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Hans Georg Backhaus: La Crítica a las Teorías Pre-monetaristas del Valor y las Formas Distorsionadas de la Realidad Económica

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Por Riccardo Bellofiore y Tommaso Redolfi Riva

Traducción: Cristián Peña Madrid

Hans Georg Backhaus nació en Remda, Alemania (posteriormente la República Democrática de Alemania), en el año 1929. En 1950 emigró a Alemania Occidental, en donde estudió filosofía, sociología y economía política en Heidelberg y, posteriormente, en Frankfurt. Ya en el año 1965, en el contexto de los seminarios avanzados (Oberseminar) que Adorno dictó en la Universidad de Frankfurt, presentó los basamentos de su propia interpretación de la teoría del valor de Marx. Posteriormente, en 1969, escribió su artículo más conocido y traducido, titulado Zur Dialektik der Wertform (Sobre una Dialéctica de la Forma-Valor) (Backhaus, 1969), el que puede ser considerado el documento fundacional de lo que es ahora conocido como la Neue Marx-Lektüre (Nueva Lectura de Marx)[1]. De ahí en adelante, en un duro proceso de autocrítica y correcciones, llevado a cabo en el transcurso de varios artículos (hoy parcialmente recogidos en el volumen titulado Dialektik der Wertform: Untersuchungen zur Marxschen Ökonomiekritik (Backhaus, 1997b), ha desarrollado su interpretación de la crítica de la economía política marxiana.

  1. La nueva lectura de Marx como teoría crítica de la sociedad

Como el mismo Backhaus ha reconocido, su lectura de la crítica de la economía política se encuentra profundamente influenciada por la teoría crítica de la sociedad desarrollada por Adorno. Como sabemos, Adorno concibió a la sociedad sobre la base del concepto de sociabilización (Vergesellschaftung): “cuando hablamos de sociedad en sentido fuerte (…) nos estamos refiriendo esencialmente al elemento de la sociabilización, el cual no se aplica de la misma manera a las sociedades pre-burguesas” (Adorno, 1969b: 29). Lo que marca la diferencia entre las distintas formas de la sociedad es la forma en la cual “nosotros, en cuanto hemos nacido en tanto entidades biológicas separadas, somos capaces de devenir zoon politikon” (Adorno, 1969b: 114). Desde esta perspectiva, la crítica de la economía política de Marx es interpretada, en la lupa de Adorno, como el despliegue de las formas definitivas de sociabilización que son específicas a la sociedad capitalista.

  1. Intercambio, Sociabilización y Totalidad

Para Adorno, la forma específica de sociabilización dentro de la sociedad burguesa esta supuesta en las relaciones de intercambio en el sentido de que establecen una conectividad total y objetiva entre los sujetos sociales. En esta forma, la sociedad se presenta como una entidad autónoma desde el punto de vista de los sujetos que la componen. A su vez, Adorno describe las relaciones entre sujeto y objeto en cuanto “la dominación de lo universal sobre lo particular” (Adorno 1969a: 14). En sus análisis sobre el intercambio, Adorno subraya la contradicción entre individuos y sociedad: los individuos actúan de acuerdo a acciones libre e intencionales, creando un proceso objetivo (gegenständlich) que se impone – como por naturaleza – sobre ellos, de manera que la sociedad sería una suerte de construcción humana que se impone sobre los individuos que la han creado. Como dice Adorno, “en cambio, la sociedad – que se ha hecho autónoma (Verselbständigung) – ya no es de ningún modo inteligible (verstehbar), sino que es sólo la ley de su devenir autónomo” (Adorno 1969a: 15, trad. modificada en el original).

En resumidas cuentas, para Adorno la sociedad es una totalidad, siendo este carácter de totalidad una propiedad objetiva de la sociedad en cuanto tal:

“Este último uso del término implica que existe entre las personas una conexión funcional, la cual varía considerablemente de acuerdo con el nivel histórico de desarrollo de la sociedad, y en donde no queda fuera ningún miembro de ella. Nos referimos a una conectividad en la cual todos los miembros de la sociedad se encuentran entrelazados y que adquiere un cierto tipo de autonomía en relación con ellos” (Adorno 1969b: 29-30).

  1.  Abstracción real, teoría crítica y la crítica de la economía política

El carácter de totalidad propio de la sociedad tiene que ser entendido en conexión con el intercambio entendido como la forma específica de sociabilización que tiene lugar dentro del capitalismo. En este contexto, Adorno se vuelca hacia la idea de abstracción real, la cual toma prestada de Alfred Sohn-Rethel, quien señala que es en el intercambio donde tiene lugar esta forma de abstracción, esto es, una abstracción de los aspectos concretos de los objetos, los que son, posteriormente, reducidos a una dimensión-de-valor común y abstracta. Tal abstracción no es un proceso subjetivo llevado a cabo por los individuos sociales en el acto de intercambio, sino que es una abstracción real, que opera con independencia de sus actos conscientes. El proceso de sociabilización – intercambio – supone individuos sociales en tanto máscaras de su propio mundo social: es aquí donde la sociedad deviene autónoma. La reducción real y objetiva de las mercancías a su dimensión común – a su esencia – muestra exactamente lo que Adorno mienta cuando se refiere la conceptualidad de la realidad social, “no la mera conceptualidad constitutiva del sujeto cognoscente, sino la conceptualidad que domina en la cosa misma (Sache selbst)” (Adorno 1957: 80).

Como consecuencia, para Adorno la teoría crítica de la sociedad tiene la tarea de entender el proceso de autonomización, esto es, cómo las relaciones entre los seres humanos han devenido autónomas con respecto a ellos o, de un modo más específico, la tarea consiste en entender cómo estas relaciones sociales han llegado a ser autónomas con respecto a los individuos sociales que componen la sociedad en cuanto tal.

En un diálogo con Sohn-Rettel, Adorno expresa la necesidad de un “análisis enciclopédico de carácter sistemático de la abstracción en el intercambio” (Adorno 1965: 226), una tarea que Adorno sólo pudo llevar a cabo de un modo fragmentario. De hecho, es posible encontrar algunos esbozos en sus escritos sociológicos y en sus lecciones que sugieren la manera en la cual podría haber desarrollado la crítica de las relaciones de intercambio capitalistas. Es más, una transcripción realizada por Backhaus de un seminario que dictó Adorno en 1962 ha constituido la pieza más decisiva en este contexto.

En estas lecciones los análisis de Adorno sobre el intercambio son desarrollados en dos direcciones íntimamente vinculadas: por un lado, de acuerdo con la idea de una crítica inmanente de la sociedad,  Adorno quiere mostrar el carácter aparente y superficial de la igualdad en el intercambio entre dos valores de igual magnitud; por otro lado, el autor pretende describir el carácter fetichista asumido por las relaciones sociales de producción en el intercambio de mercancías, esto es, entender su naturaleza social. Cuando Adorno describe el proceso de reducción de las mercancías a su dimensión común, i.e. el proceso de abstracción real incorporado en todo intercambio de mercancías, explícitamente se refiere a la teoría del valor marxiana. Para Adorno, la noción de Marx de que “no es la consciencia de los hombres la que determina su existencia, sino que es su existencia social la que determina su consciencia” encuentra su explicación en la comprensión de la forma-mercancía en cuanto la Urform, la forma originaria de la ideología burguesa; de hecho, “la mercancía no es simplemente falsa consciencia, sino que resulta de la estructura misma de la economía política” (Adorno, 1962: 508). En otras palabras, las formas ideológicas, por medio de las cuales los agentes sociales entienden el proceso de producción y reproducción de la sociedad capitalista, no son simplemente categorías engañosas, por el contrario, son formas objetivas en las cuales se manifiestan las relaciones de producción. El fetichismo es real, esto quiere decir que “la teoría de la ideología (Ideologielehre) tiene su gravidez sólo en el hecho de que la falsa consciencia se manifiesta en cuanto una figura (Gestalt) necesaria de los procesos objetivos en los cuales se sostiene la sociedad” (Adorno, 1962: 508).

Adorno explica la forma objetiva de las relaciones sociales capitalistas sirviéndose del concepto de trabajo abstracto: “La unidad del tiempo de trabajo socialmente necesario (die Einheit der gesellschaftlich notwendigen abstrakten Arbeitszeit) es lo que hace intercambiables a las mercancías. Esta abstracción real y objetiva es una abstracción de las condiciones (Bedingungen) bajo las cuales una mercancía llega a ser (zustande bekommen ist)”. Las condiciones sociales, bajo las cuales un producto del trabajo humano adquiere la forma de una mercancía, se manifiestan como las cualidades de los objetos intercambiados: “el concepto de fetichismo de la mercancía no es nada sino este proceso necesario de abstracción. Por medio de la realización de esta operación de abstracción, la mercancía ya no se manifiesta más como una relación social, sino que pareciera como si el valor fuera como una cosa en sí misma” (Adorno, 1962: 507). En la forma mercancía, las relaciones sociales se manifiestan en cuanto cualidades naturales que pertenecen a las relaciones de intercambio entre cosas de un ostensible carácter económico de igual valor, del mismo modo que el intercambio supone un proceso de realización de la ganancia. En este contexto, Adorno se pregunta cómo entender la ganancia sobre la base de un intercambio entre valores iguales, en este sentido afirma: “la apariencia (Schein) no es el intercambio, ya que este realmente toma lugar. Por el contrario, la apariencia en el proceso de intercambio descansa en el concepto de plus-valor” (Adorno, 1962: 508) – este es, precisamente, el lugar exacto en donde el proceso de producción asume la forma del proceso de valorización.

En resumen, Adorno concibe la crítica de la economía política marxiana en tanto una explicación del proceso de autonomización de la sociedad, siendo la crítica del fetichismo de la mercancía la herramienta teorética que sirve para entender la naturaleza social de las relaciones sociales capitalistas que, a su vez, contribuye hacia una “anamnesis de la génesis” (Adorno, 1965: 223) de las formas sociales autonomizadas, i.e. entender su origen social. De acuerdo con Adorno, la anamnesis de la génesis descansa en el proceso de intercambio entendido como abstracción real – la reducción objetiva de las cualidades concretas del trabajo humano a trabajo social abstracto – que oculta el carácter social específico de las relaciones económicas capitalistas.

  1. Insuficiencias

No obstante, en la teoría crítica de la sociedad à la Adorno, la relación entre trabajo social abstracto y el carácter fetichista de la mercancía permanece como un aspecto indeterminado. Lo que tiene que ser explicado – i.e. por qué la reducción de las mercancías a su unidad en el trabajo social abstracto asume una forma objetiva – es asumido desde el comienzo como el carácter del intercambio. El carácter fetichista de la mercancía parece ser el resultado del intercambio.

Incluso si los análisis de Adorno se refieren a menudo al concepto de plus-valor y al proceso de explotación, el vínculo entre el gasto privado de trabajo y el proceso de sociabilización en el intercambio permanece sin especificar. Las preguntas que tienen que ser planteadas, si la tarea de la teoría es entender la “anamnesis de la génesis”, son porqué el proceso de sociabilización asume la forma de un sistema de los intercambios monetarios privados de mercancías, y por qué el trabajo gastado de un modo privado tiene que asumir la forma de dinero para valer como trabajo social abstracto.

Es exactamente aquí donde comienza la lectura de Marx llevada a cabo por Backhaus. Desde Adorno, Backhaus ha obtenido un claro acercamiento a la importancia de la forma social dentro del pensamiento de Marx, el cual ha sido fundamental para su elaboración de la categoría de valor en cuanto forma social. Para Backhaus, la autonomización de las relaciones sociales capitalistas – que Adorno ha vinculado al proceso de intercambio – tienen que ser retrotraída a la teoría marxiana de la forma-valor, y a la contradicción entre gasto privado de trabajo y el proceso de sociabilización por medio del intercambio en la forma de circulación monetaria. De este modo, Backhaus sostiene que el dinero es la forma social objetiva del gasto privado de trabajo. A su vez, la idea adorniana del materialismo histórico en cuanto la “anamnesis de la génesis” es, de esta manera, actualizada por Backhaus mediante el análisis de la forma de valor – en tanto el momento central de la crítica de la economía política marxiana – por medio de la cual sienta el fundamento de la constitución del dinero en la relación social de producción.

En la teoría crítica de Adorno, la forma-dinero – “el medio (…) aceptado por la conciencia ingenua como la forma de equivalente auto-evidente, y así como el medio de intercambio evidente por sí mismo” – en entendida sólo en la medida en que la abstracción real del intercambio “revive en las personas la necesidad de tal reflexión” (Adorno, 1969b: 32); sin embargo, de acuerdo con Backhaus lo que permanece sin examinar es el análisis de la forma de trabajo que tiene que asumir la forma de dinero si quiere valer como trabajo socialmente abstracto. Si el dinero es el médium social que revive en las personas la necesidad de una abstracción subjetiva en el acto de intercambio, lo que necesita ser entendido es por qué el dinero asume ese rol social, y la respuesta descansa – según Backhaus – en el análisis de la forma-valor desarrollado por Marx. La abstracción real lograda en el intercambio es sólo una consecuencia de la forma capitalista específica del trabajo. Por lo tanto, el trabajo privado gastado en la producción es válido como trabajo social abstracto sólo si asume la forma de dinero. Así, el proceso de intercambio viene a confirmar el carácter social de los trabajos gastados privadamente por medio de una forma particular y, a la vez, universal, a saber: dinero, categoría que viene a manifestar esa dimensión social que Marx llamó valor.

  1. Reconstrucción e interpretación de la crítica de la economía política

Las elaboraciones de Backhaus sobre las esclarecedoras interpretaciones adornianas sobre la forma social comienzan con un cercano análisis del valor en cuanto forma social. Estos acercamientos lo llevan a desarrollar una evaluación crítica tanto de las lecturas sobre Marx que han negado el problema de la forma, como también de su propia reconstrucción e interpretación[2] de la crítica de la economía política en tanto crítica de la constitución social de las formas sociales distorsionadas.

En sus primeros ensayos, Backhaus propone una reconstrucción de la teoría marxiana del valor sobre la base de una lectura lógica del modo de presentación (Darstellungsweise) de Marx. A su vez, identifica un malentendido que ha plagado la recepción de la teoría del valor marxiana, que se ha manifestado tanto fuera como adentro del marxismo, a saber: la continuidad de la teoría del valor de Marx con la teoría ricardiana del valor-trabajo. Lo anterior – según Backhaus – pasa por alto el problema de la forma y la subsecuente critica que realiza Marx a la economía política clásica, en especial la desarrollada por David Ricardo.

Tal como Marx ha señalado:

“Uno de los principales fracasos de la economía política clásica consiste en no haber tenido éxito – mediante sus análisis de las mercancías, y en particular de su valor – en descubrir aquella forma bajo la cual el valor deviene valor-de-cambio. Incluso sus mejores representantes – Adam Smith y David Ricardo – tratan la forma de valor como algo indiferente, como algo externo a la naturaleza de la mercancía en cuanto tal. La explicación de esto no radica simplemente en que la atención de estos autores es completamente absorbida por el análisis de la magnitud de valor, sino que se remonta a lo siguiente: la forma-valor del producto del trabajo es la forma más abstracta, pero también la más universal del modo de producción burgués, por este hecho la forma-valor se pliega a este modo de producción en cuanto un tipo particular de producción social de carácter histórico y, por tanto, transitorio. Luego, si caemos en el error de tratar la forma-valor como la forma natural eterna de la producción social, necesariamente ignoramos la especificidad de ésta y, en consecuencia, de la forma-mercancía junto con sus posteriores desarrollos, a saber, la forma-dinero, la forma-capital, etc.” (Marx, 1872: 174).

El malentendido en la recepción de la teoría del valor de Marx está vinculado a la carencia de una aproximación en consideración al problema del método de presentación expuesto en El Capital y a su naturaleza dialéctica, el cual es a menudo reducido a un simple reflejo lógico de un proceso histórico o a un mero ornamento retórico. El programa de Backhaus se empeña en comprender las diferencias específicas entre la crítica de la economía política y la economía política clásica a través de un minucioso examen del método de presentación. En efecto, para llevarlo a cabo, Backhaus examina críticamente los cambios en el método de presentación de Marx desde los Grundrisse y la Contribución a la Crítica de la Economía Política hasta la última edición de El Capital[3]. Estos diferentes esbozos sobre la teoría de la forma de valor son utilizados como una herramienta para destacar los defectos en la presentación llevada a cabo por Marx. Mas aún, Backhaus los utiliza para sostener la presencia de una teoría del valor de corte esotérica y otra exotérica, ésta última se remonta a la interpretación de Engels y el marxismo tradicional, mientras que la primera requiere de una interpretación dialéctica con relación al método utilizado por Marx en su presentación.

Backhaus sostiene que hay una intentio operis de la crítica de la economía política que excede en gran medida la intentio auctoris – cuestión que ya había manifestado Althusser y su escuela desde otra perspectiva completamente diferente algunos años atrás. En sus primeros ensayos, Backhaus está convencido que una comparación textual entre Marx y sus erróneos intérpretes puede ayudar a reconstruir “el verdadero método de presentación de Marx”

No obstante, en la tercera parte del ensayo titulado Materialen zur Rekonstruktion der Marxschen Werttheorie (Materiales para una Reconstrucción de la Teoría del Valor Marxiana) (Backhaus, 1978a), la perspectiva de Backhaus cambia significativamente. El autor ahora identifica, como una nueva forma de ortodoxia, las lecturas lógicas de Marx que intentan desarrollar una “justa” interpretación de los textos. Asimismo, señala que es imposible fundamentar una lectura lógica de la teoría del valor sólo sobre la base de la evidencia textual. De esta manera, la idea de una reconstrucción que Backhaus había desarrollado en sus primeros ensayos es definida ahora como “una intolerable simplificación del problema de la presentación (Darstellung)” (Backhaus, 1978a: 133). Ahora, en cambio, es necesario reconocer la oscuridad del texto de Marx en varios niveles en cuanto un problema real que no puede ser dejado de lado por una interpretación lógica. Es más, el problema relativo a lo lógico y lo histórico es, por lo tanto, no sólo un problema sobre la interpretación del corpus marxiano, sino que es un problema que el mismo Marx no supo resolver de un modo unívoco. Mientras que la interpretación lógica prevalece en los Grundrisse y en la primera edición de El Capital, la interpretación lógico-histórica es prominente en la segunda edición de El Capital y en el Apéndice a la primera edición. Así, dependiendo en donde pongamos el foco de atención sobre los diferentes niveles dentro de la obra de Marx, podemos desarrollar interpretaciones opuestas.

Sin embargo, Backhaus no abandona la lectura lógica de Marx, más bien, sólo ha descartado la idea de que pueda ser regenerada a través de una reconstrucción textual unívoca. En función de lo anterior, Backhaus centra su foco de atención en sustanciar una lectura lógica considerando las cuestiones teoréticas nucleares de la teoría crítica de Marx. A través de las líneas de esta nueva perspectiva, Backhaus desarrolla su lectura de Marx confrontándose constantemente con las diferentes escuelas económicas (clásicas, neoclásicas, neo-ricardianas, etc) y con los problemas epistémicos y metodológicos que descansan en el núcleo de la teoría económica. Su interpretación de la crítica de la economía política de Marx y, específicamente, de su teoría de la forma de valor dan cuenta, por un lado, de las suposiciones irreflexivas de la teoría económica y, por otro lado, de las perspectivas abiertas por Adorno, a saber: la comprensión de la constitución social y autonomización de la esfera económica en cuanto el terreno dentro del cual las suposiciones irreflexivas de la teoría económica tienen su raíz.

  1. Producción simple de mercancías y la historización del método de Marx

El primer paso que toma Backhaus con respecto a su lectura de Marx se refiere a la crítica de la historización del método de presentación de Marx. De acuerdo con este autor en cuestión, la reseña de Engels a la Contribución a la Crítica de la Economía Política y su Suplemento al tercer volumen de El Capital de 1895, representan escritos claves para comprender la recepción de la teoría del valor marxiana y la historización del método de presentación (Engels, 1859, 1895). De hecho, la idea de una teoría del valor en cuanto teoría del intercambio pre-monetaria y pre-capitalista, junto a la noción relativa al método de presentación en cuanto mera reflexión lógica de un proceso histórico, tienen sus raíces en estos dos escritos. Siguiendo a Engels, los primeros tres capítulos de El Capital están referidos a la explicitación de una suerte de producción simple de mercancías, dentro de la cual los trabajadores no han sido aún separados de sus medios de producción y en donde son dueños de sus propias mercancías, las que intercambian sobre la base de la cantidad de trabajo gastado en su producción. La interpretación historicista de Engels de la teoría del valor está basada en la interpretación del método de Marx que esboza en su reseña a la Contribución, en donde sostiene que la crítica de la economía política equivale a una ciencia crítica de la sociedad burguesa que podría ser desarrollada de dos maneras, a saber: histórica y lógicamente. Marx se decide sólo de manera accidental por un método de carácter lógico, sin embargo, de acuerdo con Engels, el método de presentación lógico “no es nada sino el método histórico desprovisto de su forma histórica y de las contingencias que provocan interferencias” (Engels, 1859: 475).

El punto de partida de la lectura que hace Backhaus de Marx es la crítica a la noción de “producción simple de mercancías” y las interpretaciones sobre la teoría del valor relacionadas a ella. Para este autor, se originan dos tendencias interpretativas complementarias de la lectura que hace Engels de la crítica de la economía política marxiana, a saber: una lógico-histórica y otra mitológica (mythodological). La interpretación lógico-histórica asume explícitamente la lectura de Engels de la teoría del valor marxiana, reconociendo el desarrollo de la forma-valor en cuanto el despliegue lógico de un contenido histórico: la teoría del valor sería la concreción lógica de la “producción simple de mercancías”, mientras que el análisis de la forma-valor vendría a ser la reflexión lógica del proceso histórico relativo al nacimiento del dinero. Teniendo esto a la vista, Backhaus critica no sólo la pertinencia filosófica de la interpretación, sino también la aplicabilidad histórica del argumento. Si Engels no tuvo datos etnológicos con relación a la forma de producción y reproducción de las comunidades antiguas, los intérpretes actuales que validan la lectura “lógico-histórica” deberían confrontar las investigaciones históricas y comprender que los resultados de su método “no están exentos de contradicciones lógicas, ni son históricamente plausibles” (Backhaus, 1978a: 165). Por otro lado, la interpretación mitológica entiende la “producción simple de mercancías” y la ley del valor en cuanto una representación ideal desde la cual los análisis de Marx tienen su punto de partida, y cuyo objetivo es alcanzar el modo de producción capitalista, en donde las mercancías son vendidas a sus precios de producción. De acuerdo con esta interpretación, la teoría de la forma-valor sería sólo un excurso histórico relativo a la evolución del intercambio desde el trueque hasta el advenimiento del dinero en cuanto medio de circulación.

  1. La crítica a las teorías pre-monetaristas del valor

Backhaus señala que en la base de ambas interpretaciones subyace una suposición implícita relativa al intercambio generalizado de mercancías, a su vez, sin un entendimiento apropiado del dinero en cuanto el equivalente universal, estas teorías pre-monetarias del valor analizan la sustancia y la magnitud de valor sin una consideración sobre la forma-valor. De acuerdo con estas teorías, es necesario abstraer el dinero para examinar el intercambio y aprehender su esencia aislada del dinero. Asimismo, Backhaus sostiene que este enfoque se superpone con las teorías subjetivistas del valor neoclásicas que intentan explicar el intercambio de acuerdo a la utilidad subjetiva, abstrayéndose de las mediaciones monetarias. A raíz de esto, de acuerdo con este autor, lo que la economía neoclásica nombra como el “velo monetario”, y la tradición marxista como “el fenómeno” que oculta la estructura de intercambio, para la teoría de la forma-valor de Marx, constituye el proceso de manifestación de la esencia que se esconde tras dicho velo.

Por lo tanto, para Backhaus no es posible separar la teoría de la forma-valor de la teoría del dinero, de manera que la teoría del valor de Marx se erige como una teoría monetaria del valor. El hecho de que esto no haya sido tomado en consideración constituye el origen de esta curiosa situación de acuerdo con la cual muchos marxistas – estando de acuerdo con la teoría del valor – terminan luchando contra la teoría del dinero.

De acuerdo con Backhaus, el desarrollo marxiano de la forma-valor – desde la forma simple, mediante la forma expandida, hasta la forma universal – tiene que ser explicada como una crítica de las teorías pre-monetarias del valor; en función de esto, lo que Marx pretendía mostrar es que el concepto de una economía de mercado pre-monetaria o el concepto de una mercancía pre-monetaria es prácticamente imposible de sostener. La noción de un intercambio generalizado de mercancías sin dinero equivale a un modelo hipotético, en donde las mercancías se presentan en cuanto productos y valores de uso, y no en cuanto mercancías que – en distinción a sus cualidades concretas como valores de uso – tienen una sustancia común social que llega a ser visible en la forma-dinero. Desde esta perspectiva, Backhaus propone una lectura original del concepto marxiano de intercambio, a saber: como un concepto universal y trans-histórico, lo mismo que la noción de trabajo o producto, pero que sin embargo desde el comienzo de la presentación de Marx tiene que ser entendido como circulación monetaria, i.e. una forma específica de intercambio, distinta del trueque, en la cual los productos del trabajo figuran como mercancías que adoptan la forma-dinero y la forma-precio. Esta es la razón por la que no es posible ver el intercambio no-monetario en la primera sección del volumen I de El Capital, ni leerlo – como Engels – como un estadio histórico en el cual las relaciones de intercambio son reguladas por el tiempo de trabajo contenido en las mercancías intercambiadas.

Como una crítica de las teorías pre-monetarias del valor, la teoría de Marx tiene que entender el vínculo inmanente entre el gasto privado de trabajo social y su apariencia en el intercambio en la forma-dinero. Es así como Backhaus toma seriamente en cuenta el uso que hace Marx de las categorías hegelianas expuestas en la lógica de la esencia, señalando que “el método dialéctico no puede restringirse a retrotraer la forma de manifestación hacia la esencia” (Backhaus, 1969: 102), i.e. descubrir el trabajo social detrás del valor-de-cambio. El dictum hegeliano relativo a que la esencia debe manifestarse, para Marx se convierte en la necesidad de mostrar “porqué la esencia asume precisamente tal o cual forma de manifestación” (Backhaus, 1969: 102) o “porqué este contenido ha asumido esta forma particular, es decir, porqué el trabajo es expresado en el valor, y porqué la medida del trabajo según su duración es expresada en la magnitud del valor del producto” (Marx, 1872: 174). Según Backhaus:

“Marx obtiene (gewinnt) el concepto de trabajo social y descubre una contradicción entre esta forma del trabajo y la forma realmente efectiva (wirklichen) del trabajo que tiene un carácter privado. Esta contradicción es considerada por Marx la razón de la presentación del trabajo en el valor, i.e. la razón de la existencia del dinero” (Backhaus, 1979: 265).

Para Backhaus, una interpretación de la teoría del valor de Marx que no comprenda el vínculo entre valor y dinero – i.e. cómo la riqueza capitalista (valor) se manifiesta en el dinero en tanto forma de valor – puede ser reducida a una teoría en la cual el trabajo sea interpretado en cuanto no-utilidad subjetiva, tal como en la economía neoclásica. Del mismo modo, interpretar la primera sección de El Capital de acuerdo con el modelo de la producción simple de mercancías, lleva necesariamente a dar por sentado una medida subjetiva del tiempo de trabajo gastado en la producción y a entender el intercambio de mercancías como una comparación consciente de los sacrificios subjetivos de los productores. Este es precisamente el modo en que la economía política clásica crea sus robinsonadas, partiendo del pescador y el cazador primitivo que intercambian sus productos en función del trabajo gastado en sus respectivas acciones productivas. Tal lectura de la teoría del valor elude el carácter contradictorio de la producción capitalista en la cual “a priori, no tiene lugar ninguna regulación social consciente de la producción” y el carácter social del trabajo “se afirma sólo en cuanto un promedio ciego de operación” (Marx, 1868: 69). Por el contrario, para Backhaus, la ley del valor constituye un proceso supra-individual (überindividuell) que se manifiesta objetivamente (gegenständlich) a espaldas de los individuos sociales, de hecho, toda unidad productiva gasta una cierta cantidad de trabajo en la producción de sus propias mercancías, sin embargo, no es posible saber antes de la metamorfosis con el dinero la cantidad de trabajo privado que posteriormente se va a confirmar como trabajo social. Es así como la teoría del valor de Marx corresponde al despliegue de la ley del valor; a su realización efectiva a espaldas de los agentes sociales. En resumen, de acuerdo con la crítica marxiana, las teorías pre-monetaristas del valor-trabajo ponen como sujeto una organización social del trabajo que difiere de aquellas teorías que caracterizan al modo de producción capitalista y, por lo tanto, no logran aprehender la contradicción básica de este modo de producción.

  1. El problema de la constitución social del objeto económico

La crítica de la historización del método de Marx, junto con la crítica a las interpretaciones pre-monetarias de la teoría del valor llevaron a Backhaus a comprender el valor como un proceso supra-individual, así como también a conectar la idea de Adorno relativa a la autonomización de la sociedad con la noción de dinero como la forma específica y autonomizada que debe asumir el trabajo para contar como trabajo social.

A la luz de esto, Backhaus relaciona la teoría del valor de Marx – en cuanto proceso supra-individual – con el método de la crítica de la economía política – en tanto crítica de las categorías de la economía política. A menudo, este autor hace hincapié en una idea expresada por Marx en una carta enviada a Lasalle en 1858, de acuerdo con la cual la crítica de la economía política representa una “crítica de las categorías económicas (…) una exposición crítica del sistema de la economía burguesa. Es al mismo tiempo una exposición y, de igual modo, una crítica del sistema” (Marx, 1858: 270). Dado que la teoría del valor constituye un proceso supra-individual en el cual los individuos sociales aparecen como personificaciones de unas categorías económicas aparentemente independientes, Marx desarrolla su método en cuanto una crítica de las categorías de la economía política; esto último, para Backhaus expresa la realidad del modo de producción capitalista, de manera que la tarea del método de la crítica de la economía política es mostrar el proceso de constitución de las formas, i.e. de las categorías de la economía política. Vemos, pues, que la crítica de la economía política de Marx constituye tanto un análisis de la constitución social de las categorías propias de la disciplina, como también un análisis de la génesis de los objetos que la economía política refiere de un modo científico.

La crítica de Marx desarrolla las categorías económicas en cuanto “formas del ser-ahí; determinaciones de la existencia (Daseinsformen, Existenzbestimmungen) o como “socialmente válidas y, por lo tanto, formas de pensamiento objetivas” (gesellschaftlich gültige, also objektive Gedankenformen). En esto, sus consideraciones están en completo desacuerdo con la construcción de modelos de comportamiento propios de la teoría económica dominante hoy en día, en el sentido de que no son los comportamientos de los agentes los que determinan la ley del valor, por el contrario, es la ley del valor la que se impone a través de los agentes económicos. Como señala Backhaus, en la teoría de Marx no tratamos con “sujetos económicos modelados de un modo general-ideal, ni con sujetos económicos que efectivamente intercambian entre sí en una sociedad pre-capitalista; en cambio, tratamos con los análisis de la estructura y forma de la relación mercancía-dinero” (Backhaus, 1970: 277). El punto de partida de la teoría de Marx descansa en las categorías de la economía política en cuanto representaciones no-conceptuales (begriffslose Vorstellungen) de una realidad que, a través de la presentación dialéctica, muestra sus propias concatenaciones y, por tanto, permite un acceso conceptual a sus contenidos:

“No es posible afirmar que al comienzo del desarrollo conceptual haya axiomas y presuposiciones fundamentales desde los cuales sea posible deducir otras proposiciones. Al comienzo están las categorías que (Marx) encontró en los manuales de la economía política burguesa, las cuales son por sí mismas un elemento (ein Stück) de la realidad social”[4] (Backhaus, 1975: 101)

La distinción que establece Marx entre economía política clásica y vulgar – la primera determina el valor partiendo de la base del trabajo gastado en la producción de mercancías, mientras que la segunda se interesa solamente en las conexiones superficiales que se dan en la esfera del intercambio – puede ser superada a partir de la contradicción que caracteriza la conexión entre mercancía y dinero. Mientras que la economía política clásica absolutiza el momento del proceso de producción de mercancías, reduciendo inmediatamente el valor al trabajo, la economía política vulgar absolutiza el momento del intercambio entre mercancía y dinero, reduciendo el valor a la utilidad que reporta dentro del intercambio, de modo que ambas acaban siendo incapaces de entender el vínculo entre producción y circulación dentro del modo de producción capitalista: si la mercancía es el producto del trabajo privado que es validado como trabajo social (de acuerdo al tiempo de trabajo socialmente necesario) sólo en la metamorfosis con el dinero, resulta necesario entender que la forma específica del trabajo llega al dinero en cuanto una conexión social en la forma de las cosas. Este desarrollo lógico desde la sustancia de valor hasta su propia forma-valor caracteriza la presentación de Marx de la forma-valor y, en particular, del carácter fetichista de la mercancía. De acuerdo con Backhaus, esta consideración relativa a la constitución social es la differentia specifica de la crítica de la economía política; representa los análisis de las condiciones constitutivas de una dimensión peculiar objetiva (gegenständlich) de una sociedad en la cual los objetos tienen propiedades supra-naturales. Todas las mercancías tienen un precio y el objetivo de la crítica de la economía política descasa en entender la génesis de esta dimensión objetiva válida. A modo de síntesis, la economía política no se ocupa de la constitución social de las categorías económicas, dejando completamente fuera del horizonte de esta disciplina la cuestión relativa a la génesis.

  1. Las formas distorsionadas de la economía política

Con el objetivo de explorar minuciosamente las consideraciones de Backhaus, pasemos a analizar una los contenidos de un importante debate que sostuvo este autor con el economista austriaco Gottl-Ottlilienfield, en particular sobre la noción de “dimensión económica”. Gottl-Ottlilienfield es un acérrimo oponente a toda teoría del valor, esto se ve claramente a lo largo de sus trabajos metodológicos, en donde muestra la condición aporética de la economía política, la cual es implícitamente limitada a presuponer la existencia de una dimensión ontológica que permite al objeto económico adquirir una magnitud de carácter objetiva. Tal como señala Backhaus: “cuando hablamos de la mercancía (…) también estamos obligados a pensar sobre la absurda condición de acuerdo con la cual una cualidad supra-sensible inhiere a la cosas sensibles, de manera que es razonable discutir sobre la dimensión económica del mismo modo que hablamos sobre la dimensiones relativas a la distancia, peso, temperatura, etc.”[5] (Backhaus, 1978b: 495). En función de esto, la teoría de la forma en Marx – según Backhaus – nos entrega las herramientas para reflexionar sobre la autonomización de esta peculiar dimensión de sociabilidad mediada – valor – que se afirma por naturaleza sobre los individuos que comprenden tal sociabilidad. A su vez, esto es precisamente lo que la teoría del valor de Marx pretende establecer, a saber, la posibilidad de entender la génesis de una estructura supra-individual que se constituye a través de las acciones de los mismo individuos que la componen. Tal como señala Gottl-Ottlilienfeld, sin clarificar el asunto, estamos constreñidos a pensar una inversión en la cual “algo personal deviene una cuestión impersonal” (Backhaus, 1978b: 495).

Con respecto al llamado de Joan Robinson de traducir la terminología de Marx al lenguaje económico ordinario – de manera que las contribuciones de Marx pudieran ser incorporadas dentro del canon de los discursos académicos científicos – Backhaus desarrolla el problema acerca de la conmensurabilidad entre los conceptos marxianos y los propios de la ciencia económica. Este es un problema que la Escuela de Frankfurt enfrentó desde los años 30 del siglo XX[6]: Marx introduce categorías propias de la filosofía en el discurso económico no porque haya coqueteado con el modo de expresión de Hegel, sino por la naturaleza misma del objeto económico. Según Backhaus, los objetos de la economía política “son algo más que económicos, razón que permite comprender porqué Marx desarrollo una crítica de los conceptos económicos en sentido estricto” (Backhaus, 1992: 55), así, y en contraste con Robinson, Backhaus expresa la imposibilidad de una íntegra traducción de la teoría de Marx al lenguaje de la ciencia económica. Esto es debido a la doble naturaleza de las categorías económicas, i.e. su carácter sensible-suprasensible, el cual siempre es presupuesto por los análisis económicos.

En este contexto, la conceptualización que hace Adorno de la sociedad – entendiéndola tanto como sujeto y como objeto – juega un rol clave en el argumento que levanta Backhaus. La idea de una objetualidad (Gegenständlichkeit) social supra-individual en cuanto algo que se afirma a espaldas (y a través de las acciones) de los agentes económicos, es el medio que explota Backhaus con el objetivo de entender el carácter sensible-suprasensible del ámbito económico, así como también para profundizar en la crítica de la lectura realizada por el marxismo tradicional relativa a la trivialidad de la analogía arquitectónica de base y supraestructura como la clave para entender el rol de la ideología:

“La diferencia entre el objeto de la teoría tradicional – aquél que es propio de las ciencias naturales en particular – y la objetividad de la teoría crítica se puede aclarar del siguiente modo: la sociedad no es un mero objeto, sino que es al mismo tiempo sujeto; de esta manera, su autonomía (Eigengesetzlichkeit) es paradójica, pues la sociedad es sólo objetiva en la medida en que su propia subjetividad no es transparente para ella” (Backhaus, 1992: 57)

Así, lo que en la reflexión simmeliana sobre el dinero asume el carácter de “un fenómeno originario y, por tanto, un factor a-priori” (Backhaus, 1992: 60-1); lo que en Schumpeter se asume como el fundamento último y como algo dado, y lo que Gottl-Ottlilienfeld llama la dimensión económica en cuanto presuposición de todo análisis económico; tienen sus orígenes en el carácter específico de los objetos económicos: es la objetividad económica o la objetualidad-de-valor (Wertgegenständlichkei) la que tiene una objetividad sui generis que puede ser representada como una “segunda naturaleza (…) oculta tras lo que es en-sí” (Backhaus 1992: 61). El carácter supra-sensible de los objetos económicos es presupuesto y no reconocido por los enfoque señalados más arriba, dicha presuposición de los objetos económicos constituye un aspecto de la realidad económica en cuanto tal, que esconde el carácter supra-sensible bajo la apariencia de la materialidad concreta de dichos objetos. Esto es lo que Backhaus llama la “apariencia objetiva” (gegenständliche Schein) de los objetos económicos, los cuales poseen este carácter social debido a que las formas económicas están distorsionadas. Aquí Marx hace un uso intencional de la ambigüedad de este término, una ambigüedad que sólo es aprehensible en la lengua alemana: por un lado, el dinero es una forma dis-torsionada (verrückte), en el sentido de que es la forma más ininteligible y sin-sentido – i.e. es la pura locura (reine Verrücktheit) – por otro lado, el dinero es una forma dis-torsionada en el sentido espacial del término, en cuanto un objeto que está dislocado, desplazado (verrücktes) de su lugar natural. No es meramente una cosa sensible, sino también supra-sensible y, como tal, es una cosa que ha sido transferida y desplazada al mundo externo que es independiente de la conciencia (Backhaus, 1992: 61-2).

Por lo tanto, la tarea de la teoría de la forma-valor de Marx consiste en mostrar la génesis del carácter supra-sensible de los objetos económicos y, al mismo tiempo, la génesis de las formas distorsionadas de la economía política: por un lado, es el entendimiento de la constitución social del valor y, por otro lado, es una crítica hacia la carencia de reflexión metodológica de la economía política. De acuerdo con Backhaus, Marx da cuenta de la dimensión social bajo la cual los objetos poseen una objetualidad-de-valor (Wertgegenständlichkeit) sólo porque reconoce la contradicción entre el gasto privado de trabajo y el proceso de socialización establecido por medio de intercambios privados separados (en tiempo y espacio) de mercancía y dinero. Mientras que el gasto privado de trabajo es algo individual – una cuestión que puede reconocida en la consideración consciente del productor – el proceso de socialización de este trabajo, en cambio, es algo realizado en la esfera de la circulación, un proceso supra-individual que se impone a espaldas de los agentes económicos.

  1. La dimensión económica

Dentro de los diálogos que Backhaus sostiene con los economistas y sociólogos que han reconocido la peculiaridad del ámbito económico, es posible distinguir un tópico particular, a saber, Simmel, Amonn y Gottl-Ottlilienfeld son elogiados por haber mostrado la dualidad que caracteriza a los objetos de la economía política. En sus respectivos análisis es posible encontrar el problema que toda teoría subjetiva del valor es constreñida a enfrentar: la separación entre el aprecio individual – en cuanto la base de la teoría del valor de cuño utilitarista – y la validez de las unidades supra-individuales de cuenta; el pasaje de la dimensión individual a la supra-individual, en la cual los objetos ya poseen, de hecho, un valor y precio objetivos (gegenständlich). Por su parte, Hegel es reconocido como el primer pensador que desarrolló la naturaleza dual del ámbito económico, pero al mismo tiempo – dado que continuamente mezcla (kontaminiert) las determinaciones subjetivas de valor con las objetivas – no fue capaz de realizar, de una manera consistente, la doctrina del doble carácter dialéctico de la mercancía (Backhaus, 1984: 302).

De acuerdo con Backhaus, estos pensadores no fueros capaces de sistematizar sus intuiciones acerca de la dualidad del ámbito económico, debido a que es imposible “desarrollar las estructuras objetivas (objektiven Strukturen) de la mercancía y el dinero a partir de los elementos de una teoría subjetiva del valor” (Backhaus, 1984: 303): “no hay un paso que pueda llevar desde el concepto de valor propio de la escuela subjetivista al concepto de dinero, razón por la cual los representantes de esta matriz del pensamiento económico se encuentran constreñidos a tratar la teoría del valor y la teoría del dinero en cuanto dos doctrinas completamente heterogéneas que no pueden referirse entre sí salvo de un modo extrínseco” (Backhaus, 1975: 96)

En este contexto, Backhaus destaca el significado que tiene para Marx la crítica que hace a Samuel Bailey, conocido por su acérrimo criticismo a la teoría del valor ricardiana. De acuerdo con este autor, el valor es la mera relación que las mercancías tienen dentro del intercambio o, en otras palabras, (el valor) es poder de compra, una categoría puramente relacional, razón por la cual es imposible hablar de una sustancia de valor, así como también es imposible establecer el valor de una mercancía fuera de su relación con otra mercancía. Del mismo modo, para Bailey el concepto de valor sería sólo una ficción creada por Ricardo y los representantes de su escuela, quienes substancializan las relaciones de intercambio entre mercancía y dinero. Al respecto, Marx señala: “no es la determinación del producto en cuanto valor lo que conduce al establecimiento del dinero y que se expresa como dinero, sino que es la existencia del dinero lo que conduce a la ficción del concepto de valor” (Marx, 1859: 332). Dado que el concepto de “poder de compra” que sostiene Bailey indica la carencia de mediación entre valor y valor-de-cambio que ve en Ricardo y sus seguidores, este autor se encuentra forzado a introducir el concepto de valor-subjetivo para dar cuenta de este “poder”, sin embargo, no es capaz de deducir su objetividad a partir del aprecio subjetivo de los integrantes de la relación de intercambio. El problema de la teoría de Bailey es la infranqueable brecha que se establece entre lo individual y lo supra-individual, i.e. entre el intercambio individual determinado a través de una evaluación subjetiva y la determinación objetiva del precio que una mercancía posee antes de cualquier aprecio individual. A raíz de esto, Backhaus sostiene que la teoría subjetiva del valor – con el uso del concepto de valor-de-cambio objetivo – esta forzada a recaer inconscientemente, como una relación trascendente[7] que representa una estructura lógica extraña a sus principios sistemáticos: la teoría subjetiva del valor puede explicar la ocurrencia hic et nunc de un solo acto de intercambio, pero no es capaz de analizar una categoría supra-individualmente válida (Backhaus, 1978b: 524).

Bailey acierta cuando critica a Ricardo y la brecha entre las dos medidas de valor: el trabajo como la medida teorética, y el dinero en cuanto la medida real y objetiva; sin embargo, la deficiencia de la teoría subjetiva del valor radica en su imposibilidad de determinar el dinero como una unidad supra-individual. A raíz de esto, para Backhaus sólo es posible deducir el concepto de dinero a partir de la teoría del valor-trabajo, siendo la teoría de la forma-valor desarrollada por Marx el proceso que toma el dinero en cuanto unidad supra-individual del trabajo privado gastado en la producción. Es aquí donde la teoría del carácter fetichista de la mercancía muestra su verdadero poder explicativo, no sólo como una crítica a la economía política clásica y sus vertientes vulgarizadas (y a la naturalización de las formas de las relaciones capitalistas de producción), sino como la exposición real y efectiva del proceso dentro del cual las relaciones sociales asumen la forma de relaciones entre cosas. A modo de síntesis, en primer lugar, el dinero es el medio a través del cual es llevada a cabo la conexión social de los trabajos privados, del mismo modo que constituye a la sociedad independientemente de la conciencia de los agentes que la componen; en segundo lugar, los trabajos privados alcanzan una validez social en el intercambio con el dinero, siendo este último la forma de manifestación de esa dimensión social que Marx denomina valor. Mientras que la teoría subjetiva del valor puede explicar la relación entre el hombre y las cosas, lo que queda completamente fuera de su perspectiva es la idea de una relación social entre cosas entendida como la forma específica de socialización que se desarrolla dentro del modo de producción capitalista.

  1. Crítica antropológica

La lectura de Backhaus no se circunscribe solamente a una interpretación de la crítica de la economía política desarrollada por Marx desde 1857 en adelante, sino que también desarrolla una lectura original del “joven” Marx, específicamente de los Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844, lo que Helmut Reichelt y Alfred Schmidt denominan como una lectura retroactiva de Marx[8]. En este contexto, Backhaus individualiza las formas primitivas de la crítica de las categorías económicas desde la perspectiva de la obra madura de Marx. Lo que las lecturas economicistas dejan de lado como residuos filosóficos y los althusserianos consideran como un enfoque humanista pre-científico, Backhaus cree que constituyen los esfuerzos iniciales de llevar adelante un método crítico que reconoce “las estructuras isomórficas de los objetos onto-teológicos y socio-metafísicos, o las estructuras isomórficas de los objetos políticos y económicos” (Backhaus, 1989: 18). Estas estructuras isomórficas de los objetos económicos y teológicos inducen a Backhaus a halagar el punto de estancia feuerbachiano propio del Marx temprano, en particular su crítica antropológica de la religión que restablece las disputas teológicas a su fundamento humano-social: una crítica de la teología no es posible sobre bases teológicas. Este es el mismo argumento que Backhaus utiliza para entender los primeros intentos de Marx relativos a desarrollar una crítica de la economía política, cuestión que se traduce en que ésta no puede ser desarrollada sobre bases económicas, esto debido a que el punto de estancia propio de esta disciplina presupone como válidas aquellas categorías que necesitan ser comprendidas en primer lugar. Por ejemplo, presupone el valor y el valor-de-cambio, así como también el objeto económico sin analizar su génesis social, por lo que es necesario retrotraer los objetos de la economía política a su base humano-social y establecer “la relación social del hombre con el hombre como el principio básico de la teoría” (Marx, 1844: 328). Así, Backhaus acentúa las limitaciones de la perspectiva económica y sostiene que la crítica marxiana yace “entre la filosofía y la ciencia”, llevando las categorías filosóficas al dominio de la economía política y transformando las categorías económicas en conceptos filosóficos.

No obstante, el joven Marx está aún lejos de ser aquel crítico que vemos en sus obras maduras, en el sentido de que aún se encuentra influenciado por el criticismo de la ciencia económica propuesto por Fourier y Proudhon, de acuerdo con el cual la economía es inconsciente tanto de sí misma en cuanto disciplina, como de su propio objeto: “la cruz de la economía, esto es, su inhabilidad para determinar su objeto económico, es (…) un tópico central de la crítica socialista temprana a la economía, que posteriormente fue reiterada por Auguste Blanqui” (Backhaus, 1989: 16). A diferencia de las críticas socialistas a la economía, Marx desarrolla una “negación determinada” de la economía política que se erige sobre los resultados de su crítica antropológica, tal como lo expresa en 1844: “Además de estar en deuda con estos autores que han prestado una atención crítica a la economía política; la crítica positiva en cuanto totalidad – y, por tanto, también la crítica positiva alemana de la economía política – debe su verdadero fundamento a los descubrimientos de Feuerbach” (Marx, 1844: 232). El punto de estancia del enfoque de Marx, que se basa en la crítica antropológica de la teología llevada a cabo por Feuerbach, constituye la negación determinada y no la negación abstracta de la economía. De acuerdo con Backhaus, en el núcleo de la crítica de la economía política yace una verdadera crítica ad hominem: es el entendimiento de la base humana de la autonomización del dominio económico, en el sentido de concebir (Begreifen) la constitución de la dimensión económica y la presentación de la génesis del objeto de la ciencia económica. Asimismo, la crítica antropológica que Marx desarrolla en sus escritos tempranos sobre la base del enfoque feuerbachiano, Backhaus la vincula con los conceptos de “crítica”, “comprensión”, “génesis interna” y “presentación”, los cuales se corresponden prácticamente con la totalidad del corpus categorial de la crítica de la economía política que Marx desarrolla en su periodo maduro[9]. Sin embargo, hay que apuntar una cuestión que Backhaus no hace del todo explícita, a saber, la reductio ad hominem de Marx no debería ser confundida con el esencialismo feuerbachiano, por el contrario, la reducción del mundo económico-social al ser humano en cuanto tal, y la génesis del proceso de autonomización que distingue al ámbito económico, no se alcanzan partiendo de una esencia humana presupuesta, sino de un conjunto de relaciones sociales específicas que se dan dentro del modo de producción capitalista: el “retorno” (zuruckführung) desde la segunda naturaleza al Hombre (Mensch), no en cuanto un individuo abstracto, sino como un miembro de una forma de sociedad definitiva, constituye el principio más importante de la crítica madura de Marx y de sus análisis de las categorías económicas. En resumen, el núcleo antropológico del análisis económico realizado por Marx, demanda el retorno desde una relación de los objetos entre sí (de las categorías económicas) a una verdadera relación entre Hombres (Menschen)[10] (Backhaus, 1989: 20).

  1. Conclusiones

En primer lugar, la lectura que hace Backhaus de Marx representa un extraordinario esfuerzo dedicado a desarrollar la crítica de la economía política en la línea abierta por la teoría crítica de la sociedad de cuño adorniano, en el sentido de que es, a la vez, un intento de elaborar y de profundizar sobre los contenidos propios de la teoría crítica, como también una interpretación original de la crítica de la economía política. Los penetrantes análisis relativos a la teoría del valor de Marx y la crítica dirigida a las interpretaciones economicistas e historicistas, van de la mano con la presentación de las categorías de la teoría económica entendidas como formas socialmente constituidas que surgen desde relaciones sociales de producción definitivas que se imponen como tales sobre los individuos sociales en cuanto una naturaleza social, como si fueran un dominio económico objetivo externo.

En segundo lugar, la crítica de la economía política de Marx representa para Backhaus la comprensión de la génesis de aquel ámbito económico objetivo, en el cual las relaciones sociales toman la forma de una relación entre los productos del trabajo en tanto mercancías. Si para Adorno la “anamnesis de la génesis” de la autonomización de la sociedad tenía sus raíces en el intercambio entendido como una abstracción real y objetiva que se impone sobre los agentes sociales, para Backhaus, el intercambio tiene que ser determinado mediante el análisis de la forma-valor y, por lo tanto, dicha “anamnesis” tiene que ser retrotraída a la forma específica de intercambio en la cual los trabajos gastados privadamente devienen trabajo social sólo por asumir la forma-dinero. Una vez que la génesis de las relaciones sociales de producción – oculta en el sistema de intercambios entre mercancía y dinero – se ha llevado a cabo, esa realidad socialmente constituida deviene el dominio objetivo de la ciencia económica propiamente tal. Se sigue de esto que la tarea de la crítica de la economía política consiste en devolver la forma social a su práctica humana específica y revelar la distorsión propia de una forma de sociedad en la cual “las relaciones humanas de producción (…) asumen una figura material cósica (sachliche Gestalt) que es independiente del control y de las acciones individuales conscientes de los agentes que las componen” (Marx, 1872: 187).

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[1] Sobre la Nueva Lectura de Marx, véase: Backhaus, 1997a; Reichelt, 2008; Elbe, 2008; Fineschi, 2009; Heinrich, 2012; Bellofiore y Redolfi, 2015.

[2] Para Backhaus, el objetivo de desplegar el significado específico textual propio de la obra de Marx sólo se logra a través de una reconstrucción que tenga por objetivo primordial la remoción de las suposiciones que han asumido las diversas interpretaciones.

[3] El primero fue publicado en La Contribución a la Crítica de la Economía Política, el segundo en la primera edición de El Capital, el tercero como un apéndice a la primera edición de El Capital, y el cuarto en el tercer parágrafo de la segunda edición del primer volumen la misma obra. El mismo Backhaus señala que sólo pudo desarrollar esta perspectiva gracias a la lectura de los primeros capítulos de la primera edición de El Capital: las diferentes presentaciones de la teoría de la forma-valor le permitieron enfocar su atención a las estructuras dialécticas del argumento que en la segunda edición estaban sólo esbozadas.

[4] Backhaus se inspira en el valioso trabajo de Alfred Schmidt relativo al concepto de conocimiento en Marx: “Es cierto que el objeto inmediato de las investigaciones de Marx son las condiciones empíricas dadas de la producción, sin embargo (…) es imposible dominar el objeto inmediato de un modo directo, por el contrario, el factual sistema de la economía burguesa es aprehendido por medio de un criticismo de las categorías económicas” (Schmidt, 1968: 95)

[5] La cita proviene de un ensayo titulado Zur Problematik des Verhältnisses von Logischen und Historischen in der Marxschen Kritik der Politischen Ökonomie. Constituye un manuscrito que no fue publicado en su lengua original, y que ha sido traducido al castellano (Nueva Política, 1978), al danés (Kurasje, 1980) y al italiano (Marx 101, 1984).

[6] Tanto Horkheimer como Marcuse han mostrado la peculiaridad de la crítica de la economía política en comparación, por un lado, con la filosofía y, por otro, con la economía política. Por su parte, Backhaus cita los ensayos Traditional and Critical Theory y Philosophy and Critical Theory de Horkheimer y Marcuse respectivamente, ambos publicado en 1937: “Fue Horkheimer el primero que intentó clarificar la unicidad del estatus metodológico de la crítica de la economía política marxiana en términos de su posición intermediaria entre “filosofía” y “ciencia”. Por esta misma razón esbozó la distinción entre teoría crítica y teoría tradicional en cuanto una diferencia entre dos modos de conocimiento: la primera fue fundada en los Discursos sobre el Método, y la segunda sobre la crítica de la economía política marxiana” (Horkheimer). La paradójica posición intermediaria de ésta última se articula en el hecho de que, por un lado, la crítica de la economía política se opone a la filosofía insistiendo en que “es un sistema económico, y no filosófico”, además de que “la filosofía aparece en los conceptos de la economía” (Marcuse); por otro lado, la crítica de la economía política se opone firmemente al “economicismo”, cuando estipula que “la teoría crítica de la sociedad – en cuanto crítica económica – permanece dentro del ámbito de la filosofía” (Horkheimer). Precisamente porque “filosofía aparece en los conceptos de la economía”, éstos últimos son más que conceptos económicos” (Marcuse) (Backhaus, 1992: 55).

[7] Marx emplea el término übergreifen en un doble sentido: siguiendo a los traductores de la Lógica Enciclopédica de Hegel, el primer sentido está puesto en el término “sobrepasar”: referencia directa a la Aufhebung, la comprensión especulativa que se remonta sobre sí y abraza dentro de su completo alcance la oposición de los momentos en su estadio dialéctico. Del mismo modo que la universalidad comprende a lo particular y a lo singular, el pensamiento comprende lo que es lo otro-de-sí, de manera que el Sujeto, que se desarrolla hacia el Espíritu, incluye a la objetividad y a la subjetividad dentro de su comprender. El segundo sentido esta puesto en el término “superponer”, “gobernar”, incluso “dominar”.

[8] Reichelt señala la necesidad de leer la obra de Marx empleando la misma metodología usada por este autor en sus estudios relativos a las formaciones sociales precedentes (a la capitalista) – i.e. el hecho de que anatomía humana contiene la clave para entender la anatomía del mono; sin embargo, las intimaciones de los desarrollos más elevados entre las especies animales subordinadas sólo pueden ser entendidas después de que el desarrollo más elevado es, de hecho, sabido. Así, la economía burguesa nos provee la clave para comprender la economía antigua, etc –  así como también a interpretar las formulaciones tempranas desde el punto de vista de la obra madura (Reichelt, 1970: 24). Es la misma perspectiva señalada por Alfred Schmidt: “los escritos tempranos de Marx y Engels, los cuales fueron considerados por un largo tiempo sólo por sus contenidos filosófico-humanista, sólo pueden ser comprendidos a cabalidad en función de un análisis íntegro de El Capital (Schmidt, 1968: 94). Asimismo, la idea de una lectura retroactiva de Marx también ha sido propuesta por Bellofiore, 2013.

[9] El significado de la expresión ad hominem que vemos acá también puede ser encontrado en la obra de Marx: “Sin duda alguna, las armas de la crítica no pueden reemplazar la crítica de las armas, la fuerza material debe ser sobrepasada por la fuerza material; pero la teoría también deviene una fuerza material tan pronto como se ha plegado a las masas. La teoría es capaz de plegarse a las masas tan pronto como lo demuestre ad hominem o, lo que es lo mismo, tan pronto como llegue a ser radical” (Marx, 1843: 182).

[10] Esta carencia de distinción entre los puntos de estancia antropológicos de Marx y Feuerbach lleva a Werner Bonefeld a criticar la perspectiva crítica de Backhaus: “De acuerdo con Backhaus, la crítica del fetichismo descifra las categorías económicas sobre una base humana; revela el contenido humano de las cosas económicas aparentemente extra-mundanas. Sin embargo, este sugerente argumento en su intención crítica se ve obligado a realizar la siguiente concesión, a saber, el punto de estancia antropológico no es el punto de estancia crítico. El “Hombre” en general no hace nada, no trabaja, no come, no hace trueque, y no tiene inclinaciones naturales, ni deseos, ni consciencia, etc. del mismo modo que este “Hombre” en general no se aliena en la forma de valor. A diferencia de lo que señala Backhaus, el Hombre tiene necesidades sólo en cuanto hombre concreto, y es precisamente el carácter determinado de este hombre social lo que debe ser puesto como punto de partida. No es la naturaleza económica ni la antropológica, sino que el punto de partida lo constituyen las relaciones sociales definitivas que se manifiestan en las formas económicas misteriosas, esto es, el mundo reificado de las necesidades económicas es innatamente práctico, por cuanto supone las relaciones reales de vida en su forma económica invertida” (Bonefeld, 2014: 8)

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