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Apuntes del libro Conflictos de interpretación entorno al marxismo de Mariátegui (2018) de Segundo Montoya Huamani

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Apuntes del libro Conflictos de interpretación entorno al marxismo de Mariátegui (2018)  de Segundo Montoya Huamani

Gonzalo Jara Townsend[1]

 

El libro de Segundo Montoya es un libro interesante, redondo y a la vez necesario para reencontrarse con Mariátegui, ya que entrega una lectura clara sobre el mismo, pero no directamente desde sus textos, sino que es una discusión con las interpretaciones hechas en base a sus ideas. El autor, entra en el debate con ánimo filosófico y político, posicionándose frente a las viejas y nuevas lecturas, reconociendo, como también negando con capacidad crítica esta “historia de la crítica” que se ha dado entorno al amauta. En el prólogo del texto, Miguel Mazzeo nos comenta que Montoya “intenta distanciarse de los modos tediosos del “comentarismo” académico y de las insulsas formalidades del “monografismo”. Por este motivo, podemos deducir que  nos encontraremos  una lectura activa y viva sobre el autor de los siete ensayos.

Montoya se posiciona en su texto en contra del discurso posmoderno y de su  idea de una aniquilación de las lecturas emancipadoras del marxismo. El autor afirma que no concebir la creencia de que los meta-relatos desaparecieron, frente a la simplista visión del relato. Es por este motivo, que el profesor Montoya arremete contra  un “adiós a Mariátegui” (2007) de López moya, el profesor no Acepta que el marxismo y las ideas del autor de los siete ensayos sea falsable y que no tenga extensión alguna con la realidad contemporánea, por el contrario, hay que  reconocer que las ideas de Mariátegui son un pensamiento enérgico, tanto como el que podría encontrarse  en la lectura de Maquiavelo, Rousseau o Nietzsche.

En su texto, el profesor Montoya nos permite distinguir que el marxismo es algo vital, con esto aceptando su dinamismo y su duración temporal. Comprende que el mismo no siempre se manifestará de la misma forma, que apuntara a los mismos intereses geográfica y ontológicos, aceptando con esto un famoso principio dialéctico de que “todo lo que existe merece perecer”, esa muerte es un cambio que se sincroniza con esta  vida incierta, caótica y desbordada, que es evidente en un movimientos hacia el devenir. Es por esto, que el texto de Montoya entrega un ánimo combativo, se reafirma en Latinoamérica  y la actualidad del marxismo a través de Mariátegui. Las discusiones que se dan en el texto, son esenciales para comprender de que la discusión sobre las ideas de Marx en el continente perduran hasta en estos momentos de estabilidad capitalista, en donde se discute  todavía sobre la subsunción real o formal del modelo de producción.

  Para Montoya la lucha de clases se mostraría como lo central del marxismo de Mariátegui, e autor, hace hincapié en el “conflicto de interpretación” que hay dentro de este tópico, poniendo en la palestra algo esencial, dado que sin él, las lecturas quedan vacías en su contenido práctico o simplemente solo serían útiles para “la crítica de los roedores”. Posicionándonos en esta vía, podemos afirmar que Mariátegui, creía que la “lucha de clases” es la imagen movilizadora por excelencia, junto con la de la “catástrofe del capitalismo”, que se observa en el amauta en la idea por la “lucha final”. Uno de sus maestros intelectuales, el teórico del Sindicalismo revolucionario Georges Sorel, reivindicaba estas dos imágenes. En su texto La  descomposición del marxismo, símil europeo de Defensa del marxismo, es en donde Sorel habla sobre estos temas; la importancia de la lucha clases, el revisionismo, el mito y  la destrucción de el antiguo mundo para  organizar  una nueva creación, desde un eje teórico estable,  manifiesto en el mito de la lucha de clases.

 Concordemos que para su época y aun en estos tiempos, Mariátegui es parte de la llamada “nueva escuela del marxismo”. Sería necesario a esta última darle un nueva visita, en estos momentos en donde sectores de la izquierda quieren detenerse en toma de posiciones más que avanzar, negando con esto el peligro y la agonía de la vida. Las ideas de Mariátegui se vuelven esenciales al guardar afinidad directa con el antagonismo de clases y posicionarse en contra de los revisionismos negativos, los cuales, habían olvidado y eliminado este principio con el fin de fomentar el reformismo mecanicista más burdo, que llevo de cierta forma al auge del fascismo a nivel internacional. Para el amauta, sin esta idea de lucha de clases, es imposible la movilidad de masas subalternas, se perpetuaría la democracia farisea y las actitudes pusilánimes de la social democracia. En la contemporaneidad, algunos teóricos de la nueva teoría del valor, han querido derrumbar el eje central de Marx, afirman que la lucha de clase es obsoleta porque tiende a convertirse en un fetiche, muestra su espectacularidad, convirtiéndose en mercancías inmóviles e innecesarias. Es por este motivo, que consideramos que el texto del profesor Montoya abre la discusión, extendiendo sus márgenes del tema desde el mismo José Carlos Mariátegui. No podemos olvidar las afirmaciones de Marx en su manifiesto comunista: “La lucha de clases conduce, necesariamente a la dictadura del proletariado” ¿pero a qué se refieren con la  idea de una dictadura del proletariado? En el texto, La guerra civil en Francia, Marx escribe sobre esta dictadura:

“Últimamente la palabra dictadura del proletariado han vuelto a sumir en santo horror al filisteo socialdemócrata. pues bien caballeros, ¿queréis saber que faz presenta esta dictadura? mirad la comuna de parís: !he ahí la dictadura del proletariado!” (Marx, 1955: 504).

La idea de “lucha de clases” es por sí liberadora, debería ser la “apertura del pensamiento” de todo marxista, es el inicio del final de la dominación, el principio de la colectivización.  Por lo antes dicho, para Mariátegui esto se convierte en su centro y guía en sus cavilaciones, desde esta idea se comienza su herejía, y a la vez, lo que llamaba Salazar Bondy  ” su marxismo abierto”, cito a Montoya;

“es un pensamiento estratégicamente «abierto», «flexible», «bisagra», «fagocitador», «traductor» y asimilador de «los elementos y adquisiciones sustanciales de las corrientes posteriores a Marx” (Montoya, 2018: 32).

“El marxismo abierto” de Mariátegui, nos permite y nos exige continuar con la “lucha de clases” y complementarla con distintas ideas contemporáneas en la actualidad. El profesor Montoya afirma que es:

“Semejante a un proceso metabólico de «fagocitación» como diría Kusch. Y los vuelve propios sin perder la «brújula» que guía su pensamiento y su activismo político hacia la realización de una eventual revolución social en el Perú.  Por consiguiente, la idea de «abrir vasos comunicantes» en la interpretación de Aricó sobre el marxismo de Mariátegui es del todo compatible con la noción de «marxismo abierto» de Salazar Bondy” (Montoya, 2018: 35 ).

“Marxismo abierto” y “vasos comunicantes”, son conceptos que parecen necesarios para entender cómo se puede comprender la abertura o “asimilación” del marxismo. Montoya acepta que estos son  conductores de las reflexión y tienen como fin fomentar nuevas imágenes dentro de las ideas de Mariátegui y extender el “núcleo teórico” del mismo.

El amauta, tenía como intención salir del centro europeo, crear vanguardia y peruanizar con esto el Perú, quiere comenzar a eliminar la construcciones del viejo continente para poder reafirmar su núcleo central en América. Montoya, quiere sobre pasar la lectura de  Salazar Bondy y para esto utiliza a Fornet-Betancurt y con él llegar a una conclusión dentro de las interpretaciones:

En síntesis podemos aseverar, más allá de algunas interpretaciones salazarianas como la noción de «marxismo abierto», que la lectura de Fornet-Betancourt sobre la concepción filosófica del marxismo de Mariátegui buscó principalmente mostrar su «des-centramiento». Esto significa criticar y liberarse del eurocentrismo marxista, es decir, de ningún modo reproducir y mimetizar el marxismo tal y como fue concebido por sus fundadores en Europa del siglo XI (Montoya, 2018: 83)

 Desde este momento ya se visualiza lo que Montoya llamará su “noción articuladora” que sera el “marxismo abierto y des-centrado” que nos llevara a re-definir la lecturas sobre Mariátegui  “gestalticamente”, es decir, nos centraremos  en lo que el individuo puede interactuar en su diario vivir, su cultura y experiencia más inmediata, la cual es dada por la percepción que tiene del mundo. Como percibimos nuestro entorno será lo que va permitir nuestra re-definición del mismo y por este hecho natural, concreto y humano es que  nuestras ideas deben ir a su apertura. La ley de la experiencia de la gestalt, se nos mostrará como algo evidente, por ende ella misma nos hará interpretar las figuras de maneras distintas, en relación a nuestra  tradición.

Pero Montoya tiene cuidado, nos advierte de la ambigüedad de la apertura y busca una solución a  su problema en el ámbito de la filosofía de las ciencias y el método científico, centrándose en los propuestos por Imre Lakatos que postula un “falsasionismo sofisticado” y que conserva las ideas hempelianas de la  hipótesis auxiliares, escribe Montoya:

si equiparamos el marxismo de Mariátegui con un «programa de investigación» —no por su contenido o su estatus científico, sino por su forma o estructura lógica— don hay un «núcleo fuerte» y un «cinturón protector» que al mismo tiempo resguarda la «matriz» y asimila las «anomalías». Entonces, podemos afirmar que el marxismo de Mariátegui es «abierto» en virtud de su estructura lógica y dinámica interna. Es decir, por una parte el «núcleo fuerte» lo conforman (Montoya, 2018: 132)

   Según esta lectura, de tono lógico y científico, podríamos rescatar la apertura que tienen las ideas de Mariátegui y con esto podemos avanzar seguros a una nueva visita sobre lo abierto de su pensamiento. El profesor, toma el concepto de “cinturón protector” que nos da Lakatos para poder explicitar el intento de articular su eje central. Pero Montoya, también suma en esta lectura al dadaísta epistemológico Paul Feyerabend, el cual concibe el relativismo de la realidad y la funcionalidad de las creencias. Es por este motivo, que el autor austriaco se posiciona en contra del método científico en todas sus formas , dado que para él, existe una  politización en lo que respecta al momento cero de la ciencias. Concibe que existe un intento de hegemonizar el pensamiento científico, negar su relatividad y, a la vez, posicionarse en contra de la existencia de variados métodos que han funcionado dentro de distintas sociedades de manera ancestral. Montoya, quiere mostrar que estas ideas de Feyeraben sobre la hegemonizacion se pueden usar de analogía con lo que intenta hacer el pensamiento Europeo occidental y con el conocimiento que tiene Mariátegui sobre las verdades relativas. Con esto, se comienza a dar una nueva lectura de alguna manera mucho más abierta.

Para finalizar, podemos comentar que Montoya, no solo discute con los autores, se extiende y logra conversar con el lector, dando cabida a la pregunta abierta tan propia a su profesión como filósofo, con esto, él no cierra los discursos. Propone la apertura a distintos lecturas, facilitando al lector crear su propia opinión, abarcar las suyas y la del resto de comentaristas que cita. El texto logra algo sumamente importante, que es el poder resaltar positivamente estas características que para nosotros son esenciales y que para otros son molestas dentro del discurso Mariáteguiano.

El intento que hace autor en el texto es de abrir y extender el marxismo del amauta y su eje central es esencial, sin miedo a posicionarse contra la hegemonía europea, pero  sintiéndose  parte de un modo de pensar del viejo continente, el cual quiebra con su tradición moderna e ilustrada de su visión negativa sobre el movimiento de los hombres en tanto tales, ya que  concibe lo ideal antes que a la acción, perpetuando lo inmóvil y lo mecánico, todo esto se ve de alguna forma superado. Podemos afirmar que Mariátegui adquiere de Europa lo que le es útil, las hipótesis que le sirven para avanzar, las cuales,  se amoldan muy bien al pensamiento que quería reivindicar sobre el indio de la sierra, mostrándonos con esto la  vitalidad ancestral que se mantenía en los hombres del tiwuantisuyu. Las ideas de Mariátegui, se amoldan al barroquismo propio del continente, que propone un devenir de lo vivo, el cual que se manifiesta en su expresión mutable que nos posiciona en un reencuentro con nosotros mismos, para no solo pensarnos como algo inerte e inútil que se mueve simplemente por y través de las ideas.

 

Bibliografía

– Marx, Carlos- Engels, Federico. (1955): Obras escogidas en dos tomos. Moscú: Editorial Progreso.

– Montoya Huamani, Segundo. (1918): Conflictos de interpretación en torno al marxismo de Mariátegui. Lima: Heraldos Editores.

[1] Profesor de Filosofía, Licenciado en Filosofía, Licenciado en Educación y Magister de Filosofía con mención en Pensamiento Contemporáneo por la Universidad de Valparaíso. Miembro del Centro de Estudios del Pensamiento Iberoamericano Universidad de Valparaíso. |(CEPIB-UV)

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