece a sí mismo.”[19]

Una de las “herramientas” más destacadas en el caso chileno es la Acción de Tutela Laboral consagrado en el Art N° 485 del Código del Trabajo.

Este el primer paso del orden jurídico laboral por tomar en serio los denominados derechos fundamentales inespecíficos de los trabajadores -derechos constitucionales no propiamente laborales-, comenzando poco a poco a desmontarse lo que podríamos denominar el modelo cerrado de empresa, entendido como un espacio jurídico privado donde la acción de los derechos sólo quedaba restringida al cumplimiento de condiciones laborales y económicas mínimas, para dar paso a un espacio jurídico público, expuesto al efecto expansivo de los derechos fundamentales.[20]

Acudiendo a la jurisprudencia de Acción de Tutela de Laboral se pueden encontrar se pueden encontrar casos donde no solo se vulneran derecho exclusivamente laboral, sino que, como ha sido nombrado anteriormente se han vulnerado derechos fundamentales. Por ejemplo, en el caso “Raúl Antonio Sanhueza Fernández con Comercial Torres Díaz Limitada” se hace referencia a una vulneración de la garantía de indemnidad, la cual fue fiscalizada por la Dirección del Trabajo, a raíz de esto se generó una represalia que conllevó el despido del trabajador Raúl Antonio Sanhueza Fernández.

“El artículo  493  del  Código  del Trabajo exige que existan indicios suficientes de que se ha producido la vulneración de derechos fundamentales,  lo  que  significa  que  de  los  datos  aportados por  el  trabajador  denunciante resulte  factible  suponer que un acto cierto es consecuencia de otro, que no ha sido comprobado, pero se sospecha de que la causa está en él. El indicio lleva a suponer algo no demostrado. Lo que la norma exige es que exista más de uno, al pluralizar la palabra indicio y, que ellos sean suficientes para suponer un hecho, atendido a que la única consecuencia es que se traslada la obligación de probar al demandado.[21]

El Derecho del Trabajo en el neoliberalismo

El Derecho del Trabajo es ejemplo de la dialéctica en el capitalismo: puede ser un vil instrumento para los capitalistas y su concepción de mundo, constituyendo mínimos legales básicos los cuales son garante de la no discriminación de derechos de los trabajadores, y así mantener al margen a los empleados de posibles huelgas y movilizaciones en función de sus reivindicaciones de carácter monetario, pero que tarde o temprano llevarían al desarrollo de un estadio superior del entendimiento de las relaciones entre empleador y trabajador: la explotación; o como un piso mínimo que poseen los trabajadores, comprendido como la finalidad estricta del Derecho del Trabajo, que es la protección del trabajador, considerando su situación desigual, débil, frente al empleador.

Novoa Monreal se refiere a una parte de esta dualidad:

“(La justicia de clase) significa atribuir a los jueces una concepción unilateral de justicia […] En la práctica, esto conduciría, además, a sostener que la justicia actúa al servicio de la clase dominante y que interpreta y aplica la ley con miras a favorecer a los grupos sociales que disfrutan del régimen económico-social vigente, en desmedro de los trabajadores…” [22]

Para un análisis crítico, la finalidad del Derecho del Trabajo como la mera protección al trabajador del desmedro del capital por sobre el trabajo no es suficiente. El capitalismo, la división del trabajo (y por ende, la acumulación de capital y empobrecimiento de los salarios)[23] y la barbarie azotan día a día las espaldas de aquellos que viven para otros. Por ello es que el fin del Derecho del Trabajo debe ser más ambicioso, no ha de quedar satisfecho con las migajas que ofrecen los capitalistas, ni tampoco con recursos jurídicos que funcionan a medias. El Derecho del Trabajo, el derecho del proletariado, debe ser una herramienta que contribuya a, dos cosas en particular, el desarrollo de la conciencia de clase[24], favoreciendo ampliamente la aparición de sindicatos u otras figuras necesarias para enarbolar y hacer las luchas y movilizaciones necesarias; y la creación de una legislación verdaderamente favorable para sentar las bases de la superación/eliminación del trabajo asalariado, es decir, de la propiedad privada por sobre los desposeídos de fábricas u otros medios de producción; esto no es otra cosa que la emancipación del ser humano por sobre la alienación de su conciencia y la enajenación de su trabajo y su vida. Si bien es claro –y la historia se ha encargado de demostrar ello- que ningún proceso de emancipación se ha llevado a cabo por procesos legislativos, enraizar los gérmenes de un nuevo concepto de Derecho del Trabajo dentro de la legalidad burguesa, y de su significado real en la sociedad, no son herramientas que se deben desestimar, pues como condiciones materiales, y como procesos históricos adquieren suma relevancia para cambiar las visiones de mundo, de la relación con el otro y con uno mismo.

Comprendemos que son cuestiones no menos polémicas y complejas en el escenario actual, con un Estado neoliberal, y con un movimiento de masas a nivel de trabajadores muy minoritario y aislado aún, pero más aún sabemos que son dos caminos, y no hay vuelta atrás: socialismo o barbarie.

Bibliografía

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Korsch, K. (1980). Lucha de clases y Derecho del trabajo. Barcelona: Ariel

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Novoa Monreal, E. (1985). El Derecho como obstáculo al cambio social. México: Siglo XXI

Constitución Política de la República de Chile (2016). Santiago: Editorial Jurídica de Chile.

[1] Marx, Karl. (2014). Manuscritos económicos-filosóficos. En E, Fromm, Marx y su concepto del hombre (páginas 95-201). México: Fondo de Cultura Económica, p. 105.

[2] Marx, K. & Engels, F. (2014). La ideología alemana. Madrid: Akal, p.  65

[3] Código del Trabajo. (2011). Santiago: Editorial Jurídica de Chile, p. 11. Destacado propio.

[4] Código del Trabajo. (2011). Santiago: Editorial Jurídica de Chile, p. 12.

[5] Marx, K. (2005). Manuscritos económicos-filosóficos. Santiago: Centro Gráfico, pp. 26-27.

[6] Marx, K. & Engels, F. (2009). Manifiesto comunista. España: Brontes. P 69.

[7] Korsch, K. (1980). Lucha de clases y Derecho del trabajo. Barcelona: Ariel. P. 8.

[8] Ibíd., p. 9.

[9] Código del Trabajo. (2011). Santiago: Editorial Jurídica de Chile, p. 12.

[10] Arnaiz, N. (12 de Noviembre 2016). Marxismo & Revolución. Recuperado el 15 de Junio de 2017, de Marxismo & Revolución: http://marxismoyrevolucion.org/?p=396

[11] Ver: Ugarte, J. L. (2004). El nuevo Derecho del Trabajo. Santiago: Editorial Universitaria, pp. 19-30.

[12] Durán, G. & Kremerman, M. (Marzo de 2015). Fundación Sol. Recuperado el 15 de Junio de 2017, de El Mostrador: http://www.elmostrador.cl/media/2015/04/Estudio-Sindicatos-FS-1.pdf

[13] Valenzuela, H. (1976). Mundo obrero. Recuperado el 15 de Junio de 2017, de Mundo obrero: http://mundoobrero.cl/historiadelmovimientoobrerochileno.pdf

[14] Durán, G. & Kremerman, M. (Marzo de 2015). Fundación Sol. Recuperado el 15 de Junio de 2017, de El Mostrador: http://www.elmostrador.cl/media/2015/04/Estudio-Sindicatos-FS-1.pdf

[15] De La Villa, L. La función del derecho del trabajo en la situación económica y social contemporánea. Revista del Trabajo. N°76.

[16] Ugarte, J. L. (2004). El nuevo Derecho del Trabajo. Santiago: Editorial Universitaria, p. 20

[17] Ugarte, J. L. (2004). El nuevo Derecho del Trabajo. Santiago: Editorial Universitaria, p.20

[18] Marx, K. (2005). Manuscritos económicos-filosóficos. Santiago: Centro Gráfico, p. 105.

[19] Ibíd. P. 105.

[20]  Ugarte, J.L. (2009). Tutela Laboral de Derechos Fundamentales y carga de la prueba. Revista de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso N°33.

[21] CA Rancagua Rol 102-2010. Raúl Antonio Sanhueza Fernández con Comercial Torres Díaz Limitada. 1.9.2010

[22] Novoa Monreal, E. (Marzo-Abril 1970). Revista Mensaje. Recuperado el 15 de Junio de 2017, de Eduardo Novoa Monreal Blogspot: http://eduardo-novoa-monreal.blogspot.cl/2008/03/eduardo-novoa-monreal-destacado-jurista.html

[23] Ver: Marx, K. (2005). Manuscritos económicos-filosóficos. Santiago: Centro Gráfico, pp. 13-29.

[24] Véase: Arnaiz, N. Vanguardias, o de la relación entre el proletariado y su conciencia de clase. Marxismo & Revolución, disponible en: http://marxismoyrevolucion.org/?p=590

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