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La ‘falsa conciencia’ como ethos del individuo en la modernidad tardía

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La ‘falsa conciencia’ como ethos del individuo en la modernidad tardía

Por Carlos F. Lincopi Bruch, Universidad de Chile

“…La vida que el ser humano conforma bajo la modernidad capitalista y el mundo que construye para esa vida se encuentran afectados radicalmente, esto es, en su propia constitución, por la presencia de una contradicción insalvable entre dos principios estructuradores divergentes, entre dos “lógicas” incompatibles; contradicción que haría de ellos, paradójicamente, una vida y un mundo de la vida invivibles…”

Bolívar Echeverría, La clave barroca de la América Latina.

Resumen

            En el presente trabajo se desarrolla el concepto de ‘ideología’ o ‘falsa conciencia’ como cierto espacio de habitabilidad para el individuo moderno. La ideología se presenta, a la luz de este trabajo, como una morada, un refugio, frente a la realidad de un mundo que se presenta como hostil al individuo. El acceso a la ‘verdad’ supondría, por otra parte, la destrucción de la ‘morada’ o del ‘refugio’ representado por la ideología.

Palabras clave: falsa conciencia, ideología, ethos, morada, enajenación.

Abstract

            In the present work the concept of ‘ideology’ or ‘false consciousness’ is developed as a certain space of habitability for the modern individual. Ideology is presented, in the light of this work, as a dwelling, a refuge, facing the reality of a world that appears as hostile to the individual. Access to ‘truth’ would mean, on the other hand, the destruction of the ‘dwelling’ or ‘refuge’ represented by ideology.

Keywords: false consciousness, ideology, ethos, abode, alienation.

Introducción al problema. Las paradojas del mundo moderno

Se han escrito miles de páginas en torno al problema de la ‘falsa conciencia’, de la ‘ideología’ o de la ‘enajenación’ como categorías marxistas que aprehenderían el mundo de manera parcelada, invertida y no-real. Sin embargo, poco se ha indagado sobre las causas que vuelven posible este fenómeno al interior de la conciencia humana. Es cierto que se ha vinculado este fenómeno al proceso de valorización del valor o, a la enajenación del trabajo, empero, nos interesa profundizar en una tesis algo distinta – que no descarta los elementos mencionados –  y cuyo precursor es el filósofo ecuatoriano Bolívar Echeverría (1941-2010).[1] Nos interesa ubicar el fenómeno de ‘falsa conciencia’ como una estrategia, defensiva y ofensiva, de las y los explotados y oprimidos, para volver soportable y vivible el mundo moderno, el cual es, básicamente, insoportable e invivible.

            La dinámica de la modernidad tardía, la cual puja hacia un subsunción absoluta del ser humano a la lógica de la valorización del valor, resulta ser paradójica. En definitiva, ¿Cómo es posible vivir en un mundo que básicamente niega la vida? ¿Cómo es posible soportar un estadio de catástrofe continuo en el cual miles de seres humanos mueren fruto de la acción u omisión de otros seres humanos? ¿Cómo es posible realizar una vida cotidiana, en paz, sobre la base de un mundo que es, básicamente, violento? Estas preguntas nos permiten acercarnos, de manera no ingenua, al problema de la ideología como falsa conciencia.

Para nosotros, la posibilidad de hacer vivible lo invivible y soportable lo insoportable, tiene un vínculo íntimo con el fenómeno de la ideología o falsa conciencia, y esto, con mayor fuerza mientras más intensa sea la subsunción del ser humano a la lógica del capital. En otras palabras, decimos que la ideología se presenta como un ethos, es decir, como una morada del individuo moderno, esto es, un lugar en el cual el individuo encuentra protección frente a la hostilidad del mundo. La morada del individuo, es decir, la ‘ideología’, es una forma defensiva, en tanto que permite al individuo explotado u oprimido volver soportable el fenómeno de la explotación/opresión, al tiempo que es una forma ofensiva que orienta el enfrentamiento del individuo con el mundo, de cierta manera, la ‘ideología’ otorga sentido – aunque sea un falso sentido – al drama de la existencia humana subsumida al proceso de valorización del valor.

En este apartado nos interesa señalar que la ideología es, en cierta medida, una paradoja al interior de la conciencia humana, pero es paradójica puesto que el mundo moderno es paradójico. La ‘paradoja’ de la modernidad fue visibilizada de manera muy clara por el filósofo alemán Karl Marx (1818-1883) en su obra El Capital (1867), quien detecta un doble carácter en la célula básica o elemental del mundo capitalista contemporáneo: la mercancía.[2] La paradoja consistiría en una pugna entre la ‘forma valor’ y la ‘forma natural’, en la cual la primera tendría primacía sobre la segunda. La primacía de la ‘forma valor’ sobre la ‘forma natural’ o ‘valor de uso’, se expresaría, en términos de realidad efectiva, como la afirmación del proceso de acumulación capitalista sobre la base de la negación de la vida humana. Entonces, ¿Cómo hacer soportable la negación de la vida humana? Decimos que este mundo es soportable a través de la ideología, la cual representa la forma paradojal de existir en el mundo moderno, se trata de un ethos o morada que nos permite soportar el proceso de valorización del valor.

Diversos sentidos del término ‘ideología’. Eagleton, Marx, Platón y Benjamin

Es de suma importancia aclarar el lugar que ocupa para nosotros el término ideología. Con este objeto acudiremos a Terry Eagleton (1943), quien en su libro Ideología. Una introducción (1995) sostiene que el término en cuestión tiene diferentes sentidos, los cuales serían los siguientes:

“a) el proceso de producción de significados, signos y valores en la vida cotidiana; b) conjunto de ideas característico de un grupo o clase social; c) ideas que permiten legitimar un orden político dominante; d) ideas falsas que contribuyen a legitimar dominante; e) comunicación sistemáticamente deformada; f) aquello que facilita una toma de posición ante un tema; g) tipos de pensamiento motivados por intereses sociales; h) pensamiento de la identidad; i) ilusión necesaria; j) unión de discurso y poder; k) medio por el que los agentes sociales dan sentido a su mundo, de manera consciente; l) conjunto de creencias orientadas a la acción: m) confusión de la realidad fenoménica y lingüística; n) cierre semiótico; o) medio indispensable en el que las personas expresan en su vida sus relaciones en una estructura social; p) proceso por el cual la vida social se convierte en una realidad natural.”[3]

Entonces, el término ideología es polisémico. Sin embargo, cuando entendemos el término ideología como morada del individuo moderno, el conjunto de sentidos descritos por Terry Eagleton parecieran presentar cierta compatibilidad, a pesar de que nuestro autor sugiere lo contrario.[4] En efecto, para nosotros, el término ideología, en cuanto que falsa conciencia que vuelve habitable lo inhabitable, es a su vez creación y cierre de sentidos, orientación para la acción (costumbres), a la vez que legitimación del mundo realmente existente (el mundo del valor). El conjunto de sentidos descritos por Terry Eagleton, en realidad, ocuparían el lugar de tácticas específicas dentro de un marco estratégico más general, es decir, la falsa conciencia o ideología como morada (ethos) del individuo moderno. Es la estrategia que, siguiendo a Marx, permitiría observar flores en donde en realidad no habría sino cadenas.[5]

            Por otra parte, en un pasaje muy poco considerado de La ideología alemana (1932)[6] Marx orienta algunos problemas que podrían ser de utilidad para nuestro trabajo, en efecto, nuestro autor señala lo siguiente:

“La conciencia es, ante todo, naturalmente, conciencia del mundo inmediata y sensible que nos rodea…es, al mismo tiempo, conciencia de la naturaleza, que al principio se enfrenta al hombre como un poder absolutamente extraño, omnipotente e inexpugnable, ante el que los hombres actúan de un modo puramente animal y que los amedrenta como al ganado.”[7]

            El punto clave es que existe un mundo que amedrenta al ser humano, sobre la base de ese temor, que alimenta el terror, la inseguridad e incertidumbre del individuo, es que se vuelve posible y deseable la construcción de mitos, religiones, ilusiones o, en definitiva, formas falsas de conciencia (moradas), que vuelvan soportable el temor ante el mundo o la naturaleza. El problema central es la existencia de un mundo que se presenta como hostil al ser humano.

Veamos el problema desde otro punto de vista, utilicemos para ello a Platón (427-347 a.C.). En La República encontramos un pasaje muy ilustrador:

“Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz, y al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora? – Mucho más verdaderas. – Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más claras que las que se le muestran?”[8]

La famosa ‘alegoría de la caverna’ adquiere un sentido algo diferente bajo nuestra conceptualización. En efecto, la caverna ocupa el lugar de refugio del individuo frente a la realidad del mundo, es un lugar de comodidad, de tranquilidad y de certezas. La salida de la caverna se encuentra llena de dificultades, incluso cuando el individuo sale a observar el mundo tal y cual es, la luz – de la verdad – se vuelve incómoda ante sus ojos. La primera reacción del individuo al salir de la caverna es el terror y un intento desesperado por volver al refugio, a la morada, a la caverna. Los hombres que habitan la caverna se encuentran encadenados y sin embargo no son capaces de observar sus cadenas. Podríamos decir, aunque este no es el resultado de la alegoría de la caverna, que sería terrible e insoportable para un individuo poder observar sus cadenas y, sin embargo, no encontrar un mecanismo para liberarse de las mismas o, en otras palabras, sería terrible para un encadenado saber que no es posible liberarse de sus cadenas.

Aún, existen más perspectivas. Para Walter Benjamin (1892-1940) la realidad es una catástrofe continua. Por esta razón, expresa en una de sus tesis en Sobre el concepto de historia (1940) que: “no existe un documento de la cultura que no lo sea a la vez de la barbarie”[9]. Lo extraño es que la barbarie pueda ser fuente de cultura, de discursos, de belleza, etc. Es realmente paradójico que el ser humano observe belleza en aquello que ha sido producido mediante las formas más terribles. Por eso, dice Benjamin, que para observar la realidad en su verdad es preciso prepararse para un espanto, pues quien se atreva a observar la realidad, no hará sino observar, como el ángel de la historia, “una sola catástrofe, que incesantemente apila ruina sobre ruina…”[10]. La verdad se nos presenta como algo terrible, tremendo, una catástrofe inconmensurable. Por esta razón, para el individuo es mucho más cómodo habitar en el terreno de la ideología o falsa conciencia que en el terreno de la verdad. No cualquiera puede ir más allá de la ideología, se requiere cierta preparación para una especie de espanto.

Reflexiones finales. Lo excepcional de la verdad

Un lector prejuicioso nos dirá que realizamos una apología a la ideología y enajenación del ser humano. Sin embargo, en realidad, no hemos realizado ninguna apología del orden existente o de la ideología, sino una descripción del fenómeno de la ideología bajo la óptica de la morada del individuo en la modernidad tardía. Entonces: ¿No hay verdad? ¿No existe la no-ideología? ¿Es posible ir más allá de la ideología? ¿Es posible una conciencia auténtica o estamos condenados a las cadenas de la falsa conciencia?

Para nosotros, existe el momento de la verdad, el cual coincide con la crisis de toda ideología o falsa conciencia. Sin embargo, para contemplar la realidad en su verdad, es necesaria la existencia de ciertas condiciones. Decimos que no basta con que el encadenado observe sus cadenas, para acceder a la verdad, sería necesario en realidad que, el encadenado genere un mecanismo eficaz para lograr desencadenarse.

La ideología o falsa conciencia es una regla, o al menos, se expresa en tanto que continuidad. El ser humano ha habitado de manera continua el terreno de las ideologías, mitos, religiones e ilusiones. La verdad, en tanto que concepto opuesto a ideología como falsa conciencia y que denota sentido auténtico, se presentaría, en realidad, como excepcionalidad.

Para finalizar, podemos señalar que la ‘verdad’ se manifiesta, parafraseando a Carl Schmitt, en el estado de excepción, en aquel doloroso momento en el cual las cadenas son vistas y sentidas por el individuo humano, esto es, aquel momento en el cual la morada es destruida abruptamente y el individuo se encuentra completamente desnudo y desprotegido ante la verdad. Por eso, Agustín de Hipona tenía muchísima razón cuando decía que ‘la verdad nos juzga’.

Bibliografía

Benjamin, W. (2014). La dialéctica en suspenso. Fragmentos sobre la historia. Santiago de Chile: LOM.

Eagleton, T. (1997). Ideología. Una introducción. Buenos Aires: Paidós.

Marx, C. (2010). El Capital. Tomo I . México : Fondo de Cultura Económica .

Marx, C. (2009). Introducción para la crítica de la filosofía del derecho de Hegel . En G. Hegel, Filosofía del derecho (págs. 9-22 ). Buenos Aires: Claridad .

Marx, K. (2014). La ideología alemana. Madrid: Akal .

Platón. República. Madrid: Gredos.

[1] Para una aproximación, recomendamos la lectura del texto ‘La clave barroca de América Latina’ de Bolívar Echeverría, disponible en: http://marxismoyrevolucion.org/?p=344

[2] Marx, C. (2010). El Capital. Tomo I. México: Fondo de Cultura Económica, p.3

[3] Eagleton, T. (1997). Ideología. Una introducción. Buenos Aires: Paidós, pp.19-20

[4] Ibíd., pp.20-21

[5] Marx, C. (2009). Introducción para la crítica de la filosofía del derecho de Hegel. En G. Hegel, Filosofía del derecho (págs. 9-22). Buenos Aires: Claridad, p.10

[6] Texto escrito entre 1945 y 1946 y publicado recién en 1932.

[7] Marx, K. (2014). La ideología alemana. Madrid: Akal, p.25

[8] Platón. República. Madrid: Gredos.

[9] Benjamin, W. (2014). La dialéctica en suspenso. Fragmentos sobre la historia. Santiago de Chile: LOM, p.43

[10] Idem.

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