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Breves elementos sobre la actual situación de la lucha de clases en Chile

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Breves elementos sobre la actual situación de la lucha de clases en Chile

Por Comité Editorial de Marxismo & Revolución

Introducción

Hace varios años que las cosas no marchan nada de bien para nuestra clase dominante, en efecto, el sistema político de dominación y los agentes políticos que se han encargado de sostener dicho sistema, hace más de una década, han visto frente a sus ojos, cómo, el régimen en su totalidad se desmorona poco a poco, en una crisis política que pareciera no subsanarse, al menos, en el corto plazo. Hoy, más que nunca, es preciso determinar el alcance y la dimensión de la crisis política, en miras a resolver cuáles son las tareas de las y los revolucionarios en el escenario político actual de la luchas de clases.

Crisis política del sistema de dominación

“Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás.”

Karl Marx

Aunque se difiere de las causas o razones que le dan origen y de su dimensión y alcance, es un hecho aceptado por todos los sectores políticos que el país atraviesa una situación de crisis política. Para nosotros, la actual crisis se desarrolla – y se dinamiza – principalmente por la confluencia  de dos elementos.

El primer elemento, es la irrupción de la movilización radical de masas. En efecto, las masas disconformes y hastiadas del abuso patronal y los excesos del capital, han venido desarrollando una creciente movilización que se ha caracterizado por: 1) ser de carácter reivindicativo (mejoras sustanciales en la calidad de vida y eliminación de medidas de endeudamiento) y; 2) desarrollarse de manera confrontacional (esto se debe a que en la mayoría de los casos, la movilización se encausa por fuera de la legalidad burguesa, lo cual provoca el enfrentamiento con las fuerzas represivas). En este sentido, en la medida en que la respuesta de parte de la clase dominante no es otra que – luego de fallidos intentos de cooptación –la intensificación de las medidas represivas, la movilización de masas tiende a radicalizarse, en cuanto a las formas de lucha, los objetivos y la definición del enemigo.

En segundo lugar, se encuentran las pugnas al interior del bloque de partidos representantes de la burguesía, esto es, una crisis del bloque en el poder, la cual se caracteriza por  ser: 1) una crisis de participación institucional (las masas no aceptan, o simplemente no se interesan por las instancias de participación abiertos por la burguesía, muestra de ello es el fracaso total del régimen en las primarias y en los “cabildos constitucionales”); 2)  una crisis de legitimidad, que se desarrolla principalmente por la visibilización de la estrecha conexión entre las grandes coaliciones políticas y el gran capital monopólico financiero, lo que se expresa en la emisión de boletas falsas, fraudes tributarios, impunidad, entre otros, y: 3) inexistencia de un agente político hegemónico dotado de la legitimidad necesaria para dar dirección y coherencia política al proyecto histórico de la burguesía, en definitiva, no existe en los partidos “tradicionales” la capacidad de conquistar el consenso de las masas.

La confluencia de estos dos elementos, al desarrollarse dinámicamente, encierran a la burguesía en un camino sin salida, por una parte, obligan al agente político en el poder a prometer soluciones a las reivindicaciones populares, pero sin tener la capacidad ni la intención de cumplir, y por otra parte,  activan la esfera represiva del sistema dominación, ya sea, invirtiendo recursos en elementos técnicos para la represión, o bien, fortaleciendo la legalidad destinada a estos efectos (la expresión más reciente de este fenómeno es el control preventivo de identidad, también conocido como “detención sin sospecha”), elementos que solo contribuyen a elevar los niveles de desaprobación del bloque en el poder y a radicalizar cada vez más el carácter de la movilización.

Por otra parte, la clase dominante nativa, el gran capital monopólico financiero, no es capaz de responder a las necesidades del movimiento de masas, motivadas principalmente debido a que las reivindicaciones, de una u otra forma, atacan – muchas veces de manera inconsciente – a los pilares de la acumulación capitalista, esto es, a los mecanismos por medio de los cuales la burguesía valoriza el valor, es decir, los mecanismos que le permiten elevar sus tasas de ganancia, en el ámbito del consumo y distribución de mercancías (sistema previsional, créditos inmobiliarios, créditos educativos, colusión en esferas claves del consumo como la salud y la alimentación, entre otros) y en el ámbito de la producción, vía explotación y superexplotación de los trabajadores (por ejemplo, para la clase dominante, no es posible una legislación laboral que favorezca a los trabajadores, pues solamente con una reforma laboral de carácter patronal puede consolidar su control sobre las jornadas laborales y los salarios). La burguesía, se encuentra pues, en una encrucijada, las contradicciones en el terreno nacional, provocadas en el ámbito de la producción y el consumo, son agravadas por el mercado mundial capitalista, que en el marco de la competencia internacional de capitales, dejan a las débiles y lacayas burguesías latinoamericanas a la deriva de la tendencia monopólica del capital, esto es, a los procesos de centralización y concentración.

La totalidad de los elementos mencionados, configuran, a nuestro juicio, una crisis política del sistema de dominación, lo cual obliga a los diferentes sectores a tomar una posición.

La burguesía y los revolucionarios frente a la crisis

            Son pequeñas colinas dominadas por el fuego de la artillería enemiga. La colina parlamento, la colina legalidad, la colina huelga económica legal, la colina aumento de salarios, la colina constitución burguesa […] lo peor de todo es que para ganar estar posiciones hay que intervenir en el juego político del estado burgués y para lograr el permiso de actuar en este peligroso juego, hay que demostrar que se puede estar dentro de la legalidad burguesa. Hay que demostrar que se es bueno, que no se es peligroso…”

Ernesto Che Guevara

Decíamos que los diferentes sectores se ven obligados a tomar una posición, la cual o se juega en el terreno del poder burgués o en el terreno del desarrollo del poder revolucionario.

El primer tipo de posiciones – las cuales se juegan en el terreno de la burguesía – procura una salida a la crisis, lo cual quiere decir, recomponer la legitimidad del proyecto burgués frente a las masas. En este sentido, se ubican, las diversas modalidades constituyentes, que se diferencian por el nivel de participación de las clases en pugna. Por una parte, los sectores que acomodan el cambio constituyente en el ámbito de la institucionalidad burguesa, esto es, a través del parlamento, ministerios, cabildos no vinculantes (entre otras herramientas que se encuentran plenamente bajo el control de la burguesía), y los sectores que plantean el proceso por medio de una asamblea constituyente que no se deriva de la confrontación de clases sino del acuerdo entre sectores de la clase dominante con el movimiento de masas, lo cual solo contribuye a generar la ilusión de que la dictadura de la burguesía es de carácter democrático, cuestión que tendría desastrosas consecuencias para los explotados y la lucha revolucionaria. El reformismo, pues, no hace otra cosa que jugar su rol histórico, el de vagón de cola de la burguesía.

El segundo tipo de posiciones, las de carácter revolucionario, se desarrollan en el ámbito de la confrontación de clases  que, al calor del combate, va forjando, al interior del movimiento de masas, una fuerza social revolucionaria, que posibilita el desarrollo de un poder revolucionario, antagónico al poder burgués. En este sentido, no se trata de atenuar o buscar una salida a la crisis sino que, agudizar aún más la crisis política del sistema dominación, debilitando el poder de la burguesía, al tiempo que se fortalece la fuerza de los trabajadores. En este ámbito se ubican todas las fuerzas que no canalizan la energía del movimiento de masas hacia la institucionalidad burguesa sino hacia su desborde.

Esto es lo que divide a la burguesía de los trabajadores, y a los oportunistas de los revolucionarios.

Una conclusión: urgencia de la organización revolucionaria

“Un partido es la vanguardia de una clase y su deber es guiar a las masas, no reflejar el estado mental promedio de las masas.”

Lenin

En este contexto, la tarea histórica de los explotados es separar aguas con la burguesía (con su institucionalidad, con su ideología, etc.), articulando un proyecto que sea capaz de representar sus intereses revolucionarios, esto es, desarrollando una organización política revolucionaria, marxista, de vanguardia, que se disponga en la primera línea de la confrontación con el poder burgués, organización que extrae del movimiento de masas a un grupo de revolucionarios, a los elementos más avanzados de la clase, que objetivan su conciencia en una práctica revolucionaria coherente, orientada a la dinamización de la lucha de clases, en la perspectiva de la revolución latinoamericana, que será socialista o no será.

¡¡Revolución socialista o caricatura de revolución!!

8 de Julio, 2016

 

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