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‘Modernidad y blanquitud’ de Bolívar Echeverría

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‘Modernidad y blanquitud’ de Bolívar Echeverría

Por Carlos F. Lincopi Bruch, Universidad de Chile

“El racismo normal de la modernidad capitalista es una racismo de la ‘blanquitud’. Lo es, porque el tipo de ser humano que requiere la organización capitalista de la economía se caracteriza por la disposición a someterse a un hecho determinante: que la lógica de acumulación del capital domine sobre la lógica de la vida humana concreta y le imponga día a día la necesidad de autosacrificarse, disposición que sólo puede estar garantizadas por la ética encarnada en la ‘blanquitud’…”.

Bolívar Echeverría

El libro Modernidad y blanquitud (2010) publicado por editorial Era y perteneciente al ilustre pensador ecuatoriano Bolívar Echeverría (1941-2010), es una de las referencias contemporáneas más importantes para pensar la modernidad. El texto es una recopilación de ensayos – como es habitual en las publicaciones de Echeverría –, muchos de ellos ya publicados anteriormente, pero que cuentan con revisiones, reelaboraciones, correcciones, entre otros elementos que, lo transforman en una lectura novedosa. El libro contiene doce ensayos que giran en torno al problema teorético y práctico de la modernidad. Para efectos de la presente reseña comentaremos, brevemente, solo tres de los primeros cinco ensayos, dado que como el propio autor señala, es ahí donde se pone a prueba el concepto de ‘blanquitud’ y su relación con la ‘modernidad’. El presente escrito es una aproximación muy general a las ideas contenidas en el libro.

Nuestro pensador, crítico de la modernidad capitalista, nos habla de ciertas disposiciones del mundo del valor, el cual subsume el conjunto de la vida humana a su propia lógica, constituyendo una cierta tendencia a la uniformización de las identidades globales con el objeto de permitir la funcionalidad plena del aparato productivo capitalista. La ‘blanquitud’ se presenta, entonces, como ‘consistencia identitaria pseudoconcreta’ que permite la creación de sentidos y llenar la ausencia de concreción real de la identidad que caracteriza al mundo de la modernidad capitalista. No se trata ya, simplemente, de una comprensión racial de las posiciones del individuo moderno en el terreno de la sociedad capitalista,  sino de un concepto que trata más profundamente las determinaciones éticas, es decir, el comportamiento activo-práctico del individuo en el contexto de la modernidad capitalista. Por otra parte, se trata de una estrategia estético-ética para hacer vivible o soportable la catástrofe del mundo capitalista, esto es, la completa aniquilación de la vida – el ser humano y su mundo – para satisfacer lo muerto – el capital y el proceso de autovalorización del valor –.

El primer ensayo lleva por nombre Definición de la modernidad. Entre otras cosas, Bolívar Echeverría se refiere a la modernidad como un conjunto de comportamientos que podemos llamar propiamente ‘modernos’ y que constituyen una cierta forma de organizar la ‘vida social’ que se contrapondrían a una otra forma de organizar la sociedad de orden ‘tradicional’. El primer fenómeno, señala nuestro autor, es la confianza en la potencialidad meramente física – ya no metafísica – de la técnica humana, la cual se caracteriza por ver en lo Otro – la naturaleza – ya no una potencialidad sagrada, sino una otredad profana. Aquí tenemos una cierta confianza en la así llamada ‘razón humana’ para intervenir la naturaleza y lograr resultados favorables – siempre matematizados – para el ser humano, con ello se crea la experiencia temporal del ‘progreso’ como un cierto avance, siempre hacia adelante, del vivir humano. Esta modalidad de la técnica – mundana o profana – va acompañada a la primacía de un espacio – propio del mundo de la técnica –, el cual consiste en la consolidación de la vida urbana o citadina y el abandono del mundo rural o campestre. Todo esto es la muerte de Dios, el desencantamiento del mundo o la ‘desdeificación’ [Entgötterung] para seguir a Heidegger. Un segundo fenómeno es la así llamada ‘secularización de lo político’, en el cual los asuntos de Estado son dirigidos principalmente a través de ‘políticas económicas’ y no ya a partir de determinaciones religiosas. Mientras que un tercer fenómeno es el ‘individualismo’, como un comportamiento que supone al individuo como el átomo auténtico de la realidad humana, al tiempo que se desconoce o pasa a un segundo plano el nivel del comportamiento comunitario o social. Lo que tenemos, entonces, son tres fenómenos que nos permiten comprender de manera general el sentido de lo moderno. Por otra parte, Bolívar Echeverría sitúa los orígenes de la modernidad en el siglo X con el aparecimiento de la llamada ‘neotécnica’, contrapuesto a la idea de identidad existente entre modernidad y colonialismo, sustentado por Enrique Dussel, en el cual se trabaja la modernidad en torno al siglo XVI. Para Bolívar Echeverría modernidad y capitalismo no son identidades, de hecho, para el autor, es posible pensar una otra modernidad no-capitalista en potencia, lo cual no quiere decir que no considere la importancia del siglo XVI, sobre todo para la constitución de una modernidad que podemos llamar barroca y que se constituye en una clave para la comprensión de la modernidad en América Latina.

El tercer ensayo lleva por título Acepciones de la Ilustración, en el cual nuestro autor ensaya un diálogo crítico con Dialektik der Auflkärung (1944) de Max Horkheimer (1895-1973) y Theodor Adorno (1903-1969). Para nuestro autor, siguiendo las orientaciones de la teoría crítica, la Ilustración es un fenómeno de la modernidad que se presenta como una dialéctica compleja, de tendencias contrapuestas y que tienen como supuesto principal la constitución o aparición del ‘sujeto’. Ya habíamos planteado la necesaria desacralización de lo Otro (la naturaleza), cuya contraparte es la aparición del sujeto en cuanto que un ‘ser para sí’, considerado como una individualidad libre que se escinde de la naturaleza, se trata de la aparición del espíritu [Geist]. En este punto del auto-desenvolvimiento histórico del ser humano se presentan diversas formas de relacionarse con lo Otro que es visto como lo Otro, a saber, una primera actitud que reconoce a lo Otro y con el cual la subjetividad se sabe a sí misma en lo Otro, como contenida y superada en determinaciones superiores, o bien, la presentación de lo Otro como lo extraño caótico que debe ser sometido a través de la voluntad de poder, se trata de una auto-conservación e impulso a la aniquilación del y de lo otro. Estas tendencias contrapuestas estarán presentes en el decurso de la modernidad hasta nuestros días. Del mismo modo, otro punto muy interesante de este texto, dice relación con ciertos tránsitos del mito, a saber, la naturaleza es desmitificada, pero solamente para trasladar el mito hacia el ámbito de las propias relaciones humanas, tales como el mito de la auto-regulación del mercado, de la mano invisible y otras expresiones de la experiencia fetichista propiamente moderna.

El cuarto ensayo y último que comentaremos lleva por título Imágenes de la blanquitud. En este apartado, Bolívar Echeverría ensaya su noción de ‘blanquitud’ como un racismo presente e inherente a la modernidad capitalista, el cual tiene la virtud de sostenerse, más allá del color de la piel o la blancura, en un orden ético. Es decir, en un conjunto de actitudes y comportamientos para con la vida productiva del mundo capitalista. De lo que se trata es de una meta-comprensión de la idea weberiana del ‘espíritu del capitalismo’, a saber, de aquel ethos histórico que consiste en una completa entrega al trabajo, de ascesis del mundo, de conducta virtuosa y moderada, de racionalidad productiva y beneficio estable, de auto-represión productiva y que estaría presente, de manera ejemplar, en el cristianismo protestante. Estas características son las que ‘debería’ tener un individuo moderno, completamente adecuado al proceso de valorización del valor y que lo hacen, en cierta medida, constitutivo de esta particular identidad pseudoconcreta que es la ‘blanquitud’. Nuestro autor, señala esta disposición, como una astucia del mundo capitalista, se trata de un racismo tolerante que no exige pieles blancas necesariamente, sino ante todo un comportamiento de hombre blanco. Así, se constituye la paradoja de hombres de ‘color’, ‘chinos’, ‘indios’, que a pesar de su piel y sus características fisiológicas llegan a parecer –  o presentar una apariencia – de hombres blancos. La blanquitud se transforma en un código de la vida moderna, en un racismo oculto con el cual se sostiene toda nación moderna y que mantiene siempre, el peligro, de que el racismo ético se trueque en un racismo de orden biológico. La blanquitud es un dispositivo de emergencia y resguardo de la blancura que puede ser activado en cualquier momento de la vida moderna. La experiencia más radical fue el nazismo, pero hasta nuestros días, la blanquitud resguarda la posibilidad de una cierta supremacía de la blancura. La ética capitalista es así de carácter blanco y presenta un racismo en sus determinaciones más íntimas y sutiles, la civilización moderna se presenta, entonces, como esencialmente racista.

De esta manera, Modernidad y blanquitud se transforma en una referencia obligatoria para el desarrollo de los debates contemporáneos sobre modernidad, así como un material indispensable para la reflexión crítica y el pensamiento. En efecto, el concepto de ‘blanquitud’ nos permite observar y comprender la modernidad capitalista desde otro punto de vista, atendiendo a las determinaciones raciales de la propia configuración del ethos capitalista, así como la comprensión de otros fenómenos contemporáneos que tristemente se repiten en nuestros pueblos, tales como el culto a lo blanco y la discriminación al otro, al indio, al latino, al moreno, al mestizo, al caribeño, entre otros tipos de seres humanos. Finalmente, la invitación es a leer y debatir en torno a estos textos de Bolívar Echeverría e incorporar sus reflexiones a nuestros análisis y críticas de la vida moderna capitalista.

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