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CUESTIONES DE PODER Y DE LEGITIMIDAD. DE LA DOMINACIÓN BURGUESA A LA REBELIÓN OBRERA, ¿QUÉ HACER?

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CUESTIONES DE PODER Y DE LEGITIMIDAD. DE LA DOMINACIÓN BURGUESA A LA REBELIÓN OBRERA, ¿QUÉ HACER?

Por Daniel García Amodia.

RESUMEN:

El objetivo de este artículo es señalar brevemente cómo el “Poder” sirve de recursos a la clase dominante para ejercer su dominio y evitar la ruptura con el statu quo. Me centro más en detalle en el concepto de “legitimidad” dado que mi reflexión acerca del mismo me parece un recurso fundamental para el mantenimiento de la dominación. Por último intento utilizar como punto de partida estos conceptos –Poder y legitimidad- para adentrarme en la esencia dominante del capitalismo para subrayar el significado real para la clase obrera y la necesidad vital de dar un salto cualitativo – de clase en si en clase para si- como único medio posible para liberarse del yugo de la opresión capitalista.

Palabras clave: Poder/ Legitimidad/clase dominante/clase obrera/ Qué Hacer.

ABSTRACT:

The goal of this article is to briefly show how “Power” provides the dominant class with the means necessary to exercise its control and prevent the rupture with statu quo. I focus specially on the “legitimacy” concept as a fundamental resource for the maintenance of domination. Finally I aim to use this “power” and “legitimacy” concepts as a starting point to explore the dominating essence of capitalism stressing its true meaning to the working class and the urgent need to make a qualitative leap from “class in itself” to “class for itself” as the only way to liberation from capitalist oppression.

Key words: Power/ Legitimacy/ dominant class/ working class/ What to do

 

El Poder[1] es la capacidad de influir y condicionar el pensamiento y la existencia de los individuos, por lo tanto se mueve en una oscilación dialéctica entre lo objetivo – la base radical de la cual emana la dominación- y lo subjetivo como ámbito de entendimiento de la realidad la cual determina que “x” poder se enmarca dentro de la inmutabilidad y la eternidad, cuyo resultado es el la legitimidad de un modelo de poder y de las relaciones que lo construyen, permiten y reproducen.

La legitimidad es la aceptación social de una norma, valor moral o hecho como algo que beneficia al conjunto social: la normal, el valor moral o el hecho no han de entenderse como algo abstracto, sino como una manifestación de la voluntad del grupo social dominante, por lo que la principal función que cumple la búsqueda de legitimidad es la de colocar el statu quo en un plano de lo incuestionable; un modelo que comete errores pero de raíz es “lo que tiene que ser”.

Cuando la legitimidad es quebrantada el poder en su forma legitimada, es decir, el Estado, hace uso de la violencia como forma de controlar la disidencia. No obstante las redes de poder se mueven en oscilaciones micro-macro pero condicionadas por el principio de legitimidad. Este principio de legitimidad es uno – el fetiche del dinero como valor de cambio necesario para obtener la quinta esencia de la sociedad: la mercancía- pero de él emanan las legitimidades y redes de poder que se construyen para defender el principio único. Un ejemplo es el de un policía, el cual como persona integrante de una institución pierde su valor como sujeto y se inserta como objeto dentro de la mecánica de la institución policíaca en la cual no puede decidir ni pensar en contra de la naturaleza y la lógica de la misma. El único margen que se le deja para “ser sujeto” es cuando se mueve en el ámbito de lo a-legal. Además el policía como objeto del Estado es conceptualizado como tal bajo las dos formas antes descritas: por un lado tenemos la placa del policía, el símbolo que le une inseparablemente ante la institución policial y símbolo inequívoco de su autenticidad, por la cual se le otorga un principio de autoridad ( y con autoridad no quiero decir ni justicia ni objetividad en el trato de los hechos concretos) que ha de ser respetado por la sociedad, y que de tal manera se entiende y se practica en la misma. La placa es el símbolo que representa la legitimidad de la institución.

Por otro lado tenemos el arma de fuego, la pistola, objeto que por un lado es un símbolo disuasorio cuando la legitimidad de la placa ha sido quebrantada pero que puede transitar hacia el objeto –que realmente es- de represión física. Si entendemos la funcionalidad de dicha institución –garante del statu quo en situaciones en las cuales la legitimidad ha sido quebrantada- debemos entender en que ámbito opera el hecho de que objetos obedientes de una lógica antisocial posean armas de fuego, y como la legitimidad construida recubre el arma de fuego en apariencia pero que recubre la realidad de su funcionalidad.

Con este ejemplo he querido mostrar la dicotomía clara de cómo opera el poder en el ámbito de lo subjetivo.

La Historia es una constante de violencia, de negación de un grupo sobre otro y el esfuerzo violento de ese grupo por no solo ser reconocido sino por a su vez negar a su contrario. En este juego de constante e irreconciliable oposición los  esquemas de una y otra parte se construyen sobre la capacidad de que se acepte una u otra cosmovisión.

Cuando la legitimidad ha sido quebrantada los poseedores  del Poder hacen uso del mismo y dependiendo del grado de intensidad del quebrantamiento la reacción será de una forma u otra teniendo en cuenta que la naturaleza es la misma – control y disuasión -, aunque puede expresarse de diferentes formas: represión masiva como la franquista (asesinatos, campos de concentración y encarcelamiento masivo) o por ejemplo la que vivimos actualmente en Estado español. La intensidad de la represión se mueve en línea (pero siempre un peldaño por encima) del movimiento que quiere controlar.

El último punto en lo relativo a la funcionalidad del Poder se encuentra en su capacidad de condicionar post hoc. La función principal que ha de tener la represión es sentar una base que haga entender a las generaciones venideras la capacidad de actuación de dicho régimen, de definir hasta dónde se puede llegar. Es un condicionamiento ya que ha supuesto un hito, un precedente en la historia de dicho pueblo, con la capacidad de influenciar de diferentes formas: por un lado mediante el condicionamiento a la generación reprimida, la cual transmitirá de una manera o de otra sus vivencias; por otro lado mediante la posición de poder adquirida mediante el ejercicio de dicha represión (por ejemplo el monopolio de la interpretación histórica en las escuelas a cerca de los hechos); la conceptualización propia de los sujetos que potencialmente pueden enfrentarse a ese Estado-represión; y por último el monopolio sobre la memoria.

El precedente sirve para condicionar la subjetividad del enemigo natural, la antítesis- de cara a su propio potencial revolucionario como antítesis objetiva: limitar mediante la eliminación o la coerción a los sujetos más conscientes para la organización de la revolución.[2]

 La clase obrera es negada por su antítesis natural, objetiva, la burguesía, en un plano ideológico-subjetivo. Pese a que objetivamente sea la clase obrera la que produce, la que genera riqueza, en un plano ideológico es  a la burguesía a la que se otorga una dimensión creadora. Cuando la parte consciente de la clase es reprimida, el movimiento revolucionario es negado, y esa negación es constante hasta que de nuevo la clase obrera de ese salto cualitativo para  convertirse en clase para si.

La negación es la negación sobre el papel revolucionario de la clase obrera como sujeto de transformación revolucionaria de la sociedad, por lo tanto el papel del Poder y las tres naturalezas aquí descritas se entremezclan para mantener esa negación.

Hay que añadir que dentro del papel legitimador del Poder se encuentra la construcción pseudo filosófica que es bidireccional. Por un lado la filosofía del statu quo, que solo puede desarrollarse dado que su finalidad es la de legitimar dicho sistema (sirva de ejemplo el escrito de John Locke acerca de cómo puede llegar el hombre a ser feliz; la respuesta es la propiedad privada); por otro lado nos encontramos con la literatura filosófica que quiere encuadrarse en el ámbito de lo contestatario pero que de facto sirve al Estado (como forma legitimada, organizada y coherente que sirve a los poseedores del Poder) ya que meramente es una filosofía de la descripción y no de la transformación, por lo que contribuye a la negación de la clase obrera como sujeto de transformación revolucionario (me refiero al bagaje teórico de la posmodernidad y de la New Left y el neomarxismo).

 En resumen, puedo afirmar que el Poder, como expresión de la clase dominante, se construye mediante la acumulación de los recursos necesarios -el primer principio de dominación es la posesión de medios de producción como medios imprescindibles para la vida- para la construcción de nuevas legitimidades que sirvan de telón para enmascarar la realidad la propia existencia del Poder: la existencia de la esclavitud asalariada la construcción de un sistema cuya base es la dialéctica de la muerte para la clase obrera.

Dado que el Poder ha de ser constituido y debe tener un poseedor que sea el constituyente del mismo, debemos indagar en la radicalidad de la sociedad, en la radicalidad de la construcción objetiva de la sociedad, sobre que pilares se asienta…en definitiva entender la raíz misma de la dominación.

La dominación emana del principio de estructura económica: la posesión privada de los medios de producción y la obligatoriedad de vender la fuerza de trabajo determina la constitución inevitable bajo ese principio de un régimen de esclavitud. El Poder emana de la naturaleza de la clase propietaria, es decir la propiedad privada de los medios de producción como fuente fundamental de vida, y de la apropiación de la fuerza fundamental de transformación de la naturaleza en valor de uso, el Trabajo.

La contradicción ideológica principal se mueve en este terreno, la libertad o ausencia de ella dentro del capitalismo. Existen registros que nos hacen entender que en apariencia  somos libres –libertad de expresión, de opinión, de crítica… pero precisamente velan por no hacer ver el ya mencionado principio de dominación. La riqueza y mantenimiento del Poder son construidos mediante la extracción del plusvalor a la clase obrera y por otro mediante la construcción de un edificio laberíntico que se mueve en el marco de lo subjetivo  tratando de falsear la conciencia del pueblo para no ver los pilares reales que sustentan el edificio del capitalismo, pilares de los que emana toda la construcción lógica que pretende sustentar dicho régimen  para corregir el “error” objetivo representado en que en la base de relaciones de producción asalariadas se encuentra la clase –clase obrera- con el potencial objetivo para destruir a la burguesía.

Al ser la apropiación del trabajo un hecho antinatural, se hace necesario para defender dicho proceso la construcción de instituciones que naturalicen este proceso, es decir, que lo hagan ver como inmutable, eterno y natural ante la conciencia del propio sujeto explotado, cuyo resultado ya no es solo la legitimación si no la construcción de una conciencia servil del explotado, del esclavo.

La naturalización del robo[3] se construye mediante la impresión de una norma, valor moral y un hecho. Veamos ejemplos prácticos: la norma que históricamente ha legitimado la explotación ha sido el derecho, en su forma de código penal (castigar a quienes transgredan la norma), código civil (definir la reglamentación de la norma) y la Constitución (norma principal).

Valor moral: la implantación de valores morales que por un lado son la expresión de la clase dominante y que por otro tratan de destruir la potencialidad revolucionaria de la clase obrera: fetichismo, superstición, individualismo, pensamiento reaccionario, análisis antidialéctico.

Por último referirme a los hechos como base de legitimación histórica para la reproducción de la ideología dominante, siendo la principal que la riqueza no pertenece a quien la trabaja.

En síntesis toda la construcción ideológica burguesa (cuerpo de ideas y teórico con una construcción coherente cuyo campo de actuación es la subjetividad) tiene como base la dominación de la conciencia de los sujetos de su clase antitética, el aplastamiento de su potencial creativo, la sumisión a un papel de mercancía y la negación del potencial revolucionario de la clase. Y es en este juego como el Poder aparece como el recurso o la capacidad para imprimir a la sociedad la ideología de las clases propietarias.

El desarrollo histórico hasta este punto nos relega al cuestionamiento de una pregunta ya convertida en clásica por Lenin, ¿qué hacer?

 La cuestión radica en nuestra capacidad de combatir las construcciones lógicas y discursivas que establecen la esclavitud asalariada y el sistema bajo el cual esta se hace posible como un estadio de libertad. Por lo tanto la lucha se plantea en el ámbito del combate ideológico y propagandístico, describiendo la realidad tal como es y no como la apariencia que se nos transmite.

La realidad que determina a la clase obrera en el capitalismo es una resolución realmente sombría. Marx plantea tres situaciones económicas cuya constante es la miseria de la clase obrera; las tres fases se diferencian por la distinta intensidad en la cual la miseria se manifiesta. Las tres situaciones planteadas por Marx son: Situación declinante (miseria progresiva); situación floreciente (miseria complicada) y situación de plenitud (miseria estacionaria).[4] Esa competencia -inherente- por los puestos de trabajo  ha desembocado a la altura del siglo XXI en estados como España que la clase se enfrente con ella misma –ante situaciones desesperadas de paro prolongado y complicación para adquirir cualquier tipo de ingresos-  y vea a la parte contratante como un benefactor al que hay que agradecer la contratación dada la “difícil” situación del mercado laboral. En este punto la conclusión  es devastadora: la precariedad inherente a la crisis de 2007-8 ha terminado por ser aceptada y justificada por la propia clase, que no ve a su antítesis tal y como es sino como un aliado y a la propia clase como un enemigo –derivada de la competencia por puestos de trabajo-. Aquí vuelve a aparecer de nuevo la apariencia  y la falsa conciencia  para contribuir a la percepción de Marx de que el único destino que le espera a la clase obrera bajo el capitalismo es la muerte; pero siendo aún más claros, lo más sombrío de la apreciación de Marx es que la muerte es necesaria para la propia supervivencia de la clase.[5]

 Si la muerte es el destino que le espera a la clase obrera, la liberación se vuelve como una necesidad vital.[6]

A partir de este punto, voy a concretar en el caso del estado español cuyo desarrollo histórico resulta relevante destacar ya que la clase obrera de este país ha sufrido numerosas derrotas cuya conjunción es por un lado el monopolio de los movimientos sociales como formas contestarías ante las agresiones del capital, pero con las limitaciones naturales que dichos movimientos tienen; y por otro el reformismo como única solución política para los problemas que acucian a la clase trabajadora.

En síntesis los momentos clave que han articulado el proyecto nacional-burgués en España tiene su punto de partida en la derrota en la guerra de España del movimiento revolucionario en 1939 y la colaboración internacional con el régimen franquista. Este punto es clave ya que el leitmotiv  del estado franquista fue consolidar nacional e internacionalmente el proyecto político de la burguesía., mediante la represión, el adoctrinamiento y la legitimación del régimen para las nuevas generaciones mediante el llamado desarrollismo gracias a la introducción de capital americano (Nuria Puig cuantifica la ayuda económica entre 1951-1963 en 1.360.967 dólares)[7]; la difusión del eurocomunismo y la oposición al marxismo revolucionario como método de análisis y transformación social y la monopolización por parte del revisionismo de las construcciones teóricas e intelectuales. En este punto la clase obrera en España fue negada como sujeto revolucionario tanto por la contrarrevolución representada en el régimen franquista como por la posmodernidad y el eurocomunismo.

Para finalizar me parece más fructífero tratar de que este breve ensayo sirva como punto de debate práctico que reducirlo a una mera descripción intelectual de conceptos y procesos. Lo que sigue es una breve propuesta a cerca de por dónde empezar.

En primer lugar tenemos que evolucionar el estadio de negación siendo conscientes de nuestra posición objetiva como esclavos y de nuestros intereses como clase. Para eso el primer paso es buscar una crisis de legitimidad siendo nuestro punto de partida la verificación histórico-social del punto de partida. ¿Cómo? Resaltando las contradicciones objetivas, la dualidad irreconciliable entre oprimidos y opresores: concretando en los siguientes hechos:

Primera fase:

  • Hecho inmediato de legitimación actual: Transición. 1976-1982.
  • Producto inmediato de “1”: Democracia.
  • Naturaleza contradictoria del capitalismo en dos vías: 1) “hacia dentro”: esclavitud y represión; 2) “hacia fuera”: imperialismo. El resumen es la muerte de la clase obrera.

Segunda fase: cuestionar la legitimidad del Poder, de la norma, el valor moral y el hecho histórico describiendo la ausencia de objetividad en la conformación del mismo y explicando a los intereses que sirve, plantear las oposiciones a las determinaciones actuales:

  • Norma: el derecho y la ley no son objetivos en tanto en cuanto se conforma bajo la ideología, y por tanto bajo las aspiraciones y concepciones de la clase dominante.
  • Valor moral: existe una moralidad impuesta que debe ser negada por una nueva: sustituir la moral corrupta del capitalismo por una ética revolucionaria, de la empatía, el compromiso y solidaridad de clase. La nueva ética ha de ser basada en los intereses objetivos como clase y en la ética militante.
  • Hecho: el hecho que actualmente tranversaliza toda la sociedad es el de que la riqueza no pertenece a quien la trabaja. Por lo tanto a la dialéctica de la muerte y la esclavitud del capitalismo, hay que contraponerle una dialéctica de la vida y el empoderamiento: de la revolución.[8]

La segunda fase se ha de desarrollar en el ámbito de la praxis.

Pero en qué o quién confluye todo, qué o quién es el organismo preparado para aglutinar todos estos saltos cualitativos. La respuesta referente al estado español es sencilla: nadie.

Nos encontramos en el punto de reflujo revolucionario, punto en el cual existen condiciones objetivas para aspirar a organizar el movimiento revolucionario pero que las condiciones subjetivas no están todavía maduras. Existen numerosas formaciones políticas, colectivos y movimientos sociales que imprimen luchas parciales no concretadas en una alteración de los pilares del sistema. Actualmente nos encontramos en el paradigma de la negación iniciada en 1939 pero enfatizada por las desviaciones teóricas, la contaminación política, la caída del opuesto principal al capitalismo en 1991… en definitiva por la ausencia de análisis dialectico para la conformación de la praxis revolucionaria.

  “¿Por qué el obrero ruso muestra todavía poca actividad revolucionaria frente al salvajismo con que la policía trata al pueblo, frente a las persecuciones de las sectas, los castigos corporales impuestos a los campesinos, los abusos de la censura, las torturas de los soldados, la persecución de las iniciativas culturales más inofensivas? […] Debemos culparnos a nosotros mismos, a nuestro atraso con respecto al movimiento de masas, de no haber sabido aún organizar denuncias lo suficientemente amplias, brillantes y rápidas contra todas esas ignominias. Si lo hacemos (…) el obrero más atrasado comprenderá o sentirá que el estudiante y el miembro de una secta religiosa, el mujik y el escritor son vejados y atropellados por esa misma fuerza tenebrosa que tanto le oprime y le sojuzga a él en cada paso de su vida.”[9]

                       Negada por:                                    Negada por:

Revolución[10] —————–Contrarrevolución[11]—————– Matria[12]

La respuesta no es sencilla. Para mí el primer paso es saber del punto del que se parte. La juventud cuyo futuro es sombrío, sin expectativas de futuro, tiene la necesidad y un deber en la rebelión como paso previo para la revolución. El primer paso es saber que en este punto, no existe un movimiento revolucionario en el Estado español, lo que no significa que no existan las bases objetivas para organizarlo.

El punto de partida, el hecho verificable histórica y socialmente al cual nos tenemos que referir es la transición y el consenso  generado en torno a ella; combatir esta cuestión mediante la generación de contradicciones (enfrentar la realidad con la mentira constante y la demagogia barata); a raíz de la generación de contradicciones incitar a la reflexión y a la crítica para acabar desembocando en la formación como paso previo a la rebelión y este como antecedente inmediato de la revolución.

La democracia en España ha sido legitimidad a través del proceso transicional entre esta y la dictadura. Generalmente se hace mención  a la altura de miras de los protagonistas de aquel momento, el voluntarismo nacional y sobre todo la reconciliación patriótica, todo lo cual hizo posible la transición. Lo que se ignora en los libros de historia, en los documentales de televisión y en los grandes reportajes son por un lado las líneas de continuidad –en términos institucionales y de personas en concreto-, entre ellas la figura de la corona y la casa real, la policía política, el mundo empresarial y financiero, ministros franquistas (Manuel Fraga o Rodolfo Martín Villa) y un largo etcétera; y por otro el uso del terrorismo de Estado para dirigir por los cauces “correctos” el proceso transicional y la falta de conocimiento acerca de los servicios de información actuales que son herederos de los de entonces.

Si se consigue deslegitimar la transición como proceso corrupto y dirigido para mantener estructuralmente las posiciones del régimen anterior, es de obligada conclusión deslegitimar su producto acabado que es la democracia. Sin embargo ese necesario repensar las formas de interacción entre la masa y la vanguardia de la clase dadas las derrotas históricas sufridas por en el campo del socialismo en las últimas décadas. La derrota histórica de 1991 supone el final de un ciclo y el inicio de otro que se marca por la necesidad de retomar el marxismo como ciencia de la praxis y la obligatoriedad del materialismo dialéctico como método de análisis; un ciclo en el cual el marxismo como ciencia de la praxis tiene la obligación de renovarse constantemente a la par que es el constante movimiento del mundo para conseguir volver a ubicarse como el estandarte de la clase obrera.

Para ello y continuando con la parte anterior del ensayo donde proponía la hoja de ruta a seguir en el juego de la quiebra de legitimidades, es necesario además ampliar el campo de estudio del marxismo y de las propuestas del movimiento revolucionario.

Para concluir mii propuesta es clara: por un lado la necesidad de conformar una ética revolucionaria que se oponga a la ética de la muerte del capitalismo -de muerte de clase obrera y naturaleza- y al modelo relacional entre militantes basado en la ética capitalista. En este punto cabe citar a Karel Kosik que subrayó la necesidad de que la dialéctica marxista se ocupase del plano de la moral planteándose por un lado si la resolución de las contradicciones existentes en el capitalismo significaba solucionar las contradicciones esenciales de la existencia humana. Por otro lado la necesidad de la aplicación de la dialéctica a la práctica marxista sin confundir materialismo e idealismo; dialéctica y metafísica y crítica y apologética.[13]

Entendiendo el momento concreto en el cual Kosik establece la necesidad de aplicar la dialéctica al campo de la moral y de la práctica marxista, parece una necesidad seguir indagando en la cuestión de la moral, en este caso para la propia constitución de una moral revolucionaria como parte necesaria e integradora del movimiento revolucionario.

Actualmente los valores morales se constituyen mediante la legitimidad de la cosmovisión del mundo burguesa, más concretamente neoliberal. Por lo tanto el punto de partida, como negación que somos en este punto, es la ética y moral burguesa-neoliberal, por lo que las sugerencias de Kosik se revitalizan y vuelven al tapete como una cuestión a tratar. Una de las referencias clave en la actualidad que va en esta línea es el filósofo de la liberación Enrique Dussel, que en su conferencia acerca de la Resistencia ética al neoliberalismo[14] establece lo que para él han de ser los principios básicos sobre los que construir una ética antitética a la del neoliberalismo: universalidad, democracia y factibilidad. Partiendo de que la ética capitalista surge de la negación de la clase obrera, de la mujer como objeto sexual (es decir la negación de la mujer como sujeto en sí mismo), parece claro que una de las claves de oposición radican en la afirmación, para lo cual hay que constituirse como sujeto en movimiento, que genera cambios de manera consciente.

Mi sugerencia es que si el sistema y la ética capitalista  radica en la negación de su contrario –la clase obrera- y su capacidad para que la misma asuma la concepción burguesa sobre lo que es –exclusivamente mercancía- parece que el salto cualitativo en lo  referente a la moral debe estar orientado hacia la revitalización del humanismo como código de conducta social. Superar la cosificación de la clase para señalar su humanidad con perspectiva de emancipación y convivencia armónica de la misma parece la tarea principal. En lo concreto, el salto cualitativo solo ha de poder darse con la adquisición gradual de conciencia de clase como conjunto de concepciones que señalan los intereses de la clase concreta a la que se pertenece, señalando el conflicto irresoluble con relación a los intereses de la clase dominante y por tanto, moviéndonos en el parámetro de la oposición, concluir que la emancipación del a humanidad y su convivencia armónica solo puede darse de una manera; que no es otra que la superación de la fase histórica de propiedad privada de los medios de producción, es decir, en primer lugar la revolución, siendo en lo concreto el respeto por la vida humana –que solo puede darse de una manera-, la justicia como norma basada en el humanismo y la necesidad de la rebelión cuando ésta es violada, la solidaridad, y la armonía entre iguales como principios fundamentales.

Es de obligada mención que el hecho de ser productos de la sociedad capitalista influye decisivamente tanto en nuestra ética como en nuestra propia concepción del mundo. Como bien señalan Marx[15] y Lenin[16] ni siquiera la revolución y la llegada a la fase temprana del comunismo –el socialismo-podían erradicar de manera radical el derecho y la cultura burguesa, por lo tanto es evidente que aun viviendo en el capitalismo nuestra conciencia y nuestra ética y moral estén contaminadas en mayor o menor grado por la cultura corrupta de la burguesía. Por esta misma circunstancia mi propuesta es que en este punto somos una aspiración, la aspiración a ser revolucionarios, a convertirnos en lo más grande que una persona puede llegar a ser. En el tránsito de pasar de ser la negación  a ser la negación de la negación,  solo podemos mejorar como productos aún no concluidos, que solo lo seremos cuando alcancemos ese estadio.

Es decir, tenemos la necesidad de reconocer que nuestro  punto de partido se encuentra en que aún no somos revolucionarias ni  revolucionarios pero reconociendo que aspiramos a serlo, por lo que se hace necesario adquirir  un soporte teórico basado en la aplicación dialéctica del mismo  que sirva para orientar una práctica no cerrada a los errores y marcada por la autocrítica como única forma de avanzar; y que la conjunción de ambas, es decir la praxis revolucionaria, sea el eje transversal a través del cual organizar el principio de rebelión como antesala de la revolución, la cual ha de ser entendida como la necesidad vital y única forma de liberación que abre un marco de posibilidades para superar definitivamente la fase histórica de la esclavitud.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA.

Marx, K, Manuscritos de economía y filosofía. Alianza editorial. 1979

Marx, K, Crítica del programa de Gotha.1971,

Puig, N. (2003). La ayuda económica norteamericana y los empresarios españoles. Cuadernos de historia contemporánea.

Lenin, V.I. ¿Qué hacer? Alianza editorial. 2016.

Lenin, V.I, El Estado y la revolución. Alianza editorial. 2016.

ARTÍCULOS.

Conferencia de Enrique Dussel acerca de la Resistencia ética al neoliberalismo pronunciada en junio de 1998.

Kosik, K, (Dialéctica de la Moral y moral de la Dialéctica) en marxismoyrevolucion.org

[1] Hay que entender que el poder es una capacidad, por lo tanto es una posesión o capacidad de alguien o varios que tiene una orientación y un principio. A partir de la determinación de cómo se construye el poder- defiendo que la posesión de los medios de producción como fuente necesaria de existencia- hay que analizar su ramificación y desenvolvimiento. También es necesario señalar que cuando el poder es legitimado, lo que realmente se legitima es su poseedor y las características inherentes del mismo.

[2] Este punto es fundamental, ya que obliga al movimiento revolucionario a tener en consideración la tarea fundamental para organizar la revolución el hecho de tener una renovación de cuadros conscientes, y construir un modelo orgánico que pese a la eliminación de los elementos más conscientes sea capaz de pervivir: dotar a la clase de un instrumento.

[3] Apropiación de la riqueza generada por el trabajo social.

[4] Marx, K, Manuscritos de economía y filosofía. Alianza editorial. 1979.

[5] El capitalismo destruye las dos fuentes de riqueza que lo sostienen: a la naturaleza y al proletariado.

[6] Debido al régimen de competencia entre obreros por los puestos de trabajo en el capitalismo. las dos situaciones más extremas son: 1) crecimiento de la riqueza de la sociedad mediante el exceso de trabajo desembocando en muerte prematura – sobreproducción, paro y bajada de salarios-; 2) contracción económica derivada de la contradicción sistémica: periodo de concentración por lo que se produce una proletarización de la burguesía y aumenta aún más la competencia entre la clase obrera cuyo resultado es que parte de la clase obrera se ve abocada a la mendicidad o a la muerte por inanición.

[7] Puig, N. (2003). La ayuda económica norteamericana y los empresarios españoles. Cuadernos de historia contemporánea, 109-129, p.115.

[8] Dialéctica de la muerte (capitalismo) vs dialéctica de la vida (revolución).

[9] V.I. Lenin, ¿Qué hacer? Alianza editorial. 2016. p 145.

[10] 1936-1939.

[11] En el caso español capitalizada por el franquismo y por el eurocomunismo y la posmodernidad a partir de los 80.

[12] Todas las capas oprimidas por el sistema capitalista y el patriarcado. En vez de buscar la lucha por la diferencia, clásico desde la posmodernidad, se trata de aglutinar bajo las cuestiones objetivas señalando la principal contradicción la del capital-trabajo. Que la objetividad sea la base para organizar el movimiento revolucionario, y a partir de ahí ir entendiendo las distintas formas que adquiere la opresión pero entendiendo su punto de partida para poder superarlo. Pasar de la filosofía y análisis contemplativo a la filosofía de la praxis.

[13] Kosic, K, (Dialéctica de la Moral y moral de la Dialéctica) en Marxismorevolucionario.org

[14] Conferencia de Enrique Dussel acerca de la Resistencia ética al neoliberalismo pronunciada en junio de 1998.

[15] Marx,K, Crítica del programa de Gotha.1971.

[16] Lenin, V.I, El Estado y la revolución. Alianza editoral. 2016.

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