Martin-Heidegger

El concepto de ‘alienación’ como olvido de la pregunta fundamental

Leer documento en PDF

El concepto de ‘alienación’ como olvido de la pregunta fundamental

Por Carlos F. Lincopi Bruch, Universidad de Chile

“La perdición no es sino la huida del Dasein de sí mismo, huida al mundo por el descubierto.”

Martin Heidegger

Resumen:

El escrito procura dar cuenta del vínculo entre caída en el olvido de la pregunta fundamental y su vínculo con el fenómeno contemporáneo de la alienación como un modo de ser impropio del Dasein. De esta manera, se plantea el desarrollo de una estrategia que procura develar el potencial emancipador de la filosofía en tanto se ocupa acerca del sentido del ser y del ser del Dasein en particular. La pregunta que interroga por el sentido del ser es una forma de ir a la búsqueda de un ser que se ha perdido en la dinámica del mundo capitalista contemporáneo.

Palabras clave: Heidegger, Alienación, pregunta fundamental, ontología, ser.

Abstract:

The paper seeks to account for the link between falling into oblivion of the fundamental question and its link to the contemporary phenomenon of alienation as a way of being unfit for Dasein. In this way, the development of a strategy that seeks to unveil the emancipatory potential of philosophy is discussed, as it deals with the sense of being and being of Dasein in particular. The question that questions the sense of being is a way of going to the search for a being that has been lost in the dynamics of the contemporary capitalist world.

Keywords: Heidegger, Alienation, fundamental question, ontology, being.

Apuntes preliminares

El presente escrito, titulado El concepto de ‘alienación’ como olvido de la pregunta fundamental, apoyándose principalmente en el pensamiento de Martin Heidegger (1889-1976), procura plantear el problema del olvido del ser – la caída en el olvido del preguntar ontológico – como directamente vinculado al fenómeno contemporáneo de la alienación, lo cual implica la pérdida de existenciarios fundamentales del ser humano, tales como el ‘ser-en-el-mundo’ y el ‘ser-con-otros’. En otras palabras, decimos que, replantear la pregunta que interroga por el sentido del ser, en un sentido heideggeriano, permite develar el ser de la existencia humana como ‘ser en el mundo con otros’. Por el contrario, en cuanto que la pregunta fundamental cae en el olvido, se pierde con ello, también, la posibilidad de vislumbrar al ser que lleva a cabo la pregunta. En otras palabras, la caída en el olvido de la pregunta por el sentido del ser es la caída en el olvido del ser del Dasein, su alienación.

De esta manera, el sentido de realizar el presente trabajo, en la formulación ya expresada, consiste en desarrollar una aproximación teorética a la experiencia de la vida humana en el mundo contemporáneo, plantea el lugar que corresponde a la pregunta fundamental en relación al ser del Dasein. Así, de lo que se trata es de dilucidar, iluminar y esclarecer el modo de ser de la existencia humana, aproximarse a una posible ontología del ser humano con el objeto de aprehender su ser y sus potencialidades, todo esto, a partir de un análisis de la pregunta fundamental y sus consecuencias. En otras palabras, de un modo más concreto, observamos una tendencia en el mundo moderno que consiste en que el ser humano pierde su ser y habita una condición de ‘alienación, esto es, una ‘vida’ en la cual su propio ‘ser’ es suprimido y subsumido a una dinámica de anquilosamiento, cosificación y uniformidad del ser, en otras palabras, la absorción de la individualidad en la publicidad del ‘uno’ y un ser en el mundo al modo de la impropiedad.

Aún más, pensamos que pensar quiere decir pensar al ser, lo pensado es siempre y en cada caso el ‘ser’, no hay pensamiento por fuera del ser. De este modo, la tarea central del pensamiento es develar al ser, pero solamente porque el ser es develado únicamente en tanto se presenta al pensamiento. El ejercicio de pensar, como se pondrá de manifiesta más adelante, coincide con preguntarse acerca del sentido de ‘ser’ y, con ello, presenta un potencial emancipador en tanto permite al Dasein encontrarse consigo mismo. Es importante tomar en consideración que, en la experiencia cotidiana de la vida no todos los seres humanos piensan – a pesar de que todo ser humano posee las potencialidades para llevar a cabo el acto de pensar – y, en cambio, pareciera dominar un conjunto de representaciones de lo ente en condición pragmática o utilitaria, esto es, la aprehensión subjetiva-aparente de ‘objetos-que-sirven-para’. Entonces, dos preguntas revelan dos modos de ser diferentes. La pregunta que interroga por el sentido del ser busca al ser por sí mismo y es el orden real del pensamiento, en cambio, la pregunta que interroga por el ‘para qué’ de los entes intramundanos es meramente representacional, utilitaria, no permite el acceso al pensamiento y oculta el ser del ser humano, el ser en el mundo y el ser con otros, en el moverse utilitariamente en el mundo, en efecto, ‘se nos va el ser’. La primacía del preguntar utilitario será explicada a partir de la actividad que realiza el ser humano en el mundo, en cuanto se ocupa de objetos que aparecen en el mundo. La pregunta que interroga por el sentido del ser es el modo más propio de combatir la pérdida del ser y su estadio de olvido, intentaremos explicar esto con más detalle a continuación.

La caída en el olvido de la pregunta fundamental

            El filósofo alemán Martin Heidegger comienza su Sein und Zeit (1927) planteando una hipótesis central: la pregunta por el sentido del ser ha caído en el olvido [“Die genannte Frage ist heute in Vergessenheit gekommen…”].[1] Sin embargo, no se trata de una pregunta cualquiera, sino de una pregunta fundamental [Fundamentalfrage][2]. Mientras que, en Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo, Heidegger Señala: “Con esto queda claro que la cuestión del ser no es una cuestión posible cualquiera, sino la cuestión más apremiante…”.[3] Lo que nos interesa mostrar, en el curso del presente trabajo, es que la pregunta fundamental es el asunto más apremiante, porque es el modo en que el Dasein puede ir al encuentro de su ser perdido. De ahí que la pregunta fundamental no sea simplemente una entre otras tantas preguntas que puede desarrollar el Dasein, sino la más importante y que debe ser continuamente planteada al punto de no caer en el olvido nuevamente. Como veremos más adelante, alienación quiere decir olvidar la pregunta fundamental en tanto que el Dasein se ha olvidado de sí mismo.

El problema no es que la pregunta por el sentido del ser caiga en el olvido, sino las consecuencias existenciales que se derivan de un tal caer en el olvido. El ser se ha olvidado, porque el ser se ha perdido. Esto quiere decir que el ‘ser’ ya no se ve ni se siente, está perdido y no salta a la luz del pensamiento. El ser, quizás, mucho más radicalmente, se ha vuelto algo completamente desconocido, extraño y ajeno. El extrañamiento del ser solo es posible en un mundo que desprecia al ser, que se des-interesa por el ser, en otras palabras, el ser es olvidado en un mundo en que ser no tiene sentido. Ese mundo, completamente hostil al ser, es el mundo que actualmente habitamos y que podemos caracterizarlo, siguiendo a Marx, como el mundo de las mercancías [Warenwelt]. Es decir, un mundo tal en que lo único que tiene sentido es la mercancía. El ser humano es en el mundo de las mercancías siendo el mismo una mercancía, es decir, es en el modo de ser de lo que puede ser comprado y utilizado, es un objeto o una cosa. De este modo, el Dasein se confunde entre otros entes que tienen el carácter de lo cósico, porque él mismo es concebido como una cosa y, los otros Dasein, se relacionan mutuamente considerándose como ‘cosas útiles’, es decir, en tanto tienen utilidad para tal o cual actividad pragmática.

            La pregunta fundamental es la búsqueda del ser, pues como el propio Heidegger indica: “Jedes Fragen ist ein Suchen…”.[4] Todo preguntar es un buscar. Hay que hacer notar que el ‘buscar’ tiene sentido cuando hay algo que no se tiene o que se encuentra perdido, en este caso, se trata del ser, de la búsqueda del ser, porque el ser se ha perdido al Dasein. La pregunta que interroga por el sentido del ser cae al olvido a la par de la pérdida del ser, son dos aspectos de un mismo fenómeno. Empero, la conciencia de la pérdida del ser obliga a reformular la pregunta que interroga por el sentido del ser. La pregunta por el sentido del ser cae en el ser que tiene la posibilidad de formular la pregunta, así, comprender y desarrollar la pregunta de un modo adecuado, trae consigo, el develar quién es el ser que pregunta acerca del ser. En este sentido, lo que se deja ‘ver a través’ de la pregunta que interroga por el sentido del ser es el ser del Dasein. Tal idea, va a ser expuesta por Heidegger del modo siguiente: “Ausarbeitung der Seinsfrage besagt demnach: Dursichtigmachen eines Seienden – des fragenden – in seinem Sein…”.[5]

Por otra parte, en Prolegómenos para la historia del concepto de tiempo, en un mismo sentido, Heidegger plantea: “Elaborar el planteamiento de la cuestión acerca del sentido del ser quiere decir: poner al descubierto el preguntar en cuanto ente, es decir, poner al descubierto el propio Dasein; pues sólo de ese modo será lo que se busca – en su sentido más propio – algo auténticamente buscado…”.[6] De este modo, puede verse como en Heidegger, la búsqueda del ser del Dasein es una tarea central y que, de algún modo, da ‘sentido’ a la pregunta que interroga por el sentido del ser. Heidegger no va a la búsqueda del ser como causa primera, no llega a Dios, sino a la existencia humana como fundamento para el pensamiento humano.

            De este modo, es preciso indicar que, la realización de la tarea precedente corresponde propiamente a la filosofía y es que la tarea fundamental de la filosofía es interrogar acerca del ser, el campo propio y más alto de la filosofía, de este modo, es la metafísica, a saber, la ciencia que estudia al ser en cuanto ser. Para Heidegger, es el ‘preguntar filosófico’ – es decir, la formulación de la pregunta que interroga por el sentido del ser – lo que abre la estructuras fundamentales – existenciarias – de la existencia humana. Es decir, es la filosofía la encargada de abrir el ser al Dasein. Así, Heidegger nos indica que:

“Nur wenn das philosopisch-forschende Fragen selbst als Seinsmöglichkeit des je existierenden Daseins existenziell ergriffen ist, besteht die Möglichkeit einer Erschließung der Existenzialität der Existenz und damit Möglichkeit der Inangriffnahme einer zureichend fundierten ontologischen Problematik überhaupt.”[7]

            El mundo hostil, enfrentado al ser, no permite dar lugar a la pregunta que interroga por el sentido del ser, no da tiempo para formular ese tipo de preguntas e, incluso, la filosofía es vista como una disciplina ‘rara’, carente de sentido, precisamente porque escapa a la pregunta utilitaria, esto es, la cuestión del para-qué.[8] Entre los filósofos, se sabe que la filosofía está en repliegue y que a muchas personas les gustaría que se pusiera fin de una buena vez a una disciplina tan inútil. El desprecio a la filosofía, la caída en el olvido de la pregunta que interroga por el sentido del ser, es únicamente posible en un mundo que se ha planteado como indiferente ante el ser y, particularmente, ante el ser del ser humano.

El ser está perdido, porque el ser ha sido abandonado. El mundo contemporáneo es el mundo del ser abandonado. ¿Por qué ocurre todo esto? En la antigüedad y en el periodo que antecede a la modernidad, era evidente, tanto para los filósofos como para el vulgo, que el ser humano era un ser tal que poseía alma, de esa condición se derivaban consecuencias que referían al orden en que se vivía en el mundo, se sabía o se pensaba que, el cuerpo se movía porque estaba dotado de alma, de igual manera, a través de la palabra y la conversación, el ser humano se colocaba en contacto con el alma del otro y, aún más, cuando perecía el cuerpo, se decía que el alma seguía su curso hasta la eternidad. En efecto, la naturaleza del alma era diferente a la del cuerpo. En pocas palabras, el ser humano era concebido como una criatura dual, física y metafísica al mismo tiempo, física en tanto teníamos la capacidad de movernos en el espacio y el tiempo y relacionarnos con objetos corpóreos y, metafísica, en tanto teníamos la capacidad de pensar y hablar.

Al día de hoy, la idea precedente acerca del alma es considerada absurda, quizás, habría que estudiar el origen de la caída de esa idea, lo cual excede el marco de la presente investigación, la cuestión, en general, es que prácticamente nadie cree hoy que el ser humano tenga algo así como ‘alma’, ni siquiera nosotros. Así, en el mundo moderno, se produce un desplazamiento del alma, con ello, de la metafísica y el pensamiento, para dar lugar a una primacía del cuerpo: el ser humano es concebido esencialmente como una sustancia física que comparte el modo de ser de cualquier otro objeto corpóreo. Empero, la dificultad fundamental, reside en el desplazamiento de la metafísica o del modo ser metafísico del ser humano: el pensamiento. Así, el pensar como tal, deja de ser una actividad deseable y pasa al ámbito de las cosas extrañas que carecen de sentido. Lo importante, no es pensar, sino hacer tal o cual cuestión, moverse en el mundo, manipular objetos, comprar y vender cosas, en otras palabras, en un constante ser absorbido por el mundo sin recurrir al pensamiento, lo cual implicaría de suyo la reformulación de la pregunta por el sentido del ser.

En Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo (1925), Heidegger remite a Parménides para dar cuenta de la identidad entre la actitud de pensar y ser, el pensar en cuanto preguntar es lo mismo que ser, esto quiere decir que, pensar y ser no solo se encuentran en estrecha unión sino que configuran una identidad, son uno y lo mismo.[9] Hay que dar una vuelta a tal relación de identidad, si pensar y ser son uno y lo mismo, entonces todo lo que ocurre al pensar le ocurre al ser y todo lo que ocurre al ser le viene de suyo al pensar. Así, si se abandona al ser, se abandona con ello, también, al pensamiento. Y como pensar significa desarrollar la pregunta fundamental, la caída en el olvido de ella es también la caída en el olvido del ser. Y así se encuentra planteada hoy la cuestión.

            En este contexto, la ontología fundamental, esto es, la auto-interpretación del ser del Dasein, cae en el olvido, con ello, se crea una cierta tendencia a naturalizar, y banalizar, la interpretación del individuo humano a partir de las categorías aristotélicas que estarían, inspiradas, en última instancia, en el modo de ser de los objetos físicos, como sustancia, accidente, calidad o cantidad.

Así, en el tratado de 1924, titulado El concepto de tiempo, Heidegger explica que: “La experiencia del Dasein en su ser y revelamiento de este ser (es decir, el desarrollo de una ontología adecuada a este ente) quedan truncados por el oculto dominio que ejerce la ontología griega banalizada y comprometida por las interpretaciones tradicionales.”.[10] [Cursivas son nuestras]. Es claro que con ello, Heidegger está pensando en la notable influencia que ha ejercido la ontología de Aristóteles para el pensamiento occidental, el punto es que dicha ontología sería completamente inerme para develar el ser del Dasein.

Por otra parte, esta idea es reafirmada en Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo, en tanto Heidegger sostiene que: “…Desde Aristóteles, sin embargo, queda enmudecida, y tan enmudecida, por cierto, que ya ni se sabe que esté enmudecida, puesto que en adelante constantemente se trata del ser, con las características y las perspectivas recibidas de los griegos.”[11] En este sentido, pensamos que, el problema da la recepción de la ontología griega no reside, por decirlo así, en la ontología griega misma, sino en cómo ella se transforma en un modo de dejar caer en el olvido la pregunta que interroga por el sentido del ser. Las generaciones posteriores se encargaron de repetir acríticamente la formulación ontológica griega, perdiendo con ello la posibilidad de ‘ver a través’ de la pregunta fundamental.

A nuestro juicio, es aquí donde podemos observar la principal genialidad de Heidegger, a saber, en esta desconfianza que le produce el legado de la tradición ontológica desarrollada por los griegos, al punto de formular la necesidad de su destrucción y, luego, proponer una ontología del ser del Dasein a partir de su existencia y mundanidad. El problema no es que antes de Heidegger no existiera ontología, sino que se trataba de una ontología repetitiva y acrítica que no se preocupaba de la tarea central, a saber, el desarrollo de la pregunta que interroga por el sentido del ser y, con ello, allanar el camino para el desarrollo de la ontología fundamental: la ontología del Dasein.

Entonces, podemos vislumbrar la presencia de un mundo alienado que ha olvidado y abandonado al ser. En este sentido, la estrategia heideggeriana se presenta como un hacer frente a la ‘alienación’ a partir de un ejercicio sencillo que consiste en replantear de una buena vez y, con un recto desarrollo, la pregunta que interroga por el sentido del ser. De esta manera, realizando la pregunta, Heidegger logra ‘ver a través’ del preguntar fundamental al propio Dasein, se trata de una especie de develación del ser del Dasein ante el cual aparece su ser abandonado y perdido, a saber, el mundo y los otros. Finalmente, alienación quiere decir abandonar el ser, es decir, abandonar el mundo y a los otros, en tanto me encuentro abandonado de mi mismo. Intentaremos pensar este fenómeno a través de las luces entregadas por Heidegger en la sección que sigue, a partir de una comprensión del ‘estado de caído’ del Dasein.

El fenómeno de pérdida del ser. La alienación en cuanto que caída o abandono del ser

En la presente sección pretendemos esbozar el concepto de ‘alienación’ tal y como aparece en el pensamiento de Martin Heidegger. Empero, ante de llevar a cabo tal tarea es preciso hacer notar que el término ‘Verfallen’, sobre el cual se monta el fenómeno de la alienación, es objeto de disputas en lo que refiere a su traducción al español. De este modo, Gaos y Rivera traducen ‘Verfallen’ como ‘caída’, mientras que Aspiunza[12] traduce como ‘abandonarse’. Para efectos de lo que sigue, comprendemos ‘Verfallen’ como un modo de ser impropio del Dasein en el cual su ser es perdido en la publicidad del ‘uno’.  De todas maneras, nos agrada la traducción de Aspiunza, en tanto nos facilita la comprensión del fenómeno de la alienación como abandono del ser y como un mundo en el que el ser ha sido abandonado, de ahí que sea posible su olvido.

En Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo, Heidegger nos plantea lo siguiente: “Eso significa que el Dasein no puede llegar a su ser más que cuando se rebela contra ese modo de ser suyo que es el abandonarse, del cual el mismo no está a salvo…”.[13] Este punto se enlaza inmediatamente con la sección anterior. El ‘abandonarse’ implica una forma en la cual el Dasein no puede llegar a su ser y, para ello, Heidegger propone una ‘rebelión’ contra ese modo de ser. ¿Cuál será la nota de esa rebelión? Para nosotros, la rebelión consiste en replantear y, sustraer del olvido, la pregunta que interroga por el sentido del ser. ¿Cómo puede alcanzar el Dasein el modo más propio de su ser? A través de la formulación de la pregunta fundamental, cuya actividad tiende a develar el ser del ente que pregunta, el Dasein. Así, impropiedad es el ámbito de existencia que corresponde al estadio en que el Dasein no se plantea la pregunta que interroga por el sentido del ser, esto quiere decir, al modo en que se relaciona inmediatamente, de modo pragmático, con los objetos útiles del mundo. Hasta aquí, podemos indicar que ‘alienación’ mienta el modo de ser del Dasein en el cual no logra alcanzar su propio ser.

El fenómeno de alienación se produce, por otra parte, en la vida misma del Dasein, es un modo de ser que deviene a partir de su cotidianidad y consiste, concretamente, en una alejamiento de ‘sí mismo’, es decir, en un apartamiento de su ser, en una supresión u olvido de lo que el Dasein puede ser, pues lo que el Dasein es son sus posibilidades. De este modo, Heidegger señala: “Que el Dasein en su ser de la cotidianidad se aleje de sí mismo, ese modo de ser es lo que se va a llamar el abandonarse.”.[14] En consecuencia, la Verfallen es el modo de ser que aleja el ser al Dasein, en otras palabras, es el modo de ser que corresponde a la alienación.

El mundo de la vida cotidiana, del mismo modo, conduce al Dasein a una pérdida de sí mismo, es decir, de su ser. De ahí que en Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo Heidegger plantee que: “…es en este desarraigo el que constituye la firme cotidianidad del Dasein, [y el hablilla], una manera del abandonarse en que el Dasein se pierde a sí mismo…”.[15] En una misma dirección, Heidegger agrega más adelante que el abandonarse consiste en: “…un modo de ser en que se está en todas partes sin estar en ninguna, y con ello tiende a liberarse de sí mismo. Con dicha curiosidad el Dasein organiza cierta huida de sí mismo…”.[16] Entonces, la ‘caída’ o el ‘abandonarse’, tiene la nota de ‘huida del ser’, de no hacer frente al ser que es más propio para el Dasein, esto es, su propio ser.

En este punto juega un rol fundamental la uniformidad que es producida por la interpretación del Dasein que se desarrolla sistemáticamente en la publicidad del uno. La interpretación oficial, es decir, el modo en que se dice que debe ser el Dasein, crea para el Dasein un estadio de ‘tranquilidad’ que lo conduce a la alienación de sí mismo, a no cuidar de su propio ser y no ser más que en el modo de las limitadas posibilidades que ofrece el ‘uno’. De este modo, alienación quiere decir cerrarse a las posibilidades propias de ser del Dasein. Veamos: “En la tranquilizadora obviedad de tal ser se entrega el Dasein a la alienación de sí mismo; dicho de otro modo: ese tentador tranquilizarse es, por su propio sentido, alienante, de tal manera que el Dasein no se deja a sí mismo más posibilidades de ser abiertas que la de seguir siendo en el uno.”[17] En la impropiedad del ‘uno’, el Dasein es subsumido a una posibilidad que le es ajena y, en tal sentido, alienante. El ‘uno’ es condición de posibilidad para que el Dasein se arroje a sí mismo a la pérdida de su ser.

Por otra parte, Heidegger nos indica que en cuanto que el Dasein huye de sí mismo, se deja absorber por el mundo. Es decir, deja que el mundo en cuanto tratar con objetos útiles sean el contenido global de su existencia. La supresión del ser del Dasein, la huida de sí mismo, tiene como refugio el ‘mundo’ del que el Dasein se ocupa regularmente, el ir de aquí para allá, comprando y vendiendo objetos, fabricando mercancías, tiene el carácter de lo tranquilizador. En efecto, en el abandonarse se hunde el ser del Dasein en el mundo, dejando al olvido el problema de la pregunta fundamental. En tal sentido, Heidegger nos sugiere que: “La perdición no es sino la huida del Dasein de sí mismo, huida al mundo por el descubierto…”.[18] Es decir, es el mundo de la cotidianidad del Dasein el lugar de refugio ante la pérdida de ser. ¿Cuál es ese mundo que absorbe al Dasein? Como hemos dicho más arriba, se trata del Warenwelt, un mundo que consume el ser del Dasein reduciéndolo a la condición de objeto útil.  

En el tratado de 1924, al que ya hemos hecho referencia más arriba, Heidegger va a desarrollar una proposición radical. En efecto, al tratar del ‘estado de caído’ del Dasein, nos señala que la propensión a la caída es, concretamente hablando, la ruina ontológica del Dasein.[19] Es decir, algo así como el fracaso, aniquilación o podredumbre del ser del Dasein. El decaer del Dasein, en cuanto que ruina ontológica, es la absorción en el mundo y su nivelación y desaparición en el ‘uno’.[20] El Dasein des-aparece en el ‘uno’, se pierde, deja de aparecer y ser visto.

Entonces, ‘alienación’ es así el des-aparecer del ser del Dasein en la muchedumbre, un no entregarse a sí mismo y perderse en el uno. Esto solo puede tener lugar en tanto hay ‘mundo’. El fenómeno de la alienación no es un fenómeno arbitrario que ocurre por mera casualidad, sino que se trata ante todo, de una posibilidad de ser-en-el-mundo que le brinda su propio mundo. El Dasein es un ser complejo, no obstante, dice Heidegger, en cuanto es en tal mundo, el Dasein puede ‘tomarse a la ligera’ y con ello ‘perderse’[21] (esto es, propiamente, perder su ser). El mundo entrega al Dasein, la facilidad de no tomarse a sí mismo como objeto temático. En este sentido, el estado de caído es tentador, llamativo, pues absorberse en el mundo es tranquilizador. La tranquilidad, nos dice Heidegger, empuja al Dasein a la ‘alienación’.[22]

Así, alienación es perder el ser a través del ejercicio tranquilizador que implica el no ocuparse de la propia existencia. Heidegger nos indica: “La ocupación entregada al mundo y atrapada en la propia preocupación impide al Dasein la posibilidad de volver sobre sí mismo…”.[23] Esto es como si el Dasein estuviera tan ocupado que no le resta el tiempo para tratar acerca de la cuestión de su propio ser. Esa es, concretamente, la experiencia alienante más propia del mundo contemporáneo, a saber, el estar continuamente ocupados en ‘cosas’ que no conciernen al trato de nuestro propio ser.

            La pregunta que interroga por el sentido del ser, con ello, es fácil darse cuenta, es la posibilidad concreta que tiene el Dasein de volver sobre sí mismo, es el modo con el cual se hace visible el fenómeno del abandono del ser y, por tanto, la estrategia de lucha contra la alienación. Heidegger señala que: “La caída tranquilizadora se mostró al mismo tiempo como alienación”[24], es decir, como ser extraño a su propio ser. Hay que preguntarse, entonces, como irrumpir ante tal tranquilidad, con lo cual volvemos una y otra vez sobre el punto: formulando radicalmente la pregunta que interroga por el sentido del ser.

            En Ser y tiempo, por su parte, Heidegger se refiere a ‘Verfallen’ o el abandonarse, como un ‘Verlorenseins’, es decir, como un ser que está perdido o bien, como pérdida o extravío de ser. De ahí que deba interpretarse, el concepto de alienación, ante todo, como pérdida del ser en cuya búsqueda se lanza la pregunta fundamental. En palabras de Heidegger: “Dieses aufgehen bei… hat meist den Charakter des Verlorenseins in die Öffentlichkeit des Man…”.[25] Sin embargo, salir de este estadio de alienación no es tarea fácil, ya que la tendencia a la caída y la tranquilidad que produce la subsunción al ‘uno’ profundiza el estadio de caído o abandono, en otras palabras, mientras más alienado – tranquilo – se encuentra el Dasein, más difícil se le vuelve la realización de la pregunta fundamental y, con ello, el ir al encuentro de su propio ser. Es por eso que, Heidegger sostiene: “Die versucherische Beruhigung steigert das Verfallen.”[26] Y más adelante: “Das verfallende In-der-Welt-sein ist als versuchend-beruhigendes zugleich entfremdend.”[27]

            De este modo, en Heidegger, ‘alienación’ quiere decir, ante todo, cerrar posibilidades y modos propios de ser del Dasein, al tiempo que un empujarse hacia un modo de ser uniforme, esto es, la impropiedad. En palabras de Heidegger: “Diese Entfremdung, die dem Dasein seine Eigentlichkeit und Möglichkeit, wenn auch als solche eines echten Schiterns, verschließt, liefert es jedoch nicht an Seiendes aus, das es nicht selbst ist, sonder drängt es in seine Uneigentlichkeit, in eine mögliche Seinsart seiner selbst.[28] En efecto, la alienación es la clausura del ser del Dasein como propiedad, es el cierre a ciertas posibilidades de existencia o modos de ser.

            Finalmente, la impropiedad que caracteriza la vida cotidiana del Dasein tiene la nota de ‘no-ser’, una existencia que se caracteriza por la base cotidiana de ‘no-ser’. En tanto impropiedad, el Dasein únicamente se derrumba a sí mismo en la nada. La pérdida de su ser, para el Dasein, es el encontrarse cotidianamente con la nada, a saber, ser una ‘nada’ en medio del ‘uno’. En Heidegger: “Das Dasein stürzt aus ihm selbst in es selbst, in die Bodenlosigkeit und Nichtigkeit der uneigentlichen Alltäglichkeit.”.[29] Luego, alienación quiere decir, en cierto sentido, el afirmarse del Dasein sobre la nada en la pérdida de su ser.

Palabras finales

            Para finalizar, nos interesa plantear sumariamente ciertas conquistas de la presente investigación, al tiempo que, a partir de lo ya expuesto, plantear los desafíos que se presentan para una investigación futura.

En primer lugar, hemos logrado vislumbrar de un modo claro el porqué es fundamental la pregunta que interroga por el sentido del ser. Y es tal, por ser el modo concreto, en que el Dasein puede aprehender su propio ser, otrora perdido. De esta manera, queda claramente expuesto, el sentido que posee la pregunta que interroga por el sentido del ser y que no sería otra cosa que traer a la luz del pensamiento el problema del ‘ser’ del Dasein como objeto temático.

En segundo lugar, hemos logrado comprender que la caída en el olvido de la pregunta fundamental tiene como condiciones de posibilidad, al menos, dos elementos. En mi primer lugar, la presencia de un mundo que es hostil al ser, a saber, el mundo de las mercancías que niega el ser al Dasein. En segundo lugar, en el modo de ser de la ‘Verfallen’, es decir, de la caída o el abandonarse. En este sentido, la caída en el olvido de la pregunta que interroga por el sentido del ser es posible en tanto existe un modo de ser del Dasein cuya nota es el abandono o la pérdida del ser y su absorción en el mundo.

En tercer lugar, es posible observar como ‘alienación’ en tanto pérdida del ser, se traduce en un olvido del pensamiento y la posibilidad de pensar. En este sentido, el pensar como tal, se constituye como el arma que permite abrir el ser al Dasein alienado. Es el pensar en cuanto que interroga por el sentido del ser el modo más propio de plantear la búsqueda del ser perdido.

Finalmente, consideramos que el presente trabajo ha permitido abrir un objeto temático para próximas investigaciones. En efecto, se abre la posibilidad de un estudio sistemático del fenómeno de la ‘alienación’ como tema fundamental para la filosofía contemporánea. Aquí, simplemente hemos expuesto el problema tal y como puede ser vislumbrado a partir del pensamiento de Heidegger, empero, habría que considerar una gama más extensa de autores, lo cual pasa por un estudio sistemático de pensadores como Hegel, Marx, Lukács, Marcuse, entre otros que, nos permitirían aclarar más profundamente el fenómeno en cuestión.

Bibliografía

Inwood, M. (1999). A Heidegger Dictionary. Oxford: Blackwell.

Heidegger, M. (2008). El concepto de tiempo (Tratado de 1924). Barcelona: Herder.

Heidegger, M. (2007). Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo. Madrid: Alianza.

Heidegger, M. (2015). El ser y el tiempo. México: Fondo de Cultura Económica.

Heidegger, M. (2006). Sein und Zeit. Berlin: Max Niemeyer.

[1] Heidegger, M. (2006). Sein und Zeit. Berlin: Max Niemeyer, p.2

[2] Ibíd., p.5

[3] Heidegger, M. (2007). Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo. Madrid: Alianza, p.148

[4] Heidegger, M. (2006). Sein und Zeit. Berlin: Max Niemeyer, p.5

[5] Ibíd., p.7

[6] Heidegger, M. (2007). Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo. Madrid: Alianza, p.186

[7] Heidegger, M. (2006). Sein und Zeit. Berlin: Max Niemeyer, pp.13-14

[8] Probablemente, más de algún filósofo o estudiante de filosofía ha debido pasar por el incómodo momento en que alguien pregunta: “¿Y para qué sirve la filosofía?”. El punto es que la filosofía, estrictamente hablando, no sirve para nada, es una disciplina cuya naturaleza no se orienta al servir, no es un medio, sino un fin. En cambio, otras disciplinas, de naturaleza servil, pueden ser interrogadas por la pregunta que interroga por el para-qué, el ingeniero en construcción, responde fácilmente, la ingeniería me sirve para construir tales o cuales edificios y caminos, el abogado indica a su vez, el derecho me sirve para resolver conflictos entre tales y cuales personas, el médico indica igualmente, la medicina sirve para resguardar la salud de tales y cuales individuos. ¿Y la filosofía? Se podría responder, la filosofía sirve para interrogar acerca del sentido del ser, pero entonces le vendría encima a otra pregunta, para qué sirve andar preguntando por el ser, se podría responder que para pensar la existencia humana y ahí, vendría otra pregunta, para qué sirve pensar y para qué sirve pensar la existencia humana en particular. Fácilmente, el vulgo llegaría a la conclusión: la filosofía no sirve para nada o pronto se aburriría de que una pregunta lleva a otro y así ad infinitum.

[9] Heidegger, M. (2007). Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo. Madrid: Alianza, p.186

[10] Heidegger, M. (2008). El concepto de tiempo (Tratado de 1924). Barcelona: Herder, p.56.

[11] Heidegger, M. (2007). Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo. Madrid: Alianza, p.164

[12] Se trata del traductor para editorial Alianza de Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo.

[13] Heidegger, M. (2007). Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo. Madrid: Alianza, pp.164-165

[14] Ibíd., p.342

[15] Ibíd., p.343

[16] Ibíd., p.347

[17] Ibíd., p.351

[18] Ibíd., p.352

[19] Heidegger, M. (2008). El concepto de tiempo (Tratado de 1924). Barcelona: Herder, p.56

[20] Ibíd., p.56

[21] Ibíd., p.56

[22] Ibíd., p.57

[23] Ibíd., p.57

[24] Ibíd., p.67

[25] Heidegger, M. (2006). Sein und Zeit. Berlin: Max Niemeyer, p.175

[26] Heidegger, M. (2006). Sein und Zeit. Berlin: Max Niemeyer, p.178

[27] Heidegger, M. (2006). Sein und Zeit. Berlin: Max Niemeyer, p.178

[28] Heidegger, M. (2006). Sein und Zeit. Berlin: Max Niemeyer, p.178

[29] Heidegger, M. (2006). Sein und Zeit. Berlin: Max Niemeyer, p.178

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *