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La cuestión del suicidio en el Joven Marx

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La cuestión del suicidio en el Joven Marx

Por Matías Guerra Urzúa, Universidad de Chile

Resumen:

El presente trabajo tiene como objetivo elaborar un análisis acerca de la temática del suicidio en el Joven Marx. Esto teniendo como principal fuente el desconocido texto “Sobre el Suicidio” del Joven Marx, escrito en 1846 para la revista revolucionaria “Gesellschaftsspiegel”. El suicidio, según el autor, sería principalmente una consecuencia de la enajenación en la cual es sumida el individuo bajo la sociedad capitalista, cuestión que es un fenómeno transversal, independiente de la clase social o el género. Se buscará complementar la visión propuesta en aquel texto con lecturas de otros textos elaborados dentro del lapso entre 1842 a 1846, poniendo especial atención a la elaboración del concepto de enajenación y sus formas, para ver de qué forma éstas gatillan y ayudan en la comprensión del suicidio en los manuscritos filosófico económicos de 1844 y los cuadernos de París. La importancia de esta temática recae en reconocer una sociedad enferma, con un malestar inherente a su existencia, lo cual, en vista de Marx, es solamente superable mediante la revolución.

Palabras Clave: alienación, suicidio, trabajo, revolución, marxismo.

Abstract:

The present work has as objective to elaborate an analysis on the subject of the suicide in Young Marx. This having as main source the unknown text “On the Suicide” of Young Marx, written in 1846 for the revolutionary magazine “Gesellschaftsspiegel”. Suicide, according to the author, would be mainly a consequence of the alienation in which the individual is submerged under capitalist society, an issue that is a transversal phenomenon, independent of social class or gender. It will seek to complement the vision proposed in that text with readings of other texts elaborated within the period between 1842 and 1846, paying special attention to the elaboration of the concept of alienation and its forms, to see how they trigger and help in understanding the Suicide in the economic philosophical manuscripts of 1844 and the notebooks of Paris. The importance of this theme lies in recognizing a sick society, with an inherent discomfort to its existence, which, in Marx’s view, is only surmountable through revolution.

Keywords: Alienation, suicide, labor, revolution, marxism.


Introducción

La cuestión de la enajenación, específicamente del trabajo, es central en los manuscritos filosóficos escritos en 1844 escritos por Marx. Luego, en un texto desconocido y poco estudiado llamado “Sobre el Suicidio”, escrito en 1846 para la revista “Gesellschaftsspiegel”, Marx ahonda en la temática de la enajenación, pero esta vez como motivante del malestar social que induce al individuo al suicidio. ¿Pero de qué manera el trabajo enajenado subsume al individuo y al ser genérico humano en el yugo del malestar y la negación de la realización? Esta problematización se basa en que la enajenación del trabajo es el origen y causante del resto de los tipos de enajenación expuestos por Marx, como por ejemplo la enajenación política y social, que son decisivos a la hora de comprender el fenómeno del suicidio de manera sociológicamente más completa.

Para emprender esta hazaña, entonces será necesario delimitar los contornos del concepto de alienación, para así poder comprender de qué forma es entendible el suicidio a partir de este. Este concepto se ve por primera vez desarrollado en los cuadernos de parís, que serían reflexiones rescatadas a lo largo del paso de Marx por la ciudad de París previo al acaecimiento revolucionario de 1844. Luego en los manuscritos filosófico económicos de 1844, que se podrían considerar una sistematización, aunque incompleta, de los cuadernos de París, el concepto de alienación aparece como central, siendo prácticamente el motor del mal del capital, y a la vez la pieza clave a comprender para llevar a cabo la realización de la revolución, y con ello, la realización del hombre en tanto ser genérico. Una idea fundamental que comienza a gestarse también es la de la centralidad del trabajo dentro de la reproducción de la vida y las condiciones materiales de existencia, y también el trabajo como forma de realización. Por último, hay que reconocer la centralidad que tiene la obre de Hegel en la elaboración teórica de Marx en los Manuscritos, esencialmente reelaborando el concepto de alienación a partir del concepto “Entäußerung” empleado por Hegel, y que este último adopta de Rousseau. Una cuestión central en la crítica de Marx hacia la filosofía hegeliana en este punto es que “el concepto de enajenación es básico para lo que Hegel llama “la dialéctica de la negatividad” y que para Marx es “el principio motor y creador”. Marx ataca a Hegel no porque vea el desarrollo a través de la contradicción, sino por ver este proceso de desarrollo y aun así convertirlo en una cuestión de “conocimiento absoluto”, en vez de ser un problema de la nueva sociedad que la práctica revolucionaria del proletariado realizaría y no alguna negatividad abstracta”.[1]  Esta crítica al hegelianismo tendrá su punto culminé con la parte última del tercer manuscrito, en dónde hace la densa crítica hacia la dialéctica hegeliana y la Fenomenología del Espíritu.

Pero, ahora entrando en terreno, ¿qué sería entonces para Marx la alienación? Utilizando las reflexiones dadas en los manuscritos del 44, Marx parte desde la base de que, en primer lugar, el trabajo es la forma de objetivación del ser en su entorno, y, por ende, la forma en que este se realiza. La enajenación sería la relación en que el trabajo se presenta como algo exterior, ajeno al obrero, es decir, algo que no forma parte de su esencia; “en que el trabajador, por tanto, no se afirma en su trabajo, sino que se niega en él, no se siente feliz, sino desgraciado, no desarrolla al trabajar sus libres energías físicas y espirituales, sino que, por el contrario, mortifica su cuerpo y arruina su espíritu.” (Karl Marx, 1966) El trabajador, por tanto, sólo se siente él mismo fuera del trabajo, y en éste se siente fuera de sí. Cuando trabaja no es él mismo, y sólo cuando no trabaja cobra su personalidad. Esto quiere decir que su trabajo no es voluntario, libre, sino obligado, trabajo forzoso. No constituye, por tanto, la satisfacción de una necesidad, sino simplemente un medio para satisfacer necesidades exteriores a él. El carácter extraño a él del trabajo se manifiesta en el simple hecho de que el trabajador huye del trabajo como de la peste tan pronto como deja de sentirse obligado a trabajar por la coacción física o cualquier otra clase de coerción. El trabajo exterior, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo en que se sacrifica a sí mismo y se mortifica finalmente, la exterioridad del trabajo para el trabajador la revela el que no es su propio trabajo, sino un trabajo ajeno; no le pertenece él, ni en él se pertenece el trabajador a sí mismo, sino que pertenece a otro. Como en la religión, donde la propia actividad de la fantasía humana, del cerebro y el corazón humanos, obra como si se tratase de una actividad independiente del individuo, divina o diabólica, así también la actividad del obrero no es su propia actividad. Pertenece a otro, es la pérdida de sí mismo[2].

Lo anterior anclado al papel del egoísmo como motor de la sociedad, la necesidad que hace del trabajo un medio y la representación del objeto como un ser ajeno contribuyen a la enajenación por medio del intercambio, lo que implica una enajenación de la relación entre hombres. Es así, que el burgués impone su interés personal por sobre los demás, al ser él el que extrae y acumula riqueza, y al mismo tiempo y como consecuencia, crear una falsa conciencia que facilite la necesidad de realización de su egoísmo por medio de una ideología.

Es aquí donde aparece la cuestión del suicidio. El hastiamiento con la vida, el malestar en la cultura y la “castración” del sujeto trabajador producen una enajenación tanto a nivel de trabajo como a nivel de relaciones. “El hombre se asemeja a un misterio para el Hombre; sabe apenas censurarlo, pero no lo conoce”.[3]

Marx ahonda más en esta idea extrapolando la cuestión del misterio hacia la configuración de las ciudades, en tanto espacio geográfico, dado que es más difícil tener conciencia de la totalidad de los sucesos que se dan dentro de ella, por lo que existiría cierta desapropiación por parte del sujeto con su entorno directo. La gran ciudad, como también el avanzado grado de división del trabajo, hacen difícil saber qué ocurre en las calles[4], lo que, en vista de Marx, haría mucho más compleja la tarea organizativa del proletariado por parte de los revolucionarios socialistas. Bajo esta perspectiva geográfica del problema, es también relevante mencionar que las ciudades de la Europa industrial a mediados de siglo XIX estaban diseñadas para tener sectores de “workshops” (en Inglaterra) o “bastilles” (en Francia), que serían lugares de trabajo que intentarían asemejar cárceles, con niveles de disciplina que promovían trabajo exhaustivos a los trabajadores de aquellos lugares, y que en Inglaterra señala una etapa histórica singular de trabajo indigente en las ciudades, que era en paupérrimas condiciones sanitarias. Es con esta constitución institucionalizada del “workshop” que comienzan a aparecer los problemas psicológicos por parte de los obreros y obreras de estos lugares, especialmente el problema de demencia como consecuencia de la situación de encierro de los trabajadores.[5]

También cabe destacar la particularidad de este texto marxiano acerca del suicidio, dado que diagnostica expresamente los males de la estructura patriarcal que configuran la sociedad moderna. No se abordan sólo los procesos de enajenación y negación del ser durante el trabajo en su forma tradicional obrera, sino que también aborda la opresión machista dentro de las relaciones familiares y las que impone la sociedad hacia las mujeres expresándose en formas deontológicas coercionantes del ser femenino.  Las mismas relaciones de parentesco y el código jurídico de las relaciones familiares presentan situaciones de encierro hacia las víctimas (en este caso mujeres), que se manifestarían como una desposesión de sí mismas, cuestión similar a lo que ocurre con el trabajo del obrero en la fábrica.

El suicidio entonces, para Marx, es reflejo y causa de una sociedad profundamente enferma, en donde, para ciertas personas, la única escapatoria a sus fantasmas y la opresión es el fin de la vida propia. Una sociedad gobernada por intereses controlados de arriba hacia abajo, dice Marx, forma relaciones entre individuos que se dan determinadas por esta estructuración, y el suicidio sería un síntoma más de la lucha social dada dentro del sistema capitalista de producción, expresado a través de la lucha de clases. Es, además, una ocasión prácticamente única para hacer una desgarradora crítica a un problema concreto de la sociedad capitalista contemporánea a Marx, alejándose de la crítica abstracta de los socialistas alemanes de la época. En fin, esta demostración del suicidio como problemática consecuencia de las falencias estructurales del capitalismo es tanto una exposición filosófica-sociológica, cómo lo es también una abierta crítica militante y política.

Desarrollo

 

Como paso previo para poder comprender de forma más acabada de qué nos habla Marx en su escrito sobre el suicidio, es preciso dar un paso hacia atrás, y recaer en los manuscritos filosófico económicos del año 1844, y especialmente reflexionar acerca del concepto de alienación (en algunas partes se hablará de enajenación y otras de alienación para acercarse más detalladamente a conceptos utilizados por otros autores, pero en términos generales son considerados sinónimos) que utiliza Marx en estos escritos, dado que será útil construir un concepto de alienación a partir de las distintas visiones que se le han dado a éste a través de la historia del ideario marxista entendiendo la magnitud y profundidad que le confiere Marx a la alienación y a la obra de los manuscritos en su compleja totalidad. Tal como señala Marcuse, por su carácter fragmentario “los Manuscritos exigen no solamente una interpretación minuciosa, constantemente atenta a captar la relación de cada pasaje con el conjunto (importantes partes parecen haberse perdido, el análisis se interrumpe frecuentemente en el punto esencial; en ninguna parte el texto está suficientemente elaborado como para ser dado a la imprenta): el texto en sí mismo exige mucho del lector y especialmente serios conocimientos filosóficos”. [6]

  • Manuscritos de 1844 y el concepto de alienación

   Cómo es sabido, la aparición de los manuscritos del 44 en el año 1932 gracias a MEGA, suscitaron una amplia discusión dentro de la izquierda marxista y en general dentro de los partidos de izquierda del mundo, especialmente dentro de aquellos bajo el mando soviético.  En palabras de la gran pensadora marxista y feminista Raya Dunayevskaya, “se necesitó una revolución —La Revolución Rusa de noviembre de 1917— para desenterrar estos Manuscritos de 1844 de los polvorientos archivos cerrados de La Segunda Internacional. Una vez publicados, la sacudida del reconocimiento no sólo fue de que eran grandes escritos, sino que revelaban tan profunda Idea de la Libertad que trascendía a la vez tiempo y lugar, es decir, la Alemania de aquel decenio.”[7] Además, desde esta idea de libertad se libra una fornida direccionalidad revolucionaria en la teoría marxiana, tomando como punto de partida las relaciones humanas que nacen del concepto de hombre/mujer que emplea el autor. Marx con su comprensión de la esclavitud bajo la cual estaba sumida el ser humano en tanto especie, que se basa principalmente en la enajenación, le mostró a ésta al mismo tiempo un haz de luz que los dirigiría hacia su salvación.

Pero cabe preguntarse, ¿por qué tanta importancia a esta obra incompleta de Marx? De alguna manera este texto marca un inicio hacia la crítica a la economía política, cuestión que será fundamental más adelante en la inmensa obra de Marx, y especialmente culminando en la redacción de “El Capital”. Pero esta crítica a la economía no queda simplemente en eso, sino que Marx indaga más allá utilizando el método dialéctico que capta esencialmente en la obra de Hegel, “La fenomenología del espíritu”, y a partir de aquello comienza a confeccionar las categorías principales de la teoría marxista, y entre ellas, claramente está reservado un lugar al concepto de alienación (que tiene una fuerte raíz hegeliana). Es entonces aquí dónde reside la importancia más grande de estos textos: ellos son el primer documento que da testimonio formal del análisis crítico al que Marx ha sometido a la Fenomenología de Hegel, y la designa como la fuente verdadera de la filosofía, y cómo una forma realmente revolucionaria de concebir la realidad una vez puesta en sus pies.[8]

Es importante constatar también que estas reflexiones de Marx no nacen de la mera intelectualidad, sino que nacen del calor de la lucha proletaria, específicamente del proceso revolucionario vivido en Francia, y la censura y polémica con otros pensadores a partir de las publicaciones de la Gaceta Renana. Es en 1842 cuándo las preocupaciones de Marx comienzan a girar en torno a la filosofía política hegeliana, pero es en los primeros meses de 1843 que esta herencia hegeliana sufre un fuerte golpe causado por la prohibición definitiva del periódico renano, lo que causa en Marx una etapa de crisis en torno al concepto de Estado en el hegelianismo y su forma ideal y cómo ella contrasta con su realidad histórica contemporánea a Marx. En este sentido Marx no critica a Hegel porque ignore lo real, sino que porque presenta lo real como ideal.[9] Esto también se ve potenciado por las polémicas discusiones en las que se vio envuelto Marx con los jóvenes Hegelianos, en específico con Bruno Bauer, principalmente a través del debate de la cuestión judía y Ludwig Feuerbach, actor principal para la elaboración de la noción de enajenación marxiana. La incidencia de este último será esencial para comprender el desarrollo teórico del joven Marx, dado que Marx recogerá una gran cantidad de ideas y premisas de la teoría feuerbachiana, especialmente desde la teoría del cristianismo propuesta por Feuerbach, que será la irrupción del materialismo en la tradición filosófica alemana. Cómo ejemplo destacable, ambos autores tienen afinidad en torno a la realización humana, que consideran que el desarrollo y realización del individuo en tanto tal solamente se puede dar en conjunto con la comunidad. “Marx sostiene que la realización de la naturaleza humana es el punto de referencia con respecto al cual hay que medir la emancipación (y hay que criticar a la sociedad moderna), una afirmación que presenta cierta similitud con la teoría naturalista de la vida política y social de Feuerbach.”[10] Este respeto por la obra de Feuerbach recopilará elogios por parte de Marx, principalmente señalando que gracias a él se culminó la crítica al cristianismo en Alemania, y que gracias a esto también encontró de forma implícita la relación de alienación en su forma real a través de aquella crítica al cristianismo, y, por último, Marx le otorga el mérito a Feuerbach de haber proporcionado la base filosófica al socialismo.[11] Por tanto, se produce este despertar en el sentido crítico del autor por una multiplicidad de factores, que, de alguna forma, culminan en la redacción de los cuadernos de París, que posteriormente servirán de insumo para la redacción de los Manuscritos del 44, y que más importante aún, generan un quiebre drástico con el idealismo hegeliano.

Es de esta revelación crítica marxiana que comienzan a salir a flote conceptos que serán claves para la comprensión de la realidad concreta, y más aún, del pensamiento crítico revolucionario. El concepto de alienación claramente es uno de aquellos conceptos, aunque tiene la particularidad de que Marx no utilice este concepto explícitamente posterior a los Manuscritos del 44, pero sí se puede ver una influencia posterior, como por ejemplo en su teoría del fetichismo de la mercancía que aparecerá mejor explicada en el primer tomo de “El Capital”.  Siguiendo la reflexión de Sol Arguedas, en realidad, Marx no desarrolló nunca el concepto de alienación: quedó como una de las más geniales intuiciones del “Joven Marx” recogida en una de sus más tempranas obras y publicada tardíamente a mediados de este siglo bajo el nombre de Manuscritos económicos y filosóficos de 1844. En específico, Marx no desarrolló el concepto “enajenación” con lenguaje filosó­fico; pero la enajenación del trabajo está implícita, con lenguaje económico, en su obra máxima: El Capital.[12]

Para continuar este recorrido teórico de la incidencia del concepto de enajenación, es preciso empezar detallando la conceptualización propuesta en el primer manuscrito. Marx parte de un hecho económico contemporáneo a su época: el que mientras el trabajador produce mayor riqueza para el capitalista, éste se hace más pobre en la medida inversa, por lo que el trabajador en tanto productor de mercancías se convierte en una mercancía misma. La relación dialéctica entre sujeto y objeto es clave. El resultado del trabajo del trabajador ya no le es propio al trabajador, sino que le pertenece a un otro, por lo que el sujeto no produce por necesidad propia, sino que por necesidad ajena (avaricia y competencia). Además, la objetivación del sujeto en la cosa por medio del trabajo de la mercancía vuelve al sujeto una mercancía misma, y en tanto que se vuelve mercancía, el objeto se le torna ajeno, representándose como un poder independiente. Profundiza diciendo que “la realización del trabajo aparece en la esfera de la economía política como una invalidación del trabajador, la objetivación como una pérdida y como servidumbre al objeto y la apropiación como enajenación”.[13] Es así que el trabajador cesa de posibilidad de realización por medio del trabajo, cuestión que tiene un carácter liberador a lo largo de la obra de Marx, y específicamente en los manuscritos filosófico económicos de 1844. Esta relación de enajenación, al ampliarse, toma distintas formas y profundiza contradicciones en la vida de los sujetos en la sociedad capitalista.

De forma muy resumida, se puede argüir que partiendo de la base de que el trabajo es la esencia del hombre, esto en tanto que el hombre construye y moldea el mundo a través de su trabajo, moldeándose a su vez a sí mismo, éste también se puede volver en contra del hombre, como negación de éste, en tanto que el trabajo cesa de ser un proceso creativo y de construcción de mundo objetivado del sujeto y pasa a ser una obligación coaccionante que se manifiesta como un ser disociado de quién lo produce. Por tanto, “la esencia del trabajo enajenado consiste en que el objeto creado por el trabajo se contrapone al trabajador como una fuerza ajena. Al separársele (parcial o completamente) del producto de su trabajo, y del goce físico y espiritual del mismo, el hombre pierde la integridad de su esencia y queda escindido, disgregado, desmenuzado.”[14]

A modo de finalizar lo que es la alienación, la reflexión de Marcuse acerca de este concepto prueba ser muy útil:

“La enajenación y la alienación del trabajo, que expresa la enajenación y la alienación de la esencia humana, es decir, la situación de la esencia humana en la facticidad histórica del capitalismo, este hecho aparece como una inversión y un enmascaramiento de que la crítica ha determinado como esencia del hombre y del trabajo humano. EI trabajo no es “actividad libre”, realización universal y libre del hombre por si mismo sino esclavitud y perdida de la realidad, el obrero no es el hombre en la totalidad de sus manifestaciones vitales, sino un “no-hombre”, un sujeto puramente físico obligado a una actividad “abstracta”; los objetos del trabajo no son manifestaciones ni comprobaciones de la realidad del obrero, sino cosas extravías que pertenecen a otro y no al obrero, “mercancías”. De la misma manera la existencia del hombre no se convierte dentro del trabajo alienado en “medio” de realizar su esencia; es, contrariamente, la esencia del hombre la que se convierte para el en el medio de asegurar su simple existencia: la conservación de su existencia puramente física es la meta a cuyo servicio el obrero coloca toda su actividad vital.”[15]

Desde esta concepción marcusiana de la alienación marxista se puede extrapolar a situaciones más allá del trabajo obrero en su sentido tradicional, pudiéndose ampliar a formas de trabajo tales como el trabajo doméstico, el oficio artesanal, o simplemente el acto de reproducción de la vida material de un humano a través de la interacción con su entorno natural. Por ende, esta extrañación puede darse de distintas formas y tomar distintas apariencias. Un ejemplo emblemático puede ser el despojamiento o apropiamiento de las capacidades reproductivas de las mujeres, en dónde es la sociedad quien coacciona, limita, castra a la mujer de su capacidad reproductiva (en tanto que actividad autoconsciente y autónoma) y se le impone la labor de ejercer el trabajo reproductivo o doméstico, que en términos abstractos tiene valor, pero bajo el sistema patriarcal, y en conjunto con la estructura capitalista de producción, relega aquellas labores al “sexo débil” sin ser un trabajo reconocido ni tampoco remunerado.

  • El Suicidio y la Alienación

Entonces, teniendo una concepción general de lo que trataría la alienación en el sistema marxista, cabe preguntarse por la conexión que existiría con el suicidio, y si de alguna forma la alienación es causante del suicidio de las personas en la sociedad capitalista moderna. El texto de Marx, “Sobre el Suicidio”, nos dará elementos necesarios para poder hacer interpretaciones por nuestra cuenta acerca de la causalidad de estos sucesos en la realidad concreta.

El suicidio, ¿qué es más que una secuela lógica de una sociedad profundamente enferma? Para comprender el suicidio cómo fenómeno sociológico y psicológico, es primero necesario revisar las bases filosóficas de este engendro dentro de los márgenes del capitalismo, y también fuera de estos. Marx hace este ejercicio ejemplificando con los esfuerzos de Madame de Stael por intentar demostrar que el suicidio era un comportamiento antinatural, y que, en consecuencia, era más digno pelear con lo adverso de la vida en vez de sucumbir en la desesperación de la inmolación. Es con este planteamiento que Marx piensa desde el posicionamiento del suicida, y se pregunta: ¿es acaso pertinente este pensamiento de coraje en aquel que está decidido a acabar con su vida? No, estos esfuerzos por cargar moralmente la muerte por manos propias es un acto completamente inútil. Y, de hecho, Marx concluye exactamente lo contrario a través de la observación de su entorno directo en aquel tiempo: la ciudad de París. Éste nos dice: “es un absurdo el pretender calificar de antinatural un acto que se consuma tan frecuentemente; el suicidio no es, de modo alguno, antinatural, pues diariamente somos testigos de él. Por el contrario, está en la naturaleza de nuestra sociedad [capitalista y patriarcal] generar muchos suicidios.”[16] Es así como la sociedad capitalista, a ojos de Marx, es asimilable a un campo de batalla entre las tinieblas, en dónde la muerte no es más que un paso simple en términos de voluntad.

¿Pero de dónde proviene todo este malestar, este hostigamiento, las ganas de acabar con la existencia propia? Marx tajantemente señala que la causa directa es el sistema productivo en el cual nos disponemos, o sea, del capitalismo como estructura organizativa disfuncional. Llega a esta conclusión luego de observar que “es justamente en el momento de la detención de la industria y sus crisis, en épocas de alimentos más caros y duros inviernos, cuando este síntoma es más evidente y adquiere un carácter epidémico. En principio, aunque la miseria sea la mayor causa del suicidio, lo hallamos en todas las clases, tanto en los ricos ociosos como en los artistas y en los hombres políticos.”[17] Es entonces un síntoma generalizado, y no solamente un síntoma de carácter específico de aquellos pertenecientes a las clases desposeídas, tales como campesinos y proletarios. Una conclusión apresurada a partir de este hecho puede ser que la alienación producto de la sociedad capitalista es transversal, indiscriminatoria, arrasando con todo a su paso. A continuación, veremos en qué consiste el pensamiento marxiano sobre este hecho.

Es a continuación que se hace una nueva contraposición al suicidio, esta vez poniéndolo como un hecho que está por fuera de la ley, que va en contra de los decretos de la Providencia. Pero si es aquel el caso, una conclusión lógica sería que el suicidio, bajo aquellas circunstancias, es un acto de rotuna protesta y rebeldía en contra de los decretos. Es esta la posición que adopta Marx. Es en este contexto que Marx nos da la siguiente reflexión que será clave para pensar el suicidio como un fenómeno producto de la alienación generalizada.

“Nos hablan de nuestros deberes para con la sociedad, sin que, mientras tanto, nuestros derechos en relación a esa sociedad hayan sido efectivamente definidos y establecidos; y finalmente se termina por exaltar el mérito mil veces mayor de dominar el dolor que el de sucumbir a él, un triste mérito de una triste perspectiva. Brevemente, se hace del suicidio un acto de cobardía, un crimen contra las leyes y el honor.”[18]

Es una clara manifestación y preocupación del despojamiento del ser humano de su condición de ser humano, de ser un simple engranaje en el sistema disfuncional que es el capitalismo, sin cuidados y sin derechos establecidos. Es bajo esta desposesión que el hombre tiene que vivir y hacer de su vida algo valeroso. E incluso cuando el individuo decide terminar con su vida, la sociedad no hace más que condenar a los ya condenados. Es volver a la comparación de intercambio de roles que hace Marx en los manuscritos filosófico económicos: el hombre se ha transformado en animal, y lo animal ahora es humano.

La crítica sigue, ahora dirigida hacia las instituciones que promulgan esta forma denigrante de vivir, tanto del ciudadano como del trabajador. Se observa que, en la Europa contemporánea a Marx, éstas disponen de la sangre y vida de los trabajadores y pueblos, y la suma liviandad con que estos son dejados a merced de la nada. Marx dice que cuando se observa la cantidad de clases que son abandonadas en la miseria, en conjunto con las parias sociales que son despreciadas, de los que son simplemente un instrumento desechable, “entonces comprendemos con qué derecho se podría exigir al individuo que preserve en sí mismo una existencia que nuestros hábitos, nuestros prejuicios, nuestras leyes y nuestras costumbres en general, pisotean.”[19] De modo que es clara la coerción impuesta por el sistema en su conjunto, y que es consecuencia de la manera en que se configura para funcionar de manera disfuncional.  Marx profundiza esta idea señalando que las verdaderas relaciones entre los individuos, son creadas por nosotros de arriba hacia abajo; el suicidio no es más que uno de los mil y un síntoma de la lucha de clases producto de esta dominación. Es prácticamente congruente la forma en que se expresa y se da el fenómeno del suicidio con las formas de alienación social producto de la extirpación del trabajador por parte de su trabajo. El suicidio no es más que un producto de la torre de domino que comienza con la enajenación del individuo y apropiación de su trabajo, de la negación de su realización esencial que es la de producir y crear. El suicidio, la depresión y la enfermedad, no es más que una consecuencia de la esclavitud del hombre por la mercancía y el dinero, de la corrupción que genera la sobrevivencia de estos en las instituciones, en el estado y en las leyes, que sirven para oprimir y contribuir a las ansías de egoísmo y acumulación del capital.

Pero la cuestión no acaba ahí. Es también necesario ver cómo se despliega el ser del capitalismo en tanto sujeto activo para sí, dónde se pone como meta la sobrevivencia del sistema capitalista, este deber ser que necesita ser para reproducirse, este sistema en constante crisis que se determina y determina a todo a su alrededor en base a sus intereses, actúa con el resto de las formas de reproducción de la vida más allá de la producción en lugares de trabajo. Es necesario mirar la estructura familiar, ejercicio logrado por Marx, en dónde observa el machismo inherente a esta estructura, potenciado por las ansias burguesas de propiedad, siendo los padres de familia aquellos que ejercen una posición de poder. Marx comenta que “los hombres más cobardes, los más incapaces de resistencia, devienen implacables cuando pueden ejercer un concepto absoluto de autoridad paternal. El abuso de esa autoridad es igualmente un bruto sustituto hacia los actos de subordinación y dependencia, a los cuales esos hombres están sometidos, en mayor o menor grado, en la sociedad burguesa.”[20] Estos hechos son observados a causa del caso del suicidio de una muchacha que fue recriminada por su padre por arribar tarde a su casa, pensando que ella había dejado de ser virgen. El sentimiento de vergüenza y difamación que sufrió la muchacha la llevaron a quitarse la vida. Un caso similar dado por Marx es el de una mujer casada con un hombre enfermo que necesitaba atención constantemente dada su discapacidad para caminar. Es en esta inseguridad del hombre que se gestaron celos y la mujer se veía recriminada diariamente y tuvo que vivir aislada del mundo para que al marido no siguiera con sus escenas violentas de celos e impotencia. Este sentimiento de pertenencia, de estrangulación a las acciones de la novia, de derecho de propiedad del marido por sobre la mujer, es que causaron finalmente el suicidio de la mujer. Esta privación de poder realizarse en tanto persona, de disfrutar la autonomía de la decisión de vivir y verse reflejado uno en la sociedad y en lo que produce, es lo que continuamente causa el suicidio. Es esta perpetuación de una ideología dominante, una falsa conciencia impuesta para favorecer a la sobrevivencia del capital (Karl Marx, 1985), que no solamente actúa en aquellos más desafortunados en términos de acumulación capitalista, sino que puede afectar también por factores culturales alienantes que privan al ser de su ser esencial. Que privan a la mujer por ser mujer, o que privan al proletario por su condición de desposeído. Este continuo dialéctico del avanzar de la historia no es derribable por ninguna otra forma, dice Marx, que no sea la fuerza revolucionaria del proletariado.[21]

 

Conclusión

En un artículo de Immanuel Wallerstein titulado “El marxismo después del fin de los comunismos”, éste nos deja una interesante reflexión en torno a los conceptos “inmortales” del marxismo, que comienza diciendo:

“Marx ha muerto muchas veces, pero ha experimentado otros tantos renacimientos”, encuentra cuatro ideas en el pensamiento de Marx, que le parecen “todavía útiles, y hasta indispensables, para el análisis de nuestro mundo moderno”. Ellos son: 1. Lucha de clases, 2. Polarización (económica, social); 3. Ideología 4. Alienación. “Este concepto es menos conocido, ya que fue raramente utilizado por Marx mismo, (…) Se tiende a abandonarlo (…) En mi opinión es un concepto esencial en el pensamiento marxiano.[22]

La alienación, en tanto concepto marxista clave, se ha demostrado de una flexibilidad analítica tremenda, siendo aún utilizable para comprender estadios avanzados del capitalismo. Esta flexibilidad se ve también demostrada por la variedad de temas que se pueden abordar a partir del concepto de alienación, y que en nuestro caso fue un fenómeno muy poco abordado por la tradición marxista en general.

Se hace necesario rescatar los conceptos fundamentales del marxismo, y sobre todo del “Joven Marx”, quién nos aporta herramientas sumamente útiles para las tareas interpretativas de la realidad concreta, para la crítica tajante al capitalismo, y, por último, para la tarea revolucionaria para sobrepasar la sociedad en su estado actual y enfermizo. El día de hoy, en el cuál la depresión, la disconformidad, y las distintas facetas del malestar íntimo están más presentes que nunca, se hace necesario retornar, repensar y actualizar las herramientas marxistas para un análisis crítico de lo que es el capitalismo moderno. Considerando las sabias palabras del escritor y filósofo Albert Camus, no hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Pero hay que agregar que no hay razón de pensar el suicidio y sus determinaciones si no es analizando el momento histórico concreto en dónde se sitúa el suceso, en dónde el suicidio no es más que una síntesis de múltiples determinaciones en un tiempo determinado. Y que, por ende, no es posible entender cabalmente el fenómeno del suicidio sin entender cabalmente el capitalismo y su complejidad.

Por último, Marx nos deja con una reflexión dura y certera acerca del suicidio, la sociedad capitalista y su superación:

“¿Qué significa, en efecto, una sociedad en la que se encuentra la más profunda soledad en el seno de millones de almas; ¿en la cual se puede ser poseído por el deseo indomable de matarse a sí mismo, sin que nadie pueda preverlo? Esta sociedad no es en realidad una sociedad; ella es, como dice Rousseau, un desierto poblado por animales salvajes… Descubrí que, sin una reforma total del Orden Social, todos intentos de cambio serían inútiles.”[23]

Bibliografía

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[1] Dunayevskaya, R. (2012). Rosa Luxemburgo. México DF, México.

[2] Marx, K. (1966). Manuscritos Filosóficos-Económicos. México D.F: Fondo de Cultura Económica.

[3] Marx, K. (2012a). Sobre el Suicidio. Madrid, España. El Viejo Topo

[4] Abduca, R. (2012). Estudio preliminar en “Acerca del Suicidio”. Buenos Aires, Argentina. Las Cuarenta.

[5] Ibid.

[6] Marcuse, H. (1970). Los manuscritos filosófico económicos de Marx. Colombia: Ideas y Valores, Número 35-37, p. 17-56.

[7] Dunayevskaya, R. (2012). Rosa Luxemburgo. México DF, México.

[8] Marcuse, H. (1970). Los manuscritos filosófico económicos de Marx. Colombia: Ideas y Valores, Número 35-37, p. 17-56.

[9] Sánchez, A. (1980) Economía y Humanismo en “Los Cuadernos de París”. México DF, México. Ediciones Era.

[10] Leopold, D. (2012). El Joven Karl Marx. Madrid, España: Akal. Pp. 113-300.

[11] Ibid.

[12] Arguedas, S. (1994) La actualidad de la teoría de la enajenación. México DF del Coyoacán, México. Revista mexicana de ciencias políticas sociales, Vol. 39, pp. 195-201.

[13] Marx, K. (1966). Manuscritos Filosóficos-Económicos. México D.F: Fondo de Cultura Económica.

[14] Arguedas, S. (1994) La actualidad de la teoría de la enajenación. México DF del Coyoacán, México. Revista mexicana de ciencias políticas sociales, Vol. 39, pp. 195-201.

[15] Marcuse, H. (1970). Los manuscritos filosófico económicos de Marx. Colombia: Ideas y Valores, Número 35-37, 17-56, p. 38.

[16] Marx, K. (2012a). Sobre el Suicidio. Madrid, España. El Viejo Topo.

[17] Ibid.

[18] Ibid.

[19] Ibid.

[20] Ibid.

[21] Ibid.

[22] Wallerstein, I. (1993) El marxismo después del fin de los comunismos, Revista Dialéctica, Número 23 y 24.

[23] Marx, K. (2012a). Sobre el Suicidio. Madrid, España. El Viejo Topo. P. 66.

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