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Marx y el amor

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Por Carlos F. Lincopi Bruch

“Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad”

“Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más sagradas y hacerlo único, indivisible”

“Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización.”

Ernesto Guevara

“¡Los pedantes del marxismo piensan que todo esto no es sino charla ética, romanticismo, falta de noción realista! ¡No, señores! ¡Esto es saber unir la teoría 
revolucionaria con la política revolucionaria!”

Lenin

“La política es una pasión.”

Antonio Gramsci

Introducción

¿Qué es el amor? Esta es una pregunta que se ha formulado el hombre desde que tiene la capacidad de razonar y cuestionarse la realidad, sus sentimientos y las relaciones en las cuales se encuentra inmerso. ¿Es un problema de idealistas? ¿De románticos que no comprenden las “leyes” científicas que rigen el mundo objetivo?

El marxismo, la filosofía de la praxis, es un campo abierto del conocimiento y la actividad humana, no existen temas “tabús” o “pecaminosos” que no podamos tratar abiertamente, analizar y desarrollar. En ese sentido, en el presente artículo, procuraremos analizar el problema del amor en el pensamiento de Marx y la importancia que tiene para nosotros los revolucionarios.

Estimamos, a propósito de ello, que existen tres ejes de desarrollo para analizar “el amor” en el pensamiento de Marx: 1) como cualidad del ser humano; 2) como actividad enajenada y; 3) como concretización en la realidad mediante la actividad revolucionaria.

¿Qué es el amor?

El amor ha sido catalogado de muchas formas, entre otras cosas, se dice que el amor es “un don de dios”, “un atributo del espíritu”, “algo meramente subjetivo y por ende sin importancia”. El sentido común, como expresión caótica de la filosofía y como realización de una conciencia no-crítica suele expresar cotidianamente estos términos para referirse al amor y de forma inconsciente permite el flujo de diversas expresiones del conocimiento, sea de la escolástica o la filosofía moderna, o de la “ciencia pura” enraizada en el doloroso mundo objetivo.

Es sabido, que tanto en la academia como en el “sentido común” existe una interpretación profundamente “economicista” del pensamiento de Marx, la concepción “hegemónica” en el seno de la izquierda –maoísmo, reformismo, trotskismo, entre otras– reducen el marxismo a una cuestión de “desarrollo de las fuerzas productivas”, del “factor económico”, estimamos pues, que en esta metafísica, los atributos ontológicos del ser social han sido eliminados del análisis y convertidos en caricaturas, o en el mejor de los casos, en elementos no-reales. Afirmamos, en contraposición al materialismo vulgar, que la filosofía de la praxis es una poderosa e integral concepción de mundo. En ese sentido, procuraremos pues, abordar el “amor”, desde los escritos de Marx, pero como aspecto ontológico del ser social.

En efecto, en 1845, Marx –con minúscula colaboración de Engels– escribe “La Crítica de la Crítica Crítica”, texto también conocido como “La Sagrada Familia”. Este material –plagado de burlas e ironías hacia sus contrincantes– desarrolla en su capítulo IV, una polémica sobre el amor y plantea el problema desde una concepción humanista radical.

Marx, observaba que para sus adversarios, la capacidad de sentir y amar constituía un peligro para el desarrollo de un “conocimiento puro”[1]. La razón de este tipo de concepciones sobre el amor, se sustentaba en la idea de que era posible encontrar una “razón pura” o una “ética pura”. Muchos intelectuales estimaban que no sería posible alcanzar un nivel “puro” del conocimiento si éste era influenciado por la experiencia, la práctica y las pasiones.[2]

El primer error de estos “intelectuales”, era considerar el amor como un mal o un agente negativo, que en su condición de pasión o sentimiento, termina por degradar y contaminar el conocimiento puro. Planteaban, en otras barbaridades más, que el amor era una especie  de “dios cruel” que somete a los hombres. De esta forma –decía Marx – terminan por convertir el amor, en algo aparte y distinto del hombre.[3]

La consecuencia de ello era evidente, el amor era transformando en un sujeto que domina al hombre y lo transforma en su esclavo. Marx, sostenía que dichas tesis eran totalmente absurdas, puesto que el amor es fundamentalmente un atributo del hombre[4], no existe al margen o por fuera de él.

Por otra parte, en los Manuscritos económico-filosóficos escritos en París, Marx sostiene que los sentimientos y las pasiones constituyen una afirmación ontológica del ser. Es decir, la capacidad de amar, constituye un aspecto de la naturaleza del hombre.[5]

En definitiva, el amor es una cualidad, un atributo de todo hombre y mujer y que se expresa en acciones concretas como toda otra facultad del ser humano (la más analizada por Marx es el trabajo, pero no es la única). Es realmente interesante lo que plantea Marx y es que el amor: ¡es una hermosa cualidad del ser humano! ¡No es un don de dios ni una facultad espiritual ni nada por el estilo! ¡Es un atributo del ser humano real de carne y hueso!

En esta interesante tesis desarrollada por Marx, se desarrolla ni más ni menos, en nuestra opinión, una ruptura radical con la filosofía burguesa y escolástica, terminando de una buena vez con el amor entendido como metafísica, situándolo en el único lugar que puede gestarse: el ser humano real.

Capitalismo, amor y actividad enajenada

El amor, hemos visto, es un atributo del ser social, pero este atributo se expresará de diferentes formas según la fase histórica que atraviese la humanidad. En ese sentido, nos interesa estudiar el amor tal y como se expresa en la sociedad regida por la mercancía: el capitalismo.

Uno de los grandes aportes de Marx, aunque publicado de forma póstuma en 1932, son los manuscritos económico-filosóficos escritos en París durante el año 1844. En estos escritos, Marx estudia la enajenación y cómo determinado modo de producción, regido por el Capital – plusvalía, mercancía, dinero, etc. –, tiene una consecuencia directa en la consciencia del hombre y sus facultades.

Una tesis general de Marx en estos escritos, dice relación, con que el hombre en tanto existe para el Capital y para la producción de mercancías, termina él mismo convirtiéndose en mercancía. A este proceso, Marx le llama objetivación (cosificación), esto es, pérdida de sus cualidades como sujeto.[6]

En este proceso de enajenación del ser social, la actividad entre hombres reviste también, un carácter enajenado, la relación entre los hombres, se vuelve pues, una relación entre mercancías, entre valores de cambio, entre cosas. Mientras que en contrapartida a ello, la mercancía y el dinero, adquieren características subjetivas, fetichizadas por el hombre cosificado.

En consecuencia, el amor, en las relaciones capitalistas es conducido y orientado por el dinero y la mercancía.  El hombre existe en tanto poseedor de dinero y gracias a este todopoderoso material es capaz de tener amor, pero este amor es un amor enajenado, por lo tanto, es un amor invertido, un no-amor u amor cosificado. Lo principal no pasa a ser la relación de amor recíproco, sino que éste es sustituido por el Capital del ser social – de su dinero y sus expresiones equivalentes: autos, casas, etc. –, mientras que el amor como amor es llevado a un segundo plano.

En efecto, el dinero, como prostituta universal[7], capaz de complacer cualquier fetiche, tiene la sorprendente capacidad, en tanto estamos enajenados, de disfrazarse de cuanto se antoje. El amor que se nos ofrece en el capitalismo, es dinero vestido de amor, es un amor invertido por el dinero, cuantificado por aquél y enajenado.

El amor, pues, se desarrolla como mercancía, expresable en el equivalente general o universal de toda mercancía: el dinero. En consecuencia, podemos afirmar, entonces,  que en el capitalismo, el amor tiene un carácter fundamentalmente cuantitativo.

En ese sentido, estimamos, que la cualidad de sentir del ser social se encuentra totalmente enferma, anquilosada y degradada por el dinero y la mercancía. Es quizás, uno de los peores diagnósticos que ha tenido la humanidad en siglos de historia, que sometida a este fetiche mercantil ha mellado las capacidades más bellas del hombre. La reproducción del capital, desarrolla también, una reproducción del ser social orientada por la mercancía –como unidad básica del capitalismo– y del dinero –como su expresión universal–, influenciando toda su naturaleza, degradando todas sus cualidades ontológicas y permitiendo con ello, de forma dialéctica y con contradicciones, el desarrollo de las relaciones sociales capitalistas.

El amor, el comunismo y la actividad revolucionaria

En términos generales, hemos planteado, que el amor y los sentimientos del ser social se desarrollan en la sociedad capitalista mediados por el fetiche del dinero y la cosificación del hombre (enajenación). Sin embargo, el capitalismo, en tanto es expresión histórica de las relaciones de explotación y dominación entre las clases, no existe sin conflicto, sin su contradicción fundamental entre el trabajo y el capital. En efecto, la lucha de clases se expresa en todos los terrenos de la realidad, en el arte, la política, la economía y también, por supuesto, en los sentimientos del ser social.

En ese sentido, el amor expresa la lucha de clases; por un lado, como proyecto de la burguesía que opone a los individuos en una competencia feroz, con relaciones enajenadas entre ellos, cosificadas y regidas por el dinero; y por otro, el proyecto comunista de los trabajadores, cuyo objetivo es curar al ser social de su enajenación, volviéndolo consciente de sus cualidades y atributos ontológicos, eliminando la competencia feroz entre los individuos y eliminando el fetiche del dinero y la cosificación del hombre en las relaciones sociales.

El proceso mediante el cual cientos de hombres y mujeres toman consciencia de su rol histórico y de sus cualidades, constituye un acto de combate contra la objetivación (enajenación); el ser retoma sus atributos subjetivos e interviene de forma consciente en la realidad,  convirtiendo sus cualidades ontológicas en tanto esas mismas cualidades, es decir, desarrolla el amor como amor, la confianza como confianza, la solidaridad como solidaridad, etc. El objetivo de dicho proceso y del programa comunista, sería sentar las bases, para la construcción del hombre total[8], el cual, es el ser social apropiado de su ser, esto es, de su capacidad de amar, de sentir, de trabajar, etc., realizando en cada una de estas actividades, afirmaciones de sí mismo, superando la negación a la cual estaba sometido por el fetiche del dinero y la cosificación.

Lo importante, para nosotros, en esta fase de la lucha de clases y en relación directa con el amor dice relación con: 1) la construcción de un hombre nuevo en miras al hombre total; y 2) que el amor y la capacidad de amar, se desarrolla en la realidad por medio de la actividad del ser social, es decir, de su intervención y transformación de lo real. En ese sentido, la lucha de clases no es ajena a las pasiones, al contrario, esta permeada totalmente por ellas, pues como hemos visto, constituyen no sólo cualidades del ser social sino que afirmaciones de su naturaleza.

Palabras finales

Estimamos que a partir del presente ensayo, hemos conseguido barrer con una serie de mitos, y es que en definitiva, para quienes construimos desde la trinchera de la filosofía de la praxis, el amor está lejos de ser una tara idealista. De hecho, al contrario, creemos que el amor no existe fuera del ser social, tenemos la convicción y la certeza de que la capacidad de amar es una hermosa cualidad del hombre, y que por tanto, lejos de ser aniquilada por quienes desprecian las características subjetivas del ­ser social, debe ser potenciada por las y los revolucionarios.

En el mismo sentido, la importancia que tiene el amor para nosotros, es que éste se realiza en la actividad revolucionaria, en la práctica concreta y transformadora de la realidad. Y que, en tanto se combina con el proyecto revolucionario, deja de ser una cualidad invertida, transformada en cantidad y determinada por el dinero.

Finalmente, esta capacidad de sentir amor es para nosotros fundamental, puesto que, en tanto retoma su carácter cualitativo y no enajenado, es capaz de llevar a miles de hombres y mujeres del pueblo trabajador a la lucha, a la movilización y al sacrificio heroico. En efecto, el amor, es un potente dinamizador de la lucha de clases, el amor es creador y forjador de revolucionarios: ¿o acaso cientos entregaron su vida porque el comunismo era una ley objetiva del desarrollo histórico? ¡Claro que no! En los mártires de la causa socialista, en aquellos que callaron frente a la tortura, existía un sentimiento profundo de amor a los trabajadores y a sus compañeros.

[1] Marx, Karl., Engels, Friedrich. “La Sagrada Familia”, AKAL, 2013, p.35

[2] Puede decirse, que la idea de articular un “conocimiento puro”, es un resultado histórico de la división social del trabajo – intelectual y material – dando como resultado el desarrollo de una teoría sin actividad y una actividad sin teoría. Marx rompe con dichos postulados en las Tesis sobre Feuerbach, exigiendo como imperativo la unidad de la práctica con la teoría, del mismo modo, la idea de la división social del trabajo y la crítica a la idea del “conocimiento o razón pura” Marx las desarrolla en la Ideología Alemana. Sobre la ruptura en el campo del conocimiento realizada por Marx, hablaremos con más detalles en otros artículos.

[3] Ibíd., p.36

[4] Ibíd., p.36

[5] Ibíd., p.170

[6] Ibíd., pp. 119-120-128

[7] Referencia de Marx, parafraseando a Shakespeare

[8] Ibíd., 139.

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