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¿Líbano: Crisis de las Comunidades Confesionales o Crisis del Sistema Burgués?

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¿Líbano: Crisis de las Comunidades Confesionales o Crisis del Sistema Burgués?

 

Por  M. Sc. Sultan Hamade

 

Universidad De La Habana

Facultad de Filosofía e Historia

Departamento de Filosofía y Teoría Política para las Ciencias Sociales y Económicas

Resumen:

Autores que tratan de estudiar las profundas divisiones que afectan la sociedad libanesa tienden a limitar este fenómeno a una explicación metafísica y religiosa lo que no engloba el verdadero problema socioeconómico, dándole la culpa a las comunidades confesionales por las crisis que afecta al país. Además, unos defienden este sistema neocolonial (el cosnociationalismo) y aseguran que es la única opción que tiene el Líbano para su estabilidad y desarrollo. Sin embargo el enfoque materialista revolucionario demuestra la realidad conflictiva del sectarismo como producto del capitalismo deformado y el colonialismo. Por lo tanto, este artículo enseña que el consociationalismo en Líbano es en primer lugar un instrumento de la opresión clasista.

Palabras claves: Líbano, lucha de clases, consociationalismo, religión, materialismo dialéctico

Summary:

Many scholars that tend to study the complexities of Lebanon’s history and politics are trapped by the pre dominant logic of theories on deeply divided societies. Such studies and theories are limited to metaphysical idealist explanations that ignore socio-economic contradictions; moreover, they portrait the political-economic turmoil in Lebanon as a crisis of deeply divided confessional communities. Furthermore, such scholars claim that consociationalism is the only option to maintain political and economic stability in Lebanon. However, the materialist revolutionary approach reveals the reality of sectarian strife as a product of deformed capitalism and as a product of colonialism. Nevertheless, this paper decodes that consociationalism in Lebanon is nothing more than an instrument of class oppression.

Keywords: Lebanon, class struggle, consociationalism, religion, dialectical materialism

 

Introducción

En 1943, El Líbano había incorporado los elementos medulares del consociacionalismo  (gobierno de la élite, derechos de vetos sectarios, etc.). La fórmula consociacionalista del Líbano no tiene ninguna referencia ni artículo en la constitución, sino que este sistema tiene como origen un acuerdo verbal entre las élites del país[1].

A finales de la década de los 60s, Arend Lijphart propuso una tesis que explica el sistema de gobierno, donde el poder es compartido entre las etnias (gobierno de la élite), a fin de proveer estabilidad en las sociedades sectarias profundamente divididas. De acuerdo con la teoría de Lijphart, las diferencias étnicas y las divisiones sectarias son las principales causas de inestabilidad en los países del Tercer Mundo[2].

Sin embargo, el criterio de Lijphart sobre las “sociedades divididas” se deriva de un enfoque eurocentrista, asumiendo que la producción de modernidad de Europa la hace superior al resto del mundo. Según esta teoría euro-centrista, el mundo está dividido en sociedades homogéneas, que serían las democracias anglo-americanas y europeas, y sociedades heterogéneas, principalmente en los países tercermundistas. Al mismo tiempo, aseguraba que el atraso de las sociedades heterogéneas está relacionado con las divisiones étnicos-sectarias, que impedían la formación de un Estado democrático estable.

De tal manera, la teoría de Lijphart se convirtió en el enfoque universal aceptable para muchos académicos que estudian las complejidades de la historia y política del Líbano, para los cuales, las alianzas sociales verticales (divisiones sectarias) constituyen los principales factores desencadenantes de inestabilidad en la sociedad libanesa.

El marco de investigación dominante mencionado anteriormente, usado en teorías de las sociedades divididas y el consociacionalismo, parte del análisis de las raíces históricas del sectarismo en el Líbano, con el objetivo de comprobar la naturaleza sectaria del actual Estado.

Aunque el Líbano había satisfecho los elementos centrales del consociacionalismo de Lijphart, como se expresó anteriormente, todavía esta teoría omite el impacto de los cambios socio-económicos que tuvieron lugar en el país durante el mandato colonial francés. En esta etapa, la modernización forzada trajo como consecuencia el cambio de un modo de producción feudal a un modo de producción capitalista, que conllevó a profundas divisiones clasistas entre las pequeñas élites ricas que controlaban las empresas de negocio y entre las clases sociales pobres[3].

Igualmente, antes de la guerra del 1975, las profundas divisiones clasistas dieron lugar al surgimiento y difusión de una amplia gama de sindicatos y de partidos políticos de izquierda, de carácter inter-sectario, que se enfocaron en enfrentar los problemas de desigualdad social. Sin embargo, la élite gobernante hizo frente a la lucha del movimiento obrero nacional mediante una propaganda organizada que tomaba como base el sectarismo[4].

Por otro lado, en un intento de eliminar la existencia de la lucha de clases, la élite imperante vinculó los asuntos de la desigualdad social con el desequilibrio demográfico entre los grupos humanos desde un enfoque sectario, que alegaban que era causado por el flujo de refugiados palestinos que huían del genocidio sionista y por la turbulencia geopolítica regional[5]. Por consiguiente, el problema del sectarismo en el Líbano no puede ser abordado sin relacionarlo con el proceso de la lucha de clases y otros factores socio-económicos.

En resumen, el pensamiento de la burguesía se basó en un enfoque metafísico del problema, que analiza el sectarismo como un fenómeno natural que existe exclusivamente  en las “no democracias” tercermundistas que, a diferencia del primer mundo desarrollado, son inmunes a los cambios históricos. Por lo contrario, el problema de las comunidades confesionales en el Líbano no puede ser abordado coherentemente sin relacionarlo con el proceso de la lucha de clases y la crisis burguesa con su sistema capitalista.

El sectarismo y el problema fundamental de la filosofía

Existen dos métodos que definen el fenómeno de las divisiones sectarias en una sociedad. El primer discurso es metafísico y define las divisiones sectarias como un fenómeno natural y como una contradicción histórica responsable por la inestabilidad social. Asimismo, esas sociedades necesitan un sistema confesional para preservar los derechos de los grupos religiosos y específicamente las minorías. Además, la lógica metafísica es la raíz de las teorías confesionalistas y consociacionalistas que confirman el hecho de que las contradicciones sectarias son un obstáculo a los cambios históricos y al desarrollo. El segundo discurso, es materialista y asume las divisiones sectarias como un fenómeno lógico, que se desarrolló en algún momento de la historia y que es característico de las sociedades antigua y feudal.

Esto nos lleva a relacionar lo anterior, citando a Vladimir Krapivin (1985)[6], con una idea esbozada por Lenin, cuando señalaba que: “…La dialéctica, en sentido correcto, es el estudio de la contradicción en la esencia misma de los objetos…” y desde este enfoque es factible investigar la crisis del sectarismo en el Líbano contemporáneo y verlo como una contradicción causada por los cambios abruptos e inducidos de los modos de producción[7].

Igualmente, podemos asegurar de que en el caso del Líbano, estamos en presencia de un fenómeno de aberración provocado por el sistema capitalista post-colonial, periférico y dependiente, y que tampoco es posible que exista una sociedad inmune a los cambios históricos que conserve sus mismas características durante un milenario.

Consideramos por eso que solamente desde la dialéctica materialista se puede llegar a una explicación científica y correcta de la naturaleza del fenómeno que aqueja a la sociedad libanesa en la actualidad. Además, el materialismo utiliza sus herramientas científicas en bien del progreso de la humanidad, del desarrollo de la economía, de la ciencia y de la cultura[8].

Contra la lógica metafísica de la teorías consociacionalista de Arend Lijphart

Arend Lijphart comienza su estudio ofreciendo una descripción abstracta de los principales conceptos de una sociedad pluralista dividida. De acuerdo con el autor, existen sociedades homogéneas estables y otras sociedades heterogéneas, donde las profundas divisiones sectarias, étnicas y culturales constituyen una amenaza a la estabilidad y la democracia. Asimismo, propone una fórmula de poder compartido que debía ser implementada entre los grupos divididos (étnicos o sectarios) para asegurar la coexistencia pacífica de los mismos y la estabilidad social[9].

Por ello, Lijphart dedica toda una sección en su libro consagrada al estudio de las sociedades divididas en los países del Tercer Mundo; en esta sección, argumenta que las divisiones sectarias y étnicas son los principales factores que causan inestabilidad en los países tercermundistas y califica al Líbano como un modelo exitoso de democracia consociacional; aunque lo identifica como una sociedad pluralista compuesta por varias facciones sectarias[10]. Por otra parte, la autonomía sectaria libanesa se remonta al Sistema Millet otomano[11].

En un intento de validar la aplicación del consociacionalismo en los países tercermundistas, el autor establece similitudes entre el Líbano y otras democracias consociacionales europeas[12]. Lijphart identifica el éxito del sistema consociacional del Líbano, debido a la autonomía de cada secta, donde el sistema político no interfiere en sus asuntos sociales internos (Las sectas tienen sus propias instituciones educacionales, etc.).

Lijphart cita el trabajo de Michael Hudson (1969) sobre el Líbano[13]; no obstante, el estudio original de Hudson desafía el marco dominante del consociacionalismo que solo identifica las divisiones verticales como el elemento de complejidad dominante, que caracteriza a la sociedad libanesa[14].

Al comienzo de su estudio, Hudson identifica al Líbano, utilizando el mismo marco dominante que Lijphart: “…El Líbano está compuesto por una sociedad pluralista rica y diversa sin una cultura política unificada…”. En el Líbano, cada individuo tiene una fuerte filiación al grupo familiar y al clientelismo regional; además, la seguridad es alcanzada porque las personas la encuentran en sus grupos inmediatos y estos cooperan en sus propias relaciones y nuevamente, esto conlleva a la siguiente conclusión: de que en el Líbano, la relación que se establece entre un individuo y las instituciones no pueden existir fuera de la presencia de un grupo sectario[15].

Por ello Hudson dedica una sección llamada movilización social, para explicar cómo las complejidades de las clases en el Líbano contribuyen a la inestabilidad de su escenario político. Según él, el brusco abandono de la agricultura conllevó también al cambio de la residencia rural a la urbana, además, esto provocó una gran presión sobre las áreas urbanas y las necesidades de la población fueron apenas atendidas, mientras que la rápida modernización provocó un desarrollo desequilibrado en el centro del país, dejando al margen sus regiones meridionales y septentrionales[16].

Por otra parte, es común que los investigadores burgueses como Lijphart, sean reacios a aceptar la existencia de la lucha de clases en sociedades como la libanesa. Por ejemplo, al analizar las razones de las guerras civiles de 1958 o 1975, Lijphart señala factores externos, como el escenario geopolítico turbulento del Medio Oriente. Además, asegura que los Estados pan-árabes provocaron fuertes tensiones entre musulmanes y cristianos, y nuevamente culpa al flujo de refugiados palestinos, que presupuso una importante carga adicional para la frágil sociedad sectaria del Líbano[17].

Otra crítica contundente a este tipo de enfoques procede de Mao Tse Dong, quien en su trabajo La contradicción, criticaba a los ideólogos metafísicos porque explican los fenómenos sociales desde posiciones de determinismo vinculándolos a elementos aislados y no al fenómeno, objeto o proceso en toda su extensión, cuando lo relacionan solo a las relaciones exteriores, o la geografía o el clima[18]. En otras palabras, al tratar de demostrar  la inmutabilidad de las relaciones sociales, lo que hacen los ideólogos de la burguesía es tratar de enmascarar fenómenos como la explotación de una clase sobre otra.

La esencia de la ideología de la clase burguesa libanesa

Es imposible hablar sobre de la ideología de la clase burguesa libanesa sin tomar en cuenta el trabajo del ideólogo burgués Michel Chiha, el constructor de la nueva constitución libanesa[19]. Chiha define al Líbano como un país geográficamente único, compuesto por una sociedad sectaria mosaica magnífica; además, expresa que ignorar el efecto del sectarismo en la vida política libanesa limitará cualquier capacidad para resolver los estancamientos políticos existentes[20].

En un capítulo de su libro La política interior, titulado: “El dilema de nuestra existencia”, el autor plantea que la localización estratégica del Líbano hace el país vulnerable a la intervención extranjera y que la única forma que tiene el Estado de sobrevivir es dándole a las minorías el derecho a existir a partir de la coexistencia pacífica de las sectas y que los conflictos deben ser resueltos bajo los principios del sistema Millet de 1864-1914[21].

Además, aseguraba que la integración de la representación sectaria en las instituciones nacionales era lo que contribuiría a la estabilidad del Estado. Por consiguiente, el primer parlamento después el pacto nacional de 1943, en su composición, reflejó supuestamente el peso de los principales grupos religiosos del país[22]. Este primer parlamento tuvo una composición de un 30% de cristianos maronitas, un 22% de musulmanes sunitas, un 18% de musulmanes chitas, un 10% de cristianos ortodoxos y un 6% drusos[23].

Según el pensamiento de la burguesía, el gobierno de las elites era una manera justa de representar democráticamente las divisiones religiosas existentes en la sociedad, pero en  verdad, este el parlamento quedó compuesto por una gran alianza de la burguesía, donde el 46.5% de sus miembros eran terratenientes[24]. Además, los parlamentarios procedían de las familias privilegiadas de la época de la opresión feudal como: Arslan, Chamoun, Edde, Franghieh, Yemayel, Osayran, Jumblatt, etc[25]

Pero claro, los elementos de la composición clasista están ausentes de la observación de Chiha, incluso, cuando aborda temas como el del desempleo, argumenta que el Líbano debería tener leyes de comercio flexibles y favorecer el sector de los servicios y el comercio por encima de la industrialización y la agricultura[26] , y esto porque la clase burguesa de Líbano había surgido en la época cuando el colonialismo francés cambió la estructura de producción del país y conformó una economía dependiente a la división social del trabajo de la metrópoli que reconfiguró toda la situación laboral del Líbano[27].

Durante esos años, Francia diseñó para el Líbano, una economía basada en el sector de los servicios y estimuló su consolidación. Por ejemplo, durante el mandato francés se aprobó una política de exención de impuestos a las empresas del entretenimiento y hoteles[28].  Eso conllevó al surgimiento y agudización de profundas divisiones clasistas entre las pequeñas élites ricas, que controlaban las empresas de este tipo de negocio, y las clases sociales pobres[29].

En los países desarrollados, la burguesía desmonta todos los rasgos de la formación económico social (FES) feudal y lo asume como una necesidad histórica, porque el feudalismo es portador de serias contradicciones con el modo de producción capitalista[30].Sin embargo, asegura Sighal que el capitalismo en el Líbano nunca pasara a la fase de la revolución industrial porque, a diferencia de los países industrializados, existen serias contradicciones al interior de su sociedad que actúan como mecanismos de freno.

Entonces, el cambio de modo de producción, no destruyó totalmente las estructuras de la sociedad feudal libanesa, lo que se refleja en fenómenos como el sectarismo[31]. Es cierto que con el objetivo de desvirtuar la existencia de la lucha de clases en el país, la burguesía libanesa impuso un sistema confesional a la sociedad para mantener su poder político en el país, sabiendo que si la mayoría de la clase obrera está divida entre sus alianzas verticales sectarias, no se podrán unir para luchar por un cambio revolucionario que termine con su miseria[32].

Asimismo, cuando la lucha de la clase obrera contra el sistema llegó a un momento histórico critico como había sido la rebelión de los campesinos en la era colonial y la guerra civil de 1975, la burguesía unificada impuso su doctrina metafísica religiosa contra el materialismo y sus representantes de la clase obrera con el objetivo de oponerse al cambio histórico revolucionario[33].

Para esa doctrina religiosa anti popular, solamente hubo una respuesta suave y pusilánime por parte de los académicos, aún cuando la misma se manifestaba en la vida cotidiana con presupuestos fascistas y en su crítica al materialismo filosófico se esforzaba por equipararlo, de manera vulgar e inconsecuente, a las de nociones de las ciencias naturales, lo que termina por darle la razón a Lenin cuando aseguraba que: “…los enemigos de la clase obrera tratan con todas sus fuerzas de minar y calumniar el materialismo y defender las diversas formas del idealismo, que reduce siempre, de un modo o de otro, a la defensa o apoyo de la religión” [34].

Conclusiones

Los ideólogos burgueses, al servicio del imperialismo, del colonialismo y del racismo, no pueden ocultar el partidismo de las teorías filosóficas que elaboran, aunque lo nieguen y siempre tratan de disfrazar esta realidad, que se expresa en el interés de los explotadores en mantener el capitalismo y el neocolonialismo.

De tal manera, el partidismo burgués excluye toda objetividad científica, ya que obliga la investigación científica a presentar el mundo y a mostrar el desarrollo de la sociedad tal como lo desean los explotadores, aunque se cuiden de declarar abiertamente su adhesión a la defensa del sistema de explotación. Además, no pueden reconocer que sus teorías no tienen base lógica ni científica.

Por eso, la burguesía libanesa necesita el sectarismo  religioso como herramientas de enajenación política y social para mantener su poder político y la explotación de una clase obrera segregada de manera sectaria aunque ello le obligue a mantener los rasgos  feudales  en la sociedad, en virtud de que el sistema confesionalista es una herramienta poderosa en mano de los agentes de la explotación.

Asimismo sus ideólogos como Lijhpart y Chiha explicaron que la sociedad libanesa es una entidad retrógrada y tiene una crisis confesional de las comunidades. También en sus pensamientos los cambios económicos y sociales no tienen ningún significado importante.

Al contrario, la filosofía de la clase obrera (Marxista-leninista) no tiene necesidad de recurrir al camuflaje de sus posiciones. Entonces, en los rasgos de los diversos modos de producción se forman las relaciones sociales y es en su seno donde surgen las contradicciones que se yerguen como fuerza motriz de una determinada sociedad.

Por tanto, la actual crisis en el Líbano es una crisis de su sistema burgués y no una crisis entre sus comunidades confesionales y es muy necesario para la clase obrera aprender el modo de funcionamiento del capitalismo para triunfar sobre él. Además, es necesario rebatir con los sólidos argumentos que solo puede ofrecer a los explotados la dialéctica materialista, las doctrinas pseudocientíficas de los académicos al servicio de la burguesía, que en el caso del Líbano, nos vende las teorías del consociacionalismo como válidas, al mismo tiempo que originan una lamentable crisis de la cultura del país.

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[1]  Salamey, I. y Payne, R. (2008). Parliamentary consociationalism in Lebanon: Equal citizenry v.s quotated confessionalism. The Journal of Legislative Studies, 451-473, p. 454

[2] Salamey, I. (2009). Failing consociationalism in Lebanon and integrative options. International Journal of Peace Studies, 83-105, p. 84

[3] Traboulsi, F. (2014). Social classes and political Power in Lebanon. Berlin: Heinrich Böll Stiftung,  p. 16

[4] Takieldeen, S. (1977). The historical development of the Lebanese crisis 1920-1970. Beirut: Dar Ibn Khaldoun, p. 123

[5] Amel, M. (1989). Introductions to Critic the Sectarian thought. Beirut: Dar Al Farabi, p. 215

[6] Krapivin, V. (1985). Que Es el Materialismo Dialectico. Moscow: Editorial Progreso, p. 175

[7] Amel, M. (1986). In the sectarian state.  Beirut: Dar Al Farabi, p. 13

[8] Krapivin, V. (1985). Que Es el Materialismo Dialectico. Moscow: Editorial Progreso, p. 16

[9] Lijphart, A. (2006). Democracy in Plural Societies (trans Hosniey Zena). Beirut: Institute of strategic studies , p. 11

[10] Ibid., p. 217

[11] El sistema del Millet tiene una larga historia en el Medio Oriente, y está muy cercanamente relacionado con las reglas islámicas relativas a las minorías no-musulmanas. Mientras que el término otomano, se refiere a las cortes legales separadas de acuerdo a los sistemas legales: (la Sharia musulmán, el derecho canónico cristiano y la Halajá judía) que se corresponden con la ley personal en las que a las minorías se les permitía organizarse de manera autónoma con casi ninguna interferencia del gobierno otomano, y siempre y cuando ningún musulmán estuviera involucrado, ya que en ese caso se aplicaba la ley musulmana: la sharia. En ese sistema las personas estaban sujetas a su millet según su religión o a sus comunidades confesionales, en lugar de sus orígenes étnicos. Los líderes de un Millet eran la mayoría de las veces jerarcas religiosos que solo rendían cuentas ante el sultán otomano o el rey sasánida, respectivamente y tenían mucho poder, ya que creaban sus propias leyes y recogían y distribuían sus propios impuestos. Lo único que se les exigía era plena lealtad al Imperio otomano.

[12] Por ejemplo, considerando la pequeña geografía del Líbano, es mejor compararlo con el caso de Irlanda del Norte.

[13] Lijphart, A. (2006). Democracy in Plural Societies (trans Hosniey Zena). Beirut: Institute of strategic studies, p. 225

[14] Hudson, M. (1969). Democracy and social mobilization in Lebanese politics. Comparative Politics, 245-263, p. 246

[15] Ibid., p. 247

[16] Ibid., p. 253

[17] Lijphart, A. (2006). Democracy in Plural Societies (trans Hosniey Zena) . Beirut : Institute of strategic studies , p. 218

[18] Tsedong, M. (1952). En La Contradiccion. China : Editorial Del Pueblo, p. 6

[19] Traboulsi, F. (1999). Michel Chiha and the Lebanese ideology. Beirut: Riad Al Rayes Books, p. 10

[20] Takieldeen, S. (1980). La tema del sectrianismo en el Libano, sus raices y desarollo. Beirut: Dar Ibin Khaldoun, p. 17

[21] Chiha, M. (2004). Politique intérieure (trans Ahmad Baydoun). Beirut: Dar Al Nahar, p. 13

[22] El censo de 1932 que inventó el mandato francés prosperó el basamento de esa fórmula.

[23] Porro Sanchez, R. (2004).  Aproxmiaciones a la historia del medio oriente. La Habana: Editorial Felix Varela, p.214

[24] Ibid., p. 215

[25] Takieldeen, S. (1977). The historical development of the Lebanese crisis 1920-1970. Beirut: Dar Ibn Khaldoun, p.72

[26] Chiha,M. (2004). Politique Intérieure (trans Ahmad Baydoun). Beirut: Dar Al Nahar, p. 48

[27] Makdisi, S. y El-Khalil,Y. (2013). Lebanon: The legacy of Sectarian consociationalism and the transition to a fully-fledged democracy. Beirut: Institute of Financial Economics, American University of Beirut, p. 15

[28] Traboulsi, F. (2008). A History of Modern Lebanon from the Imarah to the Taef accords. Beirut: Riyad Al Rayes Books, p. 283

[29] Amel,M. (1974). Introductions to study the role of socialist theories in the process of national liberation. Beirut: Dar Al-Farabi, p. 320

[30] Sighal, S.(1958). Scientific theories in the development of political economy. Baghdad: Dar Al Rabita, p. 11

[31] Makdisi, S. (2004). The lessons of Lebanon the economics of war and development. London-New York: I.B Tauris,p. 35

[32] Amel,M. (1974). Introductions to study the role of socialist theories in the process of national liberation. Beirut: Dar Al-Farabi, p. 414

[33] Takieldeen, S.(1980). La tema del sectrianismo en el Libano, sus raices y desarollo. Beirut: Dar Ibin Khaldoun, p. 128

[34] Lenin, V. (1982). Tres fuentes y tres partes integrantes de marxismo.  En Marx Engels , Obras Escogidas, Marx y Engels,. Moscu: Editorial Progreso, 18-23, p. 20

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