1059384695

Karl Marx: 200 años de ausencias y presencias

Leer documento en PDF

Karl Marx: 200 años de ausencias y presencias

Por Carlos F. Lincopi Bruch

Un día 5 de mayo de 1818 nacía en la ciudad de Tréveris el filósofo y revolucionario alemán Karl Marx. Sin duda, la figura de Marx ha inspirado la creación y desarrollo de diversos movimientos obreros, socialistas y comunistas, muchísimas organizaciones e individualidades en todo el mundo han tomado su imagen y reivindicado a Marx como el creador de grandes ideas, de hecho, sin ir más lejos, durante el siglo XX una tercera parte de los Estados del mundo se declaraba oficialmente ‘marxista’. Sin embargo, al cumplirse el bicentenario de su natalicio sabemos una cosa, su protagonismo, en cuanto pensador, fue menor, sus ideas, tergiversadas, sus escritos, deformados, de ahí que podamos sostener que la presencia de Marx durante el siglo XX haya sido más bien una apariencia, así, sostenemos la existencia de una larga ausencia de Marx – en cuanto a su pensamiento – que comienza, curiosamente, a terminarse en estos 200 años. Y es que Marx está más vivo que nunca, sus ideas, escritos y argumentos, siguen alimentando a las nuevas generaciones de sólidas armas teoréticas para combatir a la sociedad burguesa contemporánea, al régimen de la valorización del valor y la subsunción del trabajo y la vida a la religión fetichista de las mercancías.

La vida de Marx no fue fácil, por ello decimos que Marx es un pensador del exilio, así, su vida no fue tranquila y estuvo obligado a transitar por el mundo, de Alemania a Francia, de Francia a Bélgica y de Bélgica a Inglaterra. La escritura de Marx se encuentra condicionada por un vínculo estrecho con los movimientos revolucionarios europeos, sus palabras no son meras abstracciones sino armas para el combate de las clases explotadas. Marx escribía en medio de la tormenta, bajo las peores condiciones de existencia, empobrecido, pero con la convicción de escribir y dotar de armas espirituales al proletariado contemporáneo. Es increíble pensar, cómo Marx, bajo las peores condiciones vitales, fue capaz de escribir ese verdadero misil contra el mundo burgués, a saber, Das Kapital.

Ahora bien, en este bicentenario nos interesa realizar una lectura viva, aunque breve, de la obra de Marx, es decir, una lectura no dogmática sino abierta al mundo, a lo Otro, a las dinámicas del tiempo-ahora. Para ello, nos interesa plantear algunos puntos que nos parecen sugerentes para una revitalización de la lucha revolucionaria contra el régimen capitalista de producción de la existencia humana.

Cuando comenzamos a pensar en Marx y en su discurso crítico, nos encontramos con una disposición radicalmente humanista, de hecho, algo que provocó horror en Marx fue la total indiferencia de la sociedad burguesa, del capital, en relación a la existencia del ser humano y, del obrero, en particular. De la misma manera, Marx considera al ser humano como un ser que es capaz de desarrollar un proceso de auto-transformación y auto-superación a través de la práctica revolucionaria, práctica que para ser radical debe atacar los problemas desde la raíz, pero pronto Marx aclara, que la raíz, para el hombre, es el hombre mismo. De ahí que para el desarrollo de cualquier proceso revolucionario sea importante fortalecer y crear las condiciones que faciliten dichos procesos de autotransformación humana que, según Marx, le permiten al ser humano apropiarse de su propia naturaleza, al tiempo que realizarse en el conjunto de sus potencialidades en cuanto que ser humano.  Marx se espanta con la sociedad burguesa, pues considera que ésta reduce al ser humano a su mínima expresión, lo convierte prácticamente, en una bestia, en un ser cuyas disposiciones racionales son atrofiadas constantemente. El capital se preocupa de crear las condiciones para que el obrero, para que el conjunto de los explotados y oprimidos, no puedan pensarse en el mundo.

De la misma manera, a contrapelo de un Marx  supuestamente ‘totalitario’, a través de la lectura de sus textos, encontramos un Marx férreo defensor de la libertad humana. Así, en su Tesis doctoral, Marx toma partido por Epicuro en contra de Demócrito, pues el primero desarrolla una fuerte defensa de la libertad humana y una crítica a cualquier concepción de ‘fatalidad’, ‘destino’ o ‘necesidad’ que oriente la conducta humana, el ser humano es un ser libre y que puede confirmarse como tal a través de la práctica revolucionaria. En el mismo sentido, encontramos en Marx conceptos como el ‘trabajo enajenado’ o el ‘fetichismo de la mercancía’, que expresan una cierta modalidad de la existencia humana bajo condiciones de no-libertad, de hecho, para Marx, el trabajo asalariado y las jornadas laborales representan un tiempo ante el cual el obrero no es libre, sino un objeto a disposición del capital, el cual se dispone a chupar como un vampiro el trabajo vivo del proletariado. Por otra parte, aunque muy olvidada, es la defensa que desarrolla Marx en la Gaceta Renana sobre el derecho a la libertad de prensa y ésta como condición para el desarrollo íntegro de una auténtica comunidad humana.

Este es otro punto presente en toda la obra de Marx, a saber, la recuperación de la comunidad humana, disuelta momentáneamente por las relaciones mercantiles de producción predominantes en la sociedad burguesa, que enfrentan a los seres humanos entre sí, en la más feroz competencia que consiste en destruir al otro, en alienarse del otro, en sentir a tal otro como un elemento ajeno a mi existencia. Así, frente al individualismo contemporáneo, Marx señala que el individuo es el ser social, es decir, un ser eminentemente comunitario y que únicamente puede desarrollarse en una comunidad humana. En este sentido, el trabajo es la forma concreta mediante la cual el individuo participa de la construcción de la comunidad, es la acción en la cual el individuo es para otros, al tiempo que otros son para él. En este sentido, la sociedad burguesa, sustentada en los pilares del mero afán de lucro, el individualismo y la competencia, constituye un verdadero atentado contra la naturaleza social/comunitaria del ser humano.

Otra dimensión de los grandes aportes que podemos encontrar en Marx, es el Marx crítico del mundo capitalista contemporáneo y del discurso de la economía política burguesa. Marx destruye, mediante la crítica, los fundamentos de la economía política contemporánea, devela los modos de existencia del ser humano en la sociedad burguesa y se aterra frente a la subsunción del trabajo o la vida al proceso de valorización del valor (lo muerto). Así, de manera muy contundente Marx demuestra cómo la burguesía lleva a cabo un criminal robo contra la clase trabajadora, apropiándose de los productos del trabajo ajeno y creando un orden legal que legitime el peor delito del mundo moderno: la explotación. Para Marx, el mundo burgués está estrechamente relacionado con las peores formas de violencia, así, el salario representa, bajo ciertas condiciones, el mero sobrevivir – y no vivir – del proletariado, así como, en otro apartado, indica que la violencia se haya dispuesta, como el pecado original, en el desarrollo íntegro del capitalismo, por ello, dice Marx, que el capital viene al mundo choreando sangre por todos lados. En pleno siglo XXI, bien sabemos que Marx no erraba frente a esta afirmación, pues esa sangre no ha parado de chorrear.

Finalmente, encontramos en Marx a un pensador, es decir, a una persona tal que da mucha importancia a la actividad crítica, al pensamiento, a la teoría. De ahí la necesidad, para Marx, de escribir sus ideas y pensamientos. Sin embargo, Marx es muy claro en señalar que no basta con pensar o interpretar la realidad, es preciso junto con los procesos teóricos, la acción, la actividad revolucionaria, la praxis, la actividad crítico-práctica, la acción mediada por un pensamiento crítico acerca del mundo, de ahí que para Marx de lo que se trata es de transformar el mundo. Y bajo las condiciones del mundo contemporáneo, esto quiere decir, y no vamos a suavizar el pensamiento de Marx, destruir la sociedad burguesa, destruir el régimen de producción de mercancías, acabar con la explotación y toda forma de fetichismo, dinamitar el proceso de valorización del valor, sobre la base de construir una sociedad socialista/comunista, en la cual el hombre y la mujer sean verdaderamente libres.

            Entonces, Marx ha estado ausente, la izquierda nunca lo consideró de manera radical e íntegra, siempre tomó sus textos de manera parcelada y unilateral, de ahí que hablemos de una larga ausencia de Marx. Pero ese tiempo va llegando prontamente a su fin, la ausencia se trueca en presencia, lo que había quedado en la dimensión subterránea de lo real, sale a flote y a la luz del día. Es preciso, hoy con más fuerza, volver a leer a Marx, a discutir con Marx, a criticar a Marx, es preciso apoderarse racionalmente de su pensamiento, sin transformarlo en un santo o en un monumento, Marx debe volver al mundo contemporáneo, no para crear religiones, sino para destruirlas, no para crear dogmas, sino para engrasar los fusiles de la crítica. Por ahora, las clases dominantes tienen buenas razones para seguir temiendo al barbón de Tréveris.

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *